La cultura LGBT en Ecuador comprende las diferentes manifestaciones artísticas y de ocio existentes en el país cuyo enfoque es la diversidad sexual o que incluye la participación de personas LGBT en ellas.

Cine Primeras representaciones miniaturadeimagen|alt=Talleres de Dirección de Fotografía Universidad de Guayaquil|David Grijalva Calero, director del cortometraje Al filo de un sueño (1991). La presencia de personajes LGBT o tramas relacionadas con la diversidad sexual en el cine ecuatoriano fue considerada polémica hasta principios del . No obstante, desde años anteriores existieron algunos filmes ecuatorianos que incorporaron la temática. Uno de los primeros en mostrar abiertamente una relación homosexual fue el cortometraje Al filo de un sueño (1991), dirigido por el cineasta David Grijalva Calero y escrito por Ada Palacios, El corto que tiene una duración de 25 minutos, abordó en un estilo onírico el deseo entre un hombre veinteañero y uno en sus cuarenta.

En 1991 se estrena la película Sensaciones, dirigida por los hermanos Viviana y Juan Esteban Cordero, y aunque su trama no se centra en la orientación sexual, incluyó un personaje homosexual llamado Ricardo. El mismo, interpretado por el escritor y dramaturgo Luis Miguel Campos, contó con una caracterización que reproducía estereotipos y es mostrado con ademanes que comúnmente eran considerados como femeninos.

miniatura|izquierda|Adolfo Macías Huerta, director del mediometraje Maldita sea (2002).

Otro ejemplo temprano fue el mediometraje Maldita sea (2002), dirigido por el escritor Adolfo Macías Huerta y que seguía a un joven travesti que termina siendo víctima de una violación grupal. Debido a su temática, el filme fue censurado. También se puede mencionar la película Désatame (2006), que tuvo como director a Christian Fuentes y como actores a varios personajes reconocidos de la televisión ecuatoriana, como David Reinoso y Juan Carlos Salazar, además de personalidades de la escena LGBT local, entre ellas Rudy Arana. Cuando me toque a mí (2006), de Víctor Arregui, incluye un personaje secundario LGBT notorio por no reproducir estereotipos.

El año 2009 vio la aparición de dos largometrajes centrados en personajes LGBT, aunque ambos los mostraron bajo el paradigma negativo de personas con desequilibrios psicológicos. El primero de ellos fue Versátiles, dirigido por Elio Peláez y que cuenta tres historias de personajes homosexuales. El segundo fue Simón el gran varón, de la cineasta Bárbara Morán, centrado en un joven homosexual travesti que fue violado de niño.

Del lado del cine documental, se estrenaron filmes como A imagen y semejanza (2008), de Diana Varas, película de 39 minutos de duración que cuenta los testimonios de cuatro personas transgénero ecuatorianas.

Desde 2010 La representación de personajes pertenecientes a la diversidad sexual se volvió más común en la década de 2010. Algunos ejemplos de ello se encuentran en filmes como Mejor no hablar de ciertas cosas (2012), de Javier Andrade, donde el actor Víctor Aráuz interpreta a un hombre homosexual que vive su sexualidad de forma discreta; o Sin otoño, sin primavera (2012), de Iván Mora Manzano, que sigue a un grupo de jóvenes guayaquileños y presenta el deseo lésbico entre dos de ellos, aunque no es realizado. En cuanto a cortometrajes, de esta época sobresale Mentalmente (2014), de Marlon Freire, por abordar con mayor erotismo el encuentro sexual entre los dos personajes masculinos que protagonizan la historia.

El largometraje pionero en la representación positiva del deseo homoerótico en Ecuador fue Feriado, dirigido por Diego Araujo y estrenado por 2014, aunque no mostró la consumación de la relación entre los protagonistas. La película sigue la historia de un joven de clase alta llamado Juan Pablo que se enamora de Juano, un mecánico amante del heavy metal. Debido a su temática, el filme recibió una clasificación de apta solo para mayores de edad en Quito, hecho que fue criticado y calificado de censura por los realizadores y llevó a que la clasificación se redujera a mayores de 15 años.

El cine lésbico en Ecuador tuvo como su precursor al filme El secreto de Magdalena (2015), del director Josué Miranda, cuya trama sigue a una mujer llamada Magdalena que, tras una pelea con su novio, conoce a una mujer lesbiana llamada Miranda por la que se siente atraída. El año siguiente se estrenó además la película UIO: Sácame a pasear, con dirección de Micaela Rueda y guion de Juan José Vallejo, como parte del festival South by Southwest. La trama sigue a una adolescente llamada Sara que conoce a otra llamada Andrea, con quien empieza a explorar su identidad sexual.

Entre los documentales de estos años se puede mencionar a la película La importancia de llamarse Satya Bicknell Rothon (2013), dirigida por Juliana Khalifé y que sigue el intento de dos madres de registrar a su hija con los apellidos de ambas, en el proceso judicial que pasó a conocerse como Caso Satya. Otro ejemplo es el filme La playa de los enchaquirados (2021), de Iván Mora Manzano, que sigue la historia de Vicky, una mujer transgénero pescadora que habita en la comunidad costera de Engabao, y que tuvo su estreno en el Festival de Cine de Phoenix.

Festivales y eventos Desde el 2002, en conmemoración del aniversario por los 5 años de despenalización de la homosexualidad en Ecuador, se realiza en el país el Festival Internacional de Cine LGBT El Lugar Sin Límites, que reúne anualmente películas de decenas de países y tiene sedes en Quito, Guayaquil, Ambato, Riobamba, Cuenca, Portoviejo, entre otras ciudades. De acuerdo a su fundador, uno de sus objetivos al crear el festival era crear espacios para la comunidad LGBT distintos de las discotecas o sitios similares.

Literatura

Narrativa thumb|Pablo Palacio, autor de «Un hombre muerto a puntapiés» La literatura LGBT en Ecuador tuvo su exponente más antiguo en 1926, año en que el escritor lojano Pablo Palacio publicó el cuento «Un hombre muerto a puntapiés», considerado como la primera obra literaria ecuatoriana en tratar abiertamente el tema de la homosexualidad. El cuento sigue a un protagonista que investiga el asesinato de un hombre y que posteriormente concluye que el hombre había sido asesinado por intentar seducir a un muchacho. Unos ańos más tarde, en 1930, el guayaquileño Joaquín Gallegos Lara publicó el cuento «Al subir el aguaje», que se convirtió a su vez en la primera obra ecuatoriana en retratar la homosexualidad femenina.

Durante el resto del , varios autores hicieron eco de las concepciones religiosas y culturales de la época, por lo que las representaciones de personajes LGBT tenían muchas veces connotaciones negativas o finales trágicos. Ejemplos de ello son cuentos como «Cara e' santo» (1953) de Rafael Díaz Ycaza, y «Los señores vencen», de Pedro Jorge Vera, en los que aparecen personajes homosexuales que terminan muertos, en el segundo de ellos por mano propia. Otro texto notorio de la época es la novela Por qué Jesús no vuelve (1963), de Benjamín Carrión, donde critica a los conservadores pero a la vez incluye varios pasajes en que da una mirada negativa de la homosexualidad. Sin embargo, Carrión se aleja a la vez de la postura imperante de la época cuando afirma, con relación a uno de los personajes: «Maricón. Sí, lo era, pero a nadie hacía daño con eso».

La figura de la escritora Eugenia Viteri destaca en la literatura LGBT ecuatoriana durante la década de 1960 y 1970, con cuentos como «Los impuros» (1962), «Nuevas Lilianas» (1969) y «Florencia» (1977), aunque todos están marcados por la tragedia. Esto se repite en el cuento «Angelote, amor mío» (1982), de Javier Vásconez, narración en lenguaje barroco que sigue el monólogo interno de un hombre durante el velorio de su amante, un hombre homosexual perteneciente a la clase alta quiteña. El relato, que en la actualidad es considerado un clásico de la literatura ecuatoriana, fue controvertido al momento de su publicación por su temática, por lo que el Ministerio de Educación prohibió su lectura.

A finales del aparece la figura de Raúl Vallejo, quien se convirtió en el escritor que más extensamente exploró la diversidad sexual en la narrativa ecuatoriana hasta ese momento, particularmente en el libro Fiesta de solitarios, que incluyó relatos LGBT que abordaron temas como el amor entre hombres y mujeres transgénero, la violencia homofóbica y la prostitución masculina. Años después, Vallejo publicó el cuento «Astrología para debutantes» (2000), que constituyó el primer cuento ecuatoriano en mostrar el drama de personajes LGBT ante la sombra del sida.

miniatura|izquierda|Sonia Manzano, autora de la novela lésbica Eses fatales (2005) El nuevo milenio trajo una marcada evolución en cuanto a representación de la diversidad sexual en la literatura ecuatoriana. Entre las obras destacadas de estos años se encuentra Salvo el calvario (2005), novela de Lucrecia Maldonado que se convirtió en una de las primeras del país en retratar una relación entre personas del mismo sexo de forma positiva. En 2005 también se publicó Eses fatales, de la poeta y narradora Sonia Manzano, considerada la primera novela lésbica escrita por una ecuatoriana y que retrata el amor entre dos mujeres entrelazando fragmentos de la vida de Safo de Lesbos.

En los últimos años, temáticas relacionadas con la diversidad sexual han sido abordadas por escritoras como Mónica Ojeda, María Fernanda Ampuero y María Auxiliadora Balladares. Adicionalmente, obras con temáticas LGBT, como las novelas Pequeños palacios en el pecho (2014), de Luis Borja Corral, y Gabriel(a) (2019), de Raúl Vallejo, han sido galardonadas con premios literarios nacionales.

Poesía La poesía homoerótica ecuatoriana tiene entre sus más tempranos representantes a autores como David Ledesma Vásquez, Ileana Espinel y Francisco Granizo. Varios de los poemas de Ledesma muestran un sentido de identificación propia hacia rasgos abyectos o repulsivos, características que la sociedad de la década de 1950 adjudicaba a toda persona que no fuera heterosexual. En otros, por el contrario, explora abiertamente y sin tapujos sus deseos eróticos, como en los poemas «Plegaria Ególatra» y «Los ángeles que huyeron de Sodoma», donde transforma la ciudad bíblica en un paraíso de paz donde el amor entre hombres es presentado como un sentimiento puro y humano, como se puede apreciar en el siguiente fragmento:

Otros poetas ecuatorianos que han escrito desde la disidencia sexual en décadas posteriores son: Maritza Cino, Carolina Portaluppi, Roy Sigüenza y María Auxiliadora Balladares. El deseo homosexual es justamente el motivo central de la poesía de Sigüenza, que explora temas como la belleza del cuerpo masculino, el mar como metáfora del amor entre hombres y el cruising.

Música miniatura|derecha|El cantante Johann Vera en 2022. Entre las personalidades LGBT ecuatorianas más conocidas se encuentran músicos como Johann Vera y Nikki Mackliff. Vera inició su carrera en 2016 con el tema «Pretty Girl (Tu canción)», que ingresó a las listas de éxitos musicales de la revista estadounidense Billboard. En 2024, Vera anunció públicamente su homosexualidad y abordó el tema en su canción «Closet», que posteriormente tuvo una versión con el cantante mexicano Christian Chávez. La cantante de pop Nikki Mackliff, por su lado, ha dedicado varias canciones a su esposa, entre ellas temas como «Eres tú» (2024) y «100 TDB» (2025).