La Gran Retirada, también conocida en la historiografía serbia como el Gólgota albanés(/Albanska golgota), fue una retirada estratégica del Ejército Real de Serbia, que marcó el final de la segunda campaña serbia de la Primera Guerra Mundial.
Alemania, Austria-Hungría y Bulgaria emprendieron a fines de octubre de 1915 una gran ofensiva sincronizada contra Serbia. Ese mismo mes, Francia y el Reino Unido desembarcaron cuatro divisiones en Salónica, pero no pudieron avanzar hacia el norte para socorrer a su aliado serbio, superado por los invasores y atrapado entre las fuerzas de estos. Los serbios se retiraron lentamente hacia el sur con la intención de replegarse a Macedonia para unirse a las unidades aliadas, pero, después de que el ejército búlgaro impidiera el avance francés por el valle del Vardar y ante la falta de auxilio de Grecia, hubieron de abandonar la llanura de Kosovo ante el avance convergente de las columnas austrohúngaras, alemanas y búlgaras; les quedaban pocas opciones para escapar al cerco de estas.
El Gobierno y el alto mando decidieron el 23 de noviembre de 1915 retirarse a través de las montañas de Montenegro y Albania; esperaban llegar a la costa adriática y ser rescatados por barcos aliados. La retirada llevó a los restos del ejército junto con el rey, cientos de miles de refugiados civiles y prisioneros de guerra, por algunos de los terrenos más accidentados de Europa, en pleno invierno, con condiciones meteorológicas adversas, carreteras traicioneras y sometidos a las incursiones enemigas. Entre noviembre de 1915 y enero de 1916, durante el trayecto por las montañas, soldados y civiles murieron congelados o perecieron de hambre o de enfermedades o a manos del enemigo. Los pilotos austriacos utilizaron la nueva tecnología, la aviación, para lanzar bombas sobre las columnas en retirada en lo que se ha llamado «el primer bombardeo aéreo de civiles».
De las cuatrocientas mil personas que emprendieron el viaje, solo ciento veinte mil soldados y sesenta mil civiles alcanzaron la costa del Adriático y fueron evacuados por barcos aliados a la isla de Corfú, donde se estableció un Gobierno serbio en el exilio encabezado por el príncipe regente Alejandro y Nikola Pašić. Once mil serbios más murieron posteriormente de las enfermedades, desnutrición o hipotermia que les habían aquejado en la retirada.
Antecedentes
La campaña serbia alt=|miniaturadeimagen|250x250px|Ofensiva de los Imperios Centrales contra Serbia en octubre de 1915 Austria-Hungría, el segundo país más grande de Europa, declaró la guerra a Serbia el 28 de julio de 1914, un mes después del asesinato del archiduque austríaco Francisco Fernando. Cinco meses después y tras tres intentos infructuosos de conquista, la monarquía de los Habsburgo quedó humillada por «los regimientos campesinos de un pequeño reino balcánico». Francisco Fernando no había sido vengado, y el imperio había perdido el doble de hombres que Serbia. El golpe al prestigio de los Habsburgo fue incalculable y Serbia obtuvo la primera victoria aliada de la Primera Guerra Mundial.
A principios de 1915, el jefe del Estado Mayor alemán, Von Falkenhayn, convenció a su homólogo austrohúngaro, Von Hoetzendorf, de que intentasen nuevamente invadir Serbia. Bulgaria firmó un tratado de alianza con Alemania en septiembre y movilizó su ejército rápidamente. El 6 de octubre de 1915, los ejércitos alemán y austrohúngaro a las órdenes del mariscal de campo August von Mackensen atacaron Serbia desde el norte y el oeste, con la intención de atraer a la mayor parte de las fuerzas serbias hacia el Sava y el Danubio.
Los búlgaros comenzaron a arremeter contra las posiciones fronterizas serbias el 11 de octubre, sin declarar previamente la guerra al reino vecino. La declaración se hizo finalmente tres días después, el 14 de octubre; los ejércitos primero y segundo, a las órdenes del general Boyadzhiev, penetraron en la región de Timok, en el noreste de Serbia, con el objetivo de cortar la vital línea férrea que, desde Salónica, subía por el valle del Vardar y del Morava, y por la que Serbia podía obtener refuerzos y munición para la artillería. Los ejércitos búlgaros contaban casi con trescientos mil soldados, por lo que superaron pronto a las débiles unidades enemigas dispuestas a lo largo de la frontera. El ejército serbio tenía doscientos cincuenta mil soldados, gran parte de los cuales estaban ya enfrascados en los combates en el norte con los trescientos mil alemanes y austriacos que habían invadido el país. Por añadidura, más tropas austriacas empezaron poco después a avanzar desde Dalmacia.
El alto mando serbio tenía que defender un largo frente de mil doscientos kilómetros contra frente a tres ejércitos, sin gran apoyo de los Aliados, por lo que optó por replegar sus fuerzas hacia Kragujevac y Niš. El 6 de noviembre, el Primer Ejército búlgaro tomó contacto con el Undécimo Ejército alemán del general Gallwitz en las cercanías de Niš y el 10 de noviembre las dos unidades cruzaron el Morava unos veintinueve kilómetros río arriba de la ciudad, para acometer seguidamente al enemigo. El ejército serbio, muy inferior en número, defendió tenazmente Prokuplje durante dos días, pero finalmente tuvo que retirarse. La presión de los austrohúngaros, los alemanes y el Primer Ejército búlgaro en el norte y el Segundo Ejército búlgaro que avanzaba desde el este obligaron a los serbios a replegarse en dirección suroeste, hacia Kosovo.
Preludio a la retirada general: la hoya de Kosovo Los ejércitos serbios alcanzaron Pristina a mediados de noviembre, perseguidos por el enemigo; el Segundo Ejército búlgaro impidió que se abriesen paso a través del desfiladero de Kačanik, cerca de Skopie, para llegar a Salónica y entrar en contacto con las tropas francesas del general Sarrail. El objetivo de Mackensen era arrinconar a los serbios en la comarca de Kosovo y obligarlos a librar una batalla decisiva que pusiese fin a la campaña.
izquierda|miniaturadeimagen|250x250px|Líneas del frente serbio en octubre y noviembre de 1915.
La interrupción de las comunicaciones entre Niš, Skopie y Salónica y el consiguiente aislamiento entre el mando serbio y los demás Aliados dejaron al ejército serbio en una situación sumamente crítica. El mariscal de campo Putnik comenzó a concentrar sus tropas con el fin de asegurar el acceso a la meseta de Gnjilane conocida como el «Campo de los mirlos».
La Fuerza Aérea austriaca, que hasta entonces había proporcionado apoyo aéreo al ejército austrohúngaro y facilitado las comunicaciones entre el Undécimo Ejército alemán y el Primero búlgaro, comenzó a utilizar aviones de reconocimiento para llevar a cabo misiones de bombardeo en la llanura de Kosovo, arremetiendo contra las columnas de refugiados, tanto contra los soldados como contra los civiles, en lo que se ha descrito como «el primer bombardeo aéreo de civiles». Albaneses hostiles a los serbios los atacaron con métodos guerrilleros y aniquilaron destacamentos débiles, en venganza por la represión que habían sufrido tras la entrega de la provincia por parte del Imperio otomano a Serbia y Montenegro dos años antes.
El ejército búlgaro en su conjunto, apoyado desde el norte por parte del Undécimo Ejército alemán, avanzó entonces contra los serbios. Justos se apoderaron de Pristina y Mitrovica tras reñidos combates el 23 de noviembre; el Gobierno serbio abandonó entonces Prizren, la última capital temporal del reino antes de partir al exilio.
Los mandatarios serbios sopesaron tres opciones: capitular y firmar una paz separada; librar una batalla final de aniquilación, considerada una salida honorable pero desesperada; y continuar replegándose. Pronto se descartó la primera y finalmente se optó por la última: el Gobierno serbio que presidía Nikola Pašić, el príncipe regente Alejandro y el alto mando encabezado por el mariscal de campo Radomir Putnik decidieron ordenar una retirada general y seguir luchando desde el exilio. La única vía de escape posible estaba al suroeste y noroeste, por las imponentes cadenas montañosas de Korab y Prokletije en Albania y Montenegro, parte de los Alpes dináricos, una región cuya altitud media es de más de 1800 m, que habrían de cruzarse cuando ya había empezado a nevar en la zona. El Gobierno serbio planeó reformar luego el ejército con la colaboración de los demás Aliados.
El vaivoda Putnik ordenó el 23 de noviembre a las fuerzas serbias que agotaran las últimas municiones de artillería y luego enterraran los cañones, llevándose consigo las recámaras y las miras; si era imposible enterrar las armas, debían inutilizarse. También ordenó que todos los niños cercanos a la edad militar, de doce a dieciocho años, treinta y seis mil en total, siguiesen al ejército y participasen en la retirada; el objetivo era evitar que cayesen en poder del enemigo y que pudiesen servir en las futuras operaciones militares. El alto mando serbio publicó la orden oficial de retirada dirigida a los jefes de todos los ejércitos el 25 de noviembre de 1915:
Retirada miniaturadeimagen|Ejes de la retirada del ejército serbio a través de Montenegro y Albania
El ejército serbio se dividió en tres columnas que se dirigieron hacia las montañas de Albania y Montenegro, perseguidas por la Décima Brigada de Montaña austrohúngara y por el Cuerpo Alpino alemán. El escaso ánimo del ejército mejoró por la presencia del rey Pedro I, enfermo y de setenta y un años, que había cedido el poder el 14 de junio a su hijo el príncipe Alejandro, que gobernaba en calidad de regente; el anciano rey participó en el repliegue hacia la costa. El soberano, que estaba casi ciego, viajó por las montañas montado en una carreta tirada por bueyes. Para evadir el cerco final del general Mackensen, el ejército serbio y la multitud de civiles que huían de las matanzas perpetradas por las tropas austrohúngaras se retiraron por tres rutas, que convergían en el lago de Escútari, en la frontera entre Albania y Montenegro y punto desde el que luego marcharían hasta el Adriático.
Essad Bajá Toptani, dirigente albanés, exgeneral otomano aliado serbio y la única autoridad central que quedaba en Albania, brindó protección donde pudo, pues no controlaba todo el país. Allá donde tenía autoridad, sus gendarmes ayudaron a las tropas serbias en retirada, pero, en los territorios del norte, las tribus y los irregulares albaneses acometieron repetidamente a los serbios. Las brutales acciones de las tropas serbo-montenegrinas en la primera guerra de los Balcanes hicieron que muchos de los lugareños deseasen vengarse de los soldados que se retiraban por los pasos de montaña y se entregasen a los asesinatos y el saqueo.
Columna septentrional La columna septentrional cruzó el sur de Montenegro, desde Peć hasta Escútari, pasando por Rožaje, Andrijevica y Podgorica.
Caballería serbia cruzando el río Drin|miniatura|izquierda El grupo lo componían los ejércitos Primero, Segundo y Tercero y las tropas de defensa de Belgrado. Era la columna con más tropas y también incluía una unidad médica móvil llamada «el primer hospital de campaña serbo-inglés», con dos médicos, seis enfermeras y seis conductores de ambulancia. La unidad la encabezaba la enfermera británica y mayor del Ejército Mabel Stobart. El Primer Ejército debía organizar el repliegue a Andrijevica, para lo que ocupó posiciones en Rožaje. Los miembros de los Hospitales de Mujeres Escocesas para el Servicio Exterior destacadas en Serbia también siguieron esta ruta, a veces junto a la tropa.
Soldados y civiles serbios durante la retirada invernal hacia la costa|miniatura
La misión de las tropas de defensa de Belgrado era cubrir la retirada del Ejército de Timok mientras éste no hubiera emprendido la retirada, para replegarse luego a su vez. Debido a esto, la columna septentrional retrasó la partida de Peć hasta el 7 de diciembre.