La batalla de Culloden (16 de abril de 1746) fue el choque final entre Jacobitas y partidarios de la Casa de Hanóver durante el levantamiento jacobita de 1745. Fue la última batalla librada en suelo británico hasta la fecha, y supuso para la causa jacobita, que defendía la restauración de la Casa de Estuardo en el trono británico, la derrota definitiva de la que nunca se recuperó.

Los Jacobitas, en su mayoría escoceses de las Tierras altas, apoyaban las pretensiones al trono de Carlos Eduardo Estuardo (conocido como Bonnie Prince Charlie o El joven pretendiente), hijo de Jacobo III. Se les oponía el ejército británico, liderado por el príncipe Guillermo Augusto, duque de Cumberland, hijo menor de Jorge II, miembro de la Casa de Hanóver.

Tras la batalla, la crueldad británica le valió a su general el apodo de "Cumberland el Carnicero". Carlos Estuardo huyó de Gran Bretaña y vivió en el exilio hasta que acabó sus días en Roma, completamente alcoholizado, y sin volver a intentar nunca hacerse con el trono. Las represalias civiles fueron también severas. Se promulgaron leyes para erradicar el sistema feudal de clanes en Escocia, e incluso las gaitas y la vestimenta tradicional de la zona fueron declaradas ilegales. Actualmente el campo de batalla ha sido inventariado y protegido por la Historic Scotland de acuerdo a la Scottish Historical Environment Policy (2009).

Antecedentes

El Príncipe Carlos Eduardo Estuardo, conocido afectuosamente entre sus partidarios como "Bonnie Prince Charlie" o "El joven pretendiente", consiguió levantar un ejército compuesto principalmente por clanes de las Tierras altas con el que tomó Edimburgo y derrotó al Ejército Real estacionado en Escocia en la batalla de Prestonpans. Ante esta situación, el gobierno británico comenzó a repatriar algunas de las tropas desplegadas en Flandes contra el ejército francés para que se ocupasen de la rebelión Jacobita.

Tras una larga espera, Carlos persuadió a sus generales de que los jacobitas ingleses podían organizar una revuelta a nivel nacional, que sería apoyada por una invasión francesa. Bajo esta suposición, el ejército de cerca de 5.000 hombres invadió Inglaterra el 8 de noviembre de 1745, y avanzó a través de Carlisle y Mánchester hasta Derby, amenazando Londres. Esto llevó a Jorge II a planear el traslado del gobierno a Hanóver. Las fuerzas jacobitas se encontraron hasta ese momento con una resistencia casi testimonial. Sin embargo, los problemas se acumulaban para el joven Carlos: hubo muy poco apoyo por parte de la población civil hacia los Jacobitas, dos ejércitos bajo el mando del general George Wade y el Duque de Cumberland (conocido por los jacobitas como "El Seboso Alemán") se estaban aproximando, la invasión francesa se retrasaba, se estaba formando una milicia en Londres, y llegaron informes (ficticios) de un tercer ejército cerniéndose sobre ellos. El general jacobita Lord George Murray y el resto del Consejo de Guerra insistieron en volver grupas y regresar a Escocia para levantar un ejército mayor, y el 6 de diciembre de 1745 se inició la retirada, con el Príncipe dejando el mando a Murray.

Las fuerzas jacobitas alcanzaron Glasgow el 25 de diciembre, donde se reaprovisionaron y se les unieron algunos miles de hombres. Allí vencieron a las fuerzas comandadas por el general Henry Hawley cerca de Falkirk. El Duque de Cumberland llegó a Edimburgo el 30 de enero y tomó el mando del ejército en fuga, relevando a Hawley, tras lo cual marchó hacia el norte siguiendo la costa y recibiendo suministros por vía marítima. Reorganizó a sus fuerzas en Aberdeen, y pasó allí seis semanas sometiendo a sus tropas a un duro entrenamiento.

Mientras tanto, las fuerzas gubernamentales seguían presionando a Carlos, que se retiró hacia el norte, perdiendo hombres y fracasando en la captura del castillo de Stirling y Fort William. Carlos volvió a tomar el mando del ejército, insistiendo en adoptar una actitud defensiva.

Los ejércitos enfrentados thumb|left|El joven pretendiente, Carlos III de Inglaterra y Escocia.

Ejército jacobita

Casi tres cuartas partes del ejército jacobita estaba formado por clanes de las Tierras altas, mientras el otro cuarto procedía de las Lowlands. La mayoría de los highlanders eran católicos, pero más de un tercio era de confesión episcopaliana. Todos los Lowlanders procedían del nordeste, al norte del Río Tay, y eran episcopalianos, de modo que estos sumaban un poco más de la mitad de las fuerzas totales; sin embargo, la presencia de los Lowlanders quedaba disimulada por su tendencia a vestir ropas de las Highlands, como si fuera una especie de uniforme jacobita. Tan solo un 20-25% de los highlanders estaban armados con espadas. Algunos tenían picas o hachas, y el resto usaban armas improvisadas o capturadas. Durante la invasión de Inglaterra, cerca de 300 episcopalianos ingleses de Mánchester formaron un regimiento, pero fueron dejados atrás para una acción de retaguardia en Carlisle. A finales de noviembre llegaron a Escocia algunos barcos franceses con 800 hombres de los Écossais Royaux (Royal Scots) y la Brigada Irlandesa, regimientos del ejército francés. Fueron un refuerzo bienvenido, ya que muchos highlanders habían vuelto a sus casas tras la victoria de Falkirk, y el ejército estaba muy mal aprovisionado y falto de raciones. El ejército jacobita que combatió en Culloden incluía hombres de los clanes Stuart, MacDonnell de Keppoch, MacDonnell de Glengarry, MacDonald del Clan Ranald, Cameron, Gordon, Fraser, MacLean, MacLeod, Ogilvy, Chisholm, MacLaren, MacBain, MacLachlan y la Confederación Chattan del Clan MacKintosh, Clan Farquharson,Clan MacIntery y el clan MacKenzie

Ejército británico

El Ejército Británico bajo el mando de Cumberland, reunido y entrenado en Aberdeen, estaba bien abastecido. Incluía: Tres regimientos a caballo: los dragones del Clan Kerr protegían el flanco izquierdo, liderados por Lord Mark Kerr, jefe del clan. Seguramente incluían también algunos hanoverianos alemanes. Doce batallones a pie, dos tercios de los cuales eran ingleses. El tercio restante estaba compuesto de clanes escoceses de las Highlands y las Lowlands: Un batallón y una milicia procedían casi en exclusiva de los highlanders del Clan Campbell. Otros highlanders que combatieron por el gobierno en la batalla de Culloden incluían a hombres del Clan Munro y el Clan Ross, que habían luchado antes por los británicos contra los franceses en la batalla de Fontenoy. También estaban presentes miembros de otros clanes, como el Sutherland y el Grant. Tres batallones de lowlanders formaban como soldados de a pie y combatieron por el gobierno en Culloden. Formaban parte de los clanes Cathcart, Colville, Sempill, Kerr y Cunningham (estos últimos formando una batería de artillería). La mayoría de estos clanes se batieron formando regimientos mixtos, como el del regimiento de a pie de los Royal Scots, y algunos incluso bajo el nombre del oficial inglés al que servían, como el Regimiento Barrel de a pie. Otros muchos clanes de las Highlands, como los MacKay y los Gunn, se alinearon con el gobierno durante la revuelta, pero se les asignaron otras tareas militares. Por ejemplo, el Clan MacKay interceptó y capturó oro y suministros destinados al líder jacobita antes de la batalla.

La batalla thumb|Vista del campo de batalla de Culloden desde las líneas iniciales jacobitas; en el cartel puede apreciarse la distribución de las fuerzas. El Duque de Cumberland y su ejército de cerca de 8.000 hombres llegaron a Nairn el 14 de abril. Las fuerzas jacobitas, que sumaban un total aproximado de 5.400 hombres, dejaron su base de Inverness, con la mayor parte de sus suministros, y se reunieron a unos 8 km al este, cerca de Drummossie, a 19 km de Nairn. El Príncipe Carlos decidió tomar el mando directo de las tropas, y siguiendo el consejo de su ayudante general, el secretario O'Sullivan, ordenó combatir en una acción defensiva en el pantano de Drummossie, una franja de terreno pantanoso encerrada entre la amurallada Culloden al norte y los muros de Culloden Park al sur. Lord George Murray argumentó abiertamente que "no me gusta el terreno", y junto a otros oficiales superiores indicó que el áspero terreno era muy ventajoso para el duque: la superficie irregular dificultaba en extremo la famosa carga Highland que les había dado la victoria en batallas anteriores, y el terreno podía ser batido desde varios frentes por la superior artillería de los británicos. En vista de su inferioridad numérica y material, intentaron convencer al príncipe de que adoptase una campaña de guerrilla, pero este rehusó cambiar de opinión.

Además se dio el caso de que el 15 de abril, el ejército gubernamental celebraba el cumpleaños del Duque de Cumberland con una gran fiesta, incluyendo bebidas alcohólicas. Murray sugirió que intentasen repetir el éxito de Prestonpans ejecutando un ataque nocturno sobre el campamento británico. Pero los famélicos highlanders, que sólo habían comido un bizcocho seco cada uno durante todo el día, estaban aún a unos 3 km al despuntar el día, de modo que se vieron obligados a retroceder, y luego dispersarse en busca de comida y un poco de sueño en alguna zanja o cobertizo. Muchos de ellos yacían exhaustos en los terrenos alrededor de Culloden House a lo largo de la batalla.

thumb|Marisma de Culloden, mirando de norte a sur, hacia el bosque de Culloden Park. El 16 de abril temprano, el ejército gubernamental marchó desde Nairn, y los cañones jacobitas dieron la alarma (que no todos oyeron) con el fin de hacer formar a las tropas en dos líneas. La línea frontal de exhaustos soldados de a pie tenía los cañones disponibles formados en su centro y sus flancos. La segunda línea estaba constituida por los regimientos de caballería, agotados tras la marcha nocturna, y los regimientos escocés e irlandés del ejército francés. El tiempo era muy malo, con un frío viento arrojando llovizna en dirección a las caras de los jacobitas. Las fuerzas del Duque de Cumberland llegaron al campo de batalla hacia las 11 de la mañana y se desplegaron también en dos filas, frente a las jacobitas que les esperaban ya formados. El flanco izquierdo británico estaba apoyado en un bajo muro de piedra que corría a lo largo del campo que delimitaba con Culloden Park. Los dragones a caballo y la milicia se desplegaron más allá del muro, para infiltrarse por el parque y rodear el flanco jacobita. La artillería de Carlos, superada en número en proporción de tres a uno, abrió fuego primero, pero su número y la falta de artilleros experimentados hicieron que su impacto fuera escaso.

thumb|Otra vista de la marisma mirando de norte a sur. Puede apreciarse el muro sur justo en la línea de árboles. Durante la primera media hora de la batalla, la artillería británica, superior en técnica y en número, se dedicó a machacar las líneas jacobitas prácticamente a placer, mientras Carlos, que se encontraba muy por detrás de sus fuerzas para no caer víctima del cañoneo enemigo, esperaba a que las fuerzas gubernamentales iniciaran su avance, firmemente decidido a luchar a la defensiva como pretendía. Inexplicablemente, le llevó casi treinta minutos darse cuenta de que Cumberland no tenía ninguna prisa por ponerse al alcance de una carga de la infantería highlander, y que parecía sentirse perfectamente a gusto dejando que su artillería hiciera el trabajo el máximo de tiempo posible. Para sus hombres, que mantenían la formación bajo el cañoneo británico, debieron ser treinta minutos larguísimos. De hecho, aunque el terreno blando de las marismas minimizaba las bajas, la moral de las tropas empezaba a decaer. Varios jefes de clan, furiosos por la falta de actividad, presionaron al Príncipe para que diera la orden de carga.