miniaturadeimagen| Portada de Imagination de agosto de 1953. El romance planetario,es un subgénero de la ciencia ficción en el que el grueso de la acción consiste en aventuras en uno o más exóticos planetas alienígenas, a menudo primitivos tecnológicamente y caracterizados por distintivos contextos físicos y culturales. El título proviene del idioma inglés (planetary romance), donde la palabra «romance» denota una narrativa heroica, mítica y alegórica y no una novela romántica. Algunos romances planetarios tienen lugar en el contexto de una cultura futura en la que los viajes interplanetarios en naves espaciales son un lugar común. Otros, en particular los ejemplos más tempranos del género, no apelan a esto e invocan en cambio alfombras voladoras, proyección astral u otros métodos para explicar cómo los personajes viajan entre planetas. En cualquier caso, el centro de las historias está en las aventuras en el planeta y no en el modo de viaje.

La enciclopedia de ciencia ficción menciona dos limitaciones en referencia al uso del término romance planetario. En primer lugar, si bien el escenario puede estar localizado en un mundo extraterrestre, la naturaleza de este tiene escasa relevancia para la trama, como es el caso de Un caso de consciencia de James Blish. En segundo lugar, los relatos de ciencia ficción dura están excluidos de esta categoría, en tanto en ellos los planetas alienígenas, si bien son componentes críticos de la trama, constituyen solo un trasfondo para hablar de un esfuerzo principalmente científico, como en Misión de gravedad de Hal Clement, Planetary Romance posiblemente con adornos.

Prototipos y características Como sugiere el nombre del género, el romance planetario es una extensión de las novelas pulp y de aventuras de finales del y principios del a una ambientación planetaria. Las historias de ficción de aventuras popular (romance pulp) de escritores como H. Rider Haggard o Talbot Mundy ubicaban a personajes audaces en ambientes exóticos y «mundos perdidos», tales como regiones inexploradas de América del Sur, África, Oriente Medio o el Lejano Oriente, mientras que variantes paralelas eran ambientadas en lugares históricos o imaginarios de la antigüedad o el medioevo, tendencias que también influyeron en el desarrollo del género fantástico moderno. Sin embargo, a medida que quedaron cada vez menos lugares de la Tierra sin explorar, los escritores se vieron en la necesidad de un nuevo escenario para estas grandes aventuras. Los escritores se dieron cuenta entonces de que podían utilizar exactamente los mismos tropos (esto es, espadas, monstruos, ruinas antiguas o una realeza en aprietos) simplemente moviendo el escenario a otro planeta. En general, se acredita a Edgar Rice Burroughs como el escritor que estableció este cambio con su serie de Barsoom, en la que en vez de viajar a un valle oculto en África, el héroe es misteriosamente transportado a Marte, planeta que es descrito como un desierto extenso y romántico, sin ciencia moderna y lleno de facciones en conflicto y animales extraños.

En el romance planetario, las energías narrativas de la space opera se aplican al género de la aventura de ficción popular: el valiente y fornido aventurero se convierte en un viajero espacial, a menudo proveniente de la Tierra (que hace las veces de manera análoga del moderno mundo occidental y América del Norte, centros de tecnología y colonialismo vergonzante). Los otros planetas (en los albores del género muy a menudo Marte y Venus) reemplazan a Asia y África como lugares exóticos, mientras que tribus alienígenas hostiles y sus monarquías decadentes toman el lugar de los estereotipos occidentales sobre «razas salvajes» y sobre «despotismo oriental».. Aunque distintos escritores han utilizado el romance planetario como un medio para expresar una amplia variedad de posiciones políticas y filosóficas, un tema constante es el del «primer contacto», encuentros entre civilizaciones extraterrestres, su dificultad para comunicarse y los frecuentes desastres que siguen.

En general, mientras que el género de la space opera tiene que ver generalmente con grandes imperios interestelares, batallas espaciales y naves espaciales, el romance planetario se enfoca en el planeta alienígena mismo, particularmente en la cultura y los riesgos de un único planeta salvaje. Existe asimismo gran superposición entre los subgéneros de espada y planeta y de romance planetario, aunque se considera que algunas obras pertenecen a un subgénero y no al otro. El romance planetario se caracteriza más por ser influenciado por obras como Una princesa de Marte, si bien más moderno y con mayor conocimiento tecnológico, en tanto que las obras de espada y planeta imitan de manera más directa las convenciones establecidas por Burroughs en la serie marciana, con un protagonista humano que es transportado a otro planeta en el que existen civilizaciones relativamente premodernas.

Romance planetario y ciencia ficción La publicación de revistas pulp de ciencia ficción a partir de 1926 (particularmente prolífica en la década de 1930) constityó un nuevo mercado para los romances planetarios, produciendo una fuerte influencia en las sucesivas encarnaciones de este género narrativo. Algunas pulps, como Planet Stories y Startling Stories, se dedicaron principalmente a publicar romance planetario, mientras que las revistas de fantasía ya existentes como Weird Tales empezaron a publicar ciencia ficción junto con sus géneros usuales de terror, y espada y brujería. Uno de los escritores destacados dentro de este género fue C. L. Moore, autora de las historias de Northwest Smith (1933-1947), que presentaban a un robusto astronauta que se encontraba continuamente en medio de poderes alienígenas casi mágicos. Hay muy poca aventura de capa y espada en las historias de Moore, que se centra preferentemente en las tensiones psicológicas, en particular sobre el temor y la fascinación por lo desconocido, que aparece como elemento tan peligroso como erótico.

En las décadas de 1940 y 1950, una de las contribuciones más significativas al género del romance planetario proviene de Leigh Brackett,Clute and Grant, The Encyclopedia of Fantasy, "Burroughs, Edgar Rice", p. 152 ISBN 0-312-19869-8. cuyas historias combinaban héroes complejos y vagabundos (a veces criminales), aventuras clásicas, la ocasional historia de amor y escenarios ricamente detallados con una profundidad y sustancia inusuales para los pulps, y un estilo que creaba un puente entre la space opera y la fantasía. Brackett era una autora habitual de Planet StoriesDavin, Eric Leif (2006). Partners in Wonder: Women And the Birth of Science Fiction, 1926-1965 (en inglés). Lexington Books. 429 p.ISBN 978-07-3911-267-0. y Thrilling Wonder Stories, para las que produjo una serie interconectada de historias cortas ambientadas en el mismo universo, mas, con la excepción de las historias de Eric John Stark, con protagonistas completamente diferentes. Las historias de Brackett son en primer lugar narrativa de aventuras, pero también contienen reflexiones sobre los temas del imperialismo y el colonialismo cultural y corporativo.

Es posible trazar una comparación instructiva entre The Enchantress of Venus, una de las historias de Brackett con Stark como protagonista, y Empire of the Atom (1956) de A. E. van Vogt. Ambas obras parten de la trama y situación de Yo, Claudio (1934) de Robert Graves. Van Vogt sigue la trama con algo más de fidelidad, concentrando su inventiva en la historia de fondo de su imperio y enfatizando a la vez la vulnerabilidad del héroe. Brackett introduce a un terrícola embelesado por el encanto romántico de las mujeres involucradas en estas intrigas. Si bien ambas historias son space opera, solo la de Brackett es un romance planetario.

Desde mediados de la década de 1960 en adelante, el tipo tradicional de romance planetario ambientado en el sistema solar perdió interés. En tanto el progreso científico-tecnológico revelaba que la mayoría de los planetas vecinos eran inhóspitos, las nuevas historias planetarias empezaron a desarrollarse en exoplanetas, generalmente a través del supuesto de alguna forma de viaje más rápido que la luz.Keith Brooke. Strange Divisions and Alien Territories: The Sub-Genres of Science Fiction. [S.l.]: Palgrave Macmillan, 2012. 40 a 42 p. 9780230360273 Una excepción es la serie de Gor, publicada desde 1967. El Gor del título es un planeta Anti-Tierra en una órbita simétrica a la Tierra más allá del Sol. Los efectos gravitacionales y la detección de parte de las sondas terrestres son explicadas por una «ciencia alienígena superior», un supuesto común en los romances planetarios.

El romance planetario se ha convertido en un componente significativo de la ciencia ficción contemporánea, aunque pocos autores usan este término para describir sus obras, presumiblemente porque el término se percibe en un sentido peyorativo. Dada la hibridación recíproca entre el romance planetario y la space opera, es difícil clasificar numerosas historias en uno o el otro género.

El ciclo Dune de Frank Herbert, particularmente en las primeras novelas ambientadas predominantemente en el planeta desértico Arrakis, tenía todas las características del romance planetario (y algo de la vena de «espada y planeta»), aunque estos elementos se usan para apoyar las meditaciones de Herbert sobre filosofía, ecología y la política del poder.

Las historias del ciclo de Darkover de Marion Zimmer Bradley pueden clasificarse en sí mismas como romance planetario, ya que están firmemente centradas en el planeta ficticio de Darkover, aunque el escenario galáctico nunca se limita por completo al trasfondo. De manera similar, la serie Krishna de romances planetarios racionalizados de L. Sprague de Camp constituye una subserie de su obra espacial de los Viagens Interplanetarias.

Las primeras obras de Ursula K. Le Guin, como El mundo de Rocannon (1966) y Planeta de exilio (1966), son romances planetarios reconocibles. Se puede decir que la mayor parte de su ciclo de Hainish se puede clasificar en esta línea, aunque en obras posteriores los elementos fantásticos están debajo de la superficie y los temas sociales y antropológicos pasan a primer plano.

En Science Fiction: The 100 Best Novels (1985), el editor y crítico David Pringle menciona a Marion Zimmer Bradley y a Anne McCaffrey como dos de las «principales practicantes en la actualidad» del tipo de ciencia ficción de romance planetario.David Pringle, Science Fiction: The 100 Best Novels, An English-language selection, 1949–1984, London: Xanadu Publ, 1985. Page 17. Pringle no include ninguna de las novelas de Bradley or McCaffrey. Al introducir sus selecciones, afirma, "Admito tener puntos ciegos, por ejemplo, tengo poco afecto por el tipo de historia de ciencia ficción que ha sido llamado 'romance planetario'". Las novelas de Los jinetes de dragones de Pern de McCaffrey generalmente limitan el escenario galáctico a prólogos muy breves. En ellas, la visión científica del mundo que tiene el lector es importante, pero la sociedad pernesa la ha perdido.

Ejemplos miniaturadeimagen| Portada de Planet Stories, otoño de 1947.Un precursor importante del género de romance planetario es Lieut. Gullivar Jones: His Vacation de Edwin Lester Arnold (1905).Planetary Romance

En la ficción

Almuric de Robert E. Howard Arrakis (en la serie DuneDune) de Frank Herbert Barsoom (Marte) y Amtor (Venus) de Edgar Rice Burroughs Callisto de Lin Carter Darkover de Marion Zimmer Bradley Eldorado de Francis Carsac Varias obras de Alan Dean Foster : Midworld, Sentenced to Prism, Voyage to the City of the Dead, Drowning World y la mayoría de las historias de Flinx y Pip Gor de John Norman Ciclo de Hainish por Ursula K. Le Guin Heliconia de Brian Aldiss Jack of Shadows de Roger Zelazny Kregen de Kenneth Bulmer Krishna de L. Sprague de Camp Majipur de Robert Silverberg Pern de Anne McCaffrey