Los sucesos de Montejurra tuvieron lugar el 9 de mayo de 1976, en los inicios de la Transición española, durante los actos políticos que tradicionalmente acompañaban el viacrucis anual que desde 1939 los carlistas llevaban a cabo en el monte navarro de Montejurra, en memoria de los requetés muertos en la guerra civil.

En el transcurso de la romería, los hombres de la Comunión Tradicionalista de Sixto de Borbón Parma, hermano del pretendiente carlista Carlos Hugo y enfrentado a él, con el apoyo del denominado «búnker» franquista, que aún controlaba los resortes del Estado, prepararon una operación violenta contra el Partido Carlista y los seguidores de Carlos Hugo para recuperar los actos para el tradicionalismo y promover la «entronización» de Sixto como líder del carlismo.

En dicha operación, conocida como Operación Reconquista, en la que tomaron parte también mercenarios neofascistas italianos y argentinos, algunos partidarios de Sixto de Borbón abrieron fuego contra los participantes en la romería. Resultaron muertos Ricardo García Pellejero y Aniano Jiménez Santos, y hubo varios heridos.

Los responsables de las muertes fueron identificados, pero gracias a la Ley de Amnistía de 1977, quedaron en libertad ese mismo año.Los carlistas piden la desclasificación de los documentos oficiales sobre Montejurra 76, cuartopoder, 8 de mayo de 2016. En 2003 la justicia española reconoció a los dos asesinados la condición de «víctimas del terrorismo».Sentencia de la Audiencia Nacional en la que se reconoce a Aniano Jiménez Santos y Ricardo García Pellejero la condición de víctimas del terrorismo (en formato zip)

Antecedentes El carlismo, con su milicia, el Requeté, había participado activamente en la sublevación contra la Segunda República y contribuido a la victoria franquista en la guerra civil. Pero la muerte sin sucesión directa del pretendiente Alfonso Carlos de Borbón y el Decreto de Unificación habían mermado el movimiento, que, en situación de semiclandestinidad, se había ido dividiendo en diversos grupos en función de sus afinidades dinásticas y su postura frente al régimen. Los partidarios de Javier de Borbón Parma, nombrado por Alfonso Carlos su sucesor como regente hasta que se dilucidase quién tenía mayor derecho a la corona de España, estaban liderados por Manuel Fal Conde, y, en declaraciones del propio Franco, eran un «grupo de integristas (...) apartados desde la primera hora del Movimiento».

Desde su aparición en España en 1958, el primogénito de Javier, Carlos Hugo de Borbón-Parma, aspiraría a ser nombrado por Franco futuro rey según lo establecido en la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, presentándose como defensor de los principios del «18 de Julio», al tiempo que los carlistas javieristas cambiaban su estrategia frente al régimen, pasando de la confrontación inicial a una colaboración que escenificaron en diversas ocasiones en los actos de Montejurra.

Sin embargo, al mismo tiempo, y durante los cambios que se producían en la Iglesia en la década de 1960 a raíz del Concilio Vaticano II, había aparecido un «neocarlismo» progresista promovido por los jóvenes que integraban la secretaría de Carlos Hugo, que finalmente, tras la expulsión de España de la familia Borbón-Parma en 1968, desembocaría en una fórmula de socialismo autogestionario y un programa federalista, democrático y aconfesional, ante la perplejidad de diversas personalidades carlistas, que consideraban que el nuevo Partido Carlista había hecho tabula rasa del pensamiento y la historia del carlismo, amenazando con hacer desaparecer el movimiento.

En 1975, tras la abdicación de Javier de Borbón Parma en su hijo Carlos Hugo, que había amparado estos cambios ideológicos, especialmente a raíz de su expulsión del país, el enfrentamiento interno del carlismo era insalvable. El antiguo delegado nacional de Requetés, José Arturo Márquez de Prado, había iniciado contactos con Sixto Enrique de Borbón, partidario del ideario tradicionalista, y finalmente este aceptó ponerse al frente de una nueva Comunión Tradicionalista, que tras hacerse sin dificultad con los actos carlistas del Quintillo (Sevilla) el 26 de abril de 1976, se proponía adueñarse también de los célebres actos de Montejurra, cuyo número de participantes había descendido de casi cien mil en la década de 1960 a menos de diez mil a inicios de los 70.

Convocatoria de los actos de Montejurra de 1976 En España reinaba un ambiente de gran crispación política. El primer gobierno de la monarquía, presidido por Carlos Arias Navarro, estaba sumido en la inoperancia ante las resistencias de este para avanzar en la reforma política. La conflictividad social y laboral iba en aumento y, en marzo, habían tenido lugar los denominados sucesos de Vitoria, que se habían saldado con cinco trabajadores muertos.

El Partido Carlista dirigido por Carlos Hugo era entonces miembro de la Coordinación Democrática, más conocida como la Platajunta. Su sección vasca, el Partido Carlista de Euskadi había convocado en octubre de 1975 a las fuerzas de izquierda para dialogar sobre la necesidad de «una unidad nacional y antifascista» y exigiendo el fin de la dictadura y el «derecho de autodeterminación de Euskadi». Asistieron, además del Partido Carlista, CECO, CONE, ETA (ramas militar y político-militar), EAS, LAB, LAIA, ICR, ETA VI, ORT, PCE, PSOE, PTE, UGT y USO. El MCE no asistió por problemas de enlace.

Para la subida anual a Montejurra el 9 de mayo de 1976, desde el monasterio de Irache, el Partido Carlista había invitado a una veintena de partidos y organizaciones políticas de la izquierda (PCE, PSUC, PTE, ORT, MCE, PSP, PSOE...) con el lema «Una cita para el pueblo».

Por su parte, la Comunión Tradicionalista de Sixto de Borbón había hecho una convocatoria paralela. A tal efecto, la Hermandad del Vía Crucis y la Junta de la Hermandad de Tercios de Requetés habían publicado en El Pensamiento Navarro diversos llamamientos para que acudieran a la romería los excombatientes y sus hijos, «la nueva juventud de combatientes, requetés y tradicionalistas», afirmando que los actos del 9 de mayo en Estella estarían presididos, como los del Quintillo, por don Sixto.

La doble romería se había convocado para el 9 de mayo, domingo. Aunque el carácter del acto sería fundamentalmente político, como en ocasiones anteriores se solicitó permiso para la celebración de un viacrucis durante la subida al monte, en cuya cima tendría lugar la misa anual celebrada desde 1939. El acto fue autorizado por el Gobierno al considerar el ministro de Gobernación, Manuel Fraga, que la prohibición del acto podría ser más negativa que su celebración.

El complot Desde los sectores del carlismo partidarios de continuar con el tradicionalismo, pertenecientes al denominado «búnker», se promovía el liderazgo de Sixto de Borbón Parma, hermano del pretendiente carlista Carlos Hugo, para neutralizar a la facción socialista del carlismo. Algunas fuentes afirman que el complot fue organizado por los aparatos de seguridad del Estado, a través de la denominada Operación Reconquista. El general de la Guardia Civil José Antonio Sáenz de Santa María, en la fecha de los sucesos jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil y persona muy relevante durante la Transición, antes de morir, reveló que fue el propio Estado el que, ante la evolución del carlismo, trató de crear un «contrapoder» alrededor de la figura de Sixto de Borbón, por medio del servicio de inteligencia SECED, creado por el almirante Luis Carrero Blanco (sustituido en 1977 por el CESID, actual CNI), y de la Guardia Civil (de acuerdo con el testimonio del general Sáenz de Santa María, el director de la Guardia Civil le habría manifestado que el plan era conocido y aprobado por el ministro de Gobernación Manuel FragaManuel Fraga y Montejurra 1976, más de 35 años de lucha , Deia, 16 de enero de 2012. y por el presidente Arias Navarro).

Además de altos cargos de los cuerpos de seguridad del Estado, como el general Ángel Campano, director de la Guardia Civil (en cuyo despacho se gestó la operación), y el general Salvador Bujanda, subdirector general del mismo cuerpo, en la conspiración estuvieron implicados también Antonio María de Oriol y Urquijo, entonces presidente del Consejo de Estado, Juan María de Araluce Villar, presidente de la Diputación Provincial de Guipúzcoa, y José Ruiz de Gordoa, gobernador civil de Navarra:Montejurra-76: crimen de Estado sin castigo, reportaje del diario El Mundo, 6 de mayo de 2001.

Para reforzar el supuesto liderazgo de Sixto de Borbón, se organizó un operativo que no solo llevó a miembros de la facción ultraderechista del carlismo, Comunión Tradicionalista, de toda España, sino también a elementos de Guerrilleros de Cristo Rey, falangistas, militantes de Unión Nacional Española (UNE) –el partido de Gonzalo Fernández de la Mora– y un comando integrado por más de veinte mercenarios italianos y argentinos de ideología ultra (entre los que se encontraba también el francés Jean Pierre Cherid, que fallecería en 1984 en una acción de los GAL, cuando colocaba una bomba en los bajos del vehículo de un dirigente etarra) acudieran a la romería y atacaran a los participantes en ella. Los mercenarios fueron pagados por agentes del SECED o por dirigentes de los Guerrilleros de Cristo Rey que les habían contratado. Unos días antes, el gobernador civil de Navarra, José Ruiz de Gordoa, reservó 20 habitaciones en el hotel Irache de Estella, para que se alojaran Sixto de Borbón y su escolta.

El miércoles 5 de mayo, Sixto de Borbón acudió a Estella y comió con el alcalde franquista de la localidad, Julio Ros. Dos días después, un grupo armado de sus partidarios subió a Montejurra y acampó en su cima, de forma que cuando al día siguiente (sábado 8 de mayo) algunos partidarios de Carlos Hugo subieron a la cumbre del monte, no pudieron acceder a ella y se les conminó a que no tratasen de acceder a lo alto al día siguiente.

Los incidentes Los incidentes tuvieron lugar primero en la parte baja del monte, donde se produjo un enfrentamiento entre los seguidores de Sixto, que querían subir al monte, y los de Carlos Hugo, que se negaban a dejarles pasar. Los primeros, uniformados, gritaban «¡Montejurra, rojo no!», «¡Viva Cristo Rey!», mientras que los partidarios de Carlos Hugo respondían «¡Carlos Hugo, libertad!», «¡No pasaréis!». Tras los insultos, empezó una pelea con porras y palos, ante la actitud pasiva de la Guardia Civil, que se hallaba a poca distancia. La pelea culminó con un disparo efectuado por el requeté onubense José Luis Marín García-Verde, conocido como el hombre de la gabardina, resultando herido Aniano Jiménez Santos, militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica, que moriría varios días después. Posteriormente ocurrieron nuevos incidentes en la cima del monte, cuando los sixtinos trataron de impedir el acceso a la cima a los seguidores de Carlos Hugo. Allí falleció Ricardo García Pellejero, miembro del Movimiento Comunista de España, por un disparo efectuado, según González Calleja, por Francisco Carreras García-Mauriño, que se encontraba en lo alto del monte junto con Márquez de Prado.