La arquidiócesis de Cartago ( y ) fue una circunscripción eclesiástica de la Iglesia católica en la actual Túnez. Se trataba de una arquidiócesis latina, sede metropolitana de la provincia eclesiástica de Cartago y primacial de África. Fue suprimida después de 1076, restaurada como arquidiócesis titular antes de 1519, restaurada como arquidiócesis residencial el 10 de noviembre de 1884 y nuevamente suprimida y convertida en arquidiócesis titular el 9 de julio de 1964. Es sede vacante desde el 30 de junio de 1979.

Territorio y organización miniatura|Restos de la basílica Majorum (también llamada de Meildfa) en Cartago, en donde se encontró una inscripción dedicada a las santas Perpetua y Felicidad

La arquidiócesis extendía su jurisdicción sobre los fieles católicos de rito latino residentes en la ciudad de Cartago y adyacencias. Tras su restauración el 10 de noviembre de 1884 comprendió el Protectorado francés de Túnez.

miniatura|Restos de la basílica de San Cipriano, en Cartago, descubierta en 1915

La sede de la arquidiócesis se encontraba en la ciudad de Cartago, en donde se halla la Catedral de San Luis, consagrada el 15 de mayo de 1890, fue desacralizada en 1964 y cedida al Estado tunecino, que la convirtió en un centro cultural en 1993.

miniatura|Restos de la basílica Damous El Karita de nueve naves, la más grande de Cartago, adornada con más de 100 columnas

La arquidiócesis no tenía sufragáneas.

En 1959 en la arquidiócesis existían 78 parroquias.

Historia Orígenes miniatura|Barrio paleocristiano en la antigua Cartago

Tras la destrucción de la primitiva Cartago en 146 a.C., la importancia temporal de la ciudad fue restaurada por Julio César y por Augusto, quien fue el primer emperador romano. Los orígenes de la comunidad cristiana de Cartago son inciertos, probablemente fundada, como en otras partes del Imperio romano, a partir de la comunidad judía local. Algunas tradiciones hablan de una visita de san Pedro a Cartago y la elección del primer obispo, Crescente; otras tradiciones consideran que el proto-obispo fue Epeneto, uno de los Setenta Discípulos,Pseudo-Doroteo de Tiro, Patrologia greca 92, col. 1061 C, nº 19. o Esperato, uno de los Mártires Escilitanos. Sin embargo, estas tradiciones no encuentran confirmación histórica, especialmente en la abundante producción literaria de san Agustín, quien ignora estas leyendas. Esto no excluye, no obstante, un origen oriental de la comunidad cristiana cartaginesa, como parecen confirmar algunos textos del obispo de Hipona y otras tradiciones teológicas, rituales y litúrgicas, que parecen provenir de Oriente Medio. Al igual que muchas otras ciudades del Imperio, la comunidad cristiana primitiva de Cartago tiene sus raíces en la segunda mitad del .

miniatura|El escritor cristiano Tertuliano vivió en Cartago (c. 155-240)

El primer testimonio histórico de una presencia cristiana en la capital del África romana data de la segunda mitad del , con los Mártires Escilitanos, que sufrieron el martirio en Cartago alrededor del año 180. Los registros de este evento se conservan, siendo los más antiguos de su tipo. Durante este período, uno de los más grandes escritores cristianos de la época, Tertuliano, vivió en Cartago. Tertuliano, un teólogo de ascendencia parcialmente bereber, fue fundamental en el desarrollo de la teología trinitaria y fue el primero en aplicar el idioma latino de manera extensa en sus escritos teológicos. Como tal, Tertuliano ha sido llamado "el padre del cristianismo latino" y "el fundador de la teología occidental".

Cuando el cristianismo se estableció firmemente alrededor de la provincia romana de África Proconsular, Cartago se convirtió en su sede eclesiástica natural. La evidencia más antigua de la existencia de la diócesis de Cartago se remonta a las primeras décadas del , con el obispo Agripino, quien convocó, entre 230 y 235 aproximadamente, un concilio para discutir la cuestión de la validez del bautismo conferido por herejes. Su probable sucesor fue Donato, autor de algunas cartas contra Privato de Lambesi, condenado por un concilio africano convocado por el propio Donato.

Era de San Cipriano El está marcado por el episcopado de san Cipriano, uno de los más grandes teólogos cristianos de su tiempo. Se convirtió en obispo de Cartago alrededor del año 248 y fue martirizado el 14 de septiembre de 258. Fue autor de varias obras; se conserva una importante colección de cartas suyas, principal fuente para la historia de la Iglesia de Cartago en el .(en latín) S. Thasci Caecili Cypriani opera omnia, Recensuit et commentario critico instruxit Guilelmus Hartel, Corpus scriptorum ecclesiasticorum latinorum (CSEL), volumen III, pars I (Praefatio et Libelli), Viena, 1868. (en latín) S. Thasci Caecili Cypriani opera omnia, Recensuit et commentario critico instruxit Guilelmus Hartel, Corpus scriptorum ecclesiasticorum latinorum (CSEL), volumen III, pars II (Epistulae), Viena, 1871. Así como Tertuliano, Cipriano es también considerado padre de la Iglesia latina.

Durante su episcopado se celebraron varios concilios que reunieron a obispos de toda el África romana; se conocen siete reuniones episcopales, más de una por año, entre 251 y 256. Al concilio de 256 asistieron más de 80 obispos, algunos de regiones fronterizas lejanas de Numidia.(en francés) Henri Leclercq, Chronologie des conciles de Carthage depuis l'an 251 jusqu'à l'an 256, en: Karl Josef von Hefele, Histoire des Conciles d'après les documents originaux, Nouvelle traduction française faite sur la deuxième édition allemande par Dom H. Leclercq, tomo I, deuxième partie, París, 1907, pp. 1088-1118. En estos concilios, Cipriano y los obispos africanos abordaron los graves problemas que aquejaban a la Iglesia africana de la época. En particular, era recurrente la cuestión de los lapsi, es decir, aquellos cristianos que, durante las persecuciones de los emperadores Decio y Treboniano Galo, abjuraron de la fe cristiana. El concilio convocado en 251 adoptó una posición intermedia, en contra del rigorismo de los novacianos y del laxismo que quería la readmisión de los lapsi sin ningún camino de penitencia. Esto provocó un cisma dentro de la comunidad cristiana de Cartago, con la presencia simultánea de tres obispos.

Otra cuestión que Cipriano tuvo que afrontar fue si aquellos fieles que, tras haberse unido a una Iglesia cismática o herética y haber recibido el bautismo en ella, solicitaban ingresar en la Iglesia católica, debían ser rebautizados. Tres concilios cartagineses, en 255 y 256, apoyaron la necesidad de rebautizar a los fieles. Esto provocó tensiones en las relaciones con la Iglesia de Roma y el papa Esteban I, quien consideraba suficiente la imposición de manos y no un nuevo bautismo.(en francés) Leclercq, Chronologie des conciles de Carthage depuis l'an 251 jusqu'à l'an 256, pp. 1107-1118.

La persecución en el no solo hizo lapsi, sino también muchos mártires. El siglo comenzó con el martirio de las santas Perpetua y Felicidad y sus compañeros (muertos hacia 203), cuyo culto se extendió rápidamente por toda la cristiandad. La persecución de Valeriano (253-260) causó la muerte de Cipriano y de muchos otros obispos y mártires africanos, recordados en el martirologio romano (por ejemplo, Suceso, Paulo y Lucio el 18 de enero, Agapio y Segundo el 4 de mayo, Liboso de Vaga el 29 de diciembre).

Donatismo A principios del la Iglesia cartaginesa vio nacer un movimiento religioso, el donatismo, fundado por Donato Magno (Donato de Case Nere), que dividió a la Iglesia africana durante más de un siglo, pero que, en formas menores, aún seguía vivo en Numidia a principios del . Este movimiento se oponía a la readmisión en la Iglesia católica de aquellos clérigos, sacerdotes u obispos que, durante la persecución de Diocleciano, habían abjurado de su fe, mientras que la posición oficial de la Iglesia se orientaba hacia una nueva acogida tras la penitencia. Los donatistas también se opusieron a la participación del emperador Constantino el Grande en los asuntos de la Iglesia, en contraste con la mayoría de los cristianos que dieron la bienvenida al reconocimiento imperial oficial.

El cisma en la Iglesia africana fue generado por la posición intransigente de Donato, quien consideraba inválidos los sacramentos administrados por los traditores, es decir, aquellos sacerdotes y obispos que, durante la persecución, habían entregado (en latín tradere) los libros sagrados para ser quemados. Cuando en 311 murió el obispo de Cartago, Mensor, y su diácono Ceciliano fue elegido en su lugar (ambos considerados traditores por los donatistas), Donato y sus seguidores se rebelaron, nombrando a Mayorino como obispo de Cartago, pariente de la noble Lucilia, protectora del movimiento recién nacido. Mayorino murió unos meses después y fue sucedido por el propio Donato.

El donatismo fue condenado como herejía por el Concilio de Roma en 313 y el Concilio de Arlés en 314, pero esto no detuvo el movimiento, que se extendió por toda el África romana. En cada diócesis y comunidad cristiana se formaron dos grupos distintos: los católicos y los donatistas, cada uno con su propia jerarquía, su propio clero e iglesias separadas. La sede de Cartago tuvo una sucesión ininterrumpida de obispos donatistas hasta principios del : Mayorino, Donato, Parmeniano y Primiano. El cisma no estuvo exento de momentos de tensión y graves episodios de violencia, por ambas partes.

En el Concilio de Cartago de 397 se confirmó el canon bíblico de la Iglesia occidental.

En junio de 411 se celebró una conferencia en Cartago a la que asistieron más de 500 obispos africanos, divididos equitativamente entre católicos y donatistas, y representantes del gobierno imperial. La conferencia concluyó con la condena del donatismo y el reconocimiento de la Iglesia católica como la única Iglesia verdadera.

A principios del surgieron en Cartago otros dos movimientos heterodoxos. El pelagianismo, cuyo fundador, Pelagio, estuvo presente en Cartago en 411, fue condenado por dos concilios africanos, convocados por san Aurelio en 416 y 418. El arrianismo también tuvo partidarios en Cartago, lo que provocó la reacción de san Agustín, quien convocó una conferencia para combatir esta herejía.

Era de los vándalos (439-533) En el año 429 los vándalos, en su mayoría cristianos de fe arriana, comenzaron la invasión y ocupación del África romana; Cartago cayó el 19 de octubre de 439. Se inició entonces un largo período de persecución contra los católicos, que duró hasta la reconquista bizantina en el año 533.

Durante el siglo de ocupación vándala la sede cartaginesa permaneció vacante durante casi 60 años. En el momento de la conquista la sede cartaginesa estaba ocupada por Quodvultdeus, quien, junto con otros obispos y su clero, al negarse a adherirse al arrianismo, fue condenado al exilio. Se refugió en Nápoles, donde permaneció hasta su muerte, probablemente en 454, sin poder regresar jamás a Cartago. Le sucedió Diosgracias, a quien el rey Genserico permitió gobernar su Iglesia, tras unos 15 años de sede vacante; pero murió al cabo de unos años, dejando la sede nuevamente vacante hasta 481, cuando el rey Hunerico permitió la elección de un nuevo obispo, Eugenio, quien murió en el exilio alrededor de 505.

En 484 tuvo lugar en Cartago una conferencia entre católicos y arrianos, que concluyó con la decisión del rey Hunerico de exiliar a todos los obispos católicos y cerrar todas sus iglesias. Fue el período más difícil para la Iglesia africana, privada de su clero y sometida a duras persecuciones, un período que causó numerosos mártires, documentados en varias ocasiones en el martirologio romano.