Manuel Francisco Álvarez de la Peña (Salamanca, 29 de enero de 1721-Madrid, 18 de marzo de 1797), llamado El Griego, fue un escultor español, miembro de la primera generación de escultores que se formaron en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fruto del periodo ilustrado español.

Biografía Hijo de Francisco Álvarez, maestro de obras, que ocupó los cargos de cañero del ayuntamiento salmantino y obrero menor de la catedral,Cruz Yábar (2011), p. 20. y de Teresa Pascua, hija de un alfarero, fue bautizado en la parroquia de Santo Tomás Cantuariense el 5 de febrero de 1721. En la partida de bautismo se hacía constar que el nacimiento había tenido lugar el 29 de enero anterior.Cruz Yábar (2011), pp. 17-18. Manuel Álvarez se esforzó en ocultar su verdadera edad y sus orígenes humildes, cambiando, por ejemplo, el apellido materno, pues los abuelos paternos no eran conocidos, por ser el padre «hijo de la iglesia», lo que suponía no poder acreditar la limpieza de sangre exigida para el ejercicio de determinados oficios en la Corte. Comenzó sus estudios en Salamanca en el taller de Simón Gavilán Tomé, con quien tuvo sus principios en dibujo y modelado en barro entre 1735 y 1737, pasando luego a estudiar con Alejandro Carnicero al marchar Gavilán a León. En 1743 Carnicero entabló un pleito contra Álvarez y su padre por incumplimiento del contrato de aprendizaje, acusándolo de abandono del taller para colocarse como oficial con el tallista Luis González. En el reproche de acusaciones cruzado entre ambos, Álvarez afirmó que Carnicero le ocupaba en tareas mecánicas como el acabado de figuras o la talla de ángeles y querubines, de valor para él pero de escaso fruto para un aprendiz, en tanto le escatimaba el tiempo dedicado al dibujo y a aprender el rebaje y otras técnicas verdaderamente necesarias para llegar a hacer esculturas de cuerpo entero y del natural, a lo que en su defensa replicó Carnicero presentando algunos dibujos hechos en su casa por Álvarez, para demostrar sus progresos.Cruz Yábar (2011), pp. 145-146, cat. 1-3: Dos luchadores, Hércules Farnesio y Venus y Adonis dibujos conservados en el archivo de la Real Chancillería de Valladolid, pleitos civiles. Pero, además, la eficacia de sus enseñanzas se demostraba por el hecho de que, antes de cumplir los plazos del contrato, el discípulo se encontraba en condiciones de trabajar como oficial y cobrar por ello, haciendo tareas aún menos útiles para un aprendiz. La sentencia, confirmada por la Chancillería de Valladolid el 15 de diciembre de 1744, condenaba al padre a restituir a su hijo al taller de Carnicero o a indemnizarle con 100 ducados, aproximadamente el salario de un año para un oficial.Cruz Yábar (2011), pp. 27-30.

No hay datos que permitan afirmar que se restituyó al taller de Carnicero para completar el año de aprendizaje que por contrato le restaba, pero se tiene constancia de que continuó residiendo en Salamanca al menos hasta mediados de 1748. En ese tiempo, ya como maestro independiente, labró en piedra tres medias figuras de los fundadores del convento de agustinos calzados, lo que hubo de aprender con Luis González, pues Carnicero se ocupaba exclusivamente de la madera.Cruz Yábar (2011), p. 32.

Mediado 1748 se trasladó a Madrid para trabajar como oficial de Felipe de Castro, escultor de cámara del rey, que lo ocupó en la ejecución de las estatuas en piedra de la serie de los reyes de España para la balaustrada del Palacio Nuevo, que tenía confiadas junto a Giandomenico Olivieri. Un año más tarde y probablemente por recomendación del propio Castro comenzó a asistir a las aulas de la Academia de San Fernando para practicar el dibujo con modelo vivo.Cruz Yábar (2011), p. 40. Cuando comenzó a trabajar con Castro, por tanto, Álvarez era un escultor ya formado, que dominaba la técnica de la escultura en piedra y madera tras haberla practicado varios años. En abril de 1750, de hecho, estaba ya en condiciones de recibir el primer encargo importante como escultor independiente, la estatua de Witerico para la citada serie que le correspondió en el reparto de la segunda balaustrada, a la que en octubre se agregó la de Egica.Cruz Yábar (2011), p. 39. Pero la orientación clasicista que caracterizará su trabajo se explica únicamente por la influencia de Castro, formado en Roma, en cuyo taller tuvo además ocasión de ver los modelos y estampas traídos de Italia por el gallego.Cruz Yábar (2011), p. 37.

Según escribe Ceán Bermúdez, «la Academia de San Fernando, teniéndole por uno de sus más adelantados discípulos, le nombró para modelar a vista de todo el concurso en la primera junta de abertura que celebró el día 13 de junio de 1752. Ganó el segundo premio de la primera clase al año siguiente, en que el nuevo instituto celebró la primera distribución, y en el de 1754 el primero y una pensión para seguir los estudios en Roma, la que no pudo disfrutar por su quebrantada salud [...] La misma Academia, que no perdía de vista sus rápidos progresos, le confirió el título de académico de mérito el día 22 de marzo de 1757, y la plaza de teniente director el 12 de septiembre de 1762».

En esa solemne sesión de apertura de la Academia mencionada por Ceán, tras varios años de existencia como junta preparatoria, Álvarez —junto con José López— fue en efecto seleccionado para modelar en tablilla de barro el Mercurio de Giambologna colocado en el centro de la sala, en tanto tres alumnos de la clase de pintura, entre ellos Isidro Carnicero, lo dibujaban en presencia del público.Cruz Yábar (2011), pp. 40-41. En 1753, en el primer concurso convocado por la Academia para estimular a quienes seguían sus enseñanzas, pero abierto también a artistas ajenos a la Academia, ganó la segunda medalla de oro de primera clase de escultura, tras Pedro Michel, hermano de Roberto Michel. El asunto propuesto para la prueba de pensado (en la que los aspirantes disponían de seis meses) era El desembarco de Colón en la Indias, cuando fijó la cruz. Para la prueba de repente (que debían realizar completa en una tarde, en aula cerrada), Augusto, Marco Antonio y Lépido repartiéndose el Imperio romano. Se conserva en la Academia únicamente el primer ejercicio de Álvarez.Desembarco de Colón en las Indias, en la isla de Salvador, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Colecciones. Para el concurso de 1754 la convocatoria fijaba como tema de la prueba de pensado para la primera clase de escultura El rey Wamba rehúsa la corona, que postrados a sus pies le ofrecen los prelados y grandes, hasta que, amenazándole uno de estos con la espada desnuda, le precisa a admitirla. En la prueba de repente, Escipión, acompañado de dos soldados, admirado a la vista de la hoguera en que se abrasaron los levantinos. Solo se presentaron al primer ejercicio, con Álvarez, Carlos Salas y el mismo José López seleccionado para participar en la sesión de apertura de la Academia, que a sus cuarenta y dos años ya no asistía a las clases, y el valenciano Hipólito Rovira, de sesenta y dos años años, alzándose Álvarez con el triunfo por unanimidad. También en este caso es únicamente el primero de sus ejercicios el que se conserva y en él se aprecia un importante progreso respecto del presentado el año anterior en cuanto al estudio y composición de sus figuras.Cruz Yábar (2011), p. 53. A la pensión para proseguir sus estudios en Roma, tras aplazar varias veces su marcha, acabó renunciando en junio de 1758, alegando motivos de salud, y pasó a Isidro Carnicero, que había ganado por aclamación el concurso de ese año: Cruz Yábar, pp. 61-62.Wamba renuncia a la corona, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Colecciones.

En los años inmediatos, sin dejar de asistir al menos ocasionalmente al taller de Castro como oficial o colaborador y a las sesiones nocturnas de dibujo en la Academia, realizó el San Ignacio de Loyola para los jesuitas de Cuenca y trabajó en los adornos de la cúpula de la capilla del Palacio Real, además de proseguir con el encargo del medallón del Consejo de Guerra que se le había confiado en 1753 dentro de una serie de relieves dedicados a los consejos con destino al mismo palacio. Con ese bagaje, el 22 de marzo de 1757, sintiéndose suficientemente capacitado, solicitó el nombramiento de académico de mérito. Junto a la carta de presentación, en la que detallaba sus méritos, presentó los modelos de los trabajos hechos para el palacio nuevo (medallón del Consejo de Guerra y estatuas de Witerico y Egica), además de una Virgen del Carmen no conservada, por los que fue recibido como académico por unanimidad.Cruz Yábar (2011), pp. 57-59. En septiembre de 1759 fue designado junto con Francisco Gutiérrez y Pedro Michel profesor ayudante o supernumerario para ayudar en las clases de Principios a los teniente directores, desbordados por la afluencia de alumnos, lo que, aun sin sueldo, conllevaba algunos privilegios, como el derecho a voto en los concursos anales.Cruz Yábar (2011), pp. 64 y 67. Tres años más tarde, a la muerte de Olivieri, Juan Pascual de Mena pasó a ocupar el puesto de director de escultura que dejaba vacante y Álvarez fue promovido a la que dejaba Mena de teniente director de escultura, ahora ya con sueldo.Cruz Yábar (2011), p. 68. Por esta vez ejerció poco tiempo la docencia en la institución pues solo unos meses después marchó a Zaragoza para trabajar en la capilla del Pilar llamado por Ventura Rodríguez para realizar tres relieves de la vida de la Virgen en mármol y ocho bultos redondos en estuco (santos y ángeles).Cruz Yábar (2011), p. 71.

De regreso en Madrid se reincorporó a su puesto en la Academia y se casó con Juana Manuela Vidal, con quien tuvo un hijo y falleció de sobreparto apenas cumplido el año de matrimonio, en junio de 1774.Cruz Yábar (2011), p. 74. No tardó en contraer segundas nupcias con Josefa Carrera, que aportaba al matrimonio una dote muy modesta. miniatura|Imposición de la casulla a san Ildefonso, relieve en mármol de Carrara, 250 x 165 cm, aproximadamente. Toledo, capilla de San Ildefonso de la catedral de Toledo. Atendiendo a una solicitud presentada a la Academia por el abad del monasterio benedictino de Sobrado de los Monjes en Galicia, descontento con la labor que en la renovación del retablo mayor estaban realizando los tallistas contratados al efecto, en mayo de 1770 viajó a Sobrado con una licencia de cinco meses dada por la Academia, que, sin embargo, había propuesto a Juan Pascual de Mena para la tarea y no dejó de manifestar su descontento con la actitud del abad. Álvarez se alojó en el monasterio con su familia y un oficial y trabajó espléndidamente pagado con los escultores gallegos José Gambino y José Ferreiro, que llevaban muy adelantada la escultura, corrigiéndoles algo de lo hecho y dejándoles al partir la terminación de los adornos que había comenzado.Cruz Yábar (2011), pp. 85-87. Desmantelado y en gran parte desaparecido, lo que queda del retablo no permite apreciar intervención de Álvarez y parece exagerado afirmar, como se ha hecho, que con él se introdujo en Galicia la estética neoclásica, aunque tal hubiera sido el deseo de la Academia.Cruz Yábar (2015), p. 53.