Carola García de Vinuesa  FAA, FRS (Cádiz, 1969) es una médica, científica y profesora hispano-australiana. Es becaria de la Royal Society Wolfson y líder de grupo sénior en el Instituto Francis Crick en Londres y en la Escuela de Investigación Médica John Curtin en Canberra. Es ganadora del Premio del Ministro de Ciencias de Australia al Científico de la Vida del Año y la Medalla Gottschalk, y miembro de la Royal Society del Reino Unido.

Educación y carrera Obtuvo la Licenciatura en Medicina en la Universidad Autónoma de Madrid. Mientras era estudiante, trabajó en una clínica para leprosos en Kolkata, a orillas del Ganges, y ayudó a capacitar a trabajadores de la salud en áreas rurales de Ghana. Explicaba que la mayor parte de los niños ghaneses ingresaban a causa de una meningitis impredecible, y que ello la llevó a considerar que sería mejor emplear su tiempo aprendiendo la causa de la enfermedad mortal, de cara a desarrollar medidas preventivas.

Se mudó al Reino Unido para realizar una formación clínica y su investigación doctoral sobre los mecanismos biológicos de la meningitis. La Universidad de Birmingham le otorgó un Doctorado en Filosofía (PhD) en Inmunología en 2000.

Recibió una beca de viaje internacional Wellcome Trust en 2001 para realizar una investigación posdoctoral en la Escuela de Investigación Médica John Curtin de la Universidad Nacional de Australia (ANU).

En 2005, descubrió una variante genética en ratones que conducía a una enfermedad autoinmune.

En 2014, Vinuesa obtuvo una beca, y ese abril inauguró el Centro de Inmunología Personalizada de la ANU. Fue una de las primeras personas en Australia en utilizar la secuenciación genómica para vincular las enfermedades con la variación genética.

En 2015, fue elegida miembro de la Academia Australiana de Ciencias.

En octubre de 2020, se convirtió en miembro de la Academia Australiana de Ciencias Médicas y de la Salud.

En septiembre de 2021, Lupus Research Alliance otorgó uno de los dos premios Global Team Science Awards de $3 millones al equipo de Vinuesa, dirigido por la Dra. Virginia Pascual, para examinar por qué el lupus difiere de un paciente a otro.

En 2022, Vinuesa se mudó al Reino Unido para ocupar un nuevo puesto en el Instituto Francis Crick.

En 2022 fue elegida Miembro de la Royal Society.

En 2025 recibió el Premio Nacional de Medicina Marqués de Valdecilla por su destacada trayectoria en inmunología sus contribuciones al descubrimiento de células clave en el sistema inmunitario (T_FH y T_FR) y la caracterización de la proteína ROQUIN, fundamentales para entender y tratar enfermedades autoinmunes.

Contribución al caso de Kathleen Folbigg

Uno de los hitos más destacados de su carrera ha sido el liderazgo de la investigación genética que permitió reexaminar el caso de la australiana Kathleen Folbigg, condenada en 2003 por la muerte de sus cuatro hijos: Caleb, Patrick, Sarah y Laura. Los fallecimientos, ocurridos entre 1989 y 1999, se produjeron en edades muy tempranas y sin signos aparentes de violencia. Aunque inicialmente se certificaron como muertes súbitas por causas naturales, la acumulación de casos derivó en sospechas que sustentaron la acusación de asfixia intencionada.

Folbigg permaneció dos décadas en prisión hasta que nuevas evidencias científicas permitieron reabrir y reconsiderar su caso.

La científica explicó que la acusación estuvo influenciada por teorías pediátricas como las del médico Roy Meadow, quien sostenía que múltiples muertes súbitas infantiles en una misma familia debían considerarse indicio de homicidio hasta demostrarse lo contrario. García de Vinuesa señaló que dichas teorías ya habían sido cuestionadas por revisiones científicas anteriores que documentaban casos de mortalidad por causas hereditarias.

Su investigación demostró que tanto Folbigg como dos de sus hijas presentaban una rara mutación en el gen CALM2, asociada a arritmias graves y muerte súbita cardíaca en lactantes, incluso en ausencia de síntomas previos. Asimismo, se identificaron en los dos hijos varones alteraciones genéticas compatibles con problemas neurológicos y cuadros epilépticos que podían explicar sus fallecimientos.

La obtención de muestras genéticas resultó compleja, debido a la imposibilidad de acceder a restos biológicos de los menores fallecidos. Finalmente, el equipo optó por analizar el genoma de la madre, cuyo estudio permitió reconstruir el posible origen hereditario de las patologías.

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