thumb|Cartel de 1937 de la revista mensual Neues Volk de la Oficina de Políticas Raciales del NSDAP que pretende justificar el exterminio de las personas discapacitadas. En él se dice: "Esta persona que padece una enfermedad hereditaria le cuesta a la comunidad nacional 60.000 Reichsmarks de por vida. Camarada, ese es tu dinero también".

La Ley para la prevención de la descendencia de las personas con enfermedades hereditarias (en alemán Gesetz zur Verhütung erbkranken Nachwuchses), también conocida como Ley de esterilización forzosa, fue una ley de la Alemania nazi aprobada por el gobierno del Reich el 14 de julio de 1933, solo cinco semanas y media después del nombramiento de Adolf Hitler como nuevo Canciller del Reich. La ley creaba unos Tribunales de Salud Hereditaria que eran los órganos encargados de decidir la esterilización forzosa de las personas que entraran en algunos de los supuestos de deficiencias hereditarias que contemplaba la propia ley. En total entre 1933 y 1939 fueron esterilizadas en Alemania más de 360.000 personas ―400.000 hasta 1945―, la mayor parte de ellas pertenecientes a las clases más bajas pues en la mayoría de ocasiones, según Richard J. Evans, «las razones dadas para la esterilización se referían con más frecuencia a la desviación social que a una enfermedad hereditaria demostrable».

Como complemento a la Ley de esterilización forzosa, doce días después se aprobó una norma por la que se impedía el acceso a los créditos matrimoniales a las personas que padecían enfermedades mentales o físicas hereditarias. Meses más tarde se completó con otra norma que extendió la prohibición a las ayudas para los hijos. Según Richard J. Evans, «era un paso más hacia la prohibición de los matrimonios indeseables desde el punto de vista de la raza».

Tras la decisión de la cúpula nazi de iniciar el asesinato masivo de los discapacitados y enfermos mentales (el que sería conocido como el programa Aktion T-4), se promulgó un decreto el 31 de agosto de 1939 que daba por oficialmente concluido el programa de esterilización forzosa en todos los casos salvo algunas excepciones.

Antecedentes

En la última década del se afianzó entre ciertos sectores científicos y médicos del Imperio Alemán (1875-1918) la idea eugenésica de que había que mejorar la «raza alemana» favoreciendo la reproducción de los «aptos» e impidiendo u obstaculizando la de los «no aptos». Uno de sus principales defensores fue Alfred Ploetz, que en 1905 fundó junto con su cuñado Ernst Rüdin la Sociedad de Higiene Racial. La obra más influyente fue El enigma del mundo de Ernst Haeckel, publicada en 1899, en la que su autor defendía la aplicación de la pena de muerte a los criminales y la eliminación de los enfermos mentales mediante inyecciones letales y electrocución. Sin embargo, antes de la Gran Guerra estas ideas eugenésicas y de «higiene racial» tuvieron una escasa influencia en la políticas de los gobiernos.

Durante la República de Weimar (1918-1933) las ideas de la «higiene racial» se propagaron entre los médicos y trabajadores sociales y se convirtió en un dogma la creencia de que la herencia desempeñaba un papel no sólo en las deficiencias físicas y mentales sino también en el alcoholismo crónico, la pequeña delincuencia persistente y en la «estupidez moral», grupo en el que se incluía a las prostitutas ―en 1923 el médico Theodor Vierstein fundó el «Centro de Información Biológico-Criminal» para reunir datos de todos los delincuentes conocidos y de sus familias y así identificar las cadenas hereditarias de las «anomalías»―. Así, algunos médicos eugenistas se manifestaron a favor de la esterilización forzosa para impedir que los seres humanos «inferiores» se reprodujeran. Más lejos fueron el abogado Karl Binding y el psiquiatra forense Alfred Hoche que en un pequeño libro publicado en 1920 abogaron por la eliminación de las personas que llevaban una «vida indigna de la vida» (Vernichtung lebensunwerten Lebens), que incluía a los enfermos incurables y a los retrasados mentales, argumentando, además de las razones de «higiene racial», que constituían una «existencia lastre» (Ballastexistenzen) para la comunidad debido al alto coste que suponía cuidarlos y al gran número de camas de hospitales que ocupaban. Sin embargo, estas ideas fueron rechazadas por la inmensa mayoría de los médicos y los sucesivos gobiernos de la República de Weimar, comprometidos con la defensa de los derechos individuales, se negaron a aprobar la esterilización forzosa. La Iglesia católica en Alemania también desempeñó un importante papel en el rechazo de estas propuestas. thumb|300px|Cartel de la exposición eugenésica nazi "Wunder des Lebens" ('Milagros de la vida') de 1935 en la que se muestra una proyección demográfica sobre lo que pasaría (So würde es enden!, '¡Así terminaría!) si los "inferiores" (Minderwertige) tuvieran el doble de hijos (4 sobre 2) que los "superiores" (Höherwertige). De esta forma se justificaba la política eugenésica nazi. Sin embargo, a consecuencia del duro impacto que tuvo en Alemania la crisis de 1929 se empezó a cuestionar la enorme carga que representaba para los presupuestos de la República el gasto en asistencia social, y también aumentó el número de médicos y de trabajadores sociales que creían que la desviación social, la pobreza y la indigencia provenían de la degeneración racial de aquellos que la sufrían. Así, en 1932 la Asociación Médica Alemana pidió que se aprobara un ley de esterilización voluntaria. Por su parte psiquiatras y criminólogos también defendieron la esterilización de los «delincuentes habituales».

La gran mayoría de los defensores de la higiene racial acogieron con entusiasmo el ascenso al poder de los nazis el 30 de enero de 1933 pues estaban convencidos de que por fin se aplicarían las políticas eugenésicas que ellos propugnaban ―la minoría de higienistas raciales vinculada a ideas u organizaciones de izquierda y los higienistas judíos, que también los había, fueron apartados de la Sociedad de Higiene Racial que enseguida cayó en poder de los nazis―. Alfred Ploetz, el líder del movimiento eugenésico alemán durante los cuarenta años anteriores, le escribió una carta a Hitler ofreciéndole todo su apoyo, a pesar de que tenía más de setenta años.

Cuando Hitler llegó al poder ya hacía algunos años que había adoptado los postulados de los eugenistas radicales. En Mein Kampf había defendido la esterilización de los enfermos incurables y de los «individuos defectuosos»:

La ley

Poco después de alcanzar el poder, el nuevo ministro del Interior, el nazi Wilhelm Frick, se apresuró a anunciar que se reduciría el gasto público destinado a los «individuos inferiores y asociales, los enfermos, los deficientes mentales, los locos, los tullidos y los delincuentes». También anunció lo que era más grave: que a estos grupos se les iba a aplicar una política implacable de «erradicación y selección». La amenaza nazi se cumplió pocos meses después con la promulgación de la Ley para la prevención de la descendencia de las personas con enfermedades hereditarias (Gesetz zur Verhütung erbkranken Nachwuchses).

El proyecto de ley que aprobaría el gobierno del Reich el 14 de julio de 1933 fue impulsado por el médico «archinazi» Leonardo Conti, recién nombrado comisario especial para asuntos médicos del gobierno prusiano. La elaboración del proyecto fue obra de Arthur Gütt, un médico nazi hasta entonces marginado en el seno de la profesión médica y a quien Conti había conseguido colocar en el departamento médico del Ministerio del Interior del Reich. Gütt, que en 1924 ya había elaborado un memorando de «directrices de política racial» sobre «esterilización de personas enfermas e inferiores» que había enviado a Hitler, formó un comité de especialistas sobre política racial que a principios de julio ya había acabado de redactar el proyecto de ley. El texto que presentaron se basaba en el proyecto de ley de esterilización voluntaria que en 1932 había elaborado el gobierno prusiano para las personas que padecieran enfermedades hereditarias físicas o mentales ―que no llegó a promulgarse―, pero introduciendo una importante novedad: la esterilización sería obligatoria. Aunque Hitler no participó en la elaboración de la ley, los que la redactaron lo hicieron, según Ian Kershaw, «sabiendo que estaba de acuerdo con los sentimientos que él había expresado». Así, cuando se presentó ante el gabinete Hitler le dio su total aprobación y se enfrentó al vicecanciller Franz von Papen, preocupado por el rechazo que la ley provocaría entre los sectores católicos,La Iglesia Católica no se opuso a la ley pues estaba en plena negociación del Concordato entre la Santa Sede y la Alemania nazi, que llevaba por la parte alemana el propio Von Papen y que se firmaría solo una semana después, el 20 de julio de 1933. La Iglesia Católica, a pesar del acoso y de otros ultrajes a que estaban siendo sometidos los sacerdotes católicos alemanes y la propia Iglesia Católica y sus organizaciones, quería llegar a un acuerdo con el nuevo régimen. que propuso que la esterilización fuese voluntaria. Hitler le dijo: «Todas las medidas que se tomasen en defensa de la nación [Volkstum] estaban justificadas». Y añadió a continuación que eran también «moralmente indiscutibles, teniendo en cuenta que las personas que tenían enfermedades hereditarias se reproducían en una cuantía considerable [in erheblichem Masse], mientras que por el contrario había millones de niños sanos que no llegaban a nacer».

La ley prescribía la esterilización forzosa de las personas que padecieran enfermedades mentales, afecciones psíquicas y neurológicas (debilidad mental congénita, esquizofrenia, psicosis maníaco depresiva, epilepsia hereditaria, corea de Huntington), discapacidades físicas (ceguera, sordera hereditaria) o tuvieran deformidades físicas graves o fueran alcohólicas crónicas. Para decidir qué personas serían esterilizadas forzosamente se crearon 181 Tribunales de Salud Hereditaria (Erbgesundheitsgericht) que actuarían a instancias de los funcionarios de salud pública y de los directores de instituciones como clínicas, residencias, asilos, escuelas especiales y similares ―para quienes la esterilización de sus pacientes resultaba atractiva porque después de practicarla se les podía dar de alta, lo que suponía una considerable reducción del gasto de las instituciones que regían―. Además, los médicos fueron obligados a registrar todos los casos de enfermedades hereditarias que trataran y tuvieron que seguir unos cursos para reconocer la «degeneración» hereditaria, observando, por ejemplo, la forma de los lóbulos de las orejas de los pacientes, la media luna de sus uñas o la forma de caminar. Las Universidades elaboraron «exámenes prácticos de inteligencia» con preguntas como «¿Por qué son las casas más altas en la ciudad que en el campo?».

La aplicación de la ley thumb|Fotografía propagandística de una mujer "aria" con sus tres hijos en la que se ensalza el ideal racial nazi de la mujer y de su papel en la "comunidad nacional". Las mujeres que estaban lejos de este modelo eran candidatas a ser esterilizadas como una medida de "higiene racial".