Una toalla sanitaria o compresa sanitaria, también llamada toalla higiénica, toalla femenina, serena(en Colombia), modess (en Venezuela por metonimia) o toalla menstrual, es un producto absorbente de gestión menstrual que se coloca en la ropa interior para contener la menstruación. Como suministro de higiene también puede utilizarse para el loquios posparto, sangrado post aborto, tras una cirugía ginecológica y en cualquier situación donde exista un sangrado vaginal. Un pantiprotector o protector diario es un absorbente similar, más liviano y pequeño, destinado al flujo menstrual leve, sangrado intermenstrual y fluidos vaginales, mientras que un interlabial es una toalla más pequeña que se sostiene por acción de los labios vaginales.

La versión predominante en el mercado es descartable y está fabricada con pulpa de madera que alcanza el del producto, le sigue un de plásticos como polietileno (PE), polipropileno (PP) y politereftalato de etileno (PET), de adhesivos, polímeros super absorbentes y de papel adhesivo. Otros modelos se confeccionan a partir de materiales biodegradables como algodón, bambú, caña, láminas de bioplásticos, entre otros. Las toallas fabricadas en tela son opciones reutilizables, que se lavan y secan entre usos.

Los primeros antecedentes históricos de toallas sanitarias fueron retazos de tela para contener el sangrado. Estos paños, generalmente de lino, se lavaban, reutilizaban y se ajustaban al cuerpo mediante fajas, cinturones, tiradores, botones o alfileres. Las mujeres también podían emplear materiales absorbentes como algodón, virutas, esponjas, lana o papel que se descartaban con cada uso. Las primeras marcas de toallas descartables aparecieron a fines del y se establecieron comercialmente a principios del , con la aparición del cellucotton, un textil no tejido a base de celulosa. Durante las décadas de 1960 y 1970 los fabricantes comenzaron a incorporar en los modelos plásticos flexibles, pegamento y «alas» (extensiones laterales que rodean a la ropa interior) para fijarlas en su lugar.

A nivel global no existe un criterio unificado de regulación de venta de toallas sanitarias. Algunos países se inclinan por englobarlas como bienes de consumo, un parámetro general de amplio alcance, mientras que otros aplican criterios más rigurosos. A su vez, son el producto más vendido del mercado de elementos de higiene femenina. Esto se debe a su mayor disponibilidad y reconocimiento sobre otras opciones de gestión menstrual. La región Asia-Pacífico se convirtió en la mayor consumidora de toallas sanitarias, con China e India contabilizando el de la cuota del mercado, situación propiciada por la elevada cifra de mujeres combinada con un aumento de la urbanización, en los ingresos personales y un mayor acceso a información sobre gestión menstrual.

Sobre su uso, cabe la posibilidad de desarrollar dermatitis de contacto (vulvitis) y alergia a componentes como perfumes, plástico y adhesivos. La incidencia de estos cuadros es baja, con un caso cada dos millones de toallas utilizadas. No se aconseja el uso de estos apósitos para tratar incontinencia urinaria al existir productos diseñados específicamente para este fin. Las toallas sanitarias con plástico no son biodegradables y su impacto ambiental se asocia a los procesos de extracción de materia prima, su fabricación y los envases. Junto a los tampones y otros productos desechables de higiene constituyen el quinto mayor contaminante de playas y ecosistemas marinos. Se estima que una mujer puede llegar a utilizar entre a unidades de productos descartables durante su vida menstrual, lo que equivale entre 136 y de residuos que pueden terminar en vertederos. La cifra total de toallas desechadas en el medio ambiente se espera que supere las 12 mil millones por año.

Historia

Antecedentes

Desde la antigüedad las mujeres han usado diferentes formas de gestión menstrual. En la enciclopedia Suda se cita que Hipatia arrojó un «trapo femenino» a un admirador suyo en un intento de alejarlo. En la Edad Moderna temprana en Inglaterra se utilizaba un tipo de tela de lino para diversos usos domésticos, entre los que se encontraba la contención de la menstruación. No hay evidencia que se cosiera de algún modo, pero sí se doblaba sobre sí misma para absorber más cantidad de flujo. Por la ausencia aún de ropa interior, para fijarse al cuerpo se envolvía sobre la faja o se aseguraban a ella con alfileres. La reina Isabel I de Inglaterra poseía tres fajas de seda negra con las que sostenía sus paños menstruales de lino holandés.

Las menciones en registros históricos de productos menstruales son escasas. Se consideraba información que pasaba de boca en boca, particularmente de madres a hijas, y las opciones se limitaban a retazos de tela reutilizados, pañales o toallas tejidas. Desde el al las mujeres cosían paños de tela que ajustaban bajo la enagua y lavaban a diario. Se estima que solo aquellas pertenecientes a clases sociales altas contenían el sangrado con capas de tela, en especial cuando estaban en público, mientras que las campesinas o integrantes de clases populares podían simplemente dejar correr el flujo en sus capas de ropa. No se esperaba que todas las mujeres gestionaran su menstruación de la misma manera; en términos generales los paños menstruales se confeccionaban en el hogar a partir de retazos de sábanas viejas y trapos de uso doméstico, que luego se levaban a mano y reutilizaban. Otros modelos se tejían con hilos gruesos de algodón y se aseguraban al cuerpo mediante cinturones y botones. Para este punto la menstruación no era un acontecimiento mensual recurrente debido a la tasa más elevada de embarazos en conjunto con la desnutrición, lo que incluso podía generar la ausencia de periodos menstruales en las mujeres de clases bajas durante el invierno por la falta de alimentos. y primeros modelos desechables Mientras que los paños menstruales se lavaban y reutilizaban, un número de mujeres gestionaba el sangrado con materiales absorbentes que luego descartaban como algodón o virutas de madera, tanto por motivos de conveniencia y limpieza, como para evitar tener contacto con su flujo menstrual. Esto dio pie a la manufactura de toallas de un solo uso. Estos primero modelos desechables se basaron en los paños menstruales y consistieron en rectángulos de lana, algodón o fibras similares como núcleo absorbente rodeados por gasa, estameña o con una cubierta tejida. Los más costosos presentaban una capa inferior de material impermeable.

La primera patente bajo el nombre «toalla sanitaria» surgió en 1885, por Robinson and Sons de Chesterfield, Inglaterra, fabricantes a su vez del tejido gamgee, derivado de la lana y utilizado como apósito quirúrgico. El primer modelo comercializado de toalla desechable corresponde a la compañía química Southalls Ltd en Birmingham, lanzado a fines de la década de 1880. Uno de sus anuncios de 1888 se colocó en una tienda de antigüedades en un intento de evitar herir susceptibilidades del público. Se refería al producto como toallas para «señoritas que viajan por tierra y mar» («Ladies Travelling by Land and Sea») y «artículos patentados de ropa interior. Indispensables para las señoritas que viajan». Mencionó también el hecho de que estas debían lavarse y podían incinerarse una vez utilizadas.

Alrededor de 1895 surgió la marca Curads and Hartmann's, en Alemania. El material absorbente empleado wood wool podría haber sido virutas de madera o bien fibras de rayón. Publicidad de sus toallas se halló en catálogos del Reino Unido y Estados Unidos, lo que constituye el primer antecedente de venta multinacional de este producto. En 1896 Johnson & Johnson lanzó el primer modelo desechable de Estados Unidos, Lister Towel Sanitary Napkins for Ladies, nombrado en honor al médico Joseph Lister. Consistía en una toalla de algodón cubierta por una gasa y derivaba de los kits de maternidad con productos destinados al parto comercializados por la empresa a principios de la década. El precio de los absorbentes manufacturados era elevado y el público en general continuó utilizando los métodos tradicionales.

miniaturadeimagen|Paño menstrual casero, confeccionado con algodón y estameña. Se ajustaba a un cinturón menstrual por los extremos (principios del , Auckland War Memorial Museum, Nueva Zelanda).|280x280px

Desde mediados del y durante la mayor parte del se utilizaron complementariamente tiradores que recorrían el cuerpo desde los hombros hasta los genitales y sostenían las toallas, de tela o desechables, en contacto con la vulva. Un anuncio de 1870 los publicitaba como «tiradores de vendajes». Patentes de 1891 y 1894 incorporaban una bolsa o saco catamenial en lugar de una toalla para recolectar orina y flujo. Otros productos similares fueron los cinturones menstruales que se ajustaban a la cintura, y los pantalones sanitarios, con una abertura en la entrepierna y un sistema de anillas que mantenían las toallas en su posición. También podían sostener otros materiales absorbentes como algodón, esponjas, viruta de madera, guata, lana y papel. A fines de siglo, modelos de toallas y cinturones se listaban en catálogos de venta al por mayor y las consumidoras podían adquirirlos en farmacias y grandes almacenes como Sears o Montgomery Ward. También podían comprarlos directamente al fabricante mediante volantes y publicidad en revistas orientadas a mujeres como Harpers Bazaar, Woman's World and Jenness Miller Monthly y The Delineator. Algunas publicaciones proveían el servicio de promotoras, que vendían estos productos con sistema puerta a puerta.

: establecimiento en el mercado

A partir del se intensificó el uso productos desechables. La experiencia de enfermeras en Francia durante la Primera Guerra Mundial encontró que los vendajes, fabricados en su mayoría a partir de fibras de celulosa provenientes de la pulpa de madera, absorbían mejor la sangre que el algodón. Por su bajo precio y eficacia los utilizaron también como apósitos menstruales descartables. Tras la guerra, la empresa estadounidense Kimberly-Clark (que había suministrado los vendajes a las tropas), denominó a este nuevo material cellucotton y fundó la rama Cellucotton Products Company para su aplicación comercial, donde Implementó esta fibra derivada de la celulosa para fabricar nuevos productos de higiene de un solo uso como los pañuelos Kleenex y las toallas sanitarias Kotex. Estas últimas se vendieron por primera vez en octubre de 1919 en una tienda de Chicago de la cadena Woolworths, y se volvió el modelo más popular en Estados Unidos.