La obra Filosofía del arte (en francés original, Philosophie de l'art) fue escrita por Hippolyte Taine en 1865. Esta obra es el resumen de 10 clases de historia del arte y estética que impartió en la Escuela de Bellas Artes de París entre 1864 y 1870.En un primer momento, entre 1865 y 1869, publicó cinco ensayos. En 1880, aparece la obra completa. Esta obra «ha sido aceptada como el paradigma de las sociologías decimonónicas del arte.»
Algunos autores contemporáneos consideran que, «en realidad, las ideas estéticas de Hipólito Taine parecen confinadas a la categoría de curiosidad histórica» más de un siglo después de su fallecimiento. «Su Filosofía del arte se ha convertido en curiosidad de anticuario y el problema representado por Taine se despacha fácilmente.»
La obra está dividida en cuatro volúmenes. A excepción del primero, los otros tres volúmenes hablan de un período artístico en concreto. miniaturadeimagen|Hipólito Taine|294x294px Vida del autor en relación con la obra Hipólito Taine destaca por su vocación enciclopedista y sus firmes convicciones que le llevarán a no aprobar los exámenes de agregación a filosofía.
Será profesor en varias provincias francesas como Nevers donde, además de ejercer la docencia, asumirá la cultura de esas provincias para relacionar y alternar con sus propias ideas. Pero la limitación de las provincias hará que vuelva a París.
Las ideas del París de ese momento ayudaron a que las ideas de Taine tuvieran mejor acogida. La filosofía ya no se entendía ni como teología ni como el positivismo de Alfred Maury, Emile Littré y Ernest Renan. Relacionó la filosofía con el método científico por su influencia con los enciclopedistas y acudió durante 3 años a la academia de medicina y al museo de antropología.
En 1857 empezó como profesor de estética en la Escuela Superior de Bellas Artes, y esta obra es un resumen de unas clases que hace allí como el propio autor anuncia en la misma: “Esta obra es el resumen de un curso de diez lecciones explicadas por mí en la Escuela de Bellas Artes”. Además, recibe la influencia de sus viajes a Holanda, Alemania, Bélgica, Italia y España, donde no sólo se fija en el arte, sino que también ve la historia y el ambiente geográfico. Esto nos muestra que no sólo se interesa por el arte, sino también en la sociedad en general. Éste es uno de sus puntos en la obra, defiende que la creación artística recibe influencia del medio donde se hace. También hay que hablar de la influencia política, que observará siempre desde la teoría, como profesor y no en la práctica, “el político estaba implícito en el filósofo y sobre todo en el historiador.”HERCE, Fernando. Prologo. En: HIPPOLYTE, Taine, Filosofia del arte, Barcelona, Iberia, 1945, p. 9
Contenido de la obra El libro "Filosofía del arte" está dividido en estos 4 volúmenes:
Primer volumen Comienza hablando de la naturaleza de la obra de arte. Nos afirma que la obra de arte no es un hecho aislado sino que cada obra está ligada a tres factores:
Para empezar, "Las diversas obras de un artista tienen entre sí cierto parentesco, como hijas del propio padre".Taine, Hippolyte, "Filosofia del arte" Colección Austral 1951, pg. 15 Además, la obra y el artista también forman parte de una escuela o movimiento artístico. Por último, la obra y el artista también están influenciados por el medio en el que se encuentran y los gustos del entorno. Este último es un factor muy determinante de modo que, si queremos saber el motivo que ha llevado a un autor a realizar su obra, no podemos olvidar la época y el ambiente general que rodea al artista.
Taine sigue preguntándose qué es el arte; por eso toma la poesía, la pintura y la escultura y nos dice que el arte es una imitación de la naturaleza, y no sólo imitan la naturaleza a los artistas sino que las escuelas también lo hacen. Por eso siempre debemos tener en cuenta lo natural. De cualquier modo, la imitación de la naturaleza no es la única finalidad de la obra. Una prueba que da es que la escultura admite la inexactitud; además, el artista representará lo que a él le interese resaltando lo que quiera hacer más evidente por el espectador de su obra. También dice que las escuelas más notables son aquellas que más alteran la relación que hay con la realidad, estas escuelas y artistas modifican su obra para que quede manifestado su carácter esencial. Así llega a la conclusión de que el arte tiene por objetivo manifestar el carácter fundamental, un punto de vista importante o una forma de ser de un objeto, y esto la naturaleza no llega a realizarlo. Aunque el artista hace algunos cambios, es necesario que las cosas tengan una sensación original.
Después de haber realizado este recorrido, Taine encuentra la definición de arte:"La obra de arte tiene por objeto manifestar un carácter esencial o saliente o bien una idea importante, con mayor claridad y de una manera más completa que la realidad misma. Para ello se vale de un conjunto de partes o elementos ligados entre sí, donde las relaciones modifica sistemáticamente. En las tres artes de la imitación, pintura, escultura y poesía, estos conjuntos corresponden a objetos reales".Ibid, p. 41.Taine habla también de la producción artística, de ésta, y expresa que la ley de creación artística se encuentra determinada por el estado general del espíritu y las costumbres ambientales, siendo estas dos partes las que se encargan de eliminar la obra de arte que no se considera validada y de hacerla desconocida. Esta teoría la prueba con los cuatro momentos de máximo esplendor europeo:
La Antigua Grecia y Roma La Edad Media feudal Las monarquías nobiliarias del La democracia industrial.
Después de explicar estos ejemplos, ve con más exactitud qué “crea” la obra de arte, y dice que en todos los casos existe una situación general, y que ésta se desarrolla en sentimientos diferentes que se manifiestan en el personaje reinante, y el arte es dedicado a este hombre, por eso todo el arte depende de ese hombre ideal. También afirma que cada situación tiene su estado de espíritu y que, por tanto, cada época tiene su propio estilo de arte.
Segundo volumen En este volumen Taine habla de la pintura en el renacimiento italiano y dice que en un espacio tan reducido florecen los magistrales artistas Leonardo da Vinci, Rafael, Michelangelo Buonarroti, Andrea del Sarto, Fray Bartolomeo, Giorgione, Tiziano, Sebastiano del Piombo y Correggio.TAINE, Hipólito. Filosofia del arte I. Madrid: ESPASA-CALPE, S.A, p.83.
Necesitamos definir con exactitud la pintura clásica, pintura que consideran perfecta, puesto que no señalamos sus caracteres y no hacen más que concederle un elevado rango. Pero aunque tiene ese rango, también tiene sus caracteres, es decir, su dominio propio, del que no sale en ninguna ocasión. Esta pintura desprecia o desdeña el paisaje. Ese aspecto de la pintura queda para la diversión del pintor, y el verdadero objetivo es el cuerpo.
Los templos, las ruinas, los palacios, se agrupan en líneas ideales. La Naturaleza se desnuda de su nativa independencia y de sus propios impulsos para someter al hombre, decorar sus fiestas y ensanchar sus habitaciones.
Por otro lado, dejan también a los flamencos la pintura de la vida real: el personaje contemporáneo con su traje corriente, ocupándose en los diarios trabajos, en medio de sus muebles, en el paseo, en el mercado, en la casa de la villa, en la taberna.
Pero todo el campo de la pintura clásica tiende a limitarse más. El personaje idealizado elegido como centro, aunque puede diferenciar el cuerpo del alma, se comprende fácilmente que no da la primacía a ésta, puesto que la pintura a la que nos referimos no es mística, ni dramática, ni espiritualista. No se trata de representar ante nuestras miradas el mundo incorpore y sublime, las almas puras estáticas, los dogmas teológicos o eclesiásticos. No intenta esta pintura destacar sobre el lienzo una escena violenta y dolorosa que mueva piedad y miedo.
Tampoco pretende expresar sentimientos profundos, extraordinarios, complicados. No persigue tampoco los efectos ricos en matices o grandiosidad que son característicos de una época ulterior, cuando ya es visible la decadencia, aquellas seductoras y lánguidas Magdalenas, aquellas Madonnas pensativas y delicadas, los mártires trágicos y tumultuosos de la escuela de Bolonia.Ibid, p. 85-86
Pero para los demás artistas, e incluso para el propio Leonardo, muchas veces la forma es un fin y no un medio. Anhelan dar la imagen de un cuerpo humano idealizado, muy parecido al tipo griego, de bellas proporciones y perfecto equilibrio en todos sus miembros, tomando en un momento feliz, en una actitud afortunada, de modo que la obra entera haga pensar en un mundo de seres heroicos y divinos, un mundo superior y perfectísimo.Ibid, p. 87
No puede considerarse el arte del Renacimiento como una feliz casualidad. No puede negarse que la causa de tan bello florecer sea una disposición general de los espíritus, una sorprendente aptitud extendida en todas las capas de la nación. Esta aptitud apareció y terminó en épocas determinadas, y el arte apareció y terminó en las mismas épocas; si aquélla se desarrolló en un determinado sentido, el arte se desarrolló en idéntica dirección. Esta disposición o aptitud era como el cuerpo en el que la sombra fue el arte, que siguió de acuerdo con su nacimiento, desarrollo, decadencia y orientación general. El arte queda sometido y ligado a esa facultad que le hace variar en consonancia con sus alteraciones; es decir, depende de la aptitud en su totalidad y durante todo su curso. Esta aptitud es, pues, la condición necesaria y suficiente. Por tanto, habrá que estudiarla con detenimiento si queremos comprender y explicar el arte que nos ocupa.Ibid, p. 92-92
Tres condiciones son necesarias para que el hombre pueda apreciar y producir la pintura de gran estilo:
En primer lugar, es necesario que tenga cierta cultura. La sociedad pasa de las costumbres feudales al espíritu moderno, y esta gran transformación ocurre antes en Italia que en ninguna otra parte.Ibid, p. 93 En resumen: en toda Europa el régimen es todavía feudal, y los hombres, como animales feroces y fuertes, no piensan más que en beber, en comer, en combatir, y en ejercitar a sus miembros. En oposición a lo anterior, Italia es un país casi moderno. Con la supremacía de los Médicis, Florencia vive en paz; los burgueses reinan pacíficamente... Por primera vez, desde la caída de la civilización antigua, puede verse una sociedad que concede el primer puesto a los disfrutes del espíritu. Los hombres preferidos de esa época son los humanistas, restauradores entusiastas de las bellas letras griegas y latinas.Ibid, p. 96 Lo dicho anteriormente nos lleva a otra característica de aquella civilización ya una condición nueva de la pintura de gran estilo. En otras épocas el refinamiento del espíritu ha sido tan grande, sin que la pintura haya tenido un esplendor tan extraordinario. En nuestro tiempo, por ejemplo, los hombres, que además de los conocimientos del han acumulado trescientos años de experiencia y descubrimientos, son más sabios, están mejor previstos de ideas que en ningún otro momento de la historia. Sin embargo, no podemos decir que las artes del dibujo en la Europa contemporánea produzcan obras tan bellas como las de Italia durante el Renacimiento. No es suficiente para explicar las obras maestras del año 1500, notar la inteligencia vigorosa y la cultura completa de los contemporáneos de Rafael; es preciso, además, así como hemos comparado a Italia con el resto de Europa durante el , compararla con Europa tal y como se encuentra actualmente.Ibid, p. 107