La iglesia de San Martín es un edificio religioso ubicado en la localidad tabaresa de San Martín de Tábara, provincia de Zamora, España.

La iglesia se ubica en la parte más alta de la localidad, mismo emplazamiento que tuvo el monasterio de San Martín del . Se trata de una construcción neoclásica de tres naves y arcos apuntados, espadaña triangular con pináculos, y construida en mampostería y remates de ladrillo. La nave central alberga el retablo presidido por la figura de San Martín de Tours vestido con los atributos de obispo, patrono del pueblo, cuya festividad se celebra el 11 de noviembre.

La iglesia ha pertenecido toda su historia a la diócesis de Astorga y es la población más sureste que se integra en esta diócesis. De las 4 localidades integrantes del Ayuntamiento de Olmillos de Castro todas forman parte de la Diócesis de Zamora, salvo San Martín de Tábara debido a su carácter histórico al ser su antiguo monasterio uno de los fundadores de la diócesis de Astorga.

En la Edad Media, durante el dominio templario, la iglesia fue la sede oficial del obispo de Astorga en sus visitas a Tierra de Tábara.

Historia miniatura|derecha|Calle del Concejo, la primera calle del pueblo de San Martín de Tábara surgida en torno al monasterio. miniatura|derecha|Iglesia de San Martín con la sierra de las Carbas al fondo. miniatura|derecha|Iglesia desde la calle de la Cuesta en su parte suroeste. miniatura|derecha|Campanario de la iglesia con sus habituales cigüeñas blancas. miniatura|derecha|Campana de la iglesia de 1962. miniatura|derecha|Skyline de San Martín de Tábara en las faldas de la sierra de las Carbas, lugar elegido por la Diócesis de Astorga en el para construir el monasterio. Monasterio de San Martín Fundación de tres monasterios en Tábara a finales del La sonada victoria de Alfonso III el Magno sobre los árabes en la batalla de Polvoraria en 878, tuvo tal eco, que dio lugar al dicho popular "poner los pies en polvorosa", aludiendo a la estampida de los supervivientes del emir cordobés. Con este éxito bélico en la desembocadura del Órbigo en el Esla, en esta población zamorana de Santa Cristina de la Polvorosa, comenzó una repoblación de los territorios al norte del Duero y la fijación de la frontera, con amurallamiento y reconstrucción de Zamora.

El apoyo a la creación de monasterios en la Tierra Vieja de Tábara y en la zona del Tera fueron facilitando la fijación de población y la creación de espacios políticos y culturales como la escuela miniaturista de Tábara que dio origen a los Beatos.

A alto nivel de la Corona de Castilla y la colaboración de la Diócesis de Astorga, se estableció un plan para poblar y repoblar el oeste zamorano, con el objetivo de generar sociedad y hacer crecer un enclave fronterizo estratégico. Creando monasterios se garantizaba el origen de una población que designará como patrono al mismo monasterio.

En la zona del río Tera y en la de Tábara se impulsó la creación de varios monasterios en un radio de 10 a 25 kilómetros. En el reinado de Alfonso III de Asturias, y con el apoyo de Froilán de León y Atilano de Zamora en la Tierra Vieja de Tábara, durante el último tercio del surgieron tres: San Salvador de Tábara, San Miguel de Moreruela y San Martín, que constituyen un triángulo en un radio de 10 a 20 km. En la planada tabaresa se asentaron los dos primeros y en un ramal debilitado de la sierra de Las Carbas ubicaron al monasterio de San Martín. Una de las premisas era que el de San Martín fuese el tapado, algo que se cumplía al estar separado de los de Tábara y Moreruela por la sierra de la Culebra, pero con fáciles accesos entre sí para los conocedores del lugar.

La ubicación de la actual iglesia de San Martín, sigue constituyendo, todavía hoy, a nivel de orientación, el lugar más apreciado de la localidad. Por su orientación sur, su elevación y visión del término a modo de mirador. Esas características fueron las que apreciaron los monjes para asentar el monasterio.

Dado que no existe documentación sobre la construcción del monasterio de San Martín y su origen suevo, se trata de uno de los hechos claves menos conocidos de la historia de la provincia de Zamora. Según el catedrático Eufemio Lorenzo el suelo de la actual iglesia posee información arqueológica aún por descubrir. Existen vestigios del primitivo monasterio en la parte inferior de las fachadas sur y este de la actual iglesia, donde se observan piedras grandes y alargadas que no son propias de los terrenos de la localidad sanmartineja y que se parecen a las de Tábara, por lo que pudieron ser traídas de ahí expresamente para la construcción del monasterio.

Nacimiento del monasterio de San Martín

Tras recientes publicaciones, se ha podido conocer gracias a los investigadores Eufemio Lorenzo Sanz, Fernando Regueras Grande y José Ferrero Gutiérrez, que el monasterio de San Martín surgió como cenobio rural a finales del junto a los de Tábara y Moreruela. Su objetivo fue colonizador o poblador y por tanto sus monjes serían pocos y se centrarían en las tareas agrícola y ganaderas, sin olvidar las devocionales. El abad, que solía ser elegido por los propios monjes, era el responsable y organizador de la vida, no solo de estos, sino del resto de la población. Es decir, se convertía en la figura que regía el poblado y sus normas de convivencia y orden mucho antes de la existencia de los ayuntamientos.

Tal y como indica Claudio Sánchez-Albornoz, de 800 a 1100 imperó el monacato postvisigodo o repoblador con muchos cenobios, en general, pobres y rurales. Eran pequeñas células colonizadoras agrarias, con escaso contenido cenobítico. Las reglas por las que se rigen estos monasterios, son las prebenedictinas, mezcla de las postvisigodas de Fructuoso de Braga, Leandro de Sevilla y Isidoro de Sevilla.

La investigación histórica sobre el monasterio de San Martín no ha podido determinar si el monasterio fue de influencia sueva o mozárabe. San Martín de Braga convirtió al cristianismo a los suevos y fundó un monasterio en Dume, dedicado a San Martín de Tours. Según el investigador Tomás Mañares, la población de San Martín de Tábara tuvo su origen en el Pueblo suevo, como la de Braga, no mozárabe como la de Tábara, por lo que el monasterio de San Martín eligió como patrono a San Martín de Tours siguiendo al monasterio de Dume.

El monasterio de San Martín refugio de Tábara y Moreruela

El acontecimiento que seguramente más contribuyó a la consolidación y progreso del monasterio de San Martín tuvo lugar a finales del , con motivo de la 31 aceifa sangrienta de Almanzor, la cual discurrió en 988 por Tábara y Moreruela de Tábara en su camino a Astorga. Los monjes que habitaban en los monasterios tabarés y moreruelino planificaron una huida de emergencia en el monasterio de San Martín, dada la predilección del canciller árabe por la destrucción de cualquier centro de vida. San Martín estaba próximo, seguro y alejado de la ruta de Almanzor.

En agosto de 988 Almanzor cruzó el Esla por la zona de Castrotorafe y penetró en el valle de Tábara dirección a Astorga, destruyendo los núcleos de población de Tábara y Moreruela de Tábara. Para entonces, los monjes residían refugiados en San Martín con los valores más preciados que pudieron trasladar, como cálices, iconos, reliquias, libros, etc. Ferrero Gutiérrez apunta que los monjes trasladaron el Beato Morgan a San Martín de Tábara donde estuvo custodiado durante años para evitar su destrucción y posteriormente trasladarlo al monasterio de San Miguel de Escalada.

150 años después, el abad de San Martín, Domingo Alfonso, comenzó la reconstrucción de Tábara con la construcción de la iglesia de Santa María en el antiguo monasterio de San Salvador.

San Martín se convierte en la capital de Tierra de Tábara

Tras la razzia destructiva de Almanzor en la planada de Tábara en el 988, toda la tierra pasó a ser gestionada directamente por la Corona leonesa entrando en un marasmo y ostracismo que se prolongó más de siglo y medio. El pueblo de San Martín de Tábara quedó como único referente de la Tierra Vieja de Tábara, lo que la convirtió en la capital de facto de la comarca tabaresa. El monasterio recibió un gran impulso y cobró mayor importancia, con un auge en los ingresos que procedían de los monjes refugiados de Tábara y Moreruela de Tábara, como legítimos herederos de sus monasterios de origen.

El abad del monasterio de San Martín, Domingo Alfonso, se convirtió en el líder religioso y gestor de la comarca, asumiendo un papel determinante en la reconstrucción de la villa de Tábara y el levantamiento de la iglesia de Santa María sobre los restos del monasterio de San Salvador.

El rey Fernando I de León se responsabilizó de los monasterios, y estableció una nueva organización político-administrativa para la comarca. A la par que entregó las ciudades de Toro y Zamora a sus dos hijas, Elvira de Toro y Urraca de Zamora, respectivamente. En 1065 tras su fallecimiento entregó Tierra de Tábara a Elvira, la cual donó en 1089 a su sobrina Sancha Raimúndez por enfermedad. En el fuero de Castrotorafe de 1129 Tierra de Tábara aparece ya oficialmente bajo el infantado de Sancha.

Tras investigación de Augusto Quintana Prieto se conoce que en 1137 se realizó la consagración de la iglesia de Santa María de Tábara, acto en el que el abad sanmartinejo Domingo Alfonso, fue el maestro de ceremonias ante la atenta mirada de asistentes de referencia como el obispo de Astorga Roberto, o la señora de Tábara y hermana del rey Alfonso VII de León, Sancha Raimúndez. De aquel solemne acto se conserva grabado en una losa sepulcral de la fachada sur de Santa María el siguiente tema:

Iglesia de San Martín

Del infantado a la encomienda templaria de Tábara

Elvira de Toro y luego Sancha Raimúndez revirtieron años de penumbra y volvieron a situar a Tábara en el centro territorial como capital del infantado. Alfonso VII de León y su hermana Sancha que procesaban gran devoción por los hermanos cistercienses de San Bernardo en el Reino de León, expandieron donaciones en favor del Temple. En la provincia de Zamora se crean diversas encomiendas templarias como la de Tábara, Castillo de Alba de Aliste, Alcañices o Zamora capital.

El catedrático Eufemio Lorenzo apunta a que la consagración de la iglesia de Santa María de Tábara en 1137 hizo efectiva la donación de Sancha Raimúndez a la orden templaria de la Tierra de Tábara (Valdetábara por aquel entonces) la cual aparece referenciada en la Crónica de veinte reyes. San Martín jugó un papel central y representativo de la encomienda templaria tabaresa al ser el lugar donde solemnemente era recibido oficialmente el obispo de Astorga.

Con Tábara bajo la jurisdicción templaria se produjeron tensiones con la diócesis, como el expuesto por Quintana Prieto sucedido en 1210 cuando el obispo Pedro Andrés decidió acudir al papa Inocencio III para buscar ayuda "sobre un asunto que él no era capaz de arreglar". El centro de la cuestión era la diferencia con los caballeros del Temple de las iglesias de Valdetábara porque estos no satisfacían los derechos a devengar al obispo y además ponían trabas para ejercer su jurisdicción diocesana. Pese a la creación de una comisión mediadora por parte del papa, los templarios no cumplieron los acuerdos. No fue hasta 1213 cuando se logró suscribir un convenio entre el obispo leonés don Pedro, el gran maestre del Temple Pedro Altíviz, mediando intervención del monarca Alfonso IX de León, bajo el siguiente acuerdo: