El Descendimiento, también conocido como El Descendimiento de la Cruz y La Escalera, es una obra realizada por Francisco Díez de Tudanca en 1663 y modificada por Mariano Nieto Pérez en 1985. Portado el Viernes Santo por la Hermandad del Descendimiento de la Cruz, el grupo escultórico está ubicado en la Capilla de los Pasos Grandes de Medina de Rioseco, en Valladolid (Castilla y León, España).

Historia Elaboración Contratos Primer contrato Francisco Díez de Tudanca contrató el 26 de marzo de 1663 con la Cofradía de la Soledad de Nuestra Señora la hechura del conjunto con motivo de la solicitud de tres habitantes de Medina de Rioseco (Francisco Vázquez Céspedes, Antonio de Aguilar Carrera y Francisco Santos), quienes habían pedido al escultor con gran insistencia la elaboración de un grupo escultórico del Descendimiento «a ymitación del que tiene la cofradía de la santa Vera Cruz de esta ciudad de Valladolid que hizo Gregorio Hernandez». Sumado a esto, Tudanca debía tallar las imágenes de cuatro sayones las cuales irían destinadas al paso del Sepulcro de Cristo así como una urna y un tablero con dos figuras de ángeles portando el sepulcro a imagen y semejanza del Entierro de Cristo, paso perteneciente a la Ilustre Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid, actuando como garantes del escultor, además de su suegro Francisco Ezquerra, los estofadores y doradores Lucas de Ávila y Pedro Mondragón, quienes pudieron haberse encargado de la policromía:

En la primera de las quince cláusulas del contrato se acuerda la elaboración de siete tallas: Cristo, la Dolorosa, José de Arimatea (referido como «Matias»), Nicodemo (referido como «abad»), María Magdalena, San Juan y un mozo retirando los clavos, especificándose a mayores que la obra debía llevar «todas las ynsignias, tornillos y hierros que han de asegurar las figuras a su tablero de forma que vayan firmes y todos los demás herrajes y clavazon necesario y sus ruedas por bajo para que entre y salga el paso en las yglesias que le tocare andar todo muy bien seguro y firme». En la segunda cláusula se indica que las imágenes tenían que tener «la misma perfeccion y tamaño» que las del paso vallisoletano, mientras que en la tercera cláusula se especifica que las figuras debían ser ligeras y estar ahuecadas de modo que ninguna «pese [...] de una arroba arriba de suerte que todo el paso no pase su peso de veynte y quatro arrobas», indicándose a su vez que la madera a emplear debía ser «de Soria seca limpia y cortada en buena luna». En la cuarta cláusula se detalla que el encarnado, el estofado y el dorado debían ser «a ymitacion del paso de la Cruz de esta ciudad que va referido» y que todas las tallas tenían que llevar ojos de cristal, dejando claro que la obra sería tasada por peritos. En la siguiente cláusula se plasma que Tudanca debía elaborar cuatro sayones para el paso del Sepulcro de Cristo y que los mismos debían portar distintas armas y figurar «dormidos con diferentes posturas», mientras que en la sexta cláusula se indica la hechura de dos ángeles para el mismo paso los cuales «lleban el sepulcro de Xpto», expresando que todo esto «a de ser a ymitacion de los que estan en el paso del Entierro de Xpto que tiene la cofradia de las Angustias de esta dicha ciudad de Valladolid». La séptima cláusula especifica que el conjunto debía estar finalizado para el mes de septiembre de 1663 y montado por el propio Tudanca a su costa, pues una vez finalizada la obra «a de abisar a los dichos don Francisco Bazquez Cespedes Antonio de Aguilar Carrera y Francisco Santos para que vengan a esta ciudad de Valladolid y lo bean con las personas que se nombraran como ba dicho y cotejen el un paso con el otro a cuya ymitacion lo ha de hacer». Sumado a lo anterior, se indica a su vez la posibilidad de «quitar o enmendar algo» a juicio de los peritos.

Respecto al resto de cláusulas, en la octava Tudanca se comprometía a entregar el grupo escultórico una vez terminado para ser policromado en los tres meses siguientes con el fin de que la obra estuviese finalizada para la Navidad de 1663, mientras que en la cláusula siguiente se indica que tras el proceso de dorado, y con el visto bueno de Céspedes, Carrera y Santos o de otras personas designadas por la cofradía (aprobado esto a su vez por los peritos), se comprometían «los susodichos a enbiar a esta ciudad a su costa carros en que llebar a la ciudad de Rioseco los dichos pasos». En la décima cláusula Tudanca «se obliga a poner las figuras en los carros con el cuidado que conbiene para que bayan bien y no se maltraten e yra su persona a la dicha ciudad de Rioseco asentarlas en su sitio y abiendo pasado la procesion a de desarmar el paso y numerar los tornillos y las figuras con sus señales para que en adelante a qualquiera persona con facilidad pueda armarle y desarmarle». Se establece por su parte en la undécima cláusula que «las toallas y paños con que desciende los santos a Xpto an de correr por quenta de la dicha cofradia o sus comisarios y no por el dicho Francisco Tudanca», mientras que en la siguiente se indica un pago total de 6000 reales de vellón desglosados de esta forma: 1500 reales «luego de contado»; 1500 «para el dia de San Juan primero benidero deste presente año»; 1500 «para el dia de Navidad fin del»; y los 1500 restantes «para el dia que este todo acabado y asentado dicho paso en la dicha ciudad de Rioseco con calidad que lo a de estar para que sirba en la procesión de disciplina de la semana santa del año que biene de mill y seisciento sesenta y quatro». En la misma cláusula consta que de no cumplir el escultor con su parte del contrato «no se le ayan de dar mas de quatro mill reales porque ansi esta pactado y concertado y se pone por pena para que lo cumpla». En la decimotercera cláusula se menciona que Céspedes, Carrera y Santos quedaban obligados, «por asi como particulares», al pago de los 6000 reales «con obligacion de sus personas y bienes», figurando en la decimoquinta y última cláusula que el suegro de Tudanca, Francisco Ezquerra, actuaba como fiador. Al final del contrato se hacen constar como testigos «Joseph Calvo oficial de mi el escrivano, Bernardo Amien y Pedro Diez vezinos estantes en esta ciudad y los otorgantes» (Ezquerra y Tudanca), dando fe de todo Manuel de Elorriaga.

Segundo contrato El 28 de marzo de 1663, apenas dos días después de la firma del primer contrato, se redactó uno nuevo ante el escribano oriundo de Medina de Rioseco Manuel de Sandoval, figurando como garante del escultor el arquitecto Francisco Cillero, «vecino de la villa de Tordesillas» que en ese entonces se hallaba a cargo de la construcción de la cúpula y la linterna de la cabecera de la Iglesia de Santa Cruz. En esta escritura hay muy pocos cambios con respecto a la anterior, destacando el hecho de que tras la firma de la misma se entregaron a Tudanca 1500 reales y que el plazo de entrega se amplió de septiembre a diciembre, figurando como nueva fecha el día de Navidad.

Modificaciones Procesionado el conjunto por primera vez el conocido como «Viernes de la Cruz» de 1664, los diputados de la cofradía se reunieron con Tudanca un año después, el 20 de julio de 1665, para que el tallista efectuase algunas modificaciones; la hermandad procedió a prestarle 3300 reales «porque viniese a esta ciudad a enmendar el paso del descendimiento y acabar lo demás que estaba obligado». En 1666, tras haber llevado a cabo los cambios pertinentes en «la urna, ángeles y sayones y guantes que se le tenían ofrecidos acordaron el que se remitiesen y perdonasen al dicho Francisco Díez de Tudanca los dichos tres mil y trescientos reales por las razones arriba declaradas», indicándose que el artista tenía la obligación «de venir desde donde se hallare a volver a armar los dichos pasos para que estén en la parte y lugar donde está señalado y aderezarles y componerles si estuvieren maltratados por su cuenta sin que por ello la dicha cofradía le haya de dar cosa alguna». En caso de no cumplir lo acordado, el escultor era susceptible de ser denunciado por la cofradía además de reinstaurarse la deuda de 3300 reales; Tudanca aceptó las demandas de la hermandad y renunció al cobro de ningún maravedí en concepto de la reforma de los pasos.

Paso rodante Durante años circuló la leyenda de que poco después de la elaboración del grupo escultórico titulado La Crucifixión la cofradía solicitó a un carpintero de Medina de Rioseco la fabricación de mecanismos rodantes para trasladar tanto este paso como el de El Descendimiento. De acuerdo con este relato, cuando llegó Semana Santa solo se habían fabricado las ruedas para La Crucifixión, paso que salió con este sistema. Los portadores de El Descendimiento tuvieron que realizar un gran esfuerzo para sacar el paso a hombros, lo que provocó burlas del público hacia la forma de desfilar de La Crucifixión por no procesionar de forma tan meritoria, lo que llevó a los cofrades, heridos en su orgullo, a desintalar el mecanismo rodante y cargar el paso sobre los hombros. No obstante, la leyenda queda algo distorsionada si se revisa el libro de cuentas de la cofradía relativo al periodo 1688-1689, en el que consta que «se le hacen buenos cuarenta reales por hacer seis rruedas de olmo negrillo, herrarlas de yerro y abrir las caxas y ajustarlas al paso de Longinos», figurando a mayores un pago a Juan de Escobedo en concepto de «dos vigas de cuarto y sesma para meter las ruedas, herrarlas, clavos y chapas».

Teniendo en cuenta la primera de las cláusulas del contrato para la hechura de El Descendimiento, en la que se establecía que el mismo debía llevar «todos los demás herrajes y clavazon necesario y sus ruedas por bajo para que entre y salga el paso en las yglesias que le tocare andar todo muy bien seguro y firme», así como la frecuente adquisición de horquillas para el paso de La Soledad y la irregularidad del pavimento de las calles, parece ser que los sistemas rodantes eran empleados únicamente para facilitar el acceso a los templos así como la entrada y salida del lugar donde se custodiaban las obras, realizándose la procesión en sí a hombros. Actualmente ambos pasos son sacados e introducidos a pulso en la capilla por los cofrades, quienes deben realizar un gran esfuerzo para que las imágenes no toquen el dintel de la puerta, llegando casi a rozar los nudillos contra el suelo.

Restauraciones thumb|150px|Primera fotografía de El Descendimiento, tomada durante la Procesión de la Soledad (posiblemente 1902).