El Banco Mundial de las Mujeres (WWB por sus siglas en inglés) es una organización sin ánimo de lucro que proporciona apoyo estratégico, información y asistencia técnica a una red mundial de 55 instituciones de microfinanzas (MFI por sus siglas en inglés, o microfinancieras) independientes y bancos que ofrecen créditos y otros servicios financieros a emprendedores de bajos ingresos de países en desarrollo, particularmente dirigidos a mujeres.

Esta red sirve a 24 millones de microempresarios en 32 países, de los cuales el 80% son mujeres. Es la mayor red mundial de MFI y bancos por número de clientes, y la única que explícitamente designa a las mujeres pobres como su principal objetivo.

No debe confundirse con el Banco Mundial, una institución financiera multilateral.

Misión y visión La misión de esta red mundial es «expandir los activos económicos, la participación y el poder de las mujeres de bajos ingresos y sus hogares ayudándolas a acceder a servicios financieros, conocimiento y mercados».

Historia y gobernanza El Banco Mundial de las Mujeres nació de una idea concebida durante la primera Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1975 de las Naciones Unidas, celebrada en Ciudad de México en 1975 para coincidir con el año internacional de las mujeres y para marcar el inicio de la “Década de la ONU para las mujeres” (1976–1985). La conferencia de Ciudad de México fue mandatada por la Asamblea General de las Naciones Unidas para centrar la atención internacional en la necesidad de desarrollar metas, estrategias eficaces y planes de acción para el avance de las mujeres.

Entre las discusiones sobre los derechos de las mujeres, un grupo de 10 mujeres de 5 continentes determinó que la independencia económica puede reforzar los derechos de las mujeres, permitiéndoles elegir y afectando a su educación, sus oportunidades y su bienestar. Proporcionar microcréditos y otros servicios financieros a emprendedoras pobres, por tanto, podría ser una arma potente en la lucha mundial contra la pobreza. El Banco Mundial de las Mujeres fue así fundado en 1976 por varias líderes de distintas culturas.

En el comité fundacional estaban: Michaela Walsh, la primera mujer que dirigió Merrill Lynch Internacional y que se convirtió en la primera presidenta de la organización; Ela Bhatt, fundadora y presidenta de la Asociación de Mujeres Autoempleadas (SEWA por sus siglas en inglés), en la India, el primer sindicato del mundo para trabajadoras indocumentadas, y el más grande; y Esther Afua Ocloo, perteneciente a los principales empresarios de Ghana y prominente defensora de la función de las mujeres en el desarrollo económico, que presidió el consejo de directoras del Banco Mundial de las Mujeres. Según Bhatt, el objetivo era «llegar a las mujeres a las que el sistema bancario tradicional no ha tenido en cuenta e incorporarlas plenamente a la economía».Christine Gorman. “Women Start Taking Credit,” Time magazine, June 4, 1990.

En 1979, el Banco Mundial de las Mujeres fue registrado oficialmente en los Países Bajos como Stichting (fundación) para Promover la Banca Mundial de las Mujeres, una organización internacional sin ánimo de lucro con el objetivo de proporcionar a las emprendedoras el capital y la información necesarios para acceder a la economía dineraria (es decirː elevarse por encima de la economía de trueque o de aquella en que el trabajo no supone una retribución monetaria) y construir negocios viables.

En 1991, Nancy Barry sustituyó a Michaela Walsh como presidenta. Barry dirigió la expansión de la red para incluir a bancos importantes, reconociendo su potencial para innovar en el suministro de servicios financieros a los pobres. Durante el mandato de Barry, la red creció hasta casi 20 millones de empresarios pobres. La actual presidenta y directora ejecutiva (CEO por sus siglas en inglés), Mary Ellen Iskenderian, asumió el cargo en 2006. El equipo mundial, con sede en Nueva York, consta de aproximadamente 40 expertos en microfinanzas de más de 15 nacionalidades.

El Banco Mundial de las Mujeres está gobernado por un consejo de fiduciarios (trustees), formado por representantes de los sectores bancario, financiero, empresarial, legal y activista.

Amigos del BMM/EE. UU. (Friends of WWB/USA, Inc. en su nombre original en inglés) es una organización benéfica que cumple la disposición 501 (c) (3) de la ley estadounidense, y que por tanto está exenta de impuestos. Amigos del BMM recauda donaciones de fundaciones norteamericanas, empresas y particulares para apoyar la misión del Banco Mundial de las Mujeres, y mantiene un consejo de directores separado formado por financieros, juristas y académicos residentes en EE. UU.

En la reunión anual de la Iniciativa Mundial Clinton en septiembre de 2009, el entonces presidente de EE. UU. Barack Obama recordó que su madre trabajaba en el Banco Mundial de las Mujeres, donde «defendía la causa del gasto social en ellas y ayudó a introducir los microcréditos, que han sacado a millones de personas de la pobreza». La madre de Obama, Ann Dunham-Soetoro, era coordinadora de políticas en el WWB a mediados del período 1990-2000, y su trabajo fue fundamental para informar a la plataforma de políticas en la Cuarta Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre Mujeres (Pekín, 1995).

Centrado en las mujeres Las primeras instituciones de microfinanzas (MFI por sus siglas en inglés) eran mayoritariamente neutras en cuanto al género de sus clientes: ofrecían microcréditos a empresarias y empresarios de bajos ingresos que no poseían activos (assets, por ejemplo, terrenos) para ofrecerlos en garantía (collateral) de préstamos, y por esta razón no podían solicitar préstamos a la banca tradicional –un obstáculo que todavía hoy afecta a las mujeres en números desproporcionados, porque en muchos países la legislación dificulta a las mujeres el acceso a la propiedad.

La investigación empezó a revelar que conceder microcréditos a las mujeres tenía un impacto más profundo y duradero en el bienestar de la población. El acceso al crédito no solo dio a las mujeres más control sobre los activos de los hogares, sino también más autonomía, mayor poder de decisión y más participación en la vida pública.

Dar a las mujeres poder económico tuvo, asimismo, un efecto multiplicador. Las investigaciones demostraron que las mujeres pobres reinvertían un porcentaje mucho mayor de sus ingresos en sus familias y comunidades que los varones –financiando gastos como el cuidado de la salud, la educación de la prole y la mejora de la vivienda.

La emprendedora como pasarela hacia la estabilidad del hogar y de la comunidad se convirtió en una base para el modelo de negocio de las microfinanzas y un principio guía tras el valor de las microfinanzas como herramienta para la reducción de la pobreza.

A la vista del efecto multiplicador de dar poder económico a las mujeres, y para mantener el propósito de sus fundadoras, el Banco Mundial de las Mujeres (WWB por sus siglas en inglés), desde que comenzó a operar, se centró específicamente en aumentar las oportunidades y el bienestar de las mujeres a través de su independencia económica.

El WWB ha investigado extensamente la dinámica de los hogares según el género del cabeza de familia, y las maneras en que los roles y las responsabilidades de las mujeres impactan en el gasto, el ahorro y las decisiones inversoras de familias de bajos ingresos.

Estos estudios han mostrado los complejos retos de las mujeres como emprendedoras, esposas, madres y miembros de la comunidad dentro de su contexto cultural particular. Basándose en estos resultados, el WWB diseña y proporciona sus productos y servicios desde una perspectiva femenina para maximizar el impacto en mujeres de bajos ingresos.

Por ejemplo, los hallazgos de las investigaciones han llevado a adaptaciones a las clientas como la simplificación de los trámites de un préstamo, teniendo en cuenta los menores índices de alfabetización de las mujeres en muchos países; o cambios en el diseño de las sucursales para facilitar su utilización mujeres con niños pequeños; e hipotecas sobre viviendas que para concederse exigen que las mujeres sean mencionadas en el título de propiedad de la casa.

Productos y servicios Al madurar el sector de las microfinanzas, los clientes demandan productos más diversificados aparte de los préstamos. El WWB intenta satisfacer las cambiantes necesidades de las mujeres de bajos ingresos con nuevos servicios como:

Productos de ahorros, que ayudan a los pobres a aumentar sus activos y conseguir metas a largo plazo, autonomía y seguridad financiera; especialmente diseñados para permitir a las mujeres –como ahorradores primarios de los países en desarrollo– a planificar la financiación de sus necesidades durante toda su vida.

Programas de microseguros, que ayudan a las mujeres y sus familias a lidiar con las cargas financieras inesperadas de una emergencia médica.

Préstamos para comprar vivienda y para reformarla, pues la propiedad de casa implica poseer no solo un activo valioso, sino también un medio para generar ingresos por alquiler como forma de seguridad, especialmente para las mujeres, que tienen mayor probabilidad de quedarse viudas o, tras un divorcio, verse sin activos.

Préstamos individuales, que proporcionan créditos mayores y más flexibles a clientes orientados al crecimiento.

Finanzas rurales, que tienen en cuenta los retos específicos de prestar a emprendedores rurales, como las carencias de infraestructuras, los mercados distantes, inadecuada técnicas agrícolas, volatilidad de precios, tiempo imprevisible y flujos variables de dinero en efectivo .

El WWB también ofrece a las entidades que pertenecen a su red asesoría y asistencia técnica en aspectos como:

Estudios de mercado, cuantitativos y cualitativos sobre las necesidades de las mujeres pobres, cuyos resultados se aprovechan para rediseñar servicios.

Finanzas institucionales, asesoría e intermediación para ayudar a las MFI a diversificar sus fuentes de fondos comerciales, identificando inversores apropiados y negociando con ellos para conseguir plazos óptimos de devolución del dinero que presten.

Tránsito, consejo y asistencia técnica a las microfinancieras que quieran dar el paso de transformarse de organizaciones sin ánimo de lucro a instituciones financieras reguladas, lo cual aumenta el acceso a financiación comercial, permite la diversificación de productos y habilita la movilización de los depósitos de los clientes.

Mercadotecnia y estrategias de marca, para las MFI que deseen ganar clientes, retener los que tienen y desarrollar identidades diferenciadas de marca que comprometan, eduquen y empoderen a los clientes de bajos ingresos.

Liderazgo de ideas, a través de la elaboración y difusión de investigaciones y publicaciones para contribuir al objetivo de ser «la voz preeminente para mujeres en microfinanzas» y asegurar que el sector siga centrado en las mujeres, así fomentar el aprendizaje entre pares y la colaboración.

La red Al no ser una entidad financiera, sino una red de entidades, el WWB no presta directamente a microempresarios, sino que sirve como socio a sus 52 miembros, los cuales sí prestan a más de 24 millones de clientes pobres —de los cuales el 80% son mujeres— en sus respectivos mercados de África, Asia, Europa Oriental, Latinoamérica, Caribe, Oriente Medio y África del norte. La cartera de préstamos de la red supera los 5,5 millardos de dólares estadounidenses, con un préstamo medio de 1200 $ (datos de 2009).