El Descendimiento es una obra realizada entre 1623 y 1624 por Gregorio Fernández, siendo modificada en 1757 por Pedro León Sedano. Portado el Viernes Santo en la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor por la Cofradía del Descendimiento y Santísimo Cristo de la Buena Muerte, el grupo escultórico, perteneciente a la Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz, está ubicado en la Iglesia de la Santa Vera Cruz de Valladolid (Castilla y León, España).
Historia Elaboración Contexto El encargo de la obra estuvo marcado por la renovación emprendida en la década de 1620 por parte de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, la cual deseaba suplir la ausencia de pasos procesionales a la vez que reemplazar sus imágenes, ya muy antiguas y de escasa calidad (calificadas de «papelón» por Tomé Pinheiro da Veiga en su obra de 1605 Fastiginia), sustituyéndolas por tallas hechas completamente en madera, de mayor durabilidad. De esta forma se seguía el ejemplo iniciado en 1604 por Francisco del Rincón con La Elevación de la Cruz (Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo), el cual sería continuado por Gregorio Fernández en 1612 con Sed tengo (Cofradía Penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno), en 1614 con Camino del Calvario (Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo) y en 1616 con La Sexta Angustia (Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias). Por su parte, la Cofradía de la Santa Vera Cruz ya había comisionado a Fernández hacia 1619 el grupo escultórico del Azotamiento del Señor y al año siguiente el paso de la Coronación de Espinas, ambos innovadores en lo relativo a la escultura y creadores de un canon estético en la imaginería procesional castellana, con El Descendimiento como culmen del barroco en términos de técnica y plasticidad.
Comisión Compuesto por las imágenes de Cristo, Nicodemo, José de Arimatea, la Dolorosa, San Juan, María Magdalena y un sayón, el conjunto fue identificado como obra de Fernández por Antonio Palomino, dato corroborado posteriormente por Antonio Ponz y Juan Agustín Ceán Bermúdez. El historiador del arte Esteban García Chico hizo público el contrato de la obra, según el cual, suscrito el 16 de junio de 1623, Fernández quedaba obligado ante los alcaldes de la cofradía Francisco Ruiz y Juan Jimeno a entregar el conjunto en un plazo inferior a doce meses, existiendo a mayores el cometido de ejecutar el grupo escultórico según un modelo en cera entregado como boceto al cabildo de la hermandad. La cofradía sin embargo no estaba obligada a pagar al artista un valor determinado por cada talla sino el precio que estableciese el platero Francisco Díez, quien fungía en virtud del contrato como tasador y debía estimar el valor en función de las esculturas entregadas por Fernández hacia 1619 para el grupo procesional del Azotamiento del Señor:
Pleito Fernández entregó todas las piezas ensambladas (las tallas, una cruz y dos escaleras) en los tres días previos a la Cuaresma de 1624, gracias a lo cual el paso pudo procesionar el 27 de marzo de 1625 cargado por casi sesenta costaleros en la llamada procesión del «Jueves de la Cena» (con base en esto se deduce que la obra debió policromarse al poco de su terminación). Pese a que el escultor cumplió con el contrato, la cofradía, una vez tasada la obra, no procedió a efectuar el pago correspondiente, motivo por el que Fernández emprendió acciones legales presentando un pleito ante el teniente de corregidor (este fue uno de los dos procesos judiciales llevados a cabo por el artista en toda su vida). Fernández nunca llegaría a recibir el pago total por este grupo escultórico, ya que en el testamento redactado por su viuda María Pérez en 1661 queda plasmado que la cofradía seguía debiendo casi mil ducados por el conjunto, mientras que en 1667 la deuda volvió a ser reclamada en otro proceso judicial emprendido por Juan Rodríguez Gavilanes, comerciante de lencería y cuarto esposo de Damiana, hija y heredera de Fernández.
Reemplazo thumb|Talla de la Dolorosa. Esta imagen fue elaborada por Pedro León Sedano para reemplazar a la original. En 1757 el cabildo de la Cofradía de la Santa Vera Cruz procedió a retirar del grupo la imagen de la Dolorosa debido a la decadencia en los desfiles procesionales producto de la expansión de las ideas de la Ilustración así como a la gran devoción que poseía la talla, la cual sería reemplazada ese mismo año por una réplica de Pedro León Sedano. Instalada la imagen en la hornacina principal del retablo mayor de la Iglesia de la Santa Vera Cruz (anteriormente presidido por el Cristo del Humilladero), y conocida desde entonces como Nuestra Señora de los Dolores de la Vera Cruz o Dolorosa de la Vera Cruz, esta maniobra tenía como finalidad que la talla, convertida en imagen titular de la cofradía, desfilase en su propio paso y cerrase la procesión «con el claro de los alcaldes» puesto que en ocasiones El Descendimiento, «por falta de gente y su gran volumen», no había podido salir en procesión. Sin embargo el hecho de que la imagen de la Dolorosa fuese la que clausurase el desfile provocó las quejas de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, la cual consideraba que se estaba copiando su propia procesión, que se cerraba con la Virgen de las Angustias de Juan de Juni. Tras conocer que la Cofradía de las Angustias intentaba «ympedir con varios pretestos» esta variante de la procesión, la Cofradía de la Santa Vera Cruz, para defender sus derechos, otorgó un poder a nombre de los procuradores y agentes de la Real Chancillería Fernando Salvador y Gregorio Bayón, ganando finalmente la disputa.
«El Reventón» El grupo pasaría a ser conocido como «El Reventón» debido a un suceso acaecido en 1741. De acuerdo con un relato de Ventura Pérez en su obra Diario de Valladolid (1885), cuando el paso se disponía a efectuar su entrada en la Iglesia de la Santa Vera Cruz, este se inclinó de tal forma que uno de los costaleros se vio aprisionado contra uno de los pilares de la puerta y casi resultó «reventado», debiendo ser conducido en estado de gravedad al hospital general:
No se conoce con seguridad la suerte de la víctima, aunque algunas fuentes afirman que falleció a causa del accidente, hecho que convertiría este acontecimiento en la segunda muerte ocurrida a las puertas de la iglesia, pues de acuerdo con Manuel Canesi Acevedo, en 1674, «estando Agustín de Valdivieso arrodillado en el umbral de la puerta de este templo, encomendándose al Cristo de la Cruz, llegó uno y le penetró la cabeza con una daga dejándosela clavada en ella, sin que se pudiese mover de aquel sitio». Es posible que el trágico episodio del costalero influyese en la escasez de cargadores que se produjo poco después, motivo por el que el paso no procesionó en los años centrales del siglo , provocando el suceso de 1741 que desde entonces y hasta la actualidad el conjunto desfile sobre una plataforma con ruedas (en 1891, año en que el arzobispo Mariano Miguel y Gómez costeó un nuevo paso, El Descendimiento se convirtió en la primera obra en ser alumbrada sobre una plataforma rodante).
Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte
Por disposición de Remigio Gandásegui, arzobispo de Valladolid, varios jóvenes crearon pocos días antes del final de la Guerra Civil, el 26 de marzo de 1939, una cofradía destinada a alumbrar el paso de El Descendimiento, desfilando por vez primera al año siguiente engalanados con una túnica de color verde y una capa encarnada terciada, a imagen y semejanza de San Juan Bautista, portando sobre la cabeza un turbante trenzado de color verde y rojo del cual partía un velo que cubría la cara de los penitentes. El atuendo actual se empezó a utilizar en 1941 y se compone de una túnica y un capirote en tono morado; cinturón, capa y guantes de color blanco; y calzado negro. Fusionada con la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte en 1954, la cofradía desfila con el paso de El Descendimiento en la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor el Viernes Santo.
Restauración thumb|Tarjeta postal de la década de 1930. En 1967 el conjunto fue restaurado por Juan García Yúdez y Joaquín Cruz Solís debido a su grave estado de deterioro. La imagen de Cristo requirió una limpieza exhaustiva así como un asentamiento de la policromía además de la reconstrucción de una parte ausente en el pie izquierdo y una corrección a causa de un mal encolado en cuatro dedos de la mano derecha. Igualmente se procedió a tapar las oquedades presentes en cabeza, espalda, pies y manos, repasándose a su vez el cromatismo de algunas zonas como los muslos, las rodillas, los pies, las manos y el brazo derecho, el cual se hallaba mal encolado y presentaba una abertura superior a dos centímetros cubierta con una capa de escayola y fijada por una pletina, lo que provocaba que la extremidad no se encontrase en su pose original. De igual modo, el dedo pulgar del pie derecho era falso además de adolecer la figura de la ausencia de veinte fragmentos en el cabello y la barba junto con la presencia de varios orificios, algunos cubiertos con lienzo. En términos generales la imagen se encontraba muy oscurecida debido a la oxidación del óleo de la pintura y contenía numerosos repintes, estando la policromía levantada en algunas áreas como los pies, las manos, las rodillas, los muslos y el vientre, con la reintegración cromátida ejecutada mediante la técnica del temple al huevo.
En lo tocante a la figura de Nicodemo, tanto la parte derecha del tronco como el hombro y tres dedos de la mano de este lado tuvieron que ser reconstruidos, retirándose a mayores del cuello los alambres, chapas y telas que mantenían sujeta la cabeza. La talla presentaba la ausencia de fragmentos en los ropajes (incluido el turbante) y mostraba un deterioro en el pie izquierdo causado por una mala posición de la figura que provocaba que el tornillo que la une a la escalera ejerciese gran presión sobre la madera, procediéndose en consecuencia a reforzar la pierna. También se llevó a cabo una limpieza y en principio se pensó en eliminar los varios repintes que poseía para dejar al descubierto los tonos auténticos, si bien por acuerdo de la Comisión de Escultura se decidió no retirar el repolicromado debido a que de la pintura original apenas quedaba un 30%, adoleciendo la talla además del ataque de polillas en varios puntos.Pese a que la fuente identifica la imagen como José de Arimatea, en realidad se trata de Nicodemo. Respecto a la figura de José de Arimatea, tanto la cabeza como el brazo derecho se hallaban desprendidos, siendo necesario reconstruir varios de los dedos de ambas manos así como partes del manto, el sombrero y la bocamanga izquierda, procediéndose además a eliminar repintes. Por su parte, la imagen del sayón precisó de una intervención en la bocamanga y la mano izquierdas así como una labor de reconstrucción en seis dedos de las manos. Se reforzaron también las piernas y se procuró reducir el deterioro de la mano izquierda, eliminándose repintes para descubrir la policromía original, desaparecida en la espalda (atacada por insectos) y en la parte trasera de las piernas (adolecidas de grietas), con las carnaciones oscurecidas por el óxido del barniz.