La batalla de Mbororé, ocurrida el 11 de marzo de 1641, fue un enfrentamiento entre los guaraníes que habitaban las Misiones Jesuíticas y los bandeirantes, exploradores y aventureros portugueses cuyo centro de acción estaba en San Pablo. El lugar de la batalla se halla hacia las coordenadas en las cercanías del cerro Mbororé, hoy municipio de Panambí en la Provincia de Misiones, Argentina. La batallá terminó con la victoria guaraní. Se produjo en el inicio de la guerra de Restauración portuguesa, aunque no se supiera todavía en la colónia brasileña de los succesos de la aclamación de Juan I como rey independiente, ocurrida en Lisboa el 1er diciembre 1640.
Antecedentes históricos
Necesidad de esclavos e inicio de las bandeiras
A comienzos del los holandeses llegaron a las costas del actual Brasil con la firme intención de instalarse y de ocupar posesiones en ellas. Para ello, y mediante actos de piratería lograron controlar la navegación sobre la costa del océano Atlántico, perturbando seriamente el tráfico de esclavos. Esto significó un duro golpe económico para el Imperio portugués que necesitaba de la mano de obra esclava para continuar con el desarrollo productivo azucarero y ganadero que predominaba sobre el litoral atlántico brasileño. Fue entonces cuando los indígenas cayeron en la mira de los hacendados y fazendeiros portugueses como potenciales esclavos. Además, debido a las escasas cantidades de plata, oro y piedras preciosas encontradas en la región de Piratininga, los grupos de exploradores comenzaron avanzar hacia el desconocido interior del Brasil.
Estos grupos de exploración y caza de esclavos, denominados bandeiras, estaban organizados y dirigidos como una empresa comercial por los sectores dirigentes de San Pablo, y sus filas se integraban con mamelucos (mestizos de portugueses e indígenas), aborígenes tupíes y aventureros extranjeros (sobre todo holandeses) que llegaban a las costas del Brasil a probar fortuna. Contaban, también, con la complicidad de la sociedad de funcionarios coloniales españoles y encomenderos del Paraguay.
En su avance hacia el occidente, los bandeirantes cruzaron el nunca precisado límite del Tratado de Tordesillas, que perdió su sentido durante el período en el que Portugal formó una unión dinástica aeque principaliterJohn Huxtable Elliott (2002). España en Europa: Estudios de historia comparada: escritos seleccionados. Valencia: Universitat de València, pp. 79-80. ISBN 978-8-43705-493-3. con la Corona de Castilla, penetrando repetidas veces con sus incursiones en territorios del virreinato de Perú. Indirectamente, los bandeirantes paulistas se convirtieron en la vanguardia de la expansión territorial portuguesa, lo que se consolidó al recuperar Portugal su independencia.
Primeros ataques a las Misiones Jesuíticas
Por una Real Cédula de 1608 se ordenó al gobernador de Asunción del Paraguay, Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias) que los jesuitas se dirigieran a las regiones del río Paraná, del Guayrá y a las áreas habitadas por los guaycurúes. Su misión era la de fundar pueblos y evangelizar a los indígenas que habitaban dichas regiones. Posteriormente se añadirían los pueblos de Itatín (al norte de Asunción) y del Tapé (en el actual estado de Río Grande del Sur, Brasil).
Los jesuitas se encontraban en plena labor evangelizadora cuando los bandeirantes comenzaron a llegar a la zona oriental del Guayrá. En un primer momento, éstos respetaron a los indígenas reducidos en pueblos por los jesuitas y no los capturaban. Sin embargo, los guaraníes, concentrados en pueblos y diestros en diversos oficios, representaban una mano de obra especializada altamente competente para los portugueses. Mucho más aún cuando estaban indefensos y desarmados ya que, por decreto real, les estaba vedado el manejo de armas de fuego.
Desde 1620 las incursiones de los bandeiras se hicieron cada vez más agresivas, lo que obligó al abandono o reubicación de algunos pueblos.
Entre los años 1628 y 1631 los jefes bandeirantes Raposo Tavares, Manuel Preto y Antonio Pires con sus huestes, azotaron periódicamente las reducciones del Guayrá, capturando miles de guaraníes que luego fueron subastados en San Pablo. Se calcula que en las incursiones de los años 1628-1629 capturaron a unos 5000 indígenas, de los cuales sólo llegaron a San Pablo unos 1200. La gran mayoría de ellos murió en el traslado debido a los malos tratos propinados por los esclavistas.Donato, 1996: 333. La expedición Manuel Morato por ejemplo incluía 900 brancos y 2200 tupíes y capturó almas según las crónicas de la época (1629).
Hacia el año 1632 se produjo el éxodo masivo hacia el sur de guaraníes reducidos por los jesuitas, dejando la región del Guayrá prácticamente desierta. Se refundaron las reducciones de San Ignacio Miní y Loreto en territorio de la actual Provincia de Misiones.
Los bandeirantes continuaron hacia el occidente, atacando las reducciones del Itatín en el año 1632. Luego siguió el Tapé, invadido durante los años 1636, 1637 y 1638 por sucesivas bandeiras dirigidas por Raposo Tavares, Andrés Fernández y Fernando Dias Pais.Donato, 1996: 333-334. La expedición de 1636 la formaban 160 mamelucos y 1000 tupíes logrando capturar indios.Avellaneda & Quarleri, 2007: 110-111. Tras el abandono de Guayrá, Itatín y Tapé forzó a los jesuitas a reubicar las misiones entre los ríos Paraná y Uruguay. El retroceso de las fronteras septentrionales y orientales de la Gobernación del Paraguay permitió a varias tribus chaqueñas ocupar las tierras abandonadas en la segunda mitad del desde donde atacaron las tierras en manos españolas, llegando a las cercanías de Asunción, forzando el traslado de la mayoría de los campesinos desde las comarcas al norte de la urbe hacia el sur de la misma hasta donde también llegaron sus incursiones, forzando la creación de un nuevo sistema de fuertes defensivos en cuyas cercanías empezaron a establecerse la población rural.
Las Misiones Jesuíticas se protegen
Misión de Montoya frente a la Corona española
En el año 1638 los padres Antonio Ruiz de Montoya y Francisco Díaz Taño viajaron a España con el objetivo de dar cuenta al rey Felipe IV de lo que ocurría en las misiones. Su intención era conseguir que el rey levantara la restricción del manejo de armas por parte de los indígenas.
Las recomendaciones de Ruiz de Montoya fueron aceptadas por el rey y el Consejo de Indias, expidiéndose varias Cédulas Reales, despachándoselas a América para su cumplimiento.
Por una Real Cédula del 12 de mayo de 1640 se permitió que los guaraníes tomaran armas de fuego para su defensa, pero siempre que así lo dispusiera previamente el virrey del Perú. Por este motivo Ruiz de Montoya partió hacia Lima, con la objeto de continuar allí las gestiones referidas a la provisión de armas.
Por su parte, el padre Taño viajó a Roma para informar al papa de la caza de esclavos en las misiones a fin de obtener una protección papal.
El encuentro en Apóstoles de Caazapaguazú
Mientras tanto y ante el peligro inminente de que los bandeirantes cruzaran el río Uruguay, el padre provincial Diego de Boroa, con la anuencia del Gobernador de Asunción y de la Real Audiencia de Charcas, decidió que las tropas misioneras utilizaran armas de fuego y recibieran instrucción militar. Desde Buenos Aires se enviaron once españoles para organizar a las fuerzas de defensa.
A fines de 1638 el padre Diego de Alfaro cruzó el río Uruguay con un buen número de guaraníes armados y adiestrados militarmente con la intención de recuperar indígenas y eventualmente enfrentar a los bandeirantes que merodeaban por la región.
Luego de algunos encuentro esporádicos con las fuerzas paulistas, a las tropas del padre Alfaro se le sumaron 1500 guaraníes que llegaban dirigidos por el padre Romero. Se formó entonces un ejército de 4000 misioneros que avanzó hasta la arrasada reducción de Apóstoles de Caazapaguazú donde los bandeirantes se hallaban atrincherados después de varias derrotas parciales.Donato, 1996: 221. Una bandeira al mando de Pascoal Leite Paes (hermano de Fernão Dias Paes) de 300 blancos y 2000 tupíes es vencida por el cacique Ñeenguirú en octubre de 1839.
El choque armado constituyó la primera victoria decisiva de las huestes guaraníes sobre los paulistas, los cuales luego de rendirse huyeron precipitadamente.
Los paulistas preparan su contraataque
Deshechas las fuerzas bandeirantes luego del encuentro en los campos de Caazapaguazú, éstos regresaron a San Pablo para informar a las autoridades de lo ocurrido.
Coincidentemente, para esa fecha (mediados del año 1640), llegó a Río de Janeiro el padre Taño procedente de Madrid y de Roma. Llevaba en su poder Cédulas Reales y Bulas pontificias que condenaban severamente a las bandeiras y al tráfico de indígenas.
Ambos hechos produjeron una violenta reacción en la Cámara Municipal de San Pablo, la que, de común acuerdo con los fazendados, expulsó de la ciudad a los jesuitas.
Se organizó una enorme bandeira con 300 a holandeses, portugueses y mamelucos armados con fusiles y arcabuces, 130 a 900 canoas y 600 a 6000 tupíes armados con flechas,Hernâni Donato (1996) . Dicionário das batalhas brasileiras. São Paulo: IBRASA, pp. 360. ISBN 8534800340. comandada por Manuel Pires. El objetivo de la expedición era tomar y destruir todo lo que se encontrara en los ríos Uruguay y Paraná, tomando todos los esclavos posibles.
El encuentro en Mbororé
Se anuncia la batalla
A fines de 1640 los jesuitas tuvieron evidencias de una nueva incursión de bandeirantes más numerosa que las anteriores. Para ello se constituyó un ejército de 4200 guaraníesBel Ventura, Jaime (2012). España en América «el blog». Lulu, pp. 261. ISBN 9781471726934. armados con piedras, arcabuces, flechas, alfanjes y rodelas.Avellaneda, Mercedes & Lía Quarleri (2007). "Las milicias guaraníes en el Paraguay y Río de la Plata(1649-1757)". Estudios Ibero-Americanos 33, n.º 1: 109-132 (ver pp. 111). ISSN 0101-4064. Las fuerzas incluían caballería armada con lanzas, pero por condiciones del terreno no era muy efectiva, sirviendo principalmente de apoyo de la infantería y la artillería.Avellaneda, 2007: 126 La artillería se componía de cañones de madera de tacuara forrados en cuero o «bocas de fuego».Avellaneda, 2007: 111, 126 El número de armas de fuego era escaso en comparación del número de combatientes, apenas trescientas.