miniaturadeimagen|330x330px|Mujeres de la Agrupación de Familiares Desaparecidos se manifiestan frente al Palacio de Gobierno durante la dictadura militar de Pinochet. El movimiento feminista y de mujeres en la dictadura militar de Chile (1973-1990) fue un movimiento social llevado adelante por mujeres que resistieron a la dictadura militar y que lucharon por lograr una democracia con derechos plenos para las mismas. Surgió a fines de los años 70 y alcanzó una amplia masividad en los 80, desarrollándose en el contexto de un auge del feminismo a nivel latinoamericano y mundial. Tuvo hitos importantes como la concentración “Hoy y no mañana” de alrededor de 10 000 mujeres en el Teatro Caupolicán el 23 de diciembre de 1983 y de aproximadamente 25 000 mujeres, en el Estadio Santa Laura el 8 de marzo de 1988.
Antecedentes
Resistencia a la dictadura: la emergencia de los movimientos sociales Mientras la primera ola del feminismo en Chile tuvo como centro principal la lucha por el sufragio femenino, el movimiento de mujeres en dictadura corresponde a una segunda ola, que se diferencia por instalar nuevos ejes, como la lucha contra la violencia contra las mujeres, la crítica al trabajo doméstico y la defensa de los derechos humanos. El surgimiento de esta nueva ola de movilización de las mujeres debe entenderse en el marco de la ilegalización de los partidos políticos y el terrorismo de Estado desatado por la dictadura de Augusto Pinochet. Ante esta gran crisis, emergieron y se desarrollaron diversos movimientos sociales que cobraron relevancia como actores sociales. Los primeros movimientos en formarse fueron el movimiento sindical y el de derechos humanos, ambos estrechamente vinculados con una incipiente lucha organizada de las mujeres, que ya en los años 80 se instaló como un movimiento de masas. Pronto este movimiento se articuló con diversos actores sociales, protagonizando la resistencia a la dictadura.
El movimiento feminista y de mujeres presenta una cronología similar a otros movimientos sociales de resistencia, pues se vincula directamente con los cambios en las políticas del régimen, pero además posee características, contradicciones y transformaciones propias. Lejos de haber tenido un único núcleo inicial, el movimiento emerge desde distintos frentes: desde las organizaciones de familiares de víctimas de la represión, las organizaciones populares de subsistencia, y también desde sectores que se organizaron en torno a las opresiones y luchas específicas que vivían las mujeres. Con el tiempo, estos distintos polos de organización social y política de las mujeres fueron dialogando, generando articulaciones, pero también tensiones propias de las complejidades que atravesaron a este movimiento heterogéneo.
El movimiento feminista y de mujeres a nivel internacional Además de su relación con el escenario dictatorial, el movimiento feminista y de mujeres de los años 80 en Chile debe entenderse en el contexto del auge del feminismo mundial. En Latinoamérica, el feminismo tomó especial fuerza a partir de mediados de los 70 y comienzos de los 80, con organizaciones de mujeres muy activas en Argentina, Perú, Brasil, Uruguay y México. En el cono sur, una de sus luchas principales fue la defensa de los derechos humanos y la resistencia contra el terrorismo de Estado desatado por diversas dictaduras.
Un hito fundamental a nivel continental fue el inicio de la serie de Encuentros Feministas Latinoamericanos y del Caribe (EFLAC), que comenzó en Bogotá (Colombia) en 1981 y continuó cada dos años a lo largo de la década en Lima (Perú), Bertioga (Brasil) y Taxco (México). Allí las mujeres compartieron sus experiencias de resistencia a los diferentes regímenes autoritarios de la región, formaron vínculos personales y redes políticas, y así potenciaron el feminismo de la época. La violencia contra las mujeres fue uno de los ejes principales de esta nueva ola desde el primer EFLAC, en el que se instauró el 25 de noviembre como Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, en homenaje a las hermanas Mirabal asesinadas por la dictadura de Rafael Trujillo en República Dominicana.
A nivel institucional, un hito importante fue la declaración de la ONU del Decenio de la Mujer entre 1975 y 1985, que se inauguró con la primera Conferencia Mundial sobre la Mujer en Ciudad de México. En paralelo a la conferencia oficial, alrededor de 6000 mujeres de organizaciones de base y ONG participaron en la Tribuna del Año Internacional de la Mujer. Otro hito institucional importante fue la aprobación del Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) en 1979. Este fortalecimiento institucional de los derechos de las mujeres liberó mayores recursos para organizaciones y proyectos feministas de mujeres y contribuyó a legitimar el tema en las esferas de poder.
Etapas
Las mujeres se organizan para subsistir y enfrentar la represión En Chile, las mujeres vivieron las consecuencias de las políticas de la dictadura de una manera particular. Algunas de ellas experimentaron en carne propia la represión política, agravada por la invisibilizada violencia política-sexual. Otras experimentaron la represión más dura de manera indirecta, pues dado que la mayoría de los altos cargos gubernamentales y de las dirigencias de los partidos políticos de izquierda estaban compuestos por varones, fueron ellos quienes vivieron en mayor proporción la prisión, la tortura, la relegación, el exilio, la muerte y la desaparición. Entonces, en su calidad de madres, esposas e hijas, salieron casi inmediatamente después del golpe a buscar a sus familiares y a enfrentar a los militares. Así surgieron las primeras agrupaciones de familiares de asesinados o detenidos desaparecidos, que luego se fueron articulando en un amplio movimiento por los Derechos Humanos.
Además de esto, las mujeres tuvieron que sostener a sus familias empobrecidas. En el plano laboral y económico, fueron especialmente afectadas por la cesantía y las nuevas formas de trabajo precario que se instalaron, a la vez que vieron debilitados -y en ciertos casos perdidos- importantes derechos adquiridos, como el fuero maternal y la posibilidad de abortar. Para sobrellevar estas duras condiciones, surgieron una serie de iniciativas populares lideradas por mujeres que buscaron hacer frente colectivamente a las necesidades de subsistencia. En sus propios territorios y con la ayuda de un sector de las iglesias, levantaron ollas comunes y talleres productivos. Esto permitió que las y los pobladores tuvieran mayor organización y estrategias para resistir el hambre, todo lo cual fue apoyado por una Iglesia asistencial solidaria.
miniaturadeimagen|Movimiento feminista en la Biblioteca Nacional en 1983. Fotografía de Kena Lorenzini. Por último, las mujeres debieron enfrentar los intentos de la dictadura de reforzar los roles tradicionales asociados a su género, como las labores domésticas y de cuidados. Estos roles fueron impulsados especialmente a través de la Fundación CEMA Chile, dirigida por Lucía Hiriart, institución que realizó actividades asistencialistas para las mujeres más precarizadas. Las nacientes organizaciones feministas y de mujeres se pronunciaron fuertemente contra estas prácticas, cuestionando la idea de que la mujer debía realizar las labores domésticas, instalando la necesidad de un reconocimiento económico por ese trabajo, relevando su activismo político en la historia, entre otros mecanismos de lucha contra el modelo patriarcal que la dictadura intentó reforzar.
Se multiplican y diversifican las organizaciones de mujeres y feministas La segunda etapa de este movimiento está marcada por la multiplicación de organizaciones de mujeres en ámbitos diversos y por el inicio de un cuestionamiento sobre su problemática específica, en algunos casos desde una perspectiva abiertamente feminista. Julieta Kirkwood señala que uno de los primeros debates que se dio de manera transversal fue el de transformar la condición de las mujeres en un problema social y no individual, y que este fuera considerado un problema legítimo, que debía ser discutido públicamente. Ahora bien, debates como este se dieron de diversas maneras pues el movimiento de mujeres de los años 80 en Chile se desarrolló de manera muy heterogénea en términos sociales y políticos.
Especialmente en los sectores populares, las organizaciones de base vivieron un proceso paulatino de politización y de toma de conciencia de la especificidad de la explotación y opresión que vivían las mujeres, haciendo énfasis en los problemas que aquejaban a las mujeres de los sectores más precarizados. En este proceso se forman organizaciones como Las Domitilas y el Movimiento de Mujeres Pobladoras (MOMUPO), que formaron extensas redes con múltiples organizaciones territoriales de mujeres.
Un hito importante para el movimiento fue la creación en 1976 de Coordinadora Nacional Sindical (CNS) y de su Departamento Femenino, cuyo objetivo era organizar a las mujeres trabajadoras y alentarlas a participar del movimiento sindical. En los años posteriores se formaron múltiples organizaciones de mujeres vinculadas a partidos y movimientos políticos de izquierda, como el Comité de Defensa de los Derechos de la Mujer (CODEM), cercano al MIR; Mujeres de Chile (MUDECHI), cercano al Partido Comunista; la Unión Chilena de Mujeres (UChM) y la Federación de Mujeres Socialistas, ambas cercanas al Partido Socialista. Dichas organizaciones, junto a muchas otras de carácter sindical y social, participaron de los tres Encuentros Nacionales de Mujeres, convocados por el Departamento Femenino de la CNS, que se realizaron en 1978, 1979 y 1980. Este sector del movimiento reunió a mujeres en resistencia a la Dictadura, pero no necesariamente desde una posición feminista.
A fines de los años 70 y comienzos de los 80, las perspectivas feministas comienzan a perfilarse tanto en espacios sociales como académicos y políticos. Aunque por diversos motivos no se autoidentificaron como feministas de manera explícita, algunas organizaciones populares ya tenían discusiones y proyectos que abordaban la especificidad de la opresión de las mujeres y consideraban sus diversas dimensiones. Este fue el caso, por ejemplo, de Las Domitilas, organización de mujeres pobladoras de la zona sur de Santiago, que se formó en 1983. Esta realidad de las mujeres les llevó a tomar una postura de orientación feminista: "debido a la discriminación que hemos sufrido por siglos de parte de la sociedad siempre construida por hombres (y que nos relega a papeles secundarios), hemos decidido organizarnos como mujeres, porque no es posible una sociedad verdaderamente democrática, sin la participación activa y al mismo nivel de la mujer” (Palomita Nº 5, 1986). Por otra parte, desde espacios académicos surgió en 1979 el Círculo de Estudios de la Mujer, inicialmente bajo la protección institucional de la Academia de Humanismo Cristiano. En el Círculo participaron importantes feministas como Julieta Kirkwood. En el segundo Encuentro Nacional de Mujeres, realizado en 1979, el Círculo presentó un documento en que plantearon la necesidad de “determinar el verdadero lugar que le cabe a la mujer en la sociedad, que no puede limitarse a considerar a la mujer en un rol secundario, sino que entiende que el gran desafío que significa hoy la creación de un consenso democrático, capaz de rechazar efectivamente el régimen autoritario que se nos ha impuesto, requiere que las mujeres formulen la problemática que a ellas les afecta específicamente como mujeres".Este debate no estuvo exento de tensiones con otros sectores del movimiento de mujeres que consideraban que el momento político requería priorizar la lucha contra la Dictadura.