derecha|miniaturadeimagen|Interior de los grandes almacenes Galeries Lafayette (1912). La arquitectura de París durante la Belle Époque, entre 1871 y el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914, destaca por su variedad de estilos, desde el neobizantino y el neogótico hasta el clasicismo, el modernismo y el art déco. También es conocida por su espléndida decoración y por su imaginativo uso de materiales nuevos y tradicionales, como el hierro, el vidrio, los azulejos de colores y el hormigón armado. Entre los edificios y estructuras más destacados de esta época se encuentran la Torre Eiffel, el Grand Palais, el Teatro de los Campos Elíseos, la Gare de Lyon, los grandes almacenes Le Bon Marché y las entradas a las estaciones del Metro de París diseñadas por Hector Guimard.
A menudo, la arquitectura de la Belle Époque tomaba prestados elementos de estilos históricos, como muestra el estilo neomudéjar del Palacio del Trocadero, el neorrenacentista del nuevo Ayuntamiento o la exuberante reinvención del clasicismo francés de los siglos y en el Grand Palais, el Petit Palais y el nuevo edificio de la Sorbona. Muchos de los nuevos edificios de oficinas, grandes almacenes y estaciones de ferrocarril tenían fachadas clásicas que escondían interiores decididamente modernos, con una estructura de hierro, escaleras de caracol, tragaluces y grandes cúpulas de vidrio, posibles gracias a los nuevos materiales y técnicas de ingeniería de la época.
El modernismo o art nouveau se convertiría en el estilo más representativo de la Belle Époque, asociado en particular a las entradas de las estaciones del Metro de París, diseñadas por Hector Guimard. Otros edificios destacados de este estilo son el Castel Béranger (1898), también de Guimard, en el 14 de la Rue Jean-de-La-Fontaine, en el Distrito XVI, y el Immeuble Lavirotte, un edificio de apartamentos revestido con esculturas cerámicas diseñado por el arquitecto Jules Lavirotte y situado en el 29 de la Avenue Rapp (Distrito VII). Sin embargo, el entusiasmo por el modernismo no duraría mucho: en 1904 la entrada de Guimard de la estación de Opéra fue sustituida por una entrada más clásica, y a partir de 1912 todas las entradas de metro de Guimard fueron sustituidas por entradas funcionales sin decoración.
La iglesia más importante de la época es la basílica del Sagrado Corazón, construida a lo largo de toda la Belle Époque, entre 1874 y 1913, aunque no fue consagrada hasta 1919. Fue diseñada inspirándose en las catedrales románicas y bizantinas de la Alta Edad Media. Por otra parte, la primera iglesia de París construida en hormigón armado fue la iglesia de Saint-Jean-de-Montmartre, situada en el 19 de la Rue des Abbesses, a los pies de la colina de Montmartre. Su arquitecto fue Anatole de Baudot, un discípulo de Viollet-le-Duc. Sin embargo, esta revolución no fue evidente, ya que Baudot revistió el hormigón con ladrillos y coloridos azulejos cerámicos de estilo modernista, con vidrieras del mismo estilo.
Cerca del final de la Belle Époque apareció un nuevo estilo, el art déco, que sucedió al modernismo como estilo arquitectónico dominante en la década de 1920. Los edificios de este estilo, construidos habitualmente en hormigón armado con formas rectangulares, marcadas líneas rectas y detalles escultóricos aplicados en el exterior en lugar de como parte de la estructura, se basaban en modelos clásicos y remarcaban la funcionalidad. El Teatro de los Campos Elíseos (1913), diseñado por Auguste Perret, fue el primer edificio parisino construido en estilo art déco. Henri Sauvage construyó otros edificios innovadores en este estilo, usando hormigón armado revestido con azulejos cerámicos y un diseño escalonado para crear terrazas.
Arquitectura de las exposiciones
Durante la Belle Époque se celebraron tres grandes exposiciones internacionales en París, concebidas para mostrar las tecnologías, industrias y artes modernas, que atrajeron a millones de visitantes de todo el mundo e influyeron en la arquitectura tanto dentro como fuera de Francia.
La primera, la Exposición Universal de 1878, ocupó el Campo de Marte, la colina de Chaillot al otro lado del Sena y la explanada de Los Inválidos. El edificio central de esta exposición, el Palacio del Trocadero, fue construido en un pintoresco estilo neomudéjar o neobizantino por el arquitecto Gabriel Davioud, entre cuyas obras notables, construidas para Napoleón III, también se encontraban los dos teatros de la Place du Châtelet y la Fuente Saint-Michel. El palacio fue usado en las tres exposiciones de la Belle Époque, pero finalmente fue demolido en 1936 y sustituido por el moderno Palacio de Chaillot.
La Exposición Universal de 1889, que conmemoraba el centenario de la Revolución Francesa, fue mucho más grande que la Exposición de 1878, y proporcionó a París dos nuevas estructuras revolucionarias. La primera de ellas es la célebre Torre Eiffel, la estructura más alta del mundo en la época, que pronto se convirtió en el símbolo de la exposición. La torre otorgó una fama duradera a su constructor, Gustave Eiffel. Stephen Sauvestre dirigió el equipo de arquitectos anónimos que diseñó los elegantes arcos curvos de la base, el mirador de vidrio del segundo nivel y la cúpula de la cima.
El otro edificio significativo construido para la exposición fue la Galería de las Máquinas, diseñada por el arquitecto Ferdinand Dutert y el ingeniero Victor Contamin y situada en el otro extremo del Campo de Marte, frente a la Torre Eiffel. Con 111 metros de longitud, la galería tenía el espacio interior más largo del mundo en la época, cubierto con un sistema de arcos articulados de hierro. Fue reutilizada en la Exposición de 1900. Cuando terminó esta exposición, el Gobierno francés propuso trasladar la estructura a las afueras de París, pero el Ayuntamiento decidió demolerla para vender sus materiales de construcción. Finalmente fue derribada en 1909.
La Exposición de 1900 fue la más grande y exitosa de las tres, ocupando la mayor parte de las orillas del Sena desde el Campo de Marte y el Trocadero hasta la Place de la Concorde. El Grand Palais, su sala de exposiciones más grande, fue diseñado por el arquitecto Henri Deglane con la ayuda de Albert Louvet. Deglane había sido ayudante de Dutert, el arquitecto de la Galería de las Máquinas. El nuevo edificio contenía una enorme galería, cuyos arcos convergían para crear una monumental cúpula de vidrio. Aunque su estructura de hierro visible hacía que pareciera muy revolucionario y moderno, gran parte de su herrería era únicamente decorativa: las columnas góticas de hierro que parecían sostener la cúpula no soportaban ningún peso; en realidad, el peso era distribuido a las columnas de hormigón armado escondidas detrás de los balcones. La fachada era enorme y de estilo neoclásico, con imponentes hileras de columnas que sostienen dos conjuntos escultóricos. Las columnas servían para constituir un potente elemento vertical que equilibrara la gran longitud del edificio y para esconder la estructura de vidrio y acero. También fue diseñado para estar en armonía con los edificios históricos cercanos, incluidos los edificios que rodean la Place de la Concorde y la iglesia del siglo de Los Inválidos en la otra orilla del Sena. La fachada fue alabada e imitada en numerosas ocasiones: por ejemplo, se diseñó una fachada similar para la Biblioteca Pública de Nueva York en 1911.
El elemento arquitectónico más destacado en el interior del Grand Palais es la gran escalera de honor, de estilo perfectamente clásico, desde la que puede verse la planta principal, que durante la Exposición de 1900 albergaba una exposición de esculturas monumentales. Originalmente fue diseñada para ser construida en piedra, pero posteriormente Deglane y Louvet construyeron un modelo de escayola y estuco con estructura metálica, y decidieron hacerla armoniosa con el resto del interior. Usar hierro en lugar de piedra tradicionalmente reducía los costes de construcción, pero en el caso del Grand Palais, debido a las enormes cantidades de hierro necesarias, en realidad el coste aumentó. En la construcción del Grand Palais se usaron 9507 toneladas de metal, frente a las 7300 toneladas de la Torre Eiffel.
El Petit Palais, diseñado por Charles Girault, estaba justo enfrente del Grand Palais, y tenía una entrada monumental similar. Los dos edificios tenían hileras de altas columnas, que servían como potente elemento vertical para equilibrar la gran longitud de los edificios y para esconder su moderna estructura de hierro. Sin embargo, el elemento más original del Petit Palais era su interior: Girault eliminó los tradicionales muros y espacios, hizo un uso completo del hormigón armado para crear majestuosas escaleras de caracol y amplias entradas, diseñó enormes tragaluces y ventanas que proporcionaban una abundante luz y transformó el interior en un único espacio.
Edificios residenciales
A medida que se acercaba el final del siglo , muchos críticos de arquitectura se quejaron de que el estilo uniforme de los edificios de apartamentos impuesto por Haussmann en los nuevos bulevares de París bajo Napoleón III era monótono y poco interesante. Haussmann exigió que todos los edificios de apartamentos tuvieran la misma altura, y que sus fachadas tuvieran el mismo diseño general y usaran piedra del mismo color. En 1898, para tratar de dar más variedad al aspecto de los bulevares, el Ayuntamiento de París patrocinó un concurso que premiaría a la mejor fachada de un nuevo edificio de apartamentos. Uno de los primeros ganadores de este concurso, en 1898, fue el arquitecto de treinta y un años Hector Guimard (1867–1942). El edificio de Guimard, construido entre 1895 y 1898, se llamaba Castel Béranger y se encontraba en el 14 de la Rue Jean-de-la-Fontaine, en el Distrito XVI. Contenía treinta y seis apartamentos, cada uno de ellos con un diseño diferente. Guimard meditó y diseñó cada detalle del edificio él mismo, hasta los manillares de las puertas. Introdujo abundantes elementos decorativos neogóticos, fabricados en hierro forjado o esculpidos en piedra, que le dieron una personalidad diferente de la de cualquier otro edificio parisino. Guimard también era un experto en el nuevo arte de las relaciones públicas, y convenció a los críticos y al público de que este nuevo edificio anunciaba una revolución arquitectónica. En poco tiempo, gracias a su obra y su publicidad, se convirtió en el arquitecto más famoso de la Belle Époque en París.
derecha|miniaturadeimagen|El Hôtel de Choudens (1901), una mansión neorrenacentista diseñada por Charles Girault, el arquitecto del Petit Palais. alt=The Hôtel Guadet (1913)|derecha|miniaturadeimagen|La casa del arquitecto Paul Guadet (1913). En 1901, el concurso de fachadas fue ganado por otro arquitecto notable, Jules Lavirotte (1864–1924), con un edificio de apartamentos cuya fachada tenía una decoración cerámica obra de Alexandre Bigot, un profesor de química que se interesó en la cerámica a raíz de la muestra china en la Exposición Internacional de 1889, y que creó su propia empresa para hacer esculturas y decoraciones en cerámica. El Immeuble Lavirotte, situado en el 29 de la Avenue Rapp, en el Distrito VII, se convirtió en su mejor anuncio. Este edificio era más una obra de escultura que un edificio tradicional. A diferencia de otros edificios de París, cuya decoración habitualmente estaba inspirada en una época o en un estilo concreto, el Immeuble Lavirotte era único. Su entrada principal estaba rodeada por esculturas cerámicas, y las plantas más altas estaban revestidas completamente con azulejos y decoraciones en cerámica. El edificio también tenía un novedoso elemento constructivo: los muros fueron construidos con ladrillos huecos, se insertaron varillas de hierro en su interior y los ladrillos fueron rellenados con cemento. Lavirotte encargó la decoración exterior a un equipo de escultores y artesanos.