thumb|Colgante de oro que representa a un chamán, proveniente de la zona del Pacífico Sur de Costa Rica, de la cultura de Diquís, 700-1350. Museo del Oro Precolombino, San José. thumb|La vasija de nardo, 500 - 1350, Costa Rica. La historia prehispánica del actual territorio de Costa Rica abarca desde el establecimiento de los primeros pobladores dimanados de Asia (estrecho de Bering), hasta el arribo de los españoles a América, con la consiguiente implantación paulatina de su cultura.

Hay evidencias arqueológicas que permiten ubicar la llegada de los primeros seres humanos al territorio de la actual Costa Rica entre el y el . Durante el ya existían pequeñas comunidades agrícolas sedentarias.

Entre el y el muchas comunidades pasaron de la organización tribal o gentilicia, basada en relaciones de parentesco, escasamente jerarquizada y de producción autosubsistencial, a una organización jerarquizada, con caciques, líderes religiosos o chamanes, artesanos especialistas, etc. Esta organización social surgió por la necesidad de organizar la producción y el intercambio y dirigir las relaciones con otras comunidades, así como las actividades ofensivas y defensivas. Estos grupos establecieron divisiones territoriales más amplias para producir más alimentos y controlar las fuentes de materias primas.

A partir del ciertas aldeas crecieron en tamaño dando lugar a la época de los cacicazgos tardíos, que se prolongaría hasta el , con mayor jerarquización social y construcción de grandes obras de infraestructura.

Historia antigua Primeros pobladores

Según las opiniones mejor fundamentadas, durante la concentración de hielo en los continentes hizo descender el nivel de los océanos en unos 120 metros, por lo que grupos de cazadores del noreste del Asia se desplazaron hacia el este en pos de las manadas de animales, y en diversas oleadas recorrieron y se asentaron en América del Norte. A lo largo de varios milenios y de sucesivas generaciones, los descendientes de esos cazadores se distribuyeron por todo el continente americano y las islas vecinas.

Las evidencias arqueológicas permiten ubicar el asentamiento de los primeros seres humanos en el actual territorio de Costa Rica entre el 12.000 y el 8.000 a. C.. En sitios del valle de Turrialba se han hallado áreas de cantera y taller donde se fabricaban herramientas, tales como bifaces. Se cree que esos primeros pobladores de Costa Rica pertenecían a pequeños grupos nómadas de unos 20 a 30 miembros, ligados por parentesco, que se desplazaban continuamente para recolectar raíces, plantas silvestres y cazar animales. Además de las especies que hoy siguen existiendo, entre sus presas habituales se hallaban animales de la llamada megafauna, tales como armadillos y perezosos gigantes, mastodontes, etc.

Período mesolítico Alrededor del 8000 a. C. se produjeron cambios climáticos que significaron el fin de las glaciaciones. El aumento en la temperatura provocó cambios sustanciales en la vegetación y se produjo la extinción de la megafauna, ya fuese por la desaparición de las plantas que consumía, por la depredación excesiva de los cazadores o por una combinación de ambos fenómenos. Los cazadores-recolectores tuvieron que desarrollar estrategias para adaptarse a las nuevas condiciones, aunque continuaron con la caza de las especies menores, tales como venados, dantas, saínos, etc. La riqueza de la vegetación tropical tenía la ventaja, además, de permitirles subsistir en diferentes épocas del año.

Se cree que los grupos humanos seguían siendo pequeños, de unos 30 a 100 miembros, organizados en bandas nómadas o seminómadas dedicadas a la recolección y a la caza. Sin embargo, el conocimiento sobre el ambiente local pudo llevarlos a recorrer reiteradamente ciertas zonas dependiendo de la época de maduración de frutos, la producción de algunas plantas silvestres que ya les eran familiares (y que más tarde serían la base de la producción agrícola) o la disponibilidad de otros recursos. En tales recorridos se podían utilizar salientes rocosos como albergues temporales, o establecer campamentos a cielo abierto con tapavientos u otras construcciones temporales.

Se han encontrado talleres, fogones y algunas otras fragmentarias evidencias de la vida de estos grupos en el valle de Turrialba y en diversos parajes del Guanacaste. En esta época continuaba la manufactura de instrumentos especializados para diversas actividades, y algunos artefactos como raspadores, cuchillos y puntas de lanza presentan diferencias de forma y de tamaño con respecto a las de los cazadores de megafauna.

Período neolítico Aparentemente hacia el 5000 a. C. surgió una incipiente agricultura de tubérculos y maíz, así como el mantenimiento de árboles frutales y palmas. El desarrollo de la agricultura, surgida a partir del conocimiento de la naturaleza y de los ciclos vitales de algunas plantas y de la progresiva domesticación de éstas, fue un fenómeno lento, que duró miles de años y que coexistió con las actividades tradicionales de cacería y recolección, pero que produjo cierta sedentarización. Para asegurar la subsistencia de los grupos debieron existir formas de trabajo y propiedad colectivas y relaciones igualitarias.

Entre el 2000 a. C. y el 300 a. C., algunas comunidades de agricultores tempranos pasaron a convertirse en sociedades igualitarias. El desarrollo agrícola propició cambios en las relaciones entre los grupos humanos y la naturaleza, y también permitió alimentar a mucho más personas. Además, la dependencia cada vez mayor de la agricultura obligó a los grupos humanos al establecimiento permanente alrededor de los campos de cultivo, por lo que aparecieron aldeas estables, que en un inicio debieron estar formadas por chozas levantadas en claros abiertos en el bosque. El sistema agrícola que más probablemente se empleó fue el de roza y quema: el bosque se cortó con hachas de piedra y cuñas y después se quemó para prepararlo para los cultivos. Las prácticas agrícolas incluyeron la vegecultura, la semicultura o una combinación de ambas.

La vegecultura (multiplicación de las plantas por estacas) se realizaba mediante el cultivo de tubérculos (yuca, ñame, camote) y el aprovechamiento de palmas y diversos árboles (aguacate, nance, etc.), que se combinaba con la caza y la pesca. Esta actividad era muy estable, ya que demandaba pocos nutrientes en los suelos, provocaba escasa erosión y podía desarrollarse en zonas quebradas. Por tales características, las sociedades que se circunscribían a la vegecultura cambiaban muy lentamente.

Al contrario de la vegecultura, la semicultura o cultivo de plantas a partir de semillas alteraba más el entorno, porque requería más nutrientes y causaba mayor erosión de los suelos. En compensación, era un sistema de mayor rendimiento, sus productos eran más fáciles de almacenar y permitía disponer de los excedentes en épocas en que no se cosechaba, dando lugar a sociedades mayores en las que había diversificación de funciones. La principal actividad de semicultura fue la producción de maíz, con cultivos asociados de frijoles y ayotes.

Para la época correspondiente al II milenio a. C. ya existían en Costa Rica pequeñas y dispersas aldeas, comunidades agrícolas sedentarias que contaban con recipientes y utensilios de cerámica y herramientas de madera, hueso y piedra para las labores agrícolas y la preparación de alimentos. Los restos más antiguos de estas primeras comunidades agrícolas aldeanas (2000-500 a. C.) han sido hallados en la provincia de Guanacaste. Algo más recientes (1500-300 a. C.), son los descubiertos en el valle de Turrialba, la zona costera de Gandoca, algunos lugares de las llanuras del Norte, la cuenca del río Sarapiquí, Barva, el valle de Herradura, la cuenca del río Grande de Térraba, la cuenca del río Coto Colorado y la isla del Caño.

Evolución social Sociedades igualitarias

thumb|300px|Reconstrucción que representa una ciudad precolombina costarricense, correspondiente a la cultura del Díquis, en el Pacífico sur de Costa Rica. Nótese las esferas de piedra, que en la actualidad son símbolos de identidad nacional. Museo del Oro Precolombino, San José de Costa Rica.

En un principio, la organización social de estos grupos debió ser de tipo tribal o gentilicio, con relaciones igualitarias entre los individuos y organizaciones en clanes o grupos cuyos miembros eran o se consideraban descendientes de antepasados comunes. Tal vínculo habría servido de cimiento a las relaciones económicas y políticas; el liderazgo habría sido informal y la propiedad de bienes colectiva. Sin embargo, la agricultura, el sedentarismo y el aumento demográfico debieron generar la formación de sectores superiores en la sociedad y la aparición de líderes que se encargasen de la adecuada organización de la producción y la distribución de los alimentos, dirimir disputas, etc. Personajes como el chamán, especie de sacerdote, médico y hechicero, habrían organizado la vida religiosa y espiritual.

Cacicazgos La dependencia de la agricultura conllevó la necesidad de tener un control territorial eficiente, para asegurarse buenas tierras de cultivo y el mejoramiento de las técnicas productivas. El agotamiento de los suelos y la consecuente necesidad de rotar los cultivos, así como el continuo aumento de la población, hicieron también indispensable aumentar el ámbito geográfico de dominio territorial del grupo respectivo. Esto, casi inevitablemente, llevó al surgimiento de conflictos armados con otros grupos.

Entre el 300 a. C. y el 300 d. C. muchas comunidades aldeano-igualitarias de Costa Rica pasaron de la organización tribal o gentilicia, basada en relaciones de parentesco, escasamente jerarquizada y de producción autosubsistencial, a una organización aldeano-cacical, con caciques y señores, líderes religiosos o chamanes, artesanos especialistas, poder hereditario, etc. Los cacicazgos deben haber surgido por la necesidad de organizar la producción y el intercambio y dirigir las relaciones con otras comunidades y las actividades ofensivas y defensivas.

Los grupos cacicales por lo general establecieron divisiones territoriales más marcadas que las comunidades tribales y procuraron aumentar su ámbito geográfico de dominio para producir más alimentos y controlar las fuentes de materias primas (bosques, canteras, etc.). Estos grupos también desarrollaron redes de intercambio de productos con otras comunidades y regiones.

Algunas aldeas crecieron y se convirtieron en centros de poder económico, político y religioso. Algunos estudiosos denominan cacicazgos complejos a estas nuevas formas de organización. La aparición de este tipo de cacicazgos también se manifestó en la jerarquización de los asentamientos, con aldeas principales y poblados secundarios. Aproximadamente partir del 300 a. C. empezaron a surgir algunas aldeas grandes, con obras de infraestructura de cierta importancia (basamentos, calzadas, montículos funerarios), que indican cierta centralización de la autoridad y capacidad de los dirigentes para movilizar a las comunidades en las tareas de construcción. Los vínculos de subordinación entre las aldeas pudieron favorecer el surgimiento de un cacique principal en la aldea dominante y de caciques secundarios en las subordinadas. Entre los principales testimonios arqueológicos de esta época cabe mencionar diversos sitios habitacionales en la península de Nicoya, las estructuras habitacionales de los sitios Severo Ledesma y Las Mercedes, en la vertiente atlántica, y algunos restos de asentamientos en el valle del General y las cuencas de los ríos Coto Brus, Coto Colorado y Grande de Térraba.