Las guerras de los Tres Reinos o guerras de las tres naciones fueron una serie de conflictos interconectados que tuvieron lugar en Escocia, Irlanda e Inglaterra entre 1639 y 1653, una época en que los tres países se encontraban bajo unión personal, con Carlos I Estuardo como monarca. El mejor conocido de estos conflictos es la guerra civil inglesa.

Las guerras fueron el resultado de la tensión entre el rey y sus súbditos por asuntos religiosos y civiles. Las disputas religiosas se centraban en si la religión dependería del monarca o de la elección del súbdito, que tendría una relación directa con Dios. Los asuntos civiles consistían en la limitación del poder del Rey por parte el parlamento, particularmente en su capacidad de aumentar los impuestos y lanzar sus ejércitos a la guerra sin su consentimiento. Además, estas guerras también tuvieron un elemento de conflicto nacional, como la rebelión irlandesa y escocesa contra la primacía inglesa entre los tres reinos. La victoria del Parlamento de Inglaterra comandado por Oliver Cromwell sobre el rey, los irlandeses y los escoceses, ayudó a determinar el futuro de lo que terminaría conformándose como el Reino Unido como una monarquía constitucional con el poder concentrado en Londres.

Las guerras de los tres reinos coinciden en el tiempo con varios conflictos similares en Europa, como la Fronda en Francia y la llamada crisis de 1640 de la Monarquía Hispánica Católica, con la rebelión de Cataluña, Portugal, Nápoles, Sicilia y Andalucía; todo ello formando parte de la llamada crisis del que se caracterizaría, según la interpretación de algunos historiadores, por la rebelión conservadora de los nobles contra la centralización de los reyes que pretenden construir monarquías absolutas.

Las guerras de los tres reinos incluyen la guerra de los Obispos de 1639 y 1640, la guerra civil escocesa de 1644–5; la rebelión irlandesa de 1641, la Irlanda confederada de 1642–9 y la Conquista de Irlanda por Cromwell de 1649 (que colectivamente se suele llamar las guerras confederadas de Irlanda); y las guerras civiles inglesas (Primera 1642–6, Segunda 1648–9 y Tercera 1650–51).

La denominación de estos conflictos como Guerras de los Tres Reinos proviene del propósito de historiadores actuales por dar una visión unificada de todos ellos, en vez de considerarlos solo como el telón de fondo de la guerra civil inglesa. Algunos otros proponen el nombre de guerras civiles británicas,*GAUNT, Peter The British Wars 1637-1651, Routledge (UK) , 1997, ISBN 0-415-12966-4 *Plant David, British Civil Wars & Commonwealth website pero otros consideran que utilizar el adjetivo británico puede entenderse como algo prematuro antes del Acta de Unión de 1800.

Contexto histórico

La unión personal de los tres reinos bajo un solo monarca se produjo en términos relativamente recientes para los contemporáneos del . Desde 1541, los reyes de Inglaterra habían gobernado sus territorios irlandeses como si fueran otro reino (con la ayuda de un Parlamento Irlandés diferenciado del inglés), mientras que Gales había estado mucho más integrado en la Corona de Inglaterra desde el reinado de Enrique VIII. Escocia, el tercer reino independiente, se vio unido a la misma corona cuando Jacobo VI de Escocia accedió al trono de Inglaterra con el nombre de Jacobo I en 1603. Gobernar conjuntamente los tres Estados se convertiría en una tarea difícil para Jacobo I y sus sucesores, sobre todo cuando trataron de imponer la unidad religiosa. miniaturadeimagen|El comienzo de los motines de Jenny Geddes contra el libro de oraciones anglicano (1637). En cada uno de los Tres Reinos imperaba una religión diferente; en Inglaterra, tras la Reforma Inglesa, Enrique VIII se convirtió en la cabeza de la Iglesia anglicana, prohibiendo el catolicismo en Inglaterra y Gales, y durante el , el anglicanismo se convirtió en una seña de identidad inglesa. Los ingleses veían al Catolicismo como el gran enemigo de su país, encarnado sobre todo en Francia y España. Sin embargo, el Catolicismo persistió como religión mayoritaria en Irlanda, y fue para muchos el símbolo de la resistencia ante la reconquista de la isla por la dinastía Tudor. Por último, en Escocia, la Reforma Protestante fue un movimiento popular encabezado por John Knox. El Parlamento escocés legisló en favor de una Iglesia Nacional de Escocia de signo presbiteriano, también llamada "Kirk". Tras esto, la reina María de Escocia, católica, se vio forzada a abdicar en favor de su hijo Jacobo, que creció en medio de una regencia que se disputaban los partidos católico y protestante. Cuando alcanzó el poder, aspiraba a ser un "Rey Universal" e intentó implementar un sistema de gestión de la iglesia episcopal a semejanza del inglés, en el que el Rey fuera el que nombrara a los obispos. En 1584 intentó llevarlo a la práctica pero, ante la vigorosa oposición encontrada, se vio obligado a dejar que la Asamblea General que había gobernado la iglesia hasta el momento continuara haciéndolo.

Escocia y la cuestión religiosa

Jacobo VI continuó siendo protestante, tratando de mantener sus opciones al trono de Inglaterra. En 1603 por fin fue coronado rey con el nombre de Jacobo I de Inglaterra y se mudó a Londres. Toda su diplomacia y habilidades políticas las dedicó desde entonces a lidiar con la corte y el Parlamento inglés mientras gobernaba Escocia a través de cartas al Consejo Privado de Escocia y controlaba el Parlamento escocés mediante los Lores de la Congregación. Suspendió las reuniones de la Asamblea General Escocesa e incrementó el número de obispos escoceses, y, en 1618, celebró una Asamblea General en la que impuso los Cinco Artículos de prácticas Episcopalianas, que fueron ampliamente boicoteados. A su muerte, en 1625, fue sucedido por su hijo Carlos, que fue mucho menos hábil que su padre. Coronado en la catedral de San Gil, en Edimburgo, asumió y trató de imponer desde el principio los ritos de la Iglesia Anglicana a sus súbditos escoceses. Sus enfrentamientos con la Iglesia de Escocia alcanzaron su punto más álgido cuando trató de imponer el uso del Libro de Oración Común. Cuando en 1639 Carlos intentó emplear métodos militares para obligar a los escoceses, la situación estalló.

De algún modo, esta revuelta ponía de manifiesto el resentimiento escocés ante el segundo plano que Escocia había pasado a ocupar tras el ascenso de Jacobo I al trono de Inglaterra.

Inglaterra Ver también Guerra civil inglesa

Carlos compartía la creencia de su padre en el carácter divino de la monarquía y sus afirmaciones al respecto le llevaron a crear una importante brecha entre la corona y el Parlamento inglés. Mientras que la Iglesia de Inglaterra siguiera ocupando posiciones de poder, una minoría puritana poderosa, representada por un tercio de los miembros del Parlamento, presentaba muchos rasgos en común con los presbiterianos escoceses.

El Parlamento Inglés se enfrentó frecuentemente al Rey en cuestiones como impuestos, gasto militar o el papel del parlamento en el gobierno. Aunque Jacobo I había mantenido la misma opinión que su hijo con respecto a las Prerrogativas reales, había sido lo suficientemente inteligente como para persuadir al Parlamento de que aceptara su política. Carlos careció de esta capacidad, lo que llevó a la crisis de 1639-1642 y a la posterior guerra civil. Cuando Carlos solicitó al Parlamento fondos para una campaña en Escocia, los miembros del Parlamento se negaron, se declararon en sesión permanente y expusieron una larga lista de reclamaciones políticas y religiosas que Carlos tuvo que atender antes de ver su nueva legislación aprobada.

Irlanda Ver también Rebelión irlandesa de 1641 Mientras tanto, en el Reino de Irlanda (proclamado como tal en 1541, aunque solo fue totalmente conquistado por la corona en 1603), las tensiones había vuelto a aumentar. El Lord Diputado, Thomas Wentworth, conde de Strafford tenía frecuentes enfrentamientos con los nativos debido a la política de confiscación de tierras y su otorgamiento a colonos ingleses. Enfureció a los católicos al implantar nuevos impuestos y recortar sus derechos legales. Esta situación explotó en 1639 cuando Wentworth ofreció a los católicos las reformas que estos exigían a cambio de la creación de un ejército irlandés para sofocar los levantamientos en Escocia. Aunque el ejército estaría dirigido por oficiales protestantes, la idea de un Ejército católico irlandés apoyando lo que muchos veían como un gobierno tiránico, horrorizó a parlamentarios escoceses e ingleses, que amenazaron con invadir Irlanda.

Estallido de la guerra miniaturadeimagen|Triple retrato de Carlos I, rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda desde tres ángulos. Los historiadores modernos han enfatizado el carácter de inevitabilidad de las Guerras Civiles, señalando que todos los bandos implicados recurren a la violencia en medio de una situación caracterizada por la desconfianza mutua y la paranoia. La incapacidad de Carlos I para concluir la Guerra de los obispos de un modo rápido hizo que otros grupos descontentos empezaran a considerar el uso de la violencia como un medio para lograr sus objetivos.

Alienados por el dominio Protestante Inglés, y atemorizados ante la retórica de los Parlamentos inglés y escocés, un pequeño grupo de conspiradores irlandeses se rebeló en 1641, en apoyo del rey. El levantamiento llevó a asaltos generalizados a las comunidades Protestantes de Irlanda, terminando algunos de ellos en masacres. Por Inglaterra y Escocia se extendió el rumor de que esas matanzas contaban con el beneplácito real, y que ese sería su destino si el ejército irlandés del rey desembarcaba en la isla de Gran Bretaña. Como resultado, el Parlamento inglés se negó a financiar un ejército real para sofocar la rebelión irlandesa, y decidió organizar una fuerza propia. Por su parte, el Rey consiguió reunir una fuerza compuesta por aquellos que creían que la lealtad al Rey Legítimo era más importante que otros principios políticos.

La guerra civil inglesa estalló en 1642. Los Covenanters escoceses, como se autodenominaban los Presbiterianos, aliados con el Parlamento inglés, se unieron a la guerra en 1643 y jugaron un papel determinante en la victoria de los Parlamentaristas. Las fuerzas del rey se vieron superados por el nuevo ejército parlamentario -respaldado y financiado por la city londinense. Finalmente, Carlos I se rindió en 1646 y fue encarcelado. Sin embargo, en 1648 consiguió escapar de prisión y unirse a los católicos escoceses, iniciando la segunda guerra civil inglesa. Nuevamente capturado, fue decapitado en enero de 1649. En Irlanda, los Católicos Irlandeses formaron su propio gobierno -Irlanda confederada- con la intención de ayudar a los Realistas a cambio de tolerancia religiosa y autonomía política. Fuerzas inglesas y escocesas lucharon en Irlanda, en tanto que los Confederados Irlandeses organizaron una expedición a Escocia en 1644, iniciando la guerra civil escocesa. Por su parte, los realistas escoceses obtuvieron una serie de victorias entre 1644 y 1645, pero fueron finalmente derrotados al final de la guerra civil inglesa con el retorno de los ejércitos protestantes a Escocia.

Tras el final de la segunda guerra civil inglesa en enero de 1649, las fuerzas parlamentarias, ahora comandadas por Oliver Cromwell, invadieron Irlanda y derrotaron a la coalición formada por Realistas y Confederados Irlandeses. La alianza del Parlamento inglés con los Covenanters se había roto, y los escoceses habían proclamado rey a Carlos II, iniciando las hostilidades contra Inglaterra. Cromwell emprendió la conquista de Escocia en 1650-1651 y, el 3 de septiembre, derrotó a Carlos II en la batalla de Worcester, que encabezaba un ejército escocés con la esperanza de que un levantamiento realista en Inglaterra le ayudara a recuperar su trono.