El shibari (縛り‘atadura’) o kinbaku (緊縛 ‘atadura tensa’) es un estilo japonés de bondage que implica atar siguiendo ciertos principios técnicos y estéticos, y empleando cuerdas generalmente de fibras naturales. «En pocas palabras, es la técnica de la atadura segura, sensual, dramática y erótica que está siendo elevada a una forma de arte en Japón». (Master K, The beauty of kinbaku, 2008)
Generalidades Mientras que shibari define la acción, kinbaku se refiere al arte del encordamiento. Es importante resaltar la diferencia de concepto entre el shibari japonesa y los cordajes de orientación occidental (bondage), que solo pretenden generalmente la inmovilización del sujeto atado. El arte del shibari no implica forzosamente la inmovilización y tiene también otros aspectos, como la calidad estética del conjunto cuerda-atamiento-sumisa o sumiso, el plano triangular formado por el maestro, la persona atada y el espectador (muy importante en la tradición japonesa) y tiene, además, muy en cuenta el efecto energético —negativo o positivo— sobre ciertos puntos del cuerpo de la persona entregada al maestro, relacionados con los meridianos energéticos del cuerpo humano según la tradicional medicina oriental.Midori: The Seductive Art of Japanese Bondage, 2002
Historia Durante los siglos XV y XVII, Japón vive inmerso en una etapa de reinos feudales o daimios y guerras civiles, denominada período Sengoku, que significa literalmente ‘país en guerra’. A partir de 1603 hasta 1867 comienza el período Edo bajo el sogunato Tokugawa. Ya antes de ese período existían diversas formas, fuertemente ritualizadas, para atrapar e inmovilizar por medio de cuerdas a un samurái enemigo en el mismo campo de batalla. Posteriormente, un código punitivo de 1542 regulaba el uso de cuerdas en la tortura y apresamiento de enemigos y criminales. Existían cuatro formas básicas, que incluían la humillación y la incomodidad (hasta la tortura) para los prisioneros. Estas penas desaparecieron con el reino Tokugawa. En el período Edo (1600-1878) se desarrolló una arte marcial, llamado hojōjutsu, cuyo objetivo era atrapar y mantener retenidos a enemigos o criminales por medio de cuerdas. Se desarrollaron técnicas muy precisas para lograr este fin (a veces cada comunidad rural y cada familia de samuráis tenían las suyas); de modo que al exponer en la plaza pública al prisionero maniatado o colgado, la gente podía observar: la forma de las ligaduras y el tipo de cuerda, deducir la clase social del reo, el crimen que se le imputaba y, a veces también su edad y profesión.
Muchos expertos opinan que el hojōjutsu, una arte marcial que consiste en inmovilizar al oponente atándole, es el auténtico precursor del shibari, y por tanto del bondage. Aunque este último término tiene una índole más occidental y que en ocasiones lleva a confundir y por lo tanto a comparar ambos términos. Durante cientos de años, la policía nipona que acabarían por ser, más adelante, los samuráis sin señor ni katana que durante el período Edo, perdieron todos sus privilegios por orden del sogunato; empleaban estas técnicas secretas (nadie que no fuera de esta posición social podía ver su ejecución) para inmovilizar a los criminales. Debían seguir tres normas inviolables al ejecutar un hojōjutsu: El prisionero no debía sufrir daños permanentes. El prisionero no debía poder escapar. Nadie que no perteneciese a esta clase social debía presenciar su técnica.
Aún hoy en día, la policía nipona sigue practicando sistemas de lucha como el taihojutsu, que incorporan antiguas técnicas hojōjutsu para los atamientos.
Hacia finales del período Edo aparece la primera documentación sobre el shibari propiamente dicho, en forma de imágenes donde se muestra el uso de la cuerda con fines eróticos. En el castillo de Matsumoto se pueden encontrar los primeros dibujos señalando el paso del shibari de técnica marcial y de tortura a práctica de refinada sensualidad. La documentación sobre el shibari nipona anterior a ese momento es muy escasa, aunque se menciona en la literatura popular.
El paso definitivo a hacia lo que hoy en día conocemos como kinbaku o shibari en Occidente, se da a través de las estampas niponas, xilografías ukiyo-e, en las cuales se representaban aquellos aspectos de la vida y de la naturaleza que significaban belleza y placer. Un tipo de impresión ukiyo-e llamada «shunga» tenía contenido erótico explícito; el término «shunga» significa ‘imagen de la primavera’ donde ‘primavera’ hace alusión a un eufemismo nipón común para la actividad sexual. En el período Edo las shunga buscó expresar las costumbres sexuales de la clase mercantil en la más amplia variedad de formas posibles y, por lo tanto, representaba el amor heterosexual y homosexual, de los viejos y jóvenes y una amplia gama de fetiches. Tal variedad se debió al hecho de que la percepción de la sexualidad en Japón difería marcadamente de la del mundo occidental moderno. Se conocen xilografías del con motivos de prisioneros atados, escenas de tortura judicial y de tortura erótica en donde el medio de privación del movimiento eran las cuerdas. Posteriormente estas imágenes llegan al kabuki con la narración de historias cotidianas en donde los villanos eran apresados, castigados y torturados y las cuerdas eran el instrumento escénico utilizado para representar la acción; hubo también un componente erótico en el kabuki y las escenas de doncellas virtuosas (papeles interpretados por onnagata) atadas eran la sensación del público.
Esta tendencia continuó durante el período Meiji temprano en las llamadas producciones de “nuevo teatro”, donde se trataron temas aún más contemporáneos en obras representadas bajo estándares del teatro occidental, escenarios y actuaciones más espontáneas. Durante este período, específicamente en 1896, un niño de catorce años llamado Itō Hajime entró al teatro Haruki en Tokio y vio uno de estos melodramas. Así comenzaría una fascinación de por vida con el seme (dominante) y seme-e (arte que representar una escena de dominación o castigo) que cambiaría el curso del arte erótico en Japón. Hajime creció para ser Itō Seiu, reconocido como el padre de los modernos shibari y kinbaku.
En el libro La historia de la fotografía erótica japonesa de Shimokawa Kōshi, 1995, se ofrece una descripción anecdótica de este evento: «En Meiji 29 (1896), en junio, en el teatro Haruki de Tokio, se estrenó una obra de teatro sobre la guerra sino-japonesa, Nisshin Sensō: Yōchi no Katakitan. La historia trata de tres enfermeras militares que caen en manos enemigas. Son torturadas, pero siendo leales y patrióticas, se niegan a hablar. Después de la guerra, estas tres enfermeras se encuentran nuevamente con los soldados que las torturaron, pero en una muestra de humanidad japonesa, perdonan a sus torturadores [...] Esta obra fue muy popular ya que el servicio de enfermeras militares acababa de establecerse y la gente estaba interesada en sus experiencias en la guerra. Esta historia sobre las enfermeras y su patria atrajeron al público de esa época. Había algo más sobre la obra que tuvo un gran efecto. Hubo una escena tras otra en la que las enfermeras eran atadas y torturadas con su cabello despeinado y sus muslos y sus senos azotados. En ese momento, todavía no había actrices y los papeles de las tres enfermeras estaban representados por onnagata [...] Se decía que eso era muy erótico y dio mucho de qué hablar. El gran artista de seme-e, Itō Seiu, vio esta obra cuando aún era un niño y dijo: “Mi pecho se aferra a las escenas donde el cabello de la enfermera se despeinó”. Después de esto, se abrieron muchas otras obras con temas similares y hubo un éxito repentino sadomasoquista. Como dijo Seiu: “Es cierto que el teatro en ese momento avivó el interés público en el shibari”».
Itō nace en medio de un período histórico en el que Japón intenta occidentalizarse apresuradamente, las estampas shunga y las costumbres de los samuráis son vistas como parte de un pasado vergonzoso que debe quedar atrás si quieren que Occidente los vea con respeto, como una nación moderna y poderosa. A finales del y principios del , las guerras contra los chinos (1894-1895) y los rusos (1904-1905) trajeron a Japón victorias que Occidente no esperaba y lo impulsaron a la vanguardia de las naciones modernas; la carrera hacia el modernismo y el militarismo no tenía reversa. Itō alimentó, en medio de sus inclinaciones sádicas, una nostalgia hacia el pasado feudal; se especializó en representar escenas cotidianas de la historia y las costumbres del viejo Edo; intentó varios trabajos en su carrera temprana, incluida la creación de fondos pintados para el kabuki y trabajar como ilustrador para el Yomiuri Shimbun, todavía uno de los principales diarios de Tokio, para ganarse la vida. En cuanto a la fijación que finalmente lo haría famoso, tuvo que mantenerla decididamente oculta.
A fines de la década de 1920 y principios de la década de 1930, Itō estaba por sus cuarenta años y comenzaba a ganar cierto reconocimiento como artista con la publicación de varios libros de sus ilustraciones del período Edo. En privado, también comenzó a publicar sus estudios de seme y seme-e. Entre los primeros de sus libros publicados fueron Seme no kenkyu (‘Investigación de dominación’) de 1928 y Seme no hanashi (‘Discusión de dominación’) de 1929, obras que podrían catalogarse como las primeras colecciones de fotografías, comentarios y arte de shibari verdadero publicados en Japón. En ellas, Itō presentó, por primera vez en el arte nipón, imágenes que eran fundamentalmente de concepción erótica y obviamente de orientación sadomasoquista.
Fue un excelente dibujante y colorista capaz de representar variaciones sutiles en psicología y estado de ánimo, como lo demuestra la hermosa imagen de una mujer atada en la nieve con su cabello negro en desorden. Su uso de modelos desnudas o cuasi desnudas siendo sometidas fue revolucionario. Su inspiración fue los castigos de la era Edo, tanto oficiales como privados. La técnica de Itō era fotografiar a sus modelos después de atarlas y torturarlas de varias maneras y luego usar las fotos como base para sus pinturas. De esta manera consigue finalmente representar todos los castigos de la era Tokugawa (varias suspensiones, presión con piedras, etc.), incluidos castigos privados como el mokuba (caballo de madera), usado cuasi exclusivamente en mujeres.
Itō fue definitivamente un sádico. Sus compañeras masoquistas eran participantes dispuestas y no hay forma de saber hasta dónde llegó a aproximarse a torturas reales. De sus escritos se deduce que trató de tener cuidado de no dañar a sus compañeras creando técnicas más seguras para aproximarse a las dramáticas escenas de seme que deseaba pintar. Este enfoque es la influencia para los artistas que incursionan en el kinbaku en las décadas venideras. Sin embargo, al menos durante la creación de una de sus obras más famosas, La mujer que sufre en la nieve, inspirada en su fascinación por la leyenda de la princesa Chūjō y otros cuentos, claramente fue demasiado lejos, drama reproducido en la película Nikkatsu roman de 1977 del director Tanaka Noboru, Hakkinbon bijin ranbu yori: Semeru!, la última entrada de su trilogía.