El sexo anal es una práctica sexual que consiste en la estimulación o la introducción del pene en el ano o el recto de la pareja para obtener placer sexual. Otras formas de sexo anal incluyen el fingering anal, el uso de un juguete sexual (en el caso de la masturbación anal), el anilingus, el pegging, así como otras prácticas como la electroestimulación erótica y la tortura erótica (p. ej., el figging). Otros términos sinónimos son «sodomía», «coito anal» y «pedicación». Si bien el término sexo anal significa más comúnmente la penetración anal con el pene, algunas fuentes académicas usan el término coito anal para referirse de manera exclusiva a la penetración penil del ano, y sexo anal para referirse a cualquier forma de actividad sexual anal, especialmente con una pareja, en oposición a la masturbación anal. En un enfoque ampliado la sexualidad anal abarca diversas formas de estimulación, desde la masturbación anal con los dedos al sexo oral-anal, conocido también como anilingus. Además de en los seres humanos, se conoce la existencia de esta práctica entre primates y otros mamíferos.
Muchas personas encuentran placentero el sexo anal, y algunas pueden alcanzar el orgasmo mediante la estimulación a través del ano, del punto G y del clítoris en las mujeres, así como mediante la estimulación de la próstata en el caso de los hombres.See page 3 for women preferring anal to vaginal, and page 15 for reaching orgasm through indirect stimulation of the G-Spot. Sin embargo, algunas personas pueden considerarlo doloroso, lo que en algunos casos puede ser de origen psicosomático. Es posible también que una mujer penetre analmente a un hombre o a otra mujer por medio de una prótesis, que comúnmente va sujeta a su pubis por medio de un arnés. Esta variante del sexo anal recibe el nombre de pegging. En un enfoque ampliado la sexualidad anal abarca diversas formas de estimulación, desde la masturbación anal con los dedos al sexo oral-anal, conocido también como anilingus.
Anatomía y estimulación miniaturadeimagen|Anatomía genital masculina, que muestra la ubicación de la próstata con respecto al recto La abundancia de terminaciones nerviosas en la región anal y el recto puede hacer que el sexo anal sea placentero para hombres y mujeres. Los músculos del esfínter interno y externo controlan la apertura y el cierre del ano; estos músculos, que son membranas sensibles formadas por muchas terminaciones nerviosas, facilitan el placer o el dolor durante el sexo anal. Se piensa que el tercio interno del canal anal es menos sensible al tacto que los dos tercios externos, pero es más sensible a la presión y que el recto es un tubo curvo de aproximadamente 20 a 23 cm de largo y tiene la capacidad, como el ano, de expandirse.
Las investigaciones indican que el sexo anal se produce con menos frecuencia que otras actividades sexuales, pero su asociación con la dominación y la sumisión, así como con el tabú, lo convierte en un estímulo atractivo para personas de todas las orientaciones sexuales. Además de la penetración sexual con el pene, las personas pueden usar juguetes sexuales tales como consoladores, tapones anales o cuentas anales, practicar fingering anal, anilingus, pegging, masturbación anal, figging o fisting para la actividad sexual anal, y también se pueden incluir diferentes posiciones sexuales. El fisting es de todas la actividad menos practicada, en gran parte porque es muy poco común que las personas puedan relajarse lo suficiente como para acomodar un objeto tan grande como un puño que se inserta en el ano.
En una pareja masculina pasiva, ser penetrado analmente puede producir una sensación placentera debido a que el objeto de inserción frota o roza la próstata a través de la pared anal. Esto puede resultar en sensaciones placenteras y puede conducir a un orgasmo en algunos casos. La estimulación de la próstata puede producir un orgasmo más profundo, a veces descrito por los hombres como más extendido e intenso, más duradero y que permite mayores sensaciones de éxtasis que el orgasmo provocado únicamente por la estimulación del pene. La próstata está ubicada junto al recto y es el homólogo (variante) masculino más grande y más desarrollado de las glándulas de Skene femeninas. Por otra parte, es típico que un hombre no alcance el orgasmo como pareja receptiva únicamente con el sexo anal.
Estadísticas generales indican que entre el 70 y el 80 % de las mujeres requieren estimulación directa del clítoris para alcanzar el orgasmo. Las paredes vaginales contienen significativamente menos terminaciones nerviosas que el clítoris (que tiene muchas terminaciones nerviosas destinadas específicamente al orgasmo) y, por lo tanto, es menos probable que se produzca un placer sexual intenso, incluido el orgasmo, a partir de la estimulación sexual vaginal que a partir de la estimulación directa del clítoris en la mayoría de las mujeres. El clítoris, sin embargo está compuesto por más que el glande (cabeza) visible externamente. La vagina, por ejemplo, está flanqueada a cada lado por el crura del clítoris, las «patas» internas del clítoris, que son muy sensibles y se llenan de sangre cuando hay excitación sexual. La estimulación indirecta del clítoris a través de la penetración anal puede ser causada por los nervios sensoriales compartidos, especialmente el nervio pudendo, que emite los nervios anales inferiores y se divide en el nervio perineal y el nervio dorsal del clítoris. Aunque el ano tiene muchas terminaciones nerviosas, su propósito no es específicamente inducir el orgasmo, por lo que es raro que una mujer logre el orgasmo únicamente mediante la estimulación anal. La estimulación del sexo anal puede además verse afectada por percepciones populares o representaciones de la práctica, tales como en el material erótico o la pornografía. En la pornografía, el sexo anal se representa comúnmente como una rutina deseable e indolora que no requiere lubricantes íntimos, lo que puede dar lugar a que las parejas practiquen sexo anal sin cuidado, y a que hombres y mujeres crean que es inusual que las mujeres, como parejas receptivas, sientan incomodidad o dolor en lugar de placer en la actividad. Por el contrario, los músculos del esfínter de cada persona reaccionan a la penetración de manera diferente, y los esfínteres anales tienen tejidos que son más propensos a desgarrarse, además de que el ano y el recto no proporcionan lubricación para la penetración sexual como lo hace la vagina. Investigadores afirman que la aplicación adecuada de un lubricante íntimo, la relajación y la comunicación entre las parejas sexuales son cruciales para evitar dolor o daño en el ano o el recto. Además, es importante que los participantes se aseguren de que el área anal esté limpia y el intestino esté vacío, tanto por razones estéticas como prácticas.
Prevalencia en el ser humano miniatura|derecha|Pintura del de Adriano y Antínoo, por Édouard-Henri Avril. El sexo anal forma parte de las prácticas sexuales en parejas homosexuales y heterosexuales. Aproximadamente el 40 % de las parejas heterosexuales han tenido sexo anal al menos una vez y, según unos u otros estudios, entre el 10 y el 20 % de las parejas lo practican con frecuencia. En Chile, según un estudio del Ministerio de Salud del año 2000, lo practicaban el 20 % de las mujeres y el 24 % de los hombres, y era la práctica más común tras el sexo vaginal y el oral.
Aunque el sexo anal comúnmente se ha asociado con la homosexualidad masculina, no todos los hombres homosexuales tienen sexo anal. Investigaciones muestran que otro tipo de actividades sexuales son más frecuentes en hombres homosexuales, como el sexo oral, la masturbación mutua, y frotar un pene con otro, actividad sexual conocida como frot.https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/j.1743-6109.2011.02438.x En parejas heterosexuales, el sexo anal no es raro, y de hecho se está convirtiendo en algo cada vez más común. Algunos tipos de sexo anal también pueden ser parte de las prácticas sexuales entre lesbianas.
Perspectivas históricas y culturales thumb|Vaso griego del 510 a. C.|izquierda En la cultura popular contemporánea la expresión «griego» se asocia al sexo anal, aunque en la Antigua Grecia las fuentes literarias y artísticas muestran que la práctica más habitual en relaciones homoeróticas era el sexo intercrural (entre los muslos).
La penetración anal aparece rara vez y el rol pasivo estaba socialmente estigmatizado, como evidencia el discurso Contra Timarco de Esquines. La asociación moderna entre el sexo anal y lo «griego» surgió sobre todo a partir de los siglos y , como un eufemismo cultural más que como reflejo histórico.
En la Antigua Roma existía el término poedicare para designar el sexo anal. Esta práctica estaba socialmente estigmatizada si se realizaba entre ciudadanos libres, especialmente en el rol pasivo, que implicaba una pérdida de estatus y se asociaba a la infamia.
Sin embargo, no existía impedimento legal ni moral si un ciudadano romano la practicaba con esclavos, esclavas o prostitutas, donde se consideraba parte del ejercicio de su poder. Diversos autores latinos, como Horacio, Marcial o Juvenal, hacen referencia a esta situación en sátiras y poemas eróticos o burlescos.
thumb|Hombre y joven (1750), obra de Suzuki Harunobu. Se encuentra en el museo Victoria and Albert (Londres).
El sexo anal ha sido considerado tabú en muchos países occidentales desde la Edad Media, cuando se rumoreaba que miembros varones de movimientos heréticos lo practicaban entre ellos.
Durante la Edad Media, la mayoría de los clérigos cristianos no eran del todo célibes, pero las órdenes más elevadas de algunos credos heréticos sí, lo que generaba el rumor de su atracción hacia miembros de su mismo sexo. Algunos retablos y drolleries medievales en madera retratan a personas realizando anilinguo con un demonio mitad cabra, mitad hombre.
A menudo se expresan opiniones polémicas respecto al sexo anal. Es controversial en varias culturas, a menudo debido a prohibiciones religiosas contra el sexo anal entre hombres o a doctrinas sobre el propósito procreador de la actividad sexual. Puede ser considerado tabú o no natural, y en algunos países es considerado un delito, punible con el castigo corporal o incluso capital. En contraste, el sexo anal puede también considerarse una forma natural y válida de actividad sexual tan satisfactoria como otras expresiones sexuales deseadas, y puede constituir un elemento de mejora o incluso un elemento primario de la vida sexual de una persona.
Esta práctica ha sido condenada en los últimos dos mil años por la mayoría de las religiones: tanto por ser infértil (es una de las prácticas naturales más típicas para el control de la natalidad, en cuanto coito sustitutivo del vaginal), como por conllevar serios riesgos higiénicos. Aún en 2007 la pedicación se considera delito en ciertos estados de Estados Unidos de América, incluso dentro de matrimonios legalmente constituidos. En literatura Además del marqués de Sade, ha habido muchos autores como Bocaccio, Chaucer, Petronio o Rabelais que han descrito este tipo de prácticas sexuales en sus obras. Entre los autores del que han introducido escenas de sexo anal en sus escritos, se encuentran Guillaume Apollinaire y Pierre Louys. En el idioma español, la obra Eso no de Marcelo Birmajer es una colección de relatos centrados todos en el sexo anal, fundamentalmente de orientación heterosexual.
En el cine
Antes de 1968: censura y tabú Durante la vigencia del Código Hays (1930-1968) el cine comercial de Hollywood restringió de forma severa la representación explícita de la sexualidad, por lo que escenas de penetración —y, por extensión, del sexo anal— eran incompatibles con la normativa vigente.
Años 60: relajación de censura y polémicas