thumb|right|260px|Cortesana y su cliente, peliké ática de figuras rojas de Polignoto, c.430 a. C., Museo Arqueológico Nacional de Atenas. La prostitución fue, desde la Época arcaica, una actividad común en la vida cotidiana de las ciudades griegas más importantes. Particularmente en las zonas portuarias, daba trabajo, de forma legal, a un número significativo de personas, constituyendo una actividad económica de primer nivel. Ejercida tanto por hombres jóvenes como por mujeres de todas las edades, la clientela era mayoritariamente masculina.

Se atribuye a Solón la creación en Atenas de burdeles estatales a precios moderados.

La prostitución femenina thumb|left|250px|Hetera y asistente a banquetes, sentados en una banqueta, terracota de Mirina, c.25 a. C., Museo del Louvre.

La naturalidad con que se percibía la prostitución femenina se pone de manifiesto en la siguiente cita del Pseudo-DemóstenesSe conoce con este nombre al supuesto autor (o supuestos autores) de una serie de discursos que nos han llegado bajo el nombre de Demóstenes y que están dirigidos contra distintos personajes de su tiempo. (Contra Neera, 122;  a. C.):

Esta tolerancia se percibía, por ejemplo, en que aunque las leyes reprobaban muy severamente las relaciones fuera del matrimonio con una mujer libre (en el sentido de ciudadana soltera),Hasta el punto de que los jóvenes solteros se arriesgaban, al tener relaciones sexuales con una ciudadana casada, a ser sorprendidos y asesinados por el marido de ésta, por lo que tenían que recurrir normalmente a las prostitutas o esclavas, ya fuesen estas solteras o casadas. no ocurría lo mismo cuando el marido recurría a los servicios de una hetera o introducía en el hogar conyugal una concubina (griego παλλακή, pallakế). Al ser casi inexistentes los matrimonios por amor, ya que solían ser de hecho un contrato entre dos familias, los hombres buscaban los placeres sexuales fuera de casa.

Por lo que respecta a la existencia de una prostitución femenina con destino a las mujeres, está mal atestiguada. El Aristófanes de El banquete de Platón (191e 2-5) menciona a las hetairístriai, en su célebre mito del amor. Para él, «las mujeres descendientes de las mujeres primitivas no tienen gran gusto por los hombres: ellas prefieren las mujeres; son las que se llaman las hetairístriai». Se supone que se trata de prostitutas que se dirigen a una clientela lésbica. Luciano se extiende sobre esta práctica en su Diálogo de las cortesanas (V), pero es posible que se trate simplemente de una alusión al pasaje de Platón.

Tipos de prostitutas Las prostitutas griegas pertenecían a distintas categorías, dependiendo de diversos factores relacionados con su trabajo: las pornai, las prostitutas independientes y las heteras; además, existía una categoría específica de los templos sagrados, la de las prostitutas sagradas, que se abastecía, habitualmente, de heteras.

Pornai thumb|right|220px|Cortesana recibiendo a uno de sus clientes, lecito ático de figuras rojas del pintor de Atenea, c.460-450 a. C., Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Las πόρναι, pórnai,El primer testimonio de la palabra se encuentra en Arquíloco, poeta de principios del siglo VI a. C. (fgt. 302 W = Lasserre 91). palabra que etimológicamente deriva del griego πέρνημι, pérnêmi, «vendida», eran, normalmente, esclavas propiedad de un πορνοβοσκός, pornoboskós o proxeneta, literalmente, el «pastor» de las prostitutas. Este propietario podía ser un ciudadano (también un o una meteco), para el que ese negocio constituía una fuente de ingresos como cualquier otra y por el que tenía que pagar un impuesto proporcional a los beneficios que le generaba.Un orador del siglo IV a. C., Teofrasto (Caracteres, VI, 5), cita al proxeneta al lado del posadero y del recaudador de impuestos, en una lista de profesiones ordinarias.

En la época clásica, las pórnai son esclavas de origen bárbaro; a partir del período helenístico, se incorporan incluso al gremio muchas jóvenes esclavas, que solo dejarían de serlo cuando fuesen adoptadas por su amo.

Su trabajo se desarrollaba en los prostíbulos, generalmente en los barrios conocidos por esta actividad, tales como El Pireo (puerto de Atenas) o el Cerámico de Atenas. Son frecuentadas por los marinos y los ciudadanos pobres.

A esta categoría pertenecían las mujeres de los burdeles del Estado ateniense. Según Ateneo (Banquete de los eruditos, XIII, 23), que cita al autor cómico Filemón (Adelfas, fgt. 4) y al historiador Nicandro (Historia de Colofón = FGrH 271-272 fgt. 9), fue Solón quien, «preocupado por calmar los ardores de los jóvenes, (...) tomó la iniciativa de abrir casas de paso y de instalar allí a chicas compradas». Así, uno de los personajes de las Adelfas exclama:

Como subraya el personaje, los prostíbulos solonianos aportan satisfacción sexual accesible a todos: existen numerosas alusiones al precio de un óbolo para las prostitutas menos costosas, sin duda para las prestaciones más simples.Un óbolo es la sexta parte de una dracma, salario cotidiano al fin del siglo V a. C. de un obrero de trabajos públicos. A mitad del siglo IV a. C., este salario pasa a una dracma y media.

Incluso Solón habría erigido, gracias al impuesto sobre los prostíbulos, un templo a Afrodita Pandemos, literalmente Afrodita «de todo el pueblo».

Aun cuando la veracidad histórica de estas anécdotas fuera dudosa, parece, sin embargo, claro que los atenienses consideraban la prostitución como un componente de la democracia.

Prostitutas independientes miniatura|izquierda|200px|Una música de banquete (obsérvese la lira) se viste de nuevo bajo los ojos de su cliente. Copa ática de figuras rojas de Eufronio, c.490 a. C., Museo Británico. izquierda|miniaturadeimagen|200px|Gema oval griega antigua con escena erótica, periodo clásico tardío, finales del - principios del Las prostitutas independientes trabajaban directamente en la calle, mostrándose a los clientes potenciales recurriendo a distintos mecanismos publicitarios: así, se han encontrado sandalias con la suela arreglada, concebidas para dejar la marca, ΑΚΟΛΟΥΘΙ, AKOLOUTHI («¡Sígueme!») en el suelo. Utilizaban, también, el maquillaje, aparentemente de forma poco discreta: Eubulo, autor de la Comedia Media, se burla de estas prostitutas describiéndolas como «pintarrajeadas de blanco de albayalde y [...] untadas las mejillas de zumo de mora».Citado por Ateneo, XIII, 6. miniaturadeimagen|250x250px|Hombre y mujer Fornicando, Pintor de Triptólemo, ca. 470 a. C, Museo Nazionale Tarquinia|alt= Estas prostitutas son de orígenes diversos: mujeres metecas que no encuentran otro empleo en la ciudad de llegada, viudas pobres, antiguas pornai que han logrado independizarse.

En Atenas, debían estar registradas y pagar un impuesto. Algunas consiguen hacer fortuna en su oficio. En el , en Koptos, en el Egipto romano, los impuestos se elevan a 108 dracmas.W. Dittenberger, Orientis Græci inscriptiones selectæ (OGIS), Leipzig, 1903-1905, II, 674.

Sus tarifas son, sin embargo, difíciles de evaluar, pues parece que variaban mucho. En el  a. C., Teopompo indica que estas prostitutas de segunda exigen un estátero (cuatro dracmas) y en el , el filósofo epicúreo Filodemo de Gadara (citado en la Antología Palatina, V, 126) menciona un sistema de bono que se eleva a cinco dracmas por doce visitas. En el , en el Diálogo de las cortesanas de Luciano de Samosata, la prostituta Ampelis exige cinco dracmas por visita, un precio mediocre (8, 3). En el mismo texto, una joven virgen puede pedir una mina, es decir, cien dracmas (7, 3), incluso dos minas. Y, al contrario, una joven y bella prostituta puede imponer mejores precios que una colega en declive — incluso la iconografía de las cerámicas muestra que existe un mercado específico para las mujeres mayores. Todo depende de si el cliente pretende la exclusividad de la prostituta o no. Existen arreglos intermedios: un grupo de amigos compra la exclusividad, teniendo cada uno derecho a una parte del tiempo.

Se puede, también, incluir en esta categoría a las músicas y bailarinas que ofician en los banquetes masculinos. Aristóteles, en la Constitución de los atenienses (L, 2), menciona entre las atribuciones específicas de diez magistrados (cinco intra muros y cinco para el Pireo), el ἀστυνόμοι, astynómoi, o cargo de velar para que «las instrumentistas de flauta, de lira y de cítara no sean alquiladas por más de dos dracmas por noche»; queda así claro que los servicios sexuales eran claramente parte del alquiler,Véase por ejemplo Las avispas de Aristófanes, v. 1342 y sics. cuyo precio, a pesar del control practicado por los astynomes, tiende a ser más elevado cuanto más corre el tiempo.

Heteras

Las heteras constituyen la categoría más alta entre las prostitutas. A diferencia de las otras, no se contentan con ofrecer sólo servicios sexuales y sus prestaciones no son puntuales (de manera literal, en griego ἑταίρα, hetaíra significa 'compañía'). Comparables en cierta medida a las geishas japonesas, poseen una educación esmerada y son capaces de tomar parte en las conversaciones entre gentes cultivadas. Únicas entre todas las mujeres de Grecia, espartiatas aparte, son independientes y pueden administrar sus bienes.

Se conoce el nombre de varias de estas heteras.

Un ejemplo eminente fue Aspasia, amante de Pericles, y una de las mujeres más célebres del  a. C. Originaria de Mileto y, por tanto, reducida al estatuto de meteco en Atenas, atrae a su casa a Sófocles, Fidias, a Sócrates y sus discípulos. Según Plutarco (Vida de Pericles, XXIV, 2), «domina a los hombres políticos más eminentes e inspira a los filósofos un interés nada despreciable».

En la época clásica, está Teódota, compañera de Alcibíades, con quien Sócrates dialoga en las Memorables (III, 11, 4); o Neera, sujeto de un célebre discurso del pseudo-Demóstenes; Friné, modelo de la Afrodita de Cnido —obra maestra de Praxíteles—, donde ella es la amante, pero también compañera del orador Hipérides, que la defenderá en un proceso de impiedad (asebeia); Leontion, compañera de Epicuro y filósofa ella misma.

En la época helenística, por su parte, se puede citar a Pitónica, compañera de Hárpalo, tesorero de Alejandro Magno, o Tais, compañera del mismo Alejandro y después de Ptolomeo I.

Algunas de estas heteras fueron muy ricas. Jenofonte describe a Teódota rodeada de esclavas, ricamente vestida y alojada en una casa de gran altura. Algunas se distinguen por sus gastos extravagantes: así Rodopis, cortesana egipcia liberada por el hermano de la poetisa Safo, se distinguiría por hacerse construir una pirámide. Heródoto (Historia, II, 134-135) no cree en esta anécdota, pero describe una inscripción muy costosa que ella financió en Delfos.

Las tarifas de las cortesanas varían mucho, pero son sustancialmente más elevadas que las de las prostitutas comunes: en la comedia nueva, varían de 20 a 60 minas por un número de días indeterminados. En Los aduladores (v. 128-130), Menandro menciona a una cortesana ganando tres minas por día, es decir, precisa, más que diez pornai reunidas. Si hay que creer a Aulo Gelio (Noches áticas, I, 8), las cortesanas de la época clásica cobraban hasta 10000 dracmas por una noche.

La prostitución sagrada La ofrenda a las divinidades en forma de mujeres-prostitutas no alcanzó en Grecia una amplitud comparable a la que existió en el Próximo Oriente antiguo; no obstante, se conocen varios casos.