El empleo de animales en la Primera Guerra Mundial estuvo ampliamente extendido, principalmente equinos y mulas para el transporte y la caballería, perros para el transporte (perros de tiro) y la transmisión de mensajes, así como palomas mensajeras. En muchos casos los soldados también los acogían como animales de compañía o las secciones de los ejércitos los adoptaban como mascotas con fines patrióticos o para la captación de fondos.

Se calcula que llegaron a participar en la guerra de forma activa más de 16 millones de animales, de los cuales 11,5 fueron equinos; los dos bandos dependían casi exclusivamente de los animales de tiro como el caballo o la mula para transportar los pertrechos y provisiones al frente una vez descargadas de los trenes. Pese a esto la imaginería de la Primera Guerra Mundial se plasma a menudo como una guerra mecanizada debido a la aparición del uso del tanque en la guerra de trincheras del Frente Occidental o el desarrollo de la aviación.

La guerra afectó también a los animales de compañía de la población civil, cuyo problema principal era conseguir alimento suficiente para mantenerlas.

Especies

Équidos

11,5 millones de équidos (incluidos burros y mulas) participaron en la guerra, 6 millones en el bando ruso, 2,5 en el alemán, 1,88 en el francés y 1,2 en el británico. Algunos de estos animales ya estaban acostumbrados al trabajo que se les exigió debido a que habían sido utilizados anteriormente en empresas de transporte o en las minas; pero otros, hasta entonces propiedad de particulares o campesinos, mostraron una mayor propensión a enfermedades infecciosas como la adenitis equina, el muermo, la influenza equina, o la pasteurelosis neumónica (fiebre del embarque) provocados por las duras condiciones del transporte hasta los campos de batalla, la mala alimentación, las bajas temperaturas o incluso desarrollaron neurosis de guerra. El muermo era especialmente temido debido a que podía ser transmitido a los humanos, con una mortalidad cerca del 90%. En general, las malas condiciones en el campo de batalla provocaban también enfermedades de la piel, callos e infecciones en las pezuñas, congelación, inflamación en las articulaciones, llagas por el roce de las sillas de montar y los arneses y cojera. Tan sólo 58.000 de los 256.000 caballos que perdieron las fuerzas británicas en el Frente Occidental fueron a causa del fuego enemigo, el resto murieron a causa de agotamiento o enfermedad.

Murieron entre 5 y 6 millones de équidos a lo largo de la guerra. El porcentaje de équidos que murieron en cada ejército varía notablemente (entre un 75% en el autrohúngaro, un 42% en el francés o un 12% en el británico) debido a las diferencias que existían entre el acceso a recursos como las medicinas, la presencia o no de un sistema de hospitales veterinarios o a las medidas que se tomaban frente a los animales heridos o enfermos.

Caballos

Los caballos fueron utilizados principalmente para dos tipos de trabajo, como caballos de tiro en el transporte de armas, vagones de suministros y otros vehículos; y como caballos de monta para el uso diario de los oficiales o, en muy raras ocasiones, como monturas para los soldados de caballería. Las cualidades más buscadas en los caballos de guerra eran la capacidad de mantener una marcha suave, especialmente el trote, y que consumiera menos comida que un caballo promedio. Los caballos de tiro se dividían entre los de tiro ligero y los de tiro pesado.

El Ejército estadounidense vendió más de 1 millón de équidos al bando aliado, muchos de ellos comprados a la población civil bajo un precio prefijado que variaba según la calidad del animal entre 190 y 230 dólares, tanto los caballos como las mulas. Por otro lado únicamente el 28% de los caballos usados por Estados Unidos fueron enviados desde América, el resto provenía de fuerzas aliadas (Francia y Gran Bretaña) y de España. Cuando entró oficialmente en la guerra en 1917 empleó 182,000 caballos, de los cuales 60.000 de ellos murieron en combate y el resto fueron vendidos o murieron de enfermedades, exposición a gases venenosos, extenuación, inanición o sacrificados para carne.

El Ejército británico en agosto de 1914 tenía 80 vehículos a motor, comparado con los 20.000 caballos que tenía al inicio y los 25.000 que compró durante los primeros seis meses. A lo largo de la guerra empleó 900.000 caballos, 460.000 comprados o requisados de la población civil en Gran Bretaña e Irlanda, y otros 397.206 adquiridos en Estados Unidos según datos oficiales. Los animales que llegaban a Gran Bretaña y que pasaban a formar parte del ejército, gestionados por el Army Remount Service, eran enviados inicialmente a los centros de entrenamiento que contenían las instalaciones para adiestrar y equiparlos. Inicialmente estos centros eran gestionados por hombres hasta que en 1916 abrió el Russley Park, gestionado enteramente por mujeres. En 1917 el ejército británico empleaba alrededor de la mitad de sus caballos, unos 368.000, en el frente occidental.

En 2014 el Gobierno británico condecoró al caballo Warrior con la medalla Dickin, el equivalente a la Cruz Victoria en animales, siendo el primer animal de la Gran Guerra condecorado con esta medalla. La ceremonia sirvió también como reconocimiento a la valentía mostrada por todos los animales que sirvieron en el frente durante el conflicto.

Burros y mulas

miniaturadeimagen| El rey Pedro I de Serbia en un carro de artillería tirado por bueyes durante la retirada de Serbia en 1915. miniaturadeimagen|Soldado italiano de los Alpini que llevan una mule, tela de Achille Beltrame, 1916. miniaturadeimagen| Hombres, dromedario y perro del servicio médico del ejército otomano en el frente palestino, 1918. Los burros y las mulas fueron ampliamente utilizados por los ejércitos beligerantes, y generalmente se clasificaban entre los más fuertes como mulas y burros de tiro y los más pequeños como burros o mulas de carga; descartando los que tenían el pelaje claro por ser blancos más fáciles. Las tropas que los usaban mulas tenían arrieros especializados en el manejo y el cuidado de ellos, realizando trabajos de cierta pericia como la carga del animal o el acicalado.

El Ejército británico no disponía de burros y mulas al inicio de la guerra, aunque ya se habían llegado a usar en las guerras bóeres, pero a medida que fue más difícil adquirir caballos los fueron sustituyendo por los primeros. Llegaron a comprar 275,097 a Estados Unidos al final de la guerra, la mitad de ellos adquiridas a la empresa estadounidense Guyton and Harrington. Durante el asedio Kut-el-Amara en Mesopotamia (diciembre de 1915 - abril de 1916), el ejército indobritánico liderado por el general Townshend fue rodeado por los otomanos con 10.000 soldados y 18.000 mulas. Cuando se acabaron las provisiones, las mulas que aún vivían tuvieron que ser alimentadas con la carne de las mulas muertas mezclada con salvado y sal. Las 26 mulas que quedaron vivas al final del asedio fueron fusiladas por los soldados para no dejarlas en manos de los turcos.Ronald Millar, Kut: The Death of an Army, Pen & Sword, 2017, p.268.

La Fuerza Expedicionaria Estadounidense, como se denominaba al ejército de los Estados Unidos enviado a Francia, contaba con unas 60.000 mulas entre sus filas. Un gran número fueron compradas a España (16.639 mulas), Francia (8.992 mulas) y Gran Bretaña (6.794 mulas); y se destinaban principalmente para el transporte de material y de tiro. Desde estados Unidos se llegaron a enviar menos de 30.000 mulas, pese a que el número de mulas propiedad del ejército era muy superior, debido a que carecían del espacio de carga para llevarlos a través del Atlántico. El 75% de las mulas a cargo de la Fuerza Expedicionaria Estadounidense murieron, en parte debido a la falta de atención veterinaria. Durante el primer año de su participación en la guerra el ejército estadounidense no contaba con hospitales veterinarios por lo que se tuvieron que hacer cargo de esta tarea el británico y el francés.

Camellos La caballería de camellos fue utilizada por todos los beligerantes en el frente de Oriente Próximo como medio de transporte y patrullaje, especialmente por el Ejército británico y el Ejército otomano. Los camellos podían llegar a transportar hasta dos tanques de 57 litros cada uno, o incluso en ocasiones algún herido mediante un sistema de alforjas de mimbre.Michael J. Mortlock, The Egyptian Expeditionary Force in World War I, McFarland & Co., 2011, p.62-63. Las unidades montadas a camello, en el caso de entrar en combate, dejaban los camellos en la retaguardia y luchaban a pie como unidades de infantería.

Los británicos emplearon los camellos en varios cuerpos del ejército como el Cuerpo Imperial de Camellos, el Cuerpo de Camellos de Somalia o el Cuerpo Egipcio de Transporte a Camello, destinados principalmente al transporte. Los camellos eran adquiridos habitualmente sin ningún tipo de indumentaria, por lo que las autoridades militares de Oriente Medio tuvieron que conseguir más de 50.000 albardas para equiparlos. En la campaña del Senussi, en 1916, la Fuerza Expedicionaria Británica Egipcia estableció la Cuerpo Imperial de Camellos (Imperial Camel Corps Brigade) con unas 3.800 unidades de infantería montada a camello formada por cuatro batallones; uno británico, uno neozelandés y dos australianos. Este cuerpo de camellos fue desmantelado antes del final de la guerra para trasladar las tropas al frente occidental. También estableció el Cuerpo Egipcio de Transporte a Camello (Egyptian Camel Transport Corps) que contaba en 1916 con 20.000 camellos utilizados para abastecer el frente y los trabajos de construcción del ferrocarril palestino. Durante las operaciones en 1918 el 21° cuerpo de infantería usó 13.206 camellos y 1984 mulas. Las Tropas de Servicio Imperial contaban con el cuerpo de Bikaner Camel Corps, formada por infantería del Raj británico montada en camello. Los camellos tenían otro uso secundario en el Ejército británico, que era el de alimentar el fuego con sus excrementos secos del hornillo de campaña Soyer, diseñado por el cocinero francés Alexis Soyer, y ampliamente utilizado en las filas británicas. Esta cocina portátil podía ser alimentada tanto con madera, carbón o excremento seco de camello, y podía llegar a calentar hasta 45 litros de sopa a la vez.

El Ejército otomano también contaba con unidades de caballería de camellos, y como en el resto de ejércitos eran usadas en el transporte y el patrullaje, exceptuando algunas ocasiones como la incursión otomana en el canal de Suez. Cemal Bajá, general del Cuarto Ejército otomano, siempre estaba protegido por un escuadrón de guardias montados a camello.

Por otro lado las fuerzas que tomaron parte en la rebelión árabe luchando contra el Imperio otomano, como las guerrillas árabes o el ejército del Reino de Hiyaz, también contaban con unidades de caballería montada y de transporte a camello.

Palomas mensajeras