En siderurgia, el cinglado es una operación que consiste en martillar una lupa de hierro afinado para extraer las escorias de la matriz metálica. La operación se realiza en caliente, e implica la compresión a golpes (y en su caso, la posterior laminación) de la masa de hierro para reducir los huecos que deja la escoria que escapa cuando aún está líquida.

El cinglado (también denominado martilleo) transforma la lupa en un bloque de metal libre de inclusiones.

Etimología

En español, el verbo cinglar en su segunda acepción procede del occitano a través del catalán, y significa "Forjar el hierro para limpiarlo de escorias."

Pasos de preparación

Realizado por el herrero, el cinglado sigue a la "represión", proceso que se realiza manualmente y que tiene como objeto crear la lupa.

Precede a la forja, que permite obtener el primer desbastado y la forma geométrica deseada.

Cuando se abre el horno o cuando se desmonta, el herrero saca con sus tenazas una lupa de la que suda la escoria. Esta escoria es expulsada por una serie de martillazos violentos. El cinglado requiere una pericia considerable, porque hay que trabajar con la lupa para sacar la mayor cantidad de escoria posible sin que se desintegre:

Durante el cinglado, la lupa está expuesta al aire, y la oxidación del hierro provoca pérdidas en el metal.

El enfriamiento dificulta tanto el flujo de la escoria como la agregación del hierro. Esto se acentúa cuando la lupa es pequeña; en consecuencia, es conveniente disponer de herramientas potentes y eficaces para reducir al máximo el tiempo necesario en la operación y minimizar así estos problemas.

Esta operación se mecanizó muy temprano, en el en la antigua China y en el en la Europa medieval, con el uso de martinetes impulsados por energía hidráulica. En 1841, la invención del martillo pilón accionado por vapor permitió tanto el cinglado como el forjado preciso de piezas grandes.

Imágenes

Véase también Pudelación Lupa (siderurgia)

Referencias

Categoría:Historia de la metalurgia