La Semana Santa de Palma de Mallorca es una celebración cristiana que conmemora la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Del Domingo de Ramos al Domingo de Pascua, excluyendo el Sábado Santo y añadiendo el Viernes de los Dolores, 33 cofradías participan en los actos procesionales de la ciudad.
Durante este periodo de tiempo, los actos más relevantes que se realizan son las procesiones, organizadas por la Asociación de Cofradías de Semana Santa de Palma. Entre las principales características está la participación de todas las cofradías en la procesión del Santo Cristo de la Sangre, la originaria y eje central de todas las procesiones palmesanas, la costumbre de repartir confits o peladillas al público que observa la procesión, la costumbre de cantar el credo dentro de la iglesia en el punto final de la procesión y la presencia de imágenes discretas y portadas por cuatro personas, más que grandes pasos llevados por muchos costaleros.
Además, se realizan dos actos más de gran relevancia en la ciudad, los cuales, provocan una gran afluencia de público: el davallament del Santo Cristo de la Sangre desde su altar hasta ser depositado horizontalmente enfrente del altar mayor para el besapies en la Iglesia de la Sangre el día antes de su participación en los desfiles (el Miércoles Santo) y el Sant Enterrament o Santo Entierro en la Iglesia del Socorro al finalizar el acto penitencial del Viernes Santo.
En 2023 fue declarada Fiesta de Interés Público Municipal por el Ayuntamiento de Palma, siendo tradición que la fachada de Cort sea engalanada durante esa semana y una delegación del consistorio este presente en la procesión del Jueves Santo como muestra de respeto.
Historia
Orígenes miniatura|Imagen del Santo Cristo de la Sangre en la revista mallorquina La Roqueta Los orígenes de las procesiones a Palma giran en torno al Santo Cristo de la Sangre y la procesión celebrada el Jueves Santo. En los inicios de esta celebración se encuentra un carácter doble: por un lado el carácter penitente de los participantes, que se disciplinaban con la voluntad de expiar pecados pero también de emular el sufrimiento en la Pasión de Cristo; y por otra la realización de una procesión como obra pía para recoger limosnas en beneficio del Hospital General. En cuanto al elemento penitencial, ya antes del Concilio de Trento se documenta una misa en Jueves Santo por la reconciliación de los penitentes. En cuanto a la vinculación en el Hospital de la Sangre, este hospital se fundó el sigilo, y seguramente la imagen de la Sangre data de mismo ; ya en el se documenta la Cofradía de la Sangre y la procesión del Jueves, que salía de la Iglesia de la Sangre y recorría la ciudad pasando por todos los conventos de monjas de clausura para que pudieran ver la imagen. Ya entonces es manifiesta la presencia de penitentes que se flagelaban durante el recorrido, con la cabeza cubierta para preservar el anonimato del pecador.
Ya dentro del mismo siglo se incorporó a la procesión un tercer elemento que fue clave por el desarrollo de la celebración hasta el : la participación activa de los gremios. Cada gremio participaba en la procesión, agrupados y siguiendo una orden, y llevando imágenes de sus santos patrones y también de escenas de la Pasión. Vestían de blanco, con caperuzas y velas.
Por otro lado, el Viernes Santo la celebración continuaba, y se representaba un Descendimiento (que se mantiene en algunos pueblos de la isla) y a continuación continuaba la procesión del día anterior, bien fuera una repetición o una continuación, si es que se alargaba demasiado. Este día la procesión acababa con el Entierro de Jesús.
Desarrollo A lo largo del y , la celebración se extendió con fervor en los pueblos. Pero también empezó a aparecer un cierto carácter festivo o poco respetuoso, como por ejemplo el de regalar ramos de flores a las muchachas o peladillas dentro de las iglesias. Todas estas prácticas fueron censuradas por las autoridades (incluso el obispo Díaz de la Guerra intentó de prohibir las procesiones de Semana Santa), pero han pervivido hasta la actualidad. Por otro lado, ya dentro del , los cofrades sustituyeron su vestimenta blanca por negra.
En el , en el Viernes Santo se popularizó la meditación de las escenas del Vía Crucis en las funciones a las iglesias, el Descendimiento y el Entierro. Además se continuaba la procesión del Jueves, se documenta una del desaparecido convento de San Francisco de Paula, en que se sacaba una imagen de la Virgen María de la Soledad propiedad de la familia Quint Zaforteza (con la Desamortización de Mendizábal en 1835 y la exclaustración de los Mínimos, derribada su iglesia y convento en Palma en 1837, esta talla pasó a presidir el altar mayor del cercano oratorio de Niñas Huérfanas, conocido como Ses Minyones. De allí salió en 1929 cuando se derribó ese oratorio por el Ajuntament de Palma para construir la actual C/ Constitució).
Así pues, además de la procesión del Jueves Santo, en Palma se habían celebrado, el Viernes Santo, la procesión del Santo Entierro, protagonizada por el mismo Cristo de la Sangre; la procesión de la Soledad, que salía del convento de San Francisco de Paula; y el Descendimiento, que tenía lugar a la Catedral. Decadencia y reforma La introducción del liberalismo en España persiguió la figura de los gremios, que fueron convertidos en voluntarios el 1813 y el 1820 y abolidos definitivamente el 1836, acabada la Década Ominosa. Este hecho afectó intensamente la procesión de la Sangre, que perdió la colaboración de buena parte de los participantes y pasó a ser organizada exclusivamente por la Cofradía de la Sangre, de forma que perdió parte del carácter popular en favor de una celebración clerical en la cual solo participaban clérigos y las asociaciones parroquiales. La Semana Santa de Palma, por lo tanto, pasó a estar formada por una sola cofradía, hecho que no se revertiría hasta 1902.
Joaquim Maria Bover recoge que, en la procesión de 1824, después de la recuperación de los gremios, volvieron a hacer aparición, pero con menos imágenes que de costumbre porque unas se habían vendido y otras las habían robado. Desaparecidos definitivamente los gremios, la decadencia continuó, y el trienio esparterista (1841-43) comportó oposición por parte de las autoridades civiles. Siguió este trienio una recuperación durante los últimos años de Isabel II que fue clave por el nuevo carácter que acabaría para adquirir la celebración: con la voluntad de renovar la procesión de Jueves Santo, se pintaron nuevos estandartes (obra de los pintores Gabriel Reiners, Joan Mestre, Francesc Parietti y Ricard Ankerman) y se hicieron nuevas imágenes, para sustituir las antiguas perdidas, vendidas o en mal estado, todas de una sola figura y portadas en andas por cuatro personas:miniaturadeimagen|Jesús Azotado, obra de Salvador Torres (1867), pasando por delante del Ayuntamiento de Palma.|izquierda Jesús en el huerto, obra de Lluís Font. Jesús azotado, obra de Salvador Torres (1867). Ecce Homo, obra de Gabriel Joan Marroig. Jesús cargado con la cruz, obra de Lluis Font
De estas imágenes, actualmente las tres primeras salen a las procesiones cada año, pero la primera es la única que todavía es portada en andas, la manera tradicional. Pocos años más tarde, se hicieron dos imágenes más:miniaturadeimagen|La Dolorosa, obra de Guillem Galmés (1890) y propiedad de la familia Ferrer
La Dolorosa, obra de Llorenç Ferrer. Otra Dolorosa, obra de Guillem Galmés (1890).
Por otro lado, el 1856 la Parroquia de Santa Eulalia organizó una procesión el Viernes Santo para acompañar la imagen de la Virgen de las Angustias que había hecho Adrià Ferran el 1815. Esta procesión se celebró durante unos años hasta que desapareció, seguramente durante el Sexenio Democrático.
Pero esta renovación fue seguida del boicot de parte de las autoridades durante el Sexenio Democrático (1868-1874), que acabó con la no celebración durante la Primera República. Ya definitivamente el 1875 se restableció la normalidad en las celebraciones de Semana Santa durante la Restauración Borbónica, y creció el número de procesiones realizadas: el 1877 ya hubo procesión en la Catedral el Domingo del Ramos, con ramos y palmas.
Las nuevas cofradías izquierda|miniaturadeimagen|La cofradía Cruz de Calatrava saliendo en procesión por primera vez el Jueves Santo de 1902, siendo pionera en la participación de cofradías modernas en la Semana Santa de Palma El 1902 se fundó la primera cofradía de Palma, la cofradía de la Cruz de Calatrava, inspirada en las cofradías sevillanas, y detrás estas vinieron muchas más: la de la Dolorosa (1910), la de las Cinco Llagas (1917), la de la Santa Faz (1923), y así hasta catorce en el año de la proclamación de la Segunda República. Estas nuevas cofradías, a diferencia de las de los antiguos gremios, no estaban vinculadas a un oficio sino a una parroquia, una organización religiosa o a la devoción a una imagen, y tenían ropas uniformadas y estatutos, inspiradas en las cofradías de Sevilla.
De todas maneras, la devoción por el Santo Cristo de la Sangre era común a todas las cofradías, de forma que la procesión del Jueves Santo continuaba siendo el acto central y contaba con la participación de todas las cofradías. Sin embargo, empezaron a aparecer más procesiones, en las cuales solamente participaba la cofradía titular y alguna invitada. En la coordinación de estas nuevas procesiones tuvo un papel importante el nuevo Comité de Semana Santa, embrión de la actual Asociación de Cofradías, consolidada a lo largo de los años cincuenta y que se encarga de organizar y coordinar las procesiones. La procesión de Martes Santo era la titular la Cofradía de la Dolorosa, que sacaba su paso homónimo; el 1951 se inició la procesión del Miércoles Santo por el barrio de Santa Cruz, de la cual es titular la cofradía homónima; el 1955 se celebraba la procesión del Santo Cristo de los Navegantes por el barrio de Santa Catalina, de la cual era titular la cofradía del Cristo de los Navegantes. El 1959 se celebraban cuatro procesiones el Viernes Santo: la de Nuestra Señora de la Soledad (organizada por la Cofradía de la Soledad por el barrio homónimo), la de Nuestra Señora de la Salud (organizada por la cofradía homónima por el barrio del Terreno), la de Nuestra Señora del Remedio (organizada por la Cofradía del Remedio del Molinar por el barrio homónimo) y la del Santo Entierro (organizada por la Cofradía de la Cruz de Calatrava por el barrio de la Calatrava). miniatura|El paso de la Virgen de la Esperanza, de la cofradía homónima, saliendo de la Basílica de San Francisco Hasta entonces, las imágenes que se sacaban eran de imaginería mallorquina, de una sola figura y portadas en andas por cuatro personas, si bien se habían empezado a introducir las ruedas. En el año 1954 se estrenó un nuevo paso, el de la Virgen de la Esperanza, patrocinado por Elionor Servera, esposa de Juan March Ordinas, realizado siguiendo la tradición sevillana, con un palio ricamente adornado y llevado por costaleros. El paso se convirtió en uno de los principales reclamos de las procesiones de Semana Santa detrás del Cristo de la Sangre, y supuso un precedente en cuanto a la participación de costaleros.
Decadencia y resurgimiento