El Partido de la Revolución Mexicana (PRM) fue un partido político mexicano, activo entre 1938 y 1946.
Fue creado por Lázaro Cárdenas del Río el 30 de marzo de 1938, como una de las últimas medidas para desmontar el aparato político, pero siguiendo por la misma línea ya que México carecía de democracia teniendo un sistema de partidos hegemónico institucionalizada por Plutarco Elías Calles en el contexto del, así llamado, maximato. Cárdenas eliminó la estructura basada en partidos regionales y estatales del antiguo Partido Nacional Revolucionario creado por Calles y la sustituyó por una de carácter corporativo o corporativista en la que se esperaba que los intereses de los ciudadanos fueran representados y transmitidos por los así llamados "sectores".
Los sectores del PRM fueron cuatro: obrero, campesino, popular y militar, que, a su vez, aglutinaban distintas organizaciones; la CROM, La Confederación General de Trabajadores, El sindicato de Mineros y El sindicato de Electricistas; El sector Campesino Integrado por la Confederación Campesina Mexicana, Sindicatos Campesinos y Ligas de comunidades agrarias del sector popular formado por cooperativistas, artesanos, industriales, comerciantes, profesionales, etcétera, y el sector Militar en donde participaban miembros del ejército y la marina en forma individual. El PRM sólo participó como tal en las elecciones presidenciales de 1940, apoyando la candidatura de Manuel Ávila Camacho, y las legislativas de 1943 (además de las elecciones estatales y municipales que ocurrieron entre 1938 y 1945), pues el 18 de enero de 1946 Ávila Camacho y el entonces recién nominado candidato presidencial Miguel Alemán Valdés impulsaron su transformación en Partido Revolucionario Institucional.
Antecedentes
El Partido Nacional Revolucionario (PNR) se fundó en 1929 en un intento por sortear la crisis política que produjo el asesinato del presidente electo Álvaro Obregón. En su etapa inicial, fungió como un «conglomerado de partidos políticos regionales, estatales y nacionales» que se fueron subordinando al «poder central» del partido. Es decir, la formación partidista estaba conformada por «individuos y no por organizaciones». No obstante, en su Segunda Convención Nacional Ordinaria se transformó su estructura con la disolución de los partidos afiliados. Según Guillén Vicente (1997), esta situación inauguró la segunda fase que vivió el PNR, el «corporativismo». En ella se consolidó el «bonapartismo con la semicorporativización de las masas». Los obreros se agruparon en la Confederación de Trabajadores de México (CTM), los campesinos en la Confederación Nacional Campesina (CNC) y los burócratas en la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE).
En última instancia, los cambios estatutarios aprobados en esa convención representaron «cierta centralización» y el «desplazamiento de la base partidaria, de los partidos caudillistas a las organizaciones de masas». El 4 de septiembre de 1936, el PNR emitió un manifiesto para promover una «política de puertas abiertas» con la que lograr «una mayor participación de los obreros y campesinos dentro del partido y el promover la unificación de los mismos en dos frentes únicos». Lo anterior, sin embargo, no evitó que creciera el descontento para con la «estructura formal» de la formación. Garrido (2005) indica que la «necesidad de transformar formalmente» al partido se fue haciendo «más urgente» a finales de 1937 luego de los cambios que vivió la organización en su estructura y la situación nacional. A medida que los grupos derechistas y la «burguesía financiera e industrial» comenzaban a organizarse, el presidente Lázaro Cárdenas del Río necesitó de un «organismo político sólido» con el que defender las reformas de su gobierno. Por otra parte, su transformación ideológica y estructural representó también para el cardenismo la oportunidad de renovar su imagen y eliminar la identificación común que había del PNR con el régimen de Plutarco Elías Calles.
De acuerdo con González Casanova (1986) la transformación de la formación «obedeció a una política de las clases trabajadoras, sus organizaciones y sus coaliciones». El propósito de Cárdenas era formar un partido en el que los trabajadores pudieran ingresar «como colectividades no como individualidades, con derecho y opinión propias». A lo anterior, se sumó el «Bloque revolucionario» de la Cámara de Diputados que, a finales de octubre de 1937, remarcó la necesidad de «estudiar los procedimientos» para permitir una mejor comprensión entre los distintos grupos y sectores en el partido con el objetivo de «desarrollar una lucha más efectiva contra la guerra imperialista, la reacción y el fascismo». Finalmente, Barba González anunció en noviembre de ese mismo año que se convocaría a una convención nacional.
Fundación thumb|left|300px|Lázaro Cárdenas del Río y campesinos, . Hasta ese momento, sin embargo, se desconocían proyectos de reestructuración del partido. Fue hasta el 14 de diciembre de 1937, cuando Cárdenas se reunió en privado en el Castillo de Chapultepec con un reducido grupo de personas —Vicente Lombardo Toledano, Víctor Manuel Villaseñor, Alejandro Carrillo Marcor, Ignacio García Téllez, Javier Icaza y Antolín Piña Soria— para explicarles «cuáles serían las bases para la reorganización» del PNR. Villaseñor escribió sobre la reunión: «[...] nuestro anfitrión esbozó a grandes rasgos su planteamiento acerca de transformar el PNR en un partido que tuviera como puntal la participación de los sectores campesino, obrero, popular y militar del país». Cuatro días después, Cárdenas y sus secretarios de Gobernación, Ignacio García Téllez, y Educación, Gonzalo Vázquez Vela, y el jefe de Prensa de la Presidencia, Agustín Arroyo Ch., se entrevistaron con Silvano Barba González, presidente del partido, y otros dirigentes para explicarles «la necesidad de transformarlo y de introducir reformas fundamentales para lograr una más sólida alianza entre obreros, campesinos, soldados y burócratas».
Luego de nueve años de existencia, el PNR «había cumplido su misión histórica [...] [y] era momento de la consolidación de la alianza obrero-campesino-popular-militar para darle una fuerza orgánica». El mismo día, el mandatario mexicano publicó un manifiesto en el que anunciaba al país los cambios en el partido para «vigorizar el organismo creado para la defensa de la Revolución [mexicana]» y que se traducían en la integración a su estructura del campesinado, el sector obrero, las mujeres, las agrupaciones juveniles y el ejército. Para Cárdenas, estos cambios darían al partido «nuevos rumbos más de acuerdo con el progreso de nuestras masas populares». Garrido (2005) detalla que en la adopción de una nueva estructura para el partido probablemente tuvieron un papel importante las «influencias doctrinales». No obstante, el elemento más relevante fue la «visión del Estado» del presidente Cárdenas, que influyó «decisivamente en la reestructuración».
En este sentido, González Guevara (1989) apunta que, de igual forma que el PNR con Elías Calles, el PRM se organizó por un llamado del presidente de la República. Con su manifiesto, Cárdenas también confirmó, en torno a esta formación política, su «carácter de órgano o partido oficial». En enero de 1938, siguiendo la instrucciones del mandatario, la dirigencia partidista nombró una comisión —conformada por Luis I. Rodríguez, Esteban García de Alba, Alfonso Sánchez Madariaga, León García y Edmundo M. Sánchez— para estudiar los cambios a realizar en los documentos oficiales. El anteproyecto presentado por algunas organizaciones nombró a la nueva formación «Partido Socialista Mexicano». La comisión, sin embargo, aunque adoptó lo «esencial» de la propuesta rechazó el nombre, por lo que en adelante se llamó «Partido de la Revolución Mexicana» y tomó el lema «Por una democracia de trabajadores».
El 18 de enero, el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del partido publicó la convocatoria a la III Asamblea Nacional Ordinaria del PNR —la asamblea constituyente del PRM— que celebraría del 30 de marzo al 1 de abril de 1938 en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Su objetivo sería el de «discutir y aprobar» los documentos básicos de la nueva formación para reemplazar al PNR. La convocatoria hacía el llamado a cuatro sectores: obrero, campesino, militar y popular. Este último agrupaba a mujeres, jóvenes, profesionistas, comerciantes y obreros no incluidos en el primero. A cada uno se le asignó un número de delegados —elegidos en convenciones estatales celebradas entre el 20 de febrero y el 6 de marzo siguientes—: 96 al obrero —setenta para la CTM, dieciséis para la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) y diez para la Confederación General de Trabajadores (CGT)— más un delegado designado por cada central sindical, 96 para el campesino —tres por estado de la República—, 96 al popular y para el militar «cinco delegados en representación del personal de las dependencias superiores y un delegado por cada corporación». También serían delegados los integrantes del CEN del PNR y habría tres representantes de cada bloque del partido en el Congreso de la Unión —integrados en el sector popular—.
De acuerdo con Garrido (2005), las listas publicadas por la formación mostraron que la mayor parte de los delegados eran «políticos profesionales, de probada filiación cardenista y entre ellos muchos diputados». Desde el exilio, Calles le comentó a Joaquín Amaro Domínguez su opinión sobre la transformación del partido. Para el exmandatario, la integración de campesinos, soldados y trabajadores demostraba una «tendencia típicamente comunista». Por otra parte, consideraba que trasladar al ejército a la política era «algo maquiavélico» que tenía como fin la «desmoralización» y destrucción de «la única fuerza organizada que tiene el movimiento revolucionario». En este sentido, la incorporación del sector castrense «fue la más discutida» dado que se temía hubieran divisiones al interior del ejército y peligrara la estabilidad en el país. Por tanto, Manuel Ávila Camacho, secretario de la Defensa Nacional, publicó el 3 de marzo una ponencia —aprobada por el presidente Cárdenas— sobre la participación militar en el PRM.
Para Cruz Rivera (2014), un hecho «crucial» para que «el cambio dentro del PNR se aceptara con pocos obstáculos» fue el decreto de expropiación de los bienes de la industria petrolera que Cárdenas promulgó el 18 de marzo de 1938, unos días antes de la asamblea, ante la negativa de las empresas extranjeras de acatar una sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Aunque causó que medios, dirigentes políticos y líderes sindicales se desinteresaran de la situación del partido, apoyó la «idea de la necesidad de [reunir a los sectores] para beneficio de las reformas sociales» y «reforzó» la «unidad popular» alrededor del presidente, lo que le facilitó concretar su proyecto en torno al PNR.
Asamblea Nacional Constituyente right|thumb|300px|Exterior del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. El 30 de marzo, se reunieron los 393 delegados —cien del sector obrero, 96 del popular, 96 del campesino y 101 del militar— en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. La asamblea fue presidida por Barba González, Heriberto Jara, Alfonso Corona del Rosal, Alfonso Sánchez Madariaga, Luis Padilla y Esteban García de Alba. El primero abrió la sesión afirmando que el CEN del PNR se retiraba «con la satisfacción de haber colaborado con el régimen de Cárdenas». Se disolvió el PNR y a las 15:30 horas Barba González declaró formalmente constituido el nuevo partido.