thumb|Miliciana posa con un rifle sobre un cañón en Barcelona (1936). La Revolución social española de 1936 se caracterizó por la involucración de las mujeres en el ámbito político y militar, el anticlericalismo y el colectivismo autogestionario de industrias y explicaciones agrícolas. Las feministas estuvieron involucradas en la guerra civil española, aunque las condiciones de su participación tienen sus raíces antes de la Segunda República.

El movimiento feminista en España comenzó durante el , con el objetivo de conseguir derechos para las mujeres y luchar para que pudieran aspirar a algo más que su lugar en el hogar. Con el apoyo de varias escritoras españolas, fue uno de los primeros movimientos feministas en introducir este pensamiento dentro del anarquismo. Frente a lo que trataba de hacer el feminismo en otros países, las feministas españolas trataban de conseguir sus objetivos en este período a través de la educación de las mujeres. Cuando las activistas trataban de introducir objetivos feministas en la vida política, por lo general de forma espontánea, las iniciativas se veían rápidamente descartadas por los hombres. Margarita Nelken, María de la O Lejárraga y Carmen de Burgos fueron escritoras importantes de antes de la República que influyeron en el pensamiento feminista dentro de España.

La dictadura de Miguel Primo de Rivera dio más oportunidades a que las mujeres se involucraran políticamente, con la elección de mujeres para el Congreso de los Diputados. Aunque sin éxito en aquel momento, también se dieron los primeros pasos hacia el sufragio femenino. La independencia femenina, organizada principalmente en Madrid alrededor del Lyceum Club, fue condenada por miembros de la Iglesia católica que la consideraba escandalosa. Las mujeres siguieron estando excluidas de las organizaciones políticas y laborales tales como el Partido Socialista Obrero Español o la Confederación Nacional del Trabajo.

El feminismo de la República y de la Guerra Civil era típicamente cuestión de "doble militancia" y estaba muy influenciado por el anarquismo y por el compromiso con los avances sociales. Sin embargo, la emancipación de las mujeres se vio constantemente amenazada por los intentos por parte de los partidos de izquierda de evitar que sus oponentes tomaran el poder. La mayoría de los avances obtenidos, incluido el derecho al voto, el matrimonio civil, el aborto y el acceso al control de la natalidad se perdieron antes de la caída de la Segunda República. Clara Campoamor fue la principal defensora del sufragio femenino en este período.

Durante la Guerra Civil, el feminismo izquierdista dominante adoptó a menudo un enfoque individualista para abordar las desigualdades, con batallas sobre si su autonomía debería ser personal o política. Mujeres Libres, fundada por Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón en mayo de 1936, se convirtió en una de las organizaciones más importantes para las feministas. Dolores Ibárruri se ganó el apodo de La Pasionaria mientras viajaba por el país para oponerse a las fuerzas franquistas, convirtiéndola en una de las voces feministas más visibles e importantes.

Francisco Franco y sus fuerzas ganaron la Guerra Civil en 1939. Posteriormente, el feminismo dominante desapareció del discurso público, siendo reemplazado en gran medida por una forma opresiva de feminidad patrocinada por el Estado que no era más que el apoyo a los roles de género tradicionales que negaban la autonomía personal y política de las mujeres. Las normas de género tradicionales regresaron con fuerza. Los escritos de mujeres que se publicaron en el período de posguerra surgieron en gran medida de los trabajos de aristócratas como María Lafitte, la condesa de Campo Alanaga y Lilí Álvarez. Las obras de feministas republicanas de preguerra como Rosa Chacel y María Zambrano, que continuaron escribiendo en el exilio, fueron introducidas en España de contrabando. Como resultado de ello, las contribuciones que las mujeres y las feministas hicieron durante la Guerra Civil fueron en gran medida olvidadas.

Preludio a la Segunda República (1800 - 1922) Durante el , las principales defensoras de los derechos de las mujeres en España eran Teresa Claramunt y Teresa Mañe Miravet, ambas provenientes del movimiento anarquista. Ángeles López de Ayala fundó la Sociedad Progresiva Femenina en 1898, una de las primeras organizaciones feministas de España junto con la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona que ella misma había fundado en 1892. Se basaban en ideas desarrolladas por las feministas norteamericanas Voltairine de Cleyre y Emma Goldman. Las mujeres españolas fueron de las primeras en introducir el anarquismo en el pensamiento feminista.

El feminismo español en el período entre 1900 y 1930 era distinto de movimientos similares del Reino Unido y Estados Unidos. Provenía de una perspectiva liberal o de izquierda. Las intelectuales feministas españolas de este período son por ejemplo la militante socialista María Cambrils, que publicó Feminismo socialista, Clara Campoamor, Virginia González Polo y Carmen de Burgos. Una de las feministas más notables de antes de la República fue la abogada y reformadora del sistema de prisiones Concepción Arenal. Ella creía que era importante que las mujeres pudieran aspirar a algo más de lo que se podía encontrar en los confines del hogar.

El movimiento feminista comenzó a ganar fuerza en 1915, cuando la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME) comenzó a trabajar para abordar las necesidades de las mujeres. El feminismo temprano de ANME se caracterizó por sus inclinaciones de derecha, como resultado de estar asociado con las clases altas de España.

La Sección Varia de Trabajadoras anarco-colectivistas de Sabadell fue fundada en 1884 por Claramunt y otras mujeres de ideas afines. Trabajando con el Ateneo Obreros, las organizaciones trataban de emancipar a hombres y mujeres a través de la educación.

La Agrupación de Trabajadores fue creada como una organización laboral en 1891 por Claramunt para apoyar sus ideales feministas, y pronto organizó reuniones públicas. La organización defendía que las mujeres estaban siendo doblemente castigadas por la sociedad, ya que se esperaba que trabajaran fuera del hogar para mantener a la familia y, al mismo tiempo, debían satisfacer todas las necesidades domésticas del hogar. La organización nunca tuvo mucho éxito en la consecución de sus objetivos, ya que muchas mujeres trabajadoras no creían necesaria su representación por parte de un sindicato.

Belén Ságarra estuvo involucrada con la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona, una organización fundada alrededor de 1891. Ella y Claramunt trataron de crear la Asociación Librepensadora de Mujeres. A Ságarra le impidieron hacerlo tras ser arrestada en 1896 por ser anticristiana y promover el pensamiento libre.

Empleo y organizaciones laborales Mientras que el 17 % de las mujeres trabajaban por cuenta ajena en 1877, la mayoría eran campesinas que prestaban servicios en la agricultura. A pesar de la industrialización española en España, incluida la de la agricultura en el , las normas restrictivas de género tuvieron como consecuencia que solo el 9 % de las mujeres trabajaran por cuenta ajena en 1930. Esto supuso una caída del 12 % o medio millón de mujeres en la fuerza laboral de 1877 a 1930. La prostitución era legal en la España anterior a la Segunda República, y las mujeres blancas y pobres vivían con el temor de ser objeto de tráfico como esclavas. En la década de 1900, las mujeres podían y en algunas ocasiones trabajaban en talleres clandestinos, junto con hombres jóvenes. La mayoría de las mujeres que buscaban trabajo terminaban trabajando en los hogares de los más ricos. Estos trabajos estaban tan mal pagados que las trabajadoras a menudo no conseguían ganar lo suficiente ni para alimentarse ellas mismas. A las mujeres que trabajaban en las fábricas a menudo se les pagaba la mitad del salario que recibían sus homólogos masculinos. izquierda|miniaturadeimagen| Ubicación de Madrid en España, donde aparecieron la mayor parte de los movimientos en pro del trabajo femenimo y donde tuvieron lugar la mayoría de las protestas de las mujeres se llevaban a cabo en la España pre-republicana. A pesar de la falta de presencia en la fuerza laboral, las mujeres participaban activamente en protestas laborales en aquellos sectores industriales en los que estaban sobre-representadas. Este fue el caso de las protestas laborales de Madrid en 1830, donde hubo cinco días de disturbios por reducciones salariales y condiciones de trabajo insalubres organizadas por 3000 trabajadoras de la industria del tabaco. Las trabajadoras del tabaco también fueron las primeras en sindicalizarse, creando su primer sindicato en 1918. El sindicato logró que se duplicaran los salarios de sus trabajadoras entre 1914 y 1920. También logró que se triplicaran dichos salarios en 1930. Sus protestas laborales continuaron durante la Segunda República. A pesar de su participación en la organización del trabajo de la industria del tabaco, las mujeres estuvieron ausentes de los movimientos sindicales desde finales del en España. Aunque había pocas oportunidades para las mujeres, algunas lograron obtener puestos gubernamentales de alto rango, aunque fueron pocas y distantes.

Actividad política El fue testigo de la aparición de una verdadera clase media en España por primera vez. Esto precipitó el cuestionamiento interno entre la élite española en relación con las desigualdades sociales que habían existido en el país desde la fundación del estado español moderno cuando Isabel de Castilla se casó con Fernando de Aragón, consolidando el territorio español bajo un solo gobierno. Este debate llevó a la creación de la Primera República Española de 1873 a 1874. miniaturadeimagen| Una clase de matemáticas organizada por la Institución Libre de Enseñanza en 1903 con una maestra. La Institución Libre de Enseñanza (ILE) fue fundada por intelectuales españoles perseguidos, y dirigida a librepensadores de instituciones educativas fuera del control del gobierno. La ILE fue fundamental en la formación de ideologías que condujeron a la creación de la Segunda República española. Fue revolucionaria en España, ya que fue una de las primeras organizaciones en reconocer el potencial de las mujeres, aunque todavía se consideraba limitado. Con este fin, el miembro de ILE Fernando de Castro, entonces decano de la Universidad de Madrid, creó las "Conferencias dominicales para la educación de la mujer" en 1868.

Participación directa de las mujeres Como las mujeres en el período pre-republicano se limitaban en gran medida a las tareas domésticas, su actividad política tendía a centrarse, principalmente, en temas relacionados con los consumidores. Las mujeres protestaron y se amotinaron en este período por la escasez de bienes y servicios, los altos alquileres y los altos precios de los bienes de consumo. Sus protestas fueron diseñadas para alentar al gobierno a cambiar sus políticas para abordar estos problemas.