Contra nuestra voluntad (en inglés Against Our Will: Men, Women and Rape) es un libro de 1975 sobre la violación escrito por la periodista y activista feminista estadounidense Susan Brownmiller. El libro estudia la violación desde campos tan diversos como el psicoanálisis, la sociología, la criminología, la ley, y se adentra en su historia y regulación desde la prehistoria hasta 1970, abarcando tiempos y lugares tan distantes como la antigua Grecia y Palestina, la Europa medieval, Bangladés y Zaire en el , así como los EE. UU. desde la Guerra de la Independencia hasta la década de 1970.

Brownmiller afirma en el libro que la violación no era una cuestión pasional sino un problema político, un acto de poder, y denunció su utilización para controlar a las mujeres como «arma de guerra», también argumenta que la violación había sido previamente definida por hombres en lugar de mujeres, y que los hombres la usan como un medio para perpetuar el dominio masculino al mantener a todas las mujeres en un estado de miedo. Al explicar cómo llegó a escribirlo, dice: "Escribí este libro porque soy una mujer que cambió de opinión sobre la violación", ella recuerda su renuencia inicial a ver la violación como un problema feminista y cómo sus puntos de vista cambiaron a través de su participación en el movimiento de mujeres. De ver la violación como un "crimen sexual, producto de una mente enferma y trastornada, pasó a verla como un crimen político, un crimen contra la mujer".

Tras su publicación, Brownmiller fue considerada por la revista Time una de las mujeres del año, la Biblioteca Pública de Nueva York seleccionó Against Our Will como uno de los 100 libros más importantes del , algunos piensan que influyó en el cambio de opinión sobre la violación y su regulación en Estados Unidos; y en 2017, su trabajo fue recuperado y especialmente reconocido a raíz del movimiento MeToo. Contra nuestra voluntad ha atraído una gran cantidad de críticas tanto positivas como negativas, según el académico y escritor Stevi Jackson el libro "es el tratamiento feminista más completo que se haya publicado en ese momento, y en su amplitud y alcance aún no ha sido superado; si bien los argumentos de Brownmiller pueden tener fallas en algunos lugares, pero Against Our Will merece su lugar como un clásico feminista". La escritora Bell Hooks y la profesora Angela Davis acusan a Brownmiller de estar en connivencia con el racismo, y además se ha criticado como esencialista y sexista, pues algunas frases en el libro considera que todos los hombres tienen una necesidad innata de subyugar a las mujeres

Antecedentes Hasta los años 1970 la violación estaba considerada un estigma y se vivía en silencio e incluso antes del movimiento feminista, no se hablaba del tema ya que finalmente cuando la víctima pudiera buscar ayuda se encontraría con la culpa y la sospecha. El libro de Brownmiller formó parte de un esfuerzo del movimiento feminista para cambiar las leyes y las actitudes públicas, y para transformar una cultura que subestimaba la autonomía corporal de las mujeres. Against Our Will se publicó justo cuando las activistas contra la violación comenzaron a crear centros de crisis, líneas directas, clases de autodefensa y otras formas de apoyo para las sobrevivientes de violación.

La idea de escribir el libro surgió del activismo, cuando en el grupo de concienciación al que ella pertenecía a principios de los 70, las Feministas Radicales de Nueva York, una miembro del grupo Diane Crothers llegó con una copia de la revista feminista de Berkeley It Is not Me Babe, que a principios de ese año había impreso un largo relato de una joven artista que había sido violada por dos veteranos de Vietnam mientras estaba haciendo autoestop para regresar a casa tras su primera reunión de mujeres. Crothers defendió que la violación era un tema feminista importante y que debía ser explorado por el grupo. En un principio Brownmiller no estaba convencida porque creía como mucha gente que la violación era algo que cualquier mujer alerta podía evitar si lo intentaba. Una de las mujeres presentes en la reunión, Sarah Pines empezó a describir entonces cómo también había sido violada cuando hacía autoestop. Lo peor, explicó, fue cuando fue a la policía y se burlaron.

Brownmiller empezó a trabajar en el libro en 1971. Ayudó a organizar una declaración del New York Radical Feminists sobre violación el 24 de enero de 1971 y una Conferencia del New York Radical Feminists sobre violación que se celebró el 17 de abril de 1971 en la que participaron unas 30 mujeres que explicaron sus experiencias abarcando desde el acoso callejero a la violación. Estudió la violación a lo largo de la historia, desde los primeros códigos de la ley humana hasta los tiempos modernos. Recolectó recortes para encontrar patrones en la forma en que se reporta la violación en varios tipos de periódicos, analizó representaciones de violaciones en la literatura, películas y música popular, y evaluó las estadísticas del crimen. Pasó meses investigando en la Biblioteca Pública de Nueva York la documentación sobre las dos guerras mundiales en el apartado recogido con el genérico de "atrocidades". Finalmente publicó el libro en 1975

Resumen Contra nuestra voluntad denuncia que los hombres usan la violación como un medio para perpetuar el dominio masculino al mantener a todas las mujeres en un estado de miedo, "El descubrimiento del hombre de que sus genitales podrían servir como un arma para generar miedo", escribió, "debe figurar como uno de los descubrimientos más importantes de los tiempos prehistóricos, junto con el uso del fuego y el primer hacha de piedra". La coacción sexual, y la amenaza de su posibilidad, en la calle, en el trabajo y en el hogar, descubrió, es menos una cuestión de lujuria frenética que un ejercicio deliberado de poder físico, una declaración de superioridad "diseñada para intimidar e inspirar miedo".

Brownmiller identificó una serie de mitos profundamente arraigados sobre la violación: que está motivada por la lujuria masculina incontrolable en lugar de la violencia, que la sexualidad femenina es intrínsecamente masoquista e invita a la violación y que las mujeres "lloran la violación con facilidad y alegría" y ofreció un contra discurso coherente sobre la violación, reformulándola como un acto de poder, incluso terrorismo masivo, que tuvo como consecuencia el control del comportamiento femenino. En otras palabras, Brownmiller argumentó que la violación era fundamental para la dominación patriarcal de las mujeres.

Capítulo 1: La psicología de masas de la violación: introducción. El capítulo 1 comienza con una alusión a Richard Freiherr von Krafft-Ebing, psiquiatra austro-alemán quien, en su obra, al hablar de violación, “despacha con sorprendente pasividad el acto y sus perpetradores”. Luego, Brownmiller señala que tanto Sigmund Freud, como su discípulo, Alfred Adler, guardaron silencio ante el tema de la violación, aunque este último reconocía la lucha por el poder entre mujeres y hombres. Con otros discípulos de Freud, sucedió lo mismo, Carl Gustav Jung soslaya la interpretación profunda y valora el fenómeno desde la mitología; en tanto las pioneras psicoanalistas como Helene Deutsch, la primera mujer especializada en psicoanálisis, y Karen Horney, cerraron los ojos ante una valoración profunda de la perspectiva de la mujer.

Igual sucedió con Carlos Marx y Federico Engels, quienes permanecieron “curiosamente mudos acerca de la violación, incapaces de insertarla dentro del esquema de sus construcciones económicas”. Sólo Augusto Bebel, uno de los fundadores del partido social demócrata alemán, en su obra, la mujer bajo el socialismo alemán, habló de la forma en que las mujeres se convirtieron, tras las luchas por poder y riqueza, en “trabajadoras y objetos de placer para el conquistador”. Fue Wilhelm Reich, que la autora señala de “consumido por la ira hacia Hitler, Marx y Freud" quién en el capítulo inicial de su obra la revolución sexual, clama por un análisis más amplio del fenómeno.

Brownmiller comienza su estudio de la violación desde los albores de la prehistoria humana, especulando que la violación tuvo su origen en los primeros días de la evolución de los homínidos, cuando el hombre se dio cuenta de que "sus genitales podían servir como arma para generar miedo" este fue "uno de los descubrimientos más importantes de la prehistoria", también afirma que "una de las primeras formas de vinculación masculina debe haber sido la violación en grupo de una mujer por parte de una banda de hombres merodeadores" Ella escribe que, hasta donde ella sabe, ningún zoólogo ha observado jamás que los animales violen en su hábitat natural.

Capítulo 2: El comienzo fue la ley. El segundo capítulo es abundante en alusiones bíblicas, la autora señala que “La violación entró en la ley por la puerta trasera como un crimen de propiedad cometido por el hombre contra el hombre. Por supuesto las mujeres eran la propiedad". Acto seguido la autora entra en una serie de comparaciones entre el Código de Hammurabi y la Ley de Moisés, anotando, que tanto entre los babilonios como entre los hebreos a menudo la culpa de la violación recaía sobre la violada, aunque a veces eran muertos, por castigo, el violador y la violada.

Comenta que en el Evangelio de San Juan aparece el perdón a la adúltera en el célebre episodio donde Jesús conmina a arrojar la “primera piedra” al libre de pecado. Escribe como la mujer era inculpada por descarte en numerosos casos y se da el ejemplo de la esposa de Putifar que intentó seducir a José. Poco a poco se fueron ganando avances y llegó el momento en que a la mujer violada se la compensaba en dinero, una especie de prostitución forzada, aunque, el teólogo judío Maimónides se opuso a tal “progreso”. Brownmiller examina también la severidad de las penas por violación en tiempo del rey Guillermo el Conquistador. La importancia del rapto en las tradiciones, y del célebre derecho de pernada, mediante el cual un señor disponía de la virginidad de la esposa de su vasallo.

Capítulo 3: Guerra. El tercer capítulo expone la violación como delito de guerra, comienza a partir de interpretaciones del famoso rapto de Helena, comenta las divergencias entre Aquiles y Agamenón por disputas de posesión sobre mujeres. Relata el rapto de las sabinas en la legendaria fundación de Roma y elogia al rey ostrogodo Totila, quien al tomar Roma en 546 d. C. prohibió a sus tropas la violación de mujeres romanas, y lo llama un “hombre adelantado a su tiempo”. Posteriormente se estudian las violaciones de los alemanes contra las mujeres belgas, en la Primera Guerra Mundial, de los nazis contra las judías, y luego contra las rusas, en la Segunda Guerra Mundial, y las violaciones del Ejército Rojo contra las mujeres germanas en la contraofensiva soviética sobre Berlín, así como los abusos de las fuerzas aliadas. La autora también analiza la creación de burdeles en las zonas de guerra donde las mujeres eran sometidas a una prostitución forzada

Expone, las violaciones que los japoneses cometieron en China, donde se estimó que se produjeron 20.000 violaciones en el primer mes de la ocupación japonesa de Nankín, y más adelante las violaciones que los paquistaníes cometieron contra las bengalíes en la guerra de liberación de Bangladés, que finalizó con la intervención de la India, millones de personas murieron y cientos de miles de mujeres fueron violadas con temibles secuelas como el posterior rechazo de sus maridos, las infecciónes de trasmisión sexual y la segregación a los hijos nacidos de la violación masiva.