miniaturadeimagen|218x218px|Rafi Eitan, segundo y último director de Lakam. relacionado con sus casos más notorios. Lakam o Lekem (), acrónimo de haLishká leKishré Madá (; en español, Oficina de Relaciones Científicas), fue una importante agencia de inteligencia israelí, inicialmente concebida para la protección y apoyo del programa nuclear de Israel. Fundada en 1957 bajo el nombre Oficina de Cometidos Especiales, Lakam —experto en la recopilación de información científica y técnica tanto de fuentes abiertas como encubiertas fuera de las fronteras del Estado de Israel— fue disuelto en 1986 tras el estallido del caso de Jonathan Pollard. En sus casi tres décadas de existencia, Lakam solamente tuvo dos directores y sus operaciones, muchas veces, se realizaron al margen de la propia comunidad de inteligencia de Israel.
Historia miniaturadeimagen|145x145px|Una imagen satelital de la planta nuclear de Dimona, tomada por la intelgencia de EE. UU. Las ultrasecretas actividades de inteligencia relacionadas con el programa nuclear de Israel fueron en sus inicios responsabilidad del Mosad y de Aman. No obstante, tanto el primer ministro de Israel, David Ben-Gurión, como su principal asesor de defensa en esos años, Shimon Peres, abogaban por la constitución de un servicio de inteligencia independiente que dedicase todos sus recursos a cuestiones en torno al programa nuclear, sobre todo el acceso a materiales y al know-how, la protección del programa y las instalaciones durante su desarrollo y una vez activas, y el análisis de informaciones relativas a las negociaciones con otros países. Otros miembros del gabinete de la Cocina se unieron a la valoración de que era primordial contar con un nuevo servicio capaz de garantizar la seguridad absoluta de la información nuclear.
La fundación de la Oficina de Cometidos Especiales en 1957 como una escisión del Ministerio de Defensa se mantuvo en alto secreto. Inicialmente, ni siquiera el todopoderoso jefe de los servicios de inteligencia israelíes, Iser Har'el, conocía su existencia. Los informantes de la agencia incluían desde agregados científicos de las embajadas de Israel a científicos de confianza que fueron sometidos a cierta presión para hacer un «uso patriótico» de la información obtenida de instituciones extranjeras. Entre los cometidos principales del servicio en sus inicios constaba la supervisión de la construcción del reactor nuclear en el Néguev, el cual fue definido oficialmente como fábrica de textil (y que años más tarde se convertiría en el Centro de Investigación Nuclear del Néguev). El primer jefe de la organización, Benjamín Blumberg, la renombró Oficina de Enlaces Científicos, más conocida como Lakam/Lekem, con la intención de conferirle una semblanza de legitimidad en sus operaciones en otros países.
Israel empezó a interesarse por la obtención de tecnología nuclear ya a principios de los años 1950, cuando el presidente estadounidense Dwight Eisenhower presentó su iniciativa sobre el uso de energía nuclear con fines civiles. De hecho, el país hebreo fue el segundo en firmar dicha iniciativa en julio de 1955, tras lo cual, en marzo de 1957 se firmó un plan de colaboración entre ambos países para dar comienzo a la construcción de un pequeño reactor de investigación cerca de Soreq (un principal arroyo del centro de Israel). Aunque a lo largo de las décadas se han realizado en el reactor de Soreq avanzadas actividades de investigación a nivel mundial, muchos consideran que sirvió de hecho de tapadera para la construcción del principal reactor al sur del país.
Durante las consultas de Israel con Reino Unido y Francia en preparación para su intervención en la guerra del Sinaí de 1956, los israelíes mostraban su interés por adquirir un segundo reactor, esta vez francés, también con fines científicos. Sin embargo, los franceses sospechaban de las actividades de construcción que se estaban llevando a cabo en el Néguev, cerca de la ciudad de Dimona, y agentes del principal servicio de inteligencia francés —el SDECE— hasta intentaron infiltrarse en el área de construcción, sin éxito. Al mismo tiempo, pese al trabajo realizado por la Asociación Nacional de Planificación de Estados Unidos sobre el uso de plantas nucleares en Israel con fines civiles, los servicios de inteligencia estadounidenses, particularmente la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA), que habían analizado datos de reconocimiento de imágenes del área de construcción, también albergaban sospechas parecidas. Tanto Estados Unidos como Francia se mostraban escépticos en cuanto a las declaraciones oficiales del Gobierno israelí, quien negaba el desarrollo de armamento nuclear. Por consiguiente, Francia restringió considerablemente su ayuda al programa de investigación nuclear de Israel. Sin embargo, a pesar de estar en el radar de los servicios de inteligencia extranjeros, Israel logró al poco tiempo hacerse con fuentes para el suministro de materias primas.
Durante esos años, Lakam fue estableciendo su presencia en Estados Unidos, que en principio consistía en el envío de información de fuentes abiertas, sin implicarse en el contrabando de materiales ni mucho menos en actividades de espionaje. Se enviaban semanalmente revistas científicas a Israel para ser analizadas por científicos y expertos, y se establecía contactos con científicos judíos estadounidenses, sin el requerimiento de pasar información clasificada. No obstante, aunque oficialmente se presentaba como organización dedicada a las relaciones científicas, sus oficinas en Boston, Los Ángeles, Nueva York y Washington D. C. se hallaban durante muchos años bajo vigilancia del FBI.
Inteligencia nuclear
Caso NUMEC La primera vez que Israel pudo haber tenido acceso a uranio enriquecido apto para el desarrollo de armamento nuclear fue a través de la Nuclear Materials and Equipment Corporation (NUMEC), una empresa estadounidense ubicada en la localidad de Apollo, Pensilvania, que abastecía a los reactores nucleares de Estados Unidos. En 1965, la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos detectó un extravío de 91 kilógramos de uranio enriquecido de las instalaciones de la empresa. Aunque Estados Unidos vendía uranio enriquecido a Israel en esos años, se trataba de un nivel de enriquecimiento del , apto para fines civiles (y el utilizado en la planta de Soreq), y no del , usado en los reactores navales, que fue el que faltaba. Las investigaciones pronto establecieron un vínculo entre la empresa y el agregado científico de la embajada de Israel en Washington D. C., y posteriormente se hizo conocer una visita a las instalaciones de la empresa de una comisión de Lakam. Sin embargo, a día de hoy, no está claro si Israel fue el destinatario del uranio desaparecido.
NUMEC fue fundada en 1957 por Zalman Shapiro, un prominente químico e inventor estadounidense de origen judío, con el fin de desarrollar métodos de procesamiento de combustible nuclear. Shapiro, quien jugó un papel determinante en el desarrollo del reactor naval del primer submarino nuclear de la historia —el USS Nautilus— fue un ferviente simpatizante del Estado de Israel. Este hecho hizo que cuando se detectara la discrepancia en las existencias de uranio en los almacenes de NUMEC, el FBI pasó a la comisión la información sobre el encuentro con Lakam, dando lugar a una investigación por parte de las autoridades federales. Shapiro siempre mantuvo que nunca suministró uranio a Israel, y que este tipo de discrepancias era cosa común en esa época.
Años después, la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos determinó que NUMEC en efecto no había pasado material nuclear a Israel, y que faltas todavía mayores de uranio en el inventario de la empresa se detectaron, de hecho, después de que Shapiro ya dejara su puesto en la dirección. Adicionalmente, en un informe posterior, la comisión encontró indicios del paradero de parte del material desaparecido (unos 50 kilógramos), que se había desviado y dispersado debido al deficiente control en los procesos de manejo y manipulación. No obstante, algunos expertos siguen manteniendo que, teniendo en cuenta la reunión mantenida con Lakam, sigue siendo probable que el uranio fuera a parar a manos de Israel. Sea como fuera, el caso NUMEC llevó a Estados Unidos a darse cuenta de que Israel estaba decidido a desarrollar su programa nuclear con fines militares.
Operación Plumbat En 1968, el Mosad, en colaboración con Lakam, lanzó la operación Plumbat con el objetivo de asegurar el siguiente lote de uranio necesario para cubrir las necesidades nucleares de Israel. Hacia finales de ese año, el carguero Scheersberg A, matriculado en la Alemania Occidental, zarpó de Amberes hacia Génova con un cargamento de doscientas toneladas de óxido de uranio, que supuestamente habían sido adquiridas por una empresa alemana. El barco nunca tocó puerto en la ciudad italiana, y al atracarse más tarde ese día en el puerto de Alejandreta (Turquía), sus bodegas se encontraban vacías y faltaban dos de las páginas de su cuaderno de bitácora. Al parecer, el cargamento había sido transferido a un barco israelí en alta mar, en algún punto entre Chipre y Turquía.
Memorándum de entendimiento con Estados Unidos A finales de los años 1960, la primera ministra israelí Golda Meir y el presidente estadounidense Richard Nixon acordaron una aceptación por parte del país norteamericano de las capacidades nucleares de Israel bajo ciertas condiciones, que incluían el nunca usar este tipo de armas en un conflicto y mantener su desarrollo y posesión en la opacidad. Esto último, llamado en hebreo amimut (), se convirtió en la política israelí por antonomasia con respecto a su poder nuclear por motivos de disuasión, y fue responsabilidad de Lakam imponerlo.
Otras operaciones Tras su victoria en la guerra de los Seis Días, Israel se encontró con la necesidad de contar con un caza de superioridad aérea que integrase las lecciones aprendidas durante la guerra y fuese más adaptado a sus necesidades. La dependencia de las relaciones bilaterales, sujetas a condiciones y embargos, culminando en la cancelación por parte de Francia de un lote de nuevos cazas Mirage 5, creó una urgencia que solo pudo satisfacerse a través de la fabricación propia de aeronaves. Debido a que Israel en esos años carecía de experiencia en la industria aeronáutica, eran necesarias colaboraciones con empresas e industrias extranjeras y un desarrollo autónomo de mecanismos de producción. Una de las opciones barajadas —el hacerse con los planos del Mirage III— encajaba a la perfección con la especialidad de Lakam, a saber, la obtención de información técnica requerida por la industria militar israelí.