La deuda de la independencia de Haití fue el resultado del acuerdo económico que Haití firmó con la República Francesa en 1825 para obtener el reconocimiento de su independencia. En este acuerdo, Francia accedió a reconocer a Haití como país independiente y soberano con la condición de que este le pagara una indemnización de 150 millones de francos, con el fin de compensar a Francia por la pérdida de bienes, plantaciones y personas esclavizadas sufrida a causa de la revolución de Saint-Domingue.
Esta deuda le costó a Haití entre 21 000 y 115 000 millones de dólares en pérdida de crecimiento económico durante un período de 122 años, y los efectos colaterales que generó siguen afectando a la nación en el presente. En 1838, la deuda fue reducida de 150 millones de francos a 90 millones, equivalentes a 21 000 millones de dólares de 2004. Incluyendo los intereses, Haití pagó alrededor de 112 000 millones de francos en total, terminando de liquidar la deuda en 1947.
Durante 122 años, esta obligación financiera obstaculizó gravemente el desarrollo económico del país, pues los pagos de intereses y los recargos por mora consumieron gran parte del PIB anual haitiano. Estos pagos impidieron que Haití dispusiera de fondos para financiar servicios públicos como salud, educación, seguridad o infraestructuras, lo que contribuyó a la inestabilidad de la nación.
Francia envió una flota de barcos de guerra a Haití para obligarla a firmar la ordenanza de pago en 1825, veintiún años después de que Haití se declarara libre en 1804. Debido a la presión internacional y a las elevadas demandas económicas de Francia, Haití se vio obligada a solicitar grandes préstamos al banco francés Crédit Industriel et Commercial (CIC), lo que permitió el enriquecimiento de los accionistas de dicha entidad. Aunque Francia recibió el último pago directo de la indemnización en 1888, el gobierno de los Estados Unidos financió la adquisición del Banco Nacional de Haití en 1911 para recaudar los intereses relacionados con la deuda.Douglas, Paul H. from Occupied Haiti, ed. Emily Greene Balch (New York, 1972), 15–52 reprinted in: Money Doctors, Foreign Debts, and Economic Reforms in Latin_America. Wilmington,_Delaware: Edited by Paul W. Drake, 1994. En 1922, el saldo restante que Haití debía a Francia fue transferido a inversionistas estadounidenses.
Finalmente, en 1947, Haití realizó los últimos pagos de intereses asociados a la deuda al National City Bank of New York (hoy Citibank). En 2016, el gobierno francés calificó de nula la ordenanza de Carlos X de 1825, aunque no ofreció ninguna devolución económica. Varios economistas e historiadores consideran esta deuda como la causa culpable de la pobreza de Haití en la actualidad y es vista como un ejemplo de deuda odiosa. En 2022, el periódico estadounidense The New York Times publicó un trabajo de investigación especial sobre este tema.
Historia Colonia francesa de Saint-Domingue
thumb|right|300px|Mapa de la colonia francesa de Saint-Domingue en 1777. Al este se encuentra la Capitanía General de Santo Domingo (territorio de España). La frontera que divide la isla en el mapa es la pactada entre Francia y España en el Tratado de Aranjuez de 1777. En un principio, la isla de La Española entera pertenecía a España. Los franceses lograron apoderarse de la parte oeste de la isla después de las Devastaciones de Osorio (1605-1606).
thumb|right|300px|Sede de la Caja de Depósitos y Consignaciones de Francia. En este banco deposita Haití el dinero de su deuda de independencia.
La colonia francesa de Saint-Domingue (hoy Haití) era la colonia europea más productiva y rentable del mundo desde el hasta inicios del . Francia obtuvo una inmensa riqueza de esta colonia mediante la explotación de personas esclavizadas. La población esclava de Saint-Domingue era tan numerosa que representaba un tercio del total del Comercio atlántico de esclavos. Entre los años 1697 y 1804, los colonos franceses trasladaron a 800 000 personas esclavizadas desde África occidental a la parte francesa de la isla de La Española para trabajar en vastas plantaciones de café, cacao, algodón, añil y caña de azúcar. En 1790, la población de la colonia alcanzó los 520 000 habitantes, de los cuales 425 000 eran esclavos. La tasa de mortalidad de los esclavos era sumamente alta: los franceses los obligaban a trabajar en las plantaciones hasta morir y sustituían a los fallecidos con nuevos esclavos importados de África, pues les resultaba más económico que mejorar sus condiciones de vida. En aquella época, los productos que Francia extraía de Saint-Domingue constituían el 30 % del comercio francés y el azúcar representaba el 40 % del mercado atlántico. Alrededor del 60 % del café consumido en los mercados europeos procedía de esta colonia.
thumb|300px|Ange René Armand, barón de Mackau, de Francia, presentando exigencias a Jean-Pierre Boyer, presidente de Haití, en 1825.
El Haití independiente y el rechazo de la comunidad internacional El legado de la deuda haitiana se originó poco después de la gran insurrección contra el dominio francés. Los haitianos alcanzaron su independencia de Francia en 1804, acontecimiento al que siguió la Masacre de Haití de 1804, donde gran parte de la población europea que permanecía en el país fue eliminada. Jean-Jacques Dessalines, gobernador general de Haití, ordenó la ejecución de los blancos restantes; ante esto, el entonces presidente estadounidense, Thomas Jefferson, ante el temor de que una revuelta similar se extendiera a su propio país, suspendió la ayuda iniciada por su predecesor John Adams y promovió el aislamiento internacional de la joven nación.
La consolidación del nuevo Estado haitiano fue recibida con recelo y rechazo por las potencias coloniales de la región. Al ser todas ellas naciones esclavistas, temían que el ejemplo haitiano incitara rebeliones en sus propios territorios. El diplomático haitiano Jacques Nicolas Léger señaló que incluso Simón Bolívar ignoró a Haití al convocar el Congreso de Panamá, evitando así ofender a los Estados Unidos a pesar del apoyo que recibió de los haitianos.
Tras la declaración de independencia, la falta de socios comerciales dispuestos a negociar con Haití llevó al presidente Alexandre Pétion a proponer el pago de una indemnización a Francia —limitada al valor de las propiedades inmuebles perdidas— a cambio de levantar el embargo de facto. No obstante, el cálculo francés para dicha indemnización (fijado en 1825 y ratificado en 1826) se basó en los artículos 44 y 48 del Código Negro, los cuales estipulaban que las personas esclavizadas en una propiedad durante los 30 años previos representaban entre el 30 y el 60 por ciento del valor total del inmueble.
Haití confiaba en obtener el reconocimiento del Reino Unido debido a la rivalidad anglo-francesa, llegando a ofrecer aranceles de importación preferenciales a los comerciantes británicos en 1825. Sin embargo, durante el Congreso de Viena (1814-1815), los diplomáticos franceses habían introducido una cláusula secreta que les facultaba para recuperar Saint-Domingue por «cualquier medio, incluido el uso de las armas». Aunque en 1823 Gran Bretaña reconoció la independencia de Colombia, México y otras naciones americanas, continuó negándosela a Haití, lo que provocó que el gobierno haitiano revocara los beneficios arancelarios a los británicos. Tampoco encontró un aliado en Estados Unidos; pese a la postura anticolonial de la Doctrina Monroe, el gobierno de Washington se negó a reconocer a la república negra, principalmente por la presión de los estados esclavistas del Sur. El primer embajador estadounidense no llegaría a Puerto Príncipe hasta 1862, después de que los políticos sureños abandonaran el Congreso tras la secesión.
right|upright|thumb|Retrato de la coronación de Carlos X, de François Gérard (1825). El monarca francés exigió el pago de una deuda por la «pérdida» de las personas esclavizadas que habían sido liberadas.
Mientras Francia no reconociera formalmente su soberanía, los haitianos vivieron bajo la constante amenaza de una reconquista y un aislamiento asfixiante. El país enfrentaba además una severa presión financiera por el gasto en armamento defensivo ante una eventual invasión. Convencido de que la situación no mejoraría sin el reconocimiento internacional, el presidente de Haití, Jean-Pierre Boyer, envió emisarios a negociar con París. En una reunión en Bruselas en agosto de 1823, Haití propuso una exención arancelaria de cinco años para los productos franceses y una reducción del 50 % posterior; Francia rechazó la propuesta de plano. Para 1824, Boyer preparó al país para una guerra defensiva, trasladando arsenales al interior de la isla. Tras nuevas convocatorias de Francia, dos enviados haitianos viajaron a París ese mismo año; aunque Haití ofreció pagar una indemnización, las conversaciones fracasaron cuando Francia insistió en reconocer solo la parte occidental de La Española y mantener el control sobre las relaciones exteriores haitianas.
La Ordenanza de Carlos X El 3 de julio de 1825, tres barcos de guerra franceses comandados por el barón de Mackau llegaron a la bahía de Puerto Príncipe. Poco después, doce barcos de guerra más llegaron a las costas de Puerto Príncipe comandados por los almirantes Pierre Roch Jurien de La Gravière y Jean-Baptiste Grivel. Un total de quince barcos de guerra, cargando entre todos 528 cañones, atracaron en la bahía de Puerto Príncipe y le exigieron al gobierno haitiano pagarle a Francia una indemnización por sus propiedades, plantaciones y esclavos perdidos, así como por la matanza de blancos de Haití de 1804.
Los marinos franceses le exigieron al gobierno haitiano firmar la siguiente ordenanza, emitida por Carlos X, rey de Francia:
"Carlos, por la gracia de Dios, Rey de Francia y de Navarra.
"A todos los presentes, Salud.
"Vistos los artículos 14 y 73 de la Carta,
"Deseando atender al interés del Comercio francés, a las desgracias de los antiguos colonos de Saint-Domingue y a la precaria condición de los actuales habitantes de la isla;
"Hemos ordenado y ordenamos lo siguiente:
"Art. I. Los puertos de la parte francesa de Saint-Domingue estarán abiertos al comercio de todas las naciones.
"Los derechos percibidos en estos puertos, ya sea sobre los buques o sobre las mercancías, al momento de su entrada o salida, serán iguales y uniformes para todas las naciones, excepto para el pabellón francés, en cuyo favor estos derechos se reducirán a la mitad de su importe.
"Art. II. Los actuales habitantes de la parte francesa de Saint-Domingue pagarán en la Caisse des Dépôts et Consignations de Francia, en cinco plazos anuales, el primero con vencimiento el 31 de diciembre de 1825, la suma de ciento cincuenta millones de francos, destinada a indemnizar a los antiguos colonos que la reclamen.
"Art. III. Bajo estas condiciones concedemos, por la presente Ordenanza, a los actuales habitantes de la parte francesa de Saint-Domingue la plena independencia de su Gobierno.
"Y la presente Ordenanza será sellada con el gran sello.
"Dado en París, en el Palacio de las Tullerías, a 17 de abril del año de gracia de 1825, y el primero de nuestro reinado.
En esta ordenanza, Francia exigió a Haití el pago de una indemnización de 150 millones de francos a cambio de reconocer la independencia haitiana. En adición al pago, el rey Carlos X ordenó a Haití rebajar los impuestos a todas las importaciones francesas a la mitad, haciendo que el pago de la deuda fuese aún más difícil para los haitianos. El 11 de julio de 1825, el Senado haitiano firmó la ordenanza para comenzar a pagar la indemnización a Francia.
Discusiones territoriales