miniaturadeimagen|Reino de Aragón y Pamplona bajo la Dinastía Jimena. El Testamento de Alfonso I, rey de Aragón y Pamplona es un documento firmado por este monarca en octubre del 1131 durante el Asedio de Bayona. Este documento ha generado siempre mucha expectación siendo calificado como uno de los testamentos regios más asombrosos de la época medieval.
Transcendencia Este testamento es muy conocido entre los historiadores y tuvo una gran transcendencia inusual con repercusiones seculares. Como resultado del mismo, y al no tener descendientes masculinos, el rey Alfonso I de Aragón y Pamplona dispuso donar su legado en todo su reino, entonces el Reino de Aragón y de Pamplona ("Totum regnum meum concedo") a las órdenes militares presentes en su territorio en este momento: templarios, hospitalarios y Santo Sepúlcro.
Este testamento desencadenó un largo y complejo proceso de sucesión que desencadenó una nueva separación de los reinos de Aragón y Pamplona al mismo tiempo que favoreció la unión de la Casa de Barcelona a la Casa de Aragón mediante el matrimonio de Petronila hija de Ramiro II, con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, dando paso al nacimiento de la Corona de Aragón.
La redacción del documento: Bayona Es importante tener presente el momento y lugar de redacción de estas últimas voluntades del monarca durante las poco conocidas maniobras de asedio de la ciudad de Bayona, capital del vizcondado de Labourd. Durante casi todo el año de 1131 se mantiene este singular asedio que ya debió comenzar en el otoño de 1130 (el 26 de octubre se concede el fuero de Tudela a los pobladores de Corella, desde «illo castello de Baiona»).
El documento original (A) no ha subsistido y existe en los Archivos de la Corona de Aragón una copia (B) del sobre un traslado notarial de Ponç, un escribano de Ramón Berenguer IV, aunque omite los testigos suscriptores del documento. Aunque falte el original las copias hechas en fechas próximas diluye la sospecha acerca de su falta de autenticidad siendo considerado veraz.miniaturadeimagen|Alfonso I el Batallador. Liber feudorum maior
La muerte de Alfonso I de Aragón
A principios del año 1133, Alfonso I de Aragón inició el asedio de Fraga (Madina Afraga), conquistando primero la fortaleza de Mequinenza. El valí almorávide de la ciudad, Muhámmad ibn Mardanis, pidió ayuda al emir Alí ibn Yúsuf, que envió al general Zumbayr el-Lantuni, al valí de Valencia (Balansiya) y al valí de Lérida. Atacaron conjuntamente desde dentro y, fuera de la ciudad, las tropas aragonesas tuvieron que levantar el asedio y retirarse. El rey Alfonso I falleció el 7 de septiembre entre Almuniente y Poleñino a causa de las heridas recibidas, mientras los almorávides proseguían su ofensiva y reconquistaban Mequinenza.
Tres días antes de morir, el 4 de septiembre de 1134, estando en Sariñena es ratificado el testamento de Bayona añadiendo el hecho de que su hermano Ramiro es nombrado obispo de Roda exponiendo así su expresa desautorización sobre sus posibles derechos al trono y mostrando un firme propósito de que la Reconquista fuera continuada. Testamento En un principio, el rey hizo varias concesiones en su testamento. Comienza con unas mandas testamentarias sobre varios monasterios y catedrales de su reinoː
Donó Estella a la Catedral de Pamplona. Donó el Monasterio de Leire, Nájera y Tobías para el Monasterio de Santa María de Nájera y el Monasterio de San Millán de la Cogolla. Belardo para el Monasterio de San Salvador de Oña. Almazán para el Monasterio de San Salvador de Oviedo. Calahorra, Cervera de Alhama y Tudején para la catedral de Santiago de Compostela. Sigüenza para el Monasterio de Santo Domingo de Silos. La dote de su madre, Felicia de Roucy, formada por Biel, Bailo, Astorito, Ardanés y Sos para el Monasterio de San Juan de la Peña y el Monasterio de San Pedro de Siresa.
En segundo lugar aborda una cuestión delicada como era el régimen de honores y tenencias que sostenía la administración del territorio gobernado por el rey, estipulando que era su deseo que se mantuviera en su cargo a los tenentes en activo en el momento de su fallecimiento.
Por último nombra herederas a las órdenes militares, dándoles el "dominatum" (dominio de la tierra como señor feudal), el "principatum" (caudillaje militar sobre los hombres) y el "regnum" (la propiedad del reino) a las siguientesː Orden de San Juan de Jerusalén, Orden de los Caballeros Templarios y a la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. El testamento fue nuevamente ratificado el 4 de septiembre del año 1134. centro|miniaturadeimagen|500x500px|Testamento de Alfonso I el Batallador (1131) extractado del Liber feudorum maior fol5 (Archivo de la Corona de Aragón)
El texto
Inconvenientes Uno de los análisis más precisos de los inconvenientes suscitados por este testamento los adelantaba Antonio Ubieto Arteta en 1987:
En contra del derecho aragonés y pamplonés el futuro rey era ajeno a la familia real. El testamento tampoco dejaba definida la persona que «detentaría la "potestas", por lo que no se ajustaba a la norma jurídica aragonesa», un sofisticado sistema regulador de los vínculos del trono con sus gobernados. Las posesiones reales de Aragón, Pamplona, Sobrarbe y Ribagorza eran patrimoniales (logrados por Sancho Ramírez y Pedro I) lo que obligaba a su mantenencia y transmisión dentro de la familia. Por contra, sí tenía aplicación testamentaria, por derecho de conquista del propio rey, las tierras del «regnum Cesaraugustanum».
Por su parte, como ya apuntaba José María Lacarra en 1972, el arraigo de las órdenes militares en el país era débil al mismo tiempo que era complejo la adaptación del sistema de gobierno de cada una de las órdenes al específico del reino heredado. Muchos notables de ambos reinos consideraban que con base en su participación en tales conquistas tenían tantos derechos, o más, que las órdenes militares; así, por ejemplo, García Ramírez, entonces tan sólo señor de Monzón y de Tudela, consideraba su derecho sobre las tierras del reino de Pamplona que pertenecieron a su tío abuelo, Sancho Garcés IV hasta 1076; la ciudad de Jaca reconocía a Ramiro el derecho a heredar de su padre y hermanos.
Consecuencias
Las proclamaciones reales en Aragón y en Pamplona La donación íntegra del reino que hizo Alfonso a las órdenes militares era inasumible tanto para la nobleza aragonesa como para la pamplonesa. En el reino de Aragón, algunos nobles optaron por proclamar rey al obispo Ramiro Sánchez, hermano del difunto Alfonso y, por lo tanto, miembro de la dinastía Jimena, mientras que los nobles pamploneses optaron por proclamar rey a García Ramírez, también descendiente de una rama de la dinastía Jimena.
Entre los nobles pamploneses que apoyaban a este último se encontraba Ladrón Íñiguez, que controlaba los territorios de Álava y Haro. La lealtad de la nobleza pamplonesa era imprescindible, ya que García Ramírez era nieto de Sancho Garcés, a su vez hijo natural del rey de Pamplona, García Sánchez III.
Las aspiraciones de Castilla Por otro lado, Alfonso VII de Castilla, por ser nieto de Alfonso VI de Castilla (primo carnal legítimo del último rey de Pamplona y emparentado con la dinastía Jimena), también reclamó la herencia.
Notas
Referencias
Bibliografía
Categoría:Reyes de España de la dinastía Jimena Categoría:Testamentos y últimas voluntades por persona