thumb|Bandera oficial de España durante el franquismo. El término neofranquismo se refiere a la alternativa que defendían determinadas formaciones políticas españolas de extrema derecha nacidas en la década final de la dictadura franquista y que consistía en la vuelta a los principios originarios del régimen, frente a las propuestas «aperturistas» de algunos políticos franquistas que pretendían introducir algunos cambios que lo adecuaran a la transformación que estaba experimentando la sociedad española en esos años. Se diferenciaban de los «inmovilistas», que también estaban enfrentados a los «aperturistas», en que eran involucionistas, es decir, pretendían seguir siendo fieles al «espíritu del 18 de julio» (la exaltación de la victoria del bando franquista en la «Cruzada») lo que suponía la derogación de ciertas leyes ya aprobadas como la Ley Orgánica del Estado de 1967, promovida por los «inmovilistas», y la Ley de Prensa de 1966, promovida por los «aperturistas». Las dos principales organizaciones neofranquistas fueron Fuerza Nueva, constituida a partir de la revista del mismo nombre fundada en 1966 y cuyo líder era Blas Piñar, y la Confederación Nacional de Excombatientes, encabezada por el exministro franquista y camisa vieja de Falange Española de las JONS José Antonio Girón de Velasco. Las dos constituyeron el núcleo duro de lo que se llamó el búnker.
Antecedentes En la década de 1960 los políticos franquistas se plantearon el futuro del régimen cuando muriera el dictador Francisco Franco (en 1962 había cumplido 70 años). Se definieron dos posturas: La de los «inmovilistas», cuyo proyecto consistía en asegurar la continuidad del régimen franquista y mantener todo el entramado institucional y los principios del mismo definidos en las Leyes Fundamentales del Reino mediante la instauración (que no la restauración) de la monarquía («católica, social y representativa», no la liberal derrocada en 1931) en la persona del hijo de Juan de Borbón, Juan Carlos, que desde 1950 estaba bajo la tutela del Caudillo. Los «inmovilistas» estaban integrados por la mayoría de los «tecnócratas» vinculados al Opus Dei y cuyo valedor era el almirante Carrero Blanco —el principal consejero del Caudillo y presidente del gobierno de facto— y por la «vieja guardia» falangista del Movimiento Nacional. La de los «aperturistas» que se proponían introducir algunos cambios que estuvieran en consonancia con la transformación que estaba experimentando la sociedad española gracias al gran crecimiento económico que había experimentado España desde que en 1959, con la aprobación del Plan de Estabilización, se había abandonado el caduco modelo autárquico (al desarrollo económico le debía seguir el desarrollo político, defendían los «aperturistas»). Los «aperturistas» procedían del Movimiento y sus principales representantes eran tres ministros: Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo; Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores; y José Solís Ruiz, ministro-secretario general del Movimiento y delegado nacional de Sindicatos. Este último aprovechando los dos importantes cargos que ocupaba se propuso revitalizar el Movimiento, entonces poco más que una estructura burocrática, abriéndolo a la participación popular mediante la creación de «asociaciones políticas» dentro del mismo, y también la Organización Sindical propiciando la participación de los trabajadores. El objetivo último era extender la base social del régimen. Una parte de los «aperturistas», incluido Solís Ruiz y posiblemente Fraga, se oponían a la «solución monárquica» de Carrero Blanco y apostaban por un sistema presidencialista parecido al gaulismo (es decir, asegurar la continuidad del régimen con un militar «revestido como regente»; posiblemente el general Muñoz Grandes, pero este no gozaba de buena salud: fallecería en 1970).
El historiador Borja de Riquer ha destacado que las diferencias que separaban a «inmovilistas» y «aperturistas» radicaban en su «diferente diagnóstico sobre los cambios experimentados por la sociedad española y la naturaleza de la contestación política y social». Mientras los primeros consideraban que para hacer frente a la «subversión» era necesario reafirmar «los principios fundamentales del régimen, y no su desnaturalización con unas reformas que acabarían llevándole a la perdición», los segundos pensaban que «el desfase entre las estructuras políticas vigentes y la realidad social y cultural española hacía imprescindible una adaptación del régimen a los nuevos tiempos que evitase una crisis provocada por el creciente anacronismo del franquismo».
El logro más importante de los «aperturistas» fue la aprobación de la Ley de Prensa de 1966, promovida por Fraga. Sin embargo, José Solís no consiguió sacar adelante el Estatuto de Asociaciones del Movimiento y se encontró con que las elecciones a enlaces y jurados sindicales fueron aprovechadas por las clandestinas y antifranquistas comisiones obreras para escalar posiciones dentro de la Organización Sindical. En cambio, los «inmovilistas» dieron dos pasos muy importantes en su proyecto político: la aprobación de la Ley Orgánica del Estado de 1967 y la designación en julio de 1969 por Franco de Juan Carlos como su sucesor, quien inmediatamente juró la Ley de Principios del Movimiento Nacional y recibió el título de Príncipe de España (no el de Príncipe de Asturias, que había sido el tradicional de la monarquía española). El triunfo de los inmovilistas fue absoluto cuando en octubre de 1969 (tras el estallido del escándalo Matesa) Franco le dio carta blanca a Carrero Blanco para que formara un nuevo gobierno, con él como vicepresidente, y este se deshizo de los tres ministros «aperturistas» (Fraga, Castiella y Solís Ruiz) y nombró un gabinete integrado casi exclusivamente por «tecnócratas» opusdeístas. El nuevo ministro-secretario general del Movimiento fue el falangista Torcuato Fernández Miranda —que había sido preceptor del príncipe» Juan Carlos— quien por orden de Franco enterró el proyecto de asociaciones políticas, porque tanto el Caudillo como Carrero Blanco las consideraban la antesala de los odiados partidos políticos. Poco después de formarse el nuevo gobierno «monocolor» se suprimió la tradicional celebración de la fundación de Falange Española en el Teatro de la Comedia y al año siguiente se dejó de utilizar la denominación FET y de las JONS para referirse al Movimiento Nacional, partido único de la dictadura franquista.
Historia
Tardofranquismo (1966-1975) El 14 de diciembre de 1966 sale a la calle el número 0 de la revista semanal Fuerza Nueva (el mismo día en que se celebraba el referéndum sobre la Ley Orgánica del Estado) con el objetivo de oponerse a los proyectos de los «aperturistas» a quienes acusa de traicionar los principios ideológicos del régimen franquista —y también a los miembros del clero que se están desvinculando del nacionalcatolicismo siguiendo la nueva doctrina del Concilio Vaticano II—. Para ello se propone aglutinar, según José Luis Rodríguez Jiménez, «las corrientes falangistas identificadas plenamente con el franquismo y los sectores todavía vinculados al integrismo católico» con el fin último de «hacer posible la continuidad del sistema de organización política a la muerte del fundador del régimen». El grupo fundador de Fuerza Nueva había surgido de una reunión en el convento de San Miguel de la Victoria en Priego (Cuenca), que convocó Blas Piñar en 1964. Allí se discutió un plan «para clarificar ideas con una visión sobrenatural y [...] luchar contra las fuerzas del mal a escala universal». Por otro lado, la revista alcanzará gran eco entre ciertos sectores del Ejército. thumb|150px|Logo del grupo Fuerza Nueva, que como parte integrante del «búnker» se opuso radicalmente a cualquier intento de "apertura" del franquismo. La definición «inmovilista» inicial irá evolucionando hacia posiciones involucionistas, exigiendo la marcha atrás en los cambios que se proponían (como el Estatuto de Asociaciones) y oponiéndose radicalmente a la liberalización cultural y de costumbres de la sociedad española (de la que culpaban a la Ley Fraga). En 1969 Blas Piñar, el líder indiscutido de Fuerza Nueva, manifestó: «Nuestras y nuestros Principios han sido machacados en el arroyo por los propios dirigentes de la política española». En un artículo publicado en agosto de 1974 Piñar abogaba por alcanzar «un riguroso rearme ideológico y moral» y por crear «una mística de combate frente a la subversión demoledora» (en referencia al crecimiento de la oposición antifranquista). Un año antes Piñar había escrito que la filosofía del franquismo «se basa en una inamovilidad constitucional absoluta si pretende ser auténtica», considerando «una equivocación creer que el Sistema recibe su perfección política y semántica a través de conquistas de libertad de palabra, de apertura, de opinión».
Al igual que el sector «inmovilista» (y que el conjunto del régimen franquista), Fuerza Nueva consideraba que el gobierno y la nación estaban amenazadas por la «subversión comunista» (en uno de los primeros números de la revista Blas Piñar ya había advertido que «los grupos subversivos tienen hoy una capacidad de maniobra de la que carecían»). Precisamente el primer libro que publicó la editorial de Fuerza Nueva lo dedicó a este tema (el autor era el propio Blas Piñar y se titulaba Qué es el comunismo). En él Piñar afirmaba que la «conspiración» comunista actuaba «desde el interior» y que los dirigentes comunistas «han sido ayudados por Lucifer a extender su dominación», además de subrayar que el comunismo había sido la creación de una rama judía. Para acabar con la «subversión comunista» Piñar apelaba al Ejército y a las «virtudes militares» («el honor, la disciplina, la entrega y el sacrificio») que debían ser asumidas por una minoría civil dispuesta a «salvar a la Patria». En junio de 1971 Piñar les dijo a los delegados de Fuerza Nueva: «la única fórmula auténtica, noble, gallarda, viril, segura de la victoria, es la fórmula del 18 julio y del 1 de abril: saber donde está el enemigo, barrerlo y destruirlo». El 9 de marzo de 1974 la portada de la revista apareció con el siguiente titular: «El ejército debe ser político». En un editorial de la revista de junio de 1974 se afirmaba que «el alerta por España no debe acabar nunca, para que no prolifere la guerra ideológica inconclusa que puede repetir otro 36». En las páginas de la revista se insistía en que «en España estamos padeciendo una crisis de identidad de nuestro propio Estado».
A partir de 1968 Fuerza Nueva se empieza a organizar como una asociación política encubierta aprovechando su extensa red de delegados, que mantienen relaciones estrechas con grupos falangistas y tradicionalistas y con las hermandades de excombatientes franquistas y que cada año celebran unas jornadas presididas por Blas Piñar. Además Piñar, que desde 1958 era miembro del Consejo Nacional del Movimiento y procurador en las Cortes franquistas por designación directa de Franco, da mítines por toda la geografía española. En esa tarea de difusión de su ideario consiguió el respaldado de algunas jefaturas provinciales y locales del Movimiento y al parecer contó también con las simpatías del almirante Carrero Blanco, presidente del gobierno de facto (Carrero llegó a proponerlo como ministro de Justicia pero Franco lo rechazó porque «es un exaltado»). thumb|Monolito levantado en Madrid en 1965 en honor de los alféreces provisionales que combatieron en el bando franquista «POR DIOS Y POR ESPAÑA».