Ayerbe es un municipio y una villa española de la provincia de Huesca, en la comunidad autónoma de Aragón. El término municipal, ubicado en la comarca de la Hoya de Huesca, tiene una población de .

Geografía Situada en una depresión erosiva excavada en la facies margosa terciaria, a la izquierda del río Gállego, goza de cielo alegre y clima saludable. Se encuentra en la carretera autonómica A-132 con dirección a Pamplona. Tiene estación de ferrocarril en la línea de Madrid a Jaca y Canfranc. Componen su territorio 6329 hectáreas que limitan por el norte con los términos de Las Peñas de Riglos y Loarre; por el este con Loarre y Loscorrales; por el sur con Lupiñén-Ortilla, y por el oeste con Biscarrués y Murillo de Gállego.

Con terreno apto para el regadío, en general es de secano, flojo y pedregoso, formado por extensos llanos salpicados por pequeños cerros aislados. La encina, el almendro, la vid y el olivo ocupan gran parte de la tierra también poblada por romeros, aliagas y otros arbustos además de las hierbas de pasto, sustento de ganado y de especies para la caza menor, como conejos, liebres, perdices y palomas.

La localidad está ubicada a unos 28 km de Huesca.

Fauna La variedad de biotopos que se encuentran desde las crestas de las Sierras hasta el fondo de la Hoya, las grandes extensiones de montes y sierras de indudable valor y riqueza forestal que rodean la comarca y la conservación aunque sea a nivel residual de vegetación autóctona en “marguines”, sotos, barrancos, cabañeras y tierras dejadas en abandono, así como las islas de vegetación que sobreviven a roturaciones e incendios; han permitido escapar de momento a esta comarca del tremendo deterioro ecológico que están sufriendo los montes de la provincia en los últimos 50 años (talas y roturaciones de los carrascales y cajicares del somontano, incendios, monocultivos, aplicación de insecticidas sobre todo en las estepas agrícolas...)

Esas importantísimas “islas” de vegetación autóctona que han quedado desperdigadas por el territorio son refugio para gran variedad de especies vegetales y animales, y han permitido colonizar de nuevo muchos ecosistemas dañados en el pasado.

Para los lepidópteros ropaloceros (las mariposas diurnas) de la comarca de Ayerbe todas estas condiciones son fundamentales para mantener una variedad y frecuencia de especies tanto locales como migratorias muy importante.

A lo largo del año están presentes aquí especies de todas las familias, y cualquier paseo por caminos, sendas o barrancos, va a permitir contemplar tanto el vuelo desordenado y pardo de los satíridos como el aleteo majestuoso y colorido de algunos de los ninfálidos más hermosos, para seguidamente ver planeando grandes y lentos papiliónidos (como la “machaón” o la “apollo”) rodeados de las más pequeñitas y rápidas especies de licénidos y hespéridos.

El emplazamiento en la comarca de una de las mejores reservas de Europa de buitre leonado (Gyps fulvus) otorga al término de Ayerbe un especial atractivo para ornitólogos y naturalistas.

Otras aves que pueblan el territorio son azores, becadas, búhos reales, cárabos, carboneros, codornices, cuervos, golondrinas, gorriones, grajos, halcones, herrerillos, lechuzas, mochuelos, palomas, perdices, petirrojos, tordos y quebrantahuesos.

Moran también mamíferos como ciervos, conejos, corzos, jabalís, liebres y zorros y algunos otros vertebrados culebras, lagartos, ranas y sapos.

La caza es otra de las riquezas de la zona, practicándose tradicionalmente la caza menor y dejando solamente el jabalí para la caza mayor.

Vegetación Mucha superficie es ocupada por tierra de labor muy bien utilizada y circundada por matorral que convive con las aliagas, boj, enebro, gayuba, lavanda, romero, tomillo. El Arbolado natural más difundido está compuesto por la carrasca y el pino carrasco, mientras que el arbolado de repoblación se compone de pino albar y pino laricio. Es de destacar la gran variedad de setas que germinan en la zona: boleto anillado, boleto granulado, cabrilla, capuchina, champiñón silvestre, colmenilla, negrilla, orellana, pie azul, rebozuelo anaranjado, robellón, robellón avinagrado, rúsula de láminas doradas, senderuela, seta de cardo, seta de chopo, seta de los caballeros.

Heráldica Escudo cuadrilongo con base circular, en campo de azul, un castillo de oro, donjonado de tres, aclarado de gules y mazonado de sable; surmontado de una flor de lis, de oro. Al timbre una corona cerrada compuesta de un aro de oro engastado de piedras preciosas, sumado de ocho florones de hojas de apio, con perlas intercaladas, y sumados de otras tantas diademas cargadas de perlas, cerradas por lo alto y sumado, en la parte que se juntan, un globo centrado y cruzado de una cruz llana.

Bandera Se representa en un paño cuyas proporciones son de una longitud equivalente a tres medios de anchura: paño amarillo, mastilada al asta de una flor de lis, azul, puesta de forma horizontal, que ocupa dos tercios de la longitud del paño, cargada en el centro del asta de un castillo amarillo, donjonado de tres, aclarado de rojo y mazonado de negro.

Historia miniatura|Ayerbe en el

Orígenes de la población Se llegó a hipotetizar que el origen de la población fuera una antigua mansión romana denominada Ebellino, algo imposible ya que la vía romana Caesaraugusta-Benearnum, que supuestamente se encontraba junto a la misma no transcurrió por la población, originandose lo más probable durante la época musulmana en una población ubicada la cima del cerro.

Esta al encontrarse ubicada en la Marca Superior y estar regida desde Zaragoza, a menudo era punto de origen de las razzias punitivas hacia los valles pirenaicos y que por lo tanto contaba con una importante cantidad de hisn o fortalezas dedicadas a la protección de la población, como lo fueron Bitra Silg o la atalaya de Santa Eulalia la Mayor.

Gobernando en Zaragoza el musulmán Yahyà bin Mundir al-Muzaffar y ante el acoso del cristiano rey navarro Sancho el Mayor se levantó una fortaleza defensiva de las tierras llanas junto al cual nacería un pequeño poblado dedicado a su abastecimiento.

Edad Media

En el año 1083 conquista Ayerbe el rey aragonés Sancho Ramírez y ordena repoblar el lugar. A la muerte de Pedro I, Ayerbe que fue parte de la dote de su segunda esposa, la reina Berta, sigue unos años gobernado por ella. Entre los años 1118 y 1122 el rey de Aragón Alfonso I el Batallador crea un burgo en un altiplano más al sur del cerro.

Desde los principios fue de realengo, ya que tenía tenentes, y en el año 1276 el rey Jaime I de Aragón dejó a su hijo Pedro, también barón de Grañén, Robres y Arnueso, el castillo y villa de Ayerbe.

El 8 de mayo de 1366 Pedro IV de Aragón donó a Pedro Jordán de Urriés el castillo y villa de Ayerbe y sus términos, después de que su hijo Fernando de Aragón vendiese el resto del dominio seis años antes al mismo y pasando desde entonces a ser señores de la misma los Urriés, aunque no exentos de conflictos con la población. Tal caso fueron las continuadas rebeliones durante las cortas tenencias de la baronía de los hermanos Juan, Fadrique y Felipe ya que tras la muerte de su padre Felipe de Urriés y Ximenez de Cerdán en torno al 1477 la intención del V barón, Juan de Urriés y Murillo de era imponer un censo sobre la población a lo que los habitantes reaccionaron revolviéndose varias veces y que llegaron falsear la Carta de Gracia a través de la cual el rey había donado la población en el 1501, al igual que enviar a un anciano de la población describiendo la actuación del señor como abusiva. El conflicto también llegó hasta el punto de prohibir entrar a la misma bajo amenaza de muerte a los señores y que a la muerte del VI barón Fadrique de Urriés y Murillo se le amenazó también a su viuda Beatriz Ruiz y a su hermano Felipe para que no entrasen a la población desde el castillo, evitando así su entierro en el templo de la población, algo que tras la reclamación de la viuda de su derecho foral de viudedad se revisaran los documentos y se declarase la falsificación como tal en el 1504, tomando poco después Felipe posesión del señorío.

Hubo una tercera revuelta de la población con motivo de un viaje Felipe Urriés y Murillo a Zaragoza, tras el cual a su regreso a la población se le cerraron las puertas y como documenta el posterior XV barón Benito-Ignacio de Urríes y Aybar:

Posteriormente y de nuevo a través de los escritos del XV barón se comenta que la fuerza del barón estando resguardada en una partida de carrascas conocida como El Saso acordó con dos mujeres el momento del asalto en dos puntos de la población, siendo uno la cantera junto a la partida y otro junto a la cuesta que encamina al castillo, llevándose a cabo la acción el 24 de marzo del 1505 y muriendo durante la contienda algunos de los instigadores, que solamente son mencionados de pasada como "un tal Riglos y a un tal Pomar", mientras que otros instigadores conocidos como el zapatero Martín conocido también como San Juan y el molinero Martín fueron posteriormente ejecutados en el castillo.

Además de las ejecuciones se produjo un saqueo que además de buscar la sumisión de los vecinos de la población tenía el objetivo de encontrar la falsa Carta de Gracia que estos habían esgrimido como apoyo a sus reclamaciones, a pesar de esto las búsquedas se realizaron también en el resto de las posesiones de la baronía como Sarsa, donde incluso se investigó el sagrario, para posteriormente amenazar a Pedro de Ayerbe, habitante y procurador de Ayerbe que además también era señor de Paternoy y descendiente por rama ilegítima de los Ayerbe, por sospechar que este la guardase lo recluyó en un castillo en Cataluña hasta la muerte del propio Felipe, tras la cual él la entregó a un canónigo de Jaca para su conservación.

Mientras tanto los habitantes de Ayerbe buscaron la protección del Arzobispo de Zaragoza, quien se la concedió el 5 de septiembre del 1505 bajo pena de mil florines tanto para el señor si los atacaba y viceversa, aunque la muerte del señor en otoño de ese mismo año y su sucesión por su pariente Hugo de Urriés y Calcena calmaron el conflicto debido a que este contaba con una posición en corte mucho más sólida ya que era secretario del Emperador y que a través de su matrimonio con Greyda de Lanuza estaba emparentado con el Justicia de Aragón Juan de Lanuza y Torellas y con Francisco Fernández de Heredia, gobernador de Aragón, lo que dificultaba enormemente la revuelta por lo jurídico y a través del matrimonio de su hija Ana con Gerónimo Agustín, hijo del vicecanciller de Aragón Antonio Agustín.

Edad Contemporánea Los conflictos entre el señor y la población se repitieron de nuevo en el 1610, siendo esta vez el objeto de contienda un reo, llegándose a armar la población contra el XI barón, Pedro de Urriés y Arbea, quien a cambio de una suma de dinero renunció al mero y mixto imperio sobre la población.

El 26 de junio de 1709 el rey Felipe V concedió a la villa los títulos de noble y fidelísima, por la colaboración prestada en la Guerra de Sucesión.

Durante la Guerra de la Independencia el XV barón Benito-Ignacio de Urríes y Aybar decía:

A finales del la llegada del ferrocarril hizo florecer el comercio. La década de los 70 del , con el cierre de la estación internacional de Canfranc, hizo que Ayerbe perdiera muchos puestos de trabajo y, por ello, muchos habitantes.miniatura|Busto de Santiago Ramón y Cajal en la plaza que lleva su nombreminiatura|Tren a vapor|izquierda

Hoy gran parte de sus residentes se dedican a la agricultura y para otros es ciudad dormitorio. Hay un escaso comercio y una progresiva industria de servicios que intenta dar a Ayerbe un enfoque turístico.

El núcleo urbano gira en torno a dos plazas cuadrilongas custodiadas por el que fue palacio de los Marqueses de Ayerbe (), declarado monumento histórico artístico el 3 de junio de 1931.