El Combate de Santa Marta fue un enfrentamiento militar librado en 1813 entre las fuerzas patriotas y realistas, con victoria de las primeras.

Antecedentes Cartagena y Santa Marta Cartagena de Indias era dominada por el gremio de comerciantes y hacendados dueños de plantaciones de azúcar y tabaco o criadores de ganado. En cambio, Santa Marta tenía muy pocos habitantes y su escasa élite criolla, partidaria de la independencia, no pudo doblegar a la burocracia y militares que allí vivían. Esa aristocracia diminuta la formaban funcionarios o familias encumbradas de origen español y poco influenciadas por la Ilustración, a diferencia de sus pares de Bogotá o Cartagena. El historiador estadounidense Charles Tilly sostuvo que para el surgimiento de una «insurgencia contrarrevolucionaria» eran clave que las tradiciones y estructuras sociales fueran vitales para la población, lo que sucedía en Santa Marta como en la famosa Vandea francesa. En cambio, para que apareciera una «insurgencia revolucionaria» en sitios donde hay mayor dinámica social, mayores ritmos de cambio y poco peso de la estructura social previa. Su población era de apenas 5.000 a 8.000 personas, la cartagenera 20.000. Además, los poblados vecinos apoyaron ferozmente la causa realista por tradicional respeto a la figura del rey y a la Iglesia católica, destacando los taironas de Ciénaga y Gaira y los caribes de Bonda y Mamatoco. A pesar de ello, en varias ocasiones los patricios locales y gobernadores españoles entregaron a gente de castas tierras de los indios a fin de ganar su favor. Solo los nativos de Malambo fueron partidarios de los patriotas. Santa Marta también se volvió una zona segura donde los realistas de otras provincias podían refugiarse.

Conflicto Como indica Jorge Elías Caro, cuando el orden virreinal colapsó la situación pronto se polarizó hasta dividir a las ciudades neogranadinas en patriotas o realistas. Durante la Patria Boba, los patricios urbanos intentaron desembarazarse de los centros tradicionales de poder, llevando a la fragmentación del territorio. En diciembre de 1810, primero San Juan de Pasto y después Santa Marta, Riohacha, Tolú y Panamá reconocen al Consejo de Regencia de Sevilla y más tarde a las Cortes de Cádiz: «Las guerras entre las múltiples unidades políticas erigidas en 1810 se estabilizan en 1812 en torno a cuatro polos geográficos». Dos eran realistas, los del sur (Pasto y Patía) y los del norte (desde orillas del río Magdalena hasta las costas de toda la Guajira); los patriotas se dividían en federalistas, que dominaban la mayor parte de la región central, y centralistas, dueños de Santafé de Bogotá y el curso medio del Magdalena.

En 1812, los samarios recibieron 3 buques de guerra desde la Capitanía General de Cuba y el batallón Albuera desde España, junto a dinero y tabaco. Esto permitió al gobernador Tomás de Acosta y Hurtado de Mendoza armar un ejército para vigilar un frente que iba de Ocaña hasta Santa Marta. Esto significaba que sus soldados estaban muy dispersos en la margen oriental del Magdalena. Sin embargo, igualmente pudieron rechazar varias pequeñas expediciones cartageneras y batir a su flotilla en el curso fluvial. El Magdalena, frontera natural entre las provincias de Cartagena y Santa Marta, se convirtió en el frente de combate entre los realistas samarios y los patriotas cartageneros, quedando estos últimos rodeados cuando el valle de Sinú se pronunció por el rey. Los monárquicos caribeños tenían la ventaja de recibir armas, dinero y refuerzos desde Maracaibo y Cuba. La situación empezó a cambiar cuando empezaron a llegar venezolanos exiliados con sus recursos y conocimientos militares.

El 16 de septiembre, los curas de Sincelejo, Chinú y Sampués alzaron en armas a los locales descontentos con el desvalorizado papel moneda, controlando desde Ayapel a Lorica. Pronto se les unió el teniente coronel Antonio Fernández Rebustillo y todo el valle del Sinú fue ocupado, negando los víveres a Cartagena. El 19 de octubre, los samarios atacaron Santa Cruz de Mompox al mando del coronel Esteban Fernández de León, quien mandaba 260 hombres contra 200 defensores dirigidos por el coronel Simón Bolívar. En reconocimiento, Mompox fue nombrada ciudad valerosa. El 12 de noviembre, el coronel Manuel Cortés Campomanes venció a Fernández Rebustillo en Mancomoján y dos días después en La Oveja. El 26 de noviembre, Miguel Carabaño tomaba el fuerte realista de Cispatá y mataba a todos los prisioneros, en venganza según él de las víctimas venezolanas. Así se recuperaba el valle del Sinú.

Fuerzas enfrentadas Realistas Según el historiador colombiano José Manuel Restrepo, el gobernador Acosta y Hurtado de Mendoza en 1812 había logrado armar un ejército de 1.500 plazas, principalmente milicianos, para defender la línea del Magdalena. Acorde a Carlos Payares González, su sucesor interino, el gobernador Castillo, sólo tenía 1000 hombres mal armados e indisciplinados, motivo por el cual en 1813 se negó a intentar resistir a Labatut. En una declaración, Francisco Forn, soldado realista de la 3.ª compañía del cuerpo de patriotas de Santa Marta, los realistas tenían su cuartel general en Ciénaga después de caer Cerro de San Antonio, donde reunieron a los sobrevivientes de las derrotas en Sitio Nuevo y Guáimaro, los restos del batallón Albuera y numerosos vecinos de Santa Marta e indios de los pueblos, totalizando más de 1000 hombres y una batería. Esto es corroborado por otro testigo, Juan de la Borbolla. Entre estas fuerzas destacaba el batallón Voluntarios Leales de Santa Marta o Voluntarios Patriotas de Santa Marta, unidad creada en 1810 y formada por seis compañías.

Según Restrepo, los indios rebeldes de Bonda y Mamatoco eran 200 a los que luego se sumaron vecinos de la ciudad. El venezolano Feliciano Montenegro Colón apoya esa estimación. Acorde a González Chaves eran 300. Según Álvaro Valencia Tovar y Camilo Riaño eran 2.000.

Patriotas Acorde a Restrepo, la expedición republicana que ocupó Santa Marta era de 500. González Chaves afirma que solo eran 65. En cambio, Payares González los eleva a 1000 plazas. Forn, en su declaración, afirma que todos creían que eran 400 a 500 revolucionarios. Eduardo Lemaitre creía que eran más de 2.000 hombres. Según César Rolando Marcucci Vera, «se sabe que la tropa que componía el ejército de Labatut eran soldados aventureros, extranjeros en su mayor parte e indisciplinados».

Enfrentamiento Campaña

Las ventajas obtenidas animaron a los patriotas a lanzar una ofensiva contra los samarios. El mercenario francés, coronel Pedro Labatut, con 230 hombres, de los que 200 eran milicianos de Barranquilla transportados en 2 lanchas y otros buques menores, en total unas 48 embarcaciones para llevar soldados, comida y armas, tomó por asalto las posiciones monárquicas en Sitionuevo, El Palmar y Sitioviejo, el 7 de noviembre, capturando 16 piezas de artillería y 4 bongos armados. Animado por el éxito, Labatut reorganizó sus fuerzas, elevadas a 340 hombres, y el 18 de noviembre atacó Guáimaro, defendido por Pedro Domínguez con 400 soldados, tomando toda la artillería, otros 4 bongos armados, una lancha cañonera y 130 prisioneros. Después de esto, fue nombrado jefe de la línea del Magdalena y siguió su ofensiva.

El 12 de diciembre, Labatut atacó Cerro de San Antonio con 500 soldados. La posición era defendida por Domínguez con 400 hombres, pero como en muchos casos, los indisciplinados realistas abandonaban buenas posiciones después de los primeros tiros. En cambio, las tropas de Labatut estaban entusiasmadas por las victorias y las promesas de botín de su comandante. Después de estas victorias, Labatut decidió marchar sobre Santa Marta. El 13 de diciembre, con 500 soldados y con considerables fuerzas sutiles cruzó la Ciénaga Grande, donde venció a una flotilla enemiga y 360 soldados a cargo del coronel Vicente Talledo. Llegó a capturar una lancha cañonera.

Poco después, el 15 de diciembre, tras haber recibido una petición de ayuda de los patriotas samarios, hizo salir al mar a algunas de sus naves por la noca de la Barra y marchó a la villa de San Juan Bautista de la Ciénaga. Le acompañaban 550 soldados con los que enfrentó a los 350 defensores que tenía bajo su mando Fernández Rebustillo y el español Juan de Jiménez. El gobernador Castillo envió 6 buques de guerra menores para ayudar en la defensa del puerto, pero no se aseguró que llevaran los víveres para que pudieran operar. El teniente coronel trató de organizar una defensa sólida pero fracasó. Sin embargo, los indios de la villa demostraron su valor, cargando constantemente contra los independentistas. Después de la derrota, numerosas guerrillas realistas se dispersaron por los pueblos de la zona. En esos momentos fue puesto bajo su mando el coronel Bolívar, quien consiguió tomar por asalto Tenerife, donde se había refugiado Fernández Rebustillo, el 25 de diciembre, tomando armas y botes con los que limpio la orilla del Magdalena hasta llegar a Mompox, desde donde comenzaría la campaña Admirable. Celoso, Labatut demandó que se le juzgara por realizar esas acciones sin permiso pero los jefes cartageneros se negaron.

El 1 y 2 de enero de 1813, se intentó reorganizar la defensa en San Juan Bautista con 250 a 300 hombres, principalmente indios armados con arcos y flechas, unas pocas pistolas y un par de cañones. Sin embargo, las fuerzas sutiles lograron maniobrar y ponerse fuera del alcance de la artillería realista, dirigiéndose a Santa Marta. Los oficiales monárquicos trataron de retirarse a Santa Marta por tierra. La mayoría de los indios se negó a marchar y volvió a su pueblo, llevándose una pechera de 1000 pesos, 2 cañones y matando a un cura, dos soldados y algunos funcionarios que se habían retrasado. El motín desanimó a los jefes realistas a intentar seguir resistiendo.

El 2 de enero, Labatut entraba en San Juan Bautista. Al saberse de la derrota, se dieron órdenes de evacuar, pero la población y la guarnición se sintieron traicionados y la tropa de línea se amotinó y el gobernador y comandante general interino, coronel José del Castillo Calderón de la Barca, debió huir a la casa de Acosta para salvarse. Entonces aparecieron la familia Jimenos y el teniente Vicente Puyals del batallón de milicias locales, ofreciéndose reunir tropas y defender la ciudad a toda costa, pero el gobernador se negó incluso a darles los 400 fusiles de los almacenes que pedían. Después de eso, se decidió embarcar a todas las personas posibles en los 22 navíos que estaban en el puerto, lo que se volvió un caos porque había muchas más personas buscando huir de las que podían embarcarse.

Puyals, que también era alcalde de primer voto, ya había embarcado su equipaje en la fragata Elena cuando decidió quedarse ante tal caos; para hacer espacio a la gente, los marinos terminaron por arrojar su equipaje al mar. Todas las autoridades, funcionarios y vecinos españoles, unos 450 a 500, incluyendo Jiménez, creyéndose incapaces de defender la ciudad, se embarcaron para Portobelo en los buques de guerra y de transporte que habían en la noche del 5 de enero. También se estima que unas 700 lograron huir a Panamá, Cuba, Jamaica o Riohacha. En cuanto salieron, el coronel de milicias y partidario de la independencia, José Francisco de Munive, les pidió entrar a los revolucionarios.

Defensas