miniaturadeimagen|Pancarta durante la marcha por el 8M de 2024 en Lima. En el Perú, el terruqueo (del castellano andino terruco ‘terrorista’) es el ataque discursivo contra personas a las que se tilda sin pruebas relevantes de terroristas o simpatizantes del terrorismo, principalmente mediante el uso de los términos peyorativos «terruco» y «tuco». Por lo general, los grupos terroristas aludidos son Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), grupos armados insurgentes durante el conflicto armado interno ocurrido entre 1980 y 2000. Es considerada una estrategia política a través de la cual se utiliza el miedo al terrorismo para obtener beneficios políticos, con el fin de anular cualquier espacio de debate o pluralidad política dentro de un Estado democrático. Asimismo, también es empleada por algunos medios de comunicación de Lima para criminalizar la protesta social en el país.
El terruqueo es una práctica política y social utilizada mayoritariamente por sectores conservadores y de la derecha peruana en general con la función de desacreditar al adversario o de que su discurso se vea invalidado. Por lo general, las víctimas del terruqueo tienen propuestas de izquierda o son disidentes del establishment y el statu quo neoliberal, y se les acusa de tener comportamientos o ideas denominadas «terroristas», de realizar apología del terrorismo o de ser partidario o militante de grupos armados. Su magnitud es tal que varios especialistas de la ONU condenaron su uso y declararon públicamente que era una táctica de intimidación empleada por el gobierno peruano. Una práctica verbal similar y relacionada es el caviareo (uso del peyorativo «caviar»), de uso local por parte de los grupos de derecha en Perú.
El término se ha expandido a otros lugares, como en España, donde la práctica es habitual, y en los que se revive el accionar de grupos como Euskadi Ta Askatasuna, una organización terrorista, nacionalista vasca y separatista. Un ejemplo ocurre con el Foro de Madrid, una alianza política entre varios partidos políticos y organizaciones de derecha radical en Latinoamérica y España, cuyos detractores acusaron a los miembros de la primera de «[promover] el odio, la discriminación y el terruqueo a nivel internacional» en una sesión de conferencias que tuvo lugar en Lima en 2023. En Colombia también existe este fenómeno, en el contexto del conflicto armado interno que se vive en ese país desde la década de 1960. A pesar de que no se usa el término «terruqueo», los grupos de derecha tildan de «guerrillero» a todo partidario de izquierda o a cualquier persona que se opusiera de alguna forma a la clase social y política dominante con el fin de descalificar la crítica social.
Origen del término
El origen de la palabra viene de terruco, un neologismo peruano que se empezó a utilizar en la década de 1980 por miembros de las fuerzas policiales y fuerzas armadas que combatían a Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), ambos grupos terroristas de extrema izquierda, durante el conflicto armado interno. Según el historiador, Flores Galindo, el neologismo sería un reemplazo del término «senderista». Posiblemente el sufijo -uco (derivado del quechua ) fue añadido por un proceso de quechuización de la palabra terrorista, práctica lingüística común entre los quechuahablantes, convirtiéndose así en un coloquialismo. El diminutivo «terruquito» se empleó a modo de arenga en la película La boca del lobo.
Semánticamente, en el Perú se asocian por sinonimia, de forma despectiva, los términos «terruco» e «izquierdista».
Variantes Una variante surgida en 2021 a raíz de la campaña electoral fue «perruqueo», término que combina las palabras perro y terruqueo, en relación con la arbitrariedad de la práctica del terruqueo debido a un caso de discriminación por parte de un hospedaje canino que vetó sus instalaciones a mascotas de «familias comunistas». Esto se dio por los vídeos y relatos compartidos en 2018 mediante redes sociales provenientes de la Venezuela de Nicolás Maduro en donde se muestra que producto de la escasez y la represión bolivariana algunos pobladores deciden consumir carne de perro y otros animales considerados animales de compañía y no de consumo humano.
Usos alt=Cartel durante unas protestas contra el gobierno de Pedro Castillo el 28 de julio de 2022. El cartel dice: "Compatriotas, libertad democracia. Fuera: Terroristas del Gobierno".|miniaturadeimagen|Cartel durante unas protestas contra el gobierno de Pedro Castillo el 28 de julio de 2022, al que grupos conservadores le acusan de albergar terroristas dentro de las instituciones gubernamentales. El término «terruco» se ha asociado de forma generalizada y discriminatoria a la población andina, particularmente a los nacidos en el departamento de Ayacucho, región donde Sendero Luminoso inició su insurgencia contra el Estado peruano. La Universidad de Chile consideró que El Comercio fue el primero en asociar a un manifestante de izquierda con el «Club Terrorista» en una caricatura de 1981.
Durante el gobierno de Alberto Fujimori, se ordenó la detención de 5000 personas que, sin justificación, fueron señaladas como presuntas «terroristas». Familiares de 200 personas que fueron encarceladas arbitrariamente realizaron manifestaciones con el apoyo de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. La autora Jo-Marie Burt señaló que los medios de comunicación afines al Gobierno, como América Televisión, iban a tachar de terroristas incluso al rock subterráneo.
Dentro del contexto social peruano, la expresión es utilizada como ataque deslegitimador de movimientos o, en menor parte, políticos progresistas (véase «caviar»), así como críticos con el modelo económico neoliberal implantado durante el gobierno de Alberto Fujimori, que en ese periodo se recurría al temor y se vinculó al terrorismo a sus opositores. Primero fue usado con este sentido por simpatizantes del fujimorismo desde el fin del gobierno de Fujimori en el 2000, como dicotomía entre ese grupos y los simpatizantes autoidentificados de «patriotas». Uno de sus primeros usos fue cuando el expresidente culpó al entonces mandatario Alejandro Toledo y su gabinete por ser «cómplices del [resurgimiento del] terrorismo», pero después fue adoptado por el diario chicha El Tío y el resto de la derecha política en general. Esta estrategia cobró importancia en la Marcha de los Cuatro Suyos.
Este tipo de ataque continuó utilizándose con el paso de los años, como ocurrió al presidente Alan García. miniaturadeimagen|Estudiantes de la UNMSM durante las protestas de la generación Z, dicha casa de estudios fue y sigue siendo asociada con ideales de izquierda y objetivo del terruqueo.Entre los grupos que han sufrido del terruqueo están algunos estudiantes de universidades públicas peruanas, particularmente el alumnado de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (conocida como «La Cantuta»), de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (por algunos contados casos de activismo estudiantil de izquierda) y de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga (por ser donde se originó Sendero Luminoso). Esta práctica ha sido también utilizada contra los participantes de las luchas sociales de comunidades campesinas por el medioambiente (minería, agua) y en distintos paros y huelgas de obreros.
El investigador Fernando Velásquez Villaba, en relación con Fujimori y las acciones que realizó, presenta en análisis a continuación:
Caso Melissa Patiño
Durante el segundo gobierno de Alan García, un caso similar involucró a Melissa Patiño, poetisa detenida en Tumbes tras asistir a una reunión de la Coordinadora Continental Bolivariana. La reunión se desarrolló de manera pública con cobertura de los medios de comunicación. La Policía Nacional alegó que Patiño era «integrante del MRTA» con la supuesta intención de atentar la vigésima edición de la APEC, lo que motivó su arresto y privación de libertad. Sin embargo, a lo largo del proceso judicial, no se pudieron presentar pruebas que sustentaran las acusaciones formuladas.
El acontecimiento suscitó protestas de artistas culturales en la Dirección contra el Terrorismo, mientras que la oposición acusó al Ministro del Interior, Luis Alva Castro, de promocionar la detención de supuestos «terroristas». Tres meses después, Patiño fue liberada bajo fianza, quedando sujeta a una multa y a la prohibición de abandonar el país.
Caso José Domingo Pérez
En campañas políticas
El uso como arma política también ha sido utilizado para desacreditar la disidencia política dentro de las propias filas conservadoras. En las elecciones municipales de 2010, Lourdes Flores acusó a su rival Susana Villarán y su partido político por supuestamente tener nexos con Sendero Luminoso en una reunión convocada por la Peru Support Group en Reino Unido, caso que la organización y el partido negaron tal conexión. En 2016, Keiko Fujimori, líder del fujimorismo y heredera política de su padre Alberto Fujimori, respaldó que uno de sus personeros tuviera la libertad de llamar «terrorista» a un manifestante antifujimorista para «defenderse». En 2018, Kenji Fujimori acusó al partido fujimorista Fuerza Popular, dirigido por su hermana Keiko, de terruquear a quien piense diferente dentro del movimiento.
En 2019, el partido Solidaridad Nacional realizó esta práctica en un vídeo institucional. En ese vídeo, el partido comparó a los políticos, como Verónika Mendoza y Martín Vizcarra, con integrantes de Sendero Luminoso y MRTA. El entonces secretario, Rafael López Aliaga, justificó y defendió la intención de ese vídeo. A pesar de ello, el Jurado Nacional de Elecciones ordenó eliminar el vídeo y el Jurado Electoral Especial de Lima hizo una multa. Marco Arana, uno de los atribuidos del vídeo, dijo que esta práctica intentó recuperar la relevancia del fujimorismo en el Congreso a través de sus satélites, considerados como «vientres de alquiler».
También se utilizó contra los asistentes a las masivas protestas de noviembre de 2020 contra el gobierno de Manuel Merino, o se popularizó durante la campaña presidencial de las elecciones de 2021 contra la candidata Verónika Mendoza, a quien sus contrincantes vinculados a la derecha y sus seguidores le denominaron «Terrónika» o contra la candidatura del centrista Partido Morado, catalogado como «Moradef», en alusión al Movadef, rama civil de Sendero Luminoso. Asimismo, el candidato ultraconservador Rafael López Aliaga llamó «filo terruco» al presidente Francisco Sagasti, y posteriormente continuó calificando a otras figuras como Susana Villarán como integrantes de un grupo de «terroristas caviar».
El terruqueo fue ampliamente utilizado durante la segunda vuelta de esas elecciones contra el candidato Pedro Castillo, a quien continuamente se le acusó de estar vinculado al Movadef, que habría contado con la participación extraoficial de la Dirección contra el Terrorismo según el portal El Foco. Además, se difundió ampliamente el hashtag #CastilloTerrorista en las redes sociales. En este periodo, también fueron señalados diversos periodistas como Rosa María Palacios, Augusto Álvarez Rodrich, Marco Sifuentes, Claudia Cisneros, César Hildebrandt, Juliana Oxenford y Raúl Tola. La propia Keiko Fujimori señaló a sus opositores que «aquí los únicos que se terruquean son ustedes mismos cuando salen informes periodísticos claramente donde hay más de 240 miembros del Movadef y que son integrantes de Perú Libre participando activamente en su partido».
Verónika Mendoza, entonces candidata presidencial para los comicios de 2021, asignó el término como una «estrategia de miedo de los que no quieren que las cosas cambien», cuya vínculo más importante para ella es al generar temor hacia el candidato Castillo, quien posteriormente ganó la segunda vuelta.