La arquitectura de las misiones de California estuvo influenciada por varios factores, siendo estos las limitaciones en los materiales de construcción que estaban disponibles, una falta general de mano de obra cualificada, y un deseo por parte de los sacerdotes fundadores de emular estructuras notables de su patria española. Aunque no hay dos complejos de misión idénticos, todos empleaban el mismo estilo básico de construcción.

Selección y diseño del sitio izquierda|miniaturadeimagen|Misión San Luis Rey de Francia en Oceanside. Esta misión es arquitectónicamente distintiva por la combinación de líneas españolas, moriscas y mexicanas que muestra Aunque las misiones eran consideradas como empresas temporales por la jerarquía española, el desarrollo de un asentamiento individual no era simplemente una cuestión de capricho sacerdotal. La fundación de una misión seguía normas y procedimientos de larga duración; el papeleo que implicaba requería meses, a veces años de correspondencia, y exigía la atención de prácticamente todos los niveles de la burocracia. Una vez autorizados a erigir una misión en una zona determinada, los hombres asignados a ella elegían un sitio específico que contaba con un buen suministro de agua, mucha madera para los fuegos y el material de construcción, y amplios campos para el pastoreo de los rebaños y la cría de cultivos. Los sacerdotes bendecían el sitio, y con la ayuda de su escolta militar construyeron refugios temporales con ramas de árboles o estacas clavadas, techados con paja o cañas. Fueron estas simples chozas las que finalmente dieron paso a las construcciones de piedra y adobe que existen hasta época contemporánea. miniaturadeimagen|Planta del complejo de la Misión San Juan Capistrano (incluyendo la ubicación de la Gran Iglesia de Piedra) realizada por el historiador de la arquitectura Rexford Newcomb en 1916 La primera prioridad al comenzar un asentamiento era la ubicación y construcción de la iglesia. La mayoría de los santuarios de las misiones estaban orientados en un eje aproximadamente este-oeste para aprovechar al máximo la posición del sol para la iluminación interior; la alineación exacta dependía de las características geográficas del sitio en particular. Una vez seleccionado el lugar para la iglesia, se marcaba su posición y se trazaba el resto del complejo de la misión. Las dependencias de los sacerdotes, el refectorio, el convento, los talleres, las cocinas, las viviendas de los soldados y los sirvientes, los almacenes y otras salas auxiliares solían agruparse en torno a un patio amurallado y abierto (a menudo en forma de cuadrángulo) dentro del cual solían tener lugar las celebraciones religiosas y otros actos festivos. El cuadrángulo raramente era un cuadrado perfecto porque los sacerdotes no tenían instrumentos de medición a su disposición y simplemente medían todas las dimensiones a pie. En caso de ataque de fuerzas hostiles, los habitantes de la misión podían refugiarse en el cuadrángulo.

Los elementos básicos y comunes que se encuentran en todas las misiones de Alta California pueden resumirse de la siguiente manera:

Corredores con arquerías; Hastiales curvos o afrontonados; Campanarios aterrazados (con cúpulas y linternas) o campanarios perforados; Aleros amplios y salientes; Paredes amplias y sin decorar; y Techos de teja, bajos e inclinados.

Las misiones de Alta California, en conjunto, no incorporan la misma variedad o elaboración de detalles en su diseño que los exhibidos en las estructuras erigidas por los colonos españoles en Arizona, Texas y México durante el mismo período; sin embargo, «...se erigen como recordatorios concretos de la ocupación española y ejemplos admirables de edificios concebidos con el estilo y la manera apropiados para el país en el que fueron construidos». Algunos relatos fantasiosos sobre la construcción de las misiones afirmaban que los túneles se incorporaron al diseño para ser utilizados como medio de salida de emergencia en caso de ataque; sin embargo, nunca se ha descubierto ninguna evidencia histórica (escrita o física) que apoye estas afirmaciones.

Materiales de construcción miniaturadeimagen|Campanario de la Misión San Juan Bautista. Dos de las campanas fueron rescatadas del campanario original, que fue destruido en el terremoto de San Francisco de 1906 La escasez de materiales importados, junto con la falta de mano de obra cualificada, obligó a los sacerdotes a emplear materiales y métodos sencillos en la construcción de las estructuras de las misiones. Como era imposible importar la cantidad de materiales necesarios para un gran complejo de misiones, los sacerdotes tuvieron que reunir los materiales que necesitaban en la tierra que los rodeaba. Se utilizaron cinco materiales básicos para levantar las estructuras de la misión: adobe, madera, piedra, ladrillo y teja. Los adobes se hacían de una combinación de tierra y agua, con paja o estiércol para unir la mezcla. Ocasionalmente se colocaban trozos de ladrillos o conchas en la mezcla para mejorar la cohesión. El suelo podía ser de arcilla, arcilla limosa o tierra arenosa o con grava. La fabricación de los adobes era un proceso simple, derivado de métodos originalmente desarrollados en España y México. Se elegía un lugar conveniente y nivelado cerca del lugar de construcción previsto y cerca de un suministro de agua adecuado (normalmente un manantial o un arroyo). Se excavaba el suelo y se empapaba con agua, con lo que los trabajadores, con las piernas desnudas, pisaban la tierra húmeda y los aglutinantes hasta obtener una consistencia homogénea apta para llevar y colocar en los moldes.

La mezcla se comprimía en los moldes de madera, que se disponían en filas y se nivelaban a mano hasta la parte superior del molde. De vez en cuando, un trabajador dejaba una huella de su mano o pie en la superficie de un adobe húmedo, o quizás un obrero alfabetizado inscribía su nombre y la fecha en la superficie. Cuando los moldes se llenaban, los adobes se dejaban secar al sol. Se tenía mucho cuidado en exponer los adobes por todos los lados, para asegurar un secado uniforme y evitar que se agrietasen. Una vez secos, los adobes se apilaban en filas hasta darles uso. Los adobes de California medían 280 por 560 mm, tenían de 51 a 127 mm de espesor y pesaban de 10 a 20 kg, lo que los hacía cómodos de transportar y fáciles de manejar durante el proceso de construcción. izquierda|miniaturadeimagen|A menudo se utilizaban cráneos y huesos cruzados reales para marcar las entradas a los cementerios españoles. Aquí, en la Misión Santa Bárbara, las tallas de piedra fueron sustituidas. Las instalaciones para serrar la madera eran casi inexistentes: los trabajadores usaban hachas de piedra y sierras rudimentarias para dar forma a la madera, y a menudo usaban troncos a los que solo se les quitaba la corteza. Estos métodos daban a las estructuras de las misiones su aspecto distintivo. La madera se utilizaba para reforzar las paredes, como vigas para soportar los tejados, y como molduras para las puertas, ventanas y arcos. Como la mayoría de los asentamientos estaban situados en valles o llanuras costeras casi totalmente desprovistos de árboles de tamaño adecuado, los sacerdotes estaban limitados en la mayoría de los casos a disponer de pinos, alisos, álamos, cipreses y enebros para utilizarlos en sus construcciones.

Los indios utilizaban carretillas de madera, tiradas por bueyes, para transportar madera desde una distancia de hasta cuarenta millas (como era el caso en la Misión San Miguel Arcángel). En la Misión San Luis Rey, sin embargo, el Padre Lasuén instruyó a sus trabajadores neófitos para que hicieran flotar troncos río abajo desde el Monte Palomar hasta el sitio de la misión. La falta de madera de buen tamaño obligó a diseñar edificios que fueran largos y estrechos. Por ejemplo, las dimensiones interiores más anchas de cualquiera de los edificios de las misiones (en San Carlos, Santa Clara y Santa Cruz) son de 8,8 m: la más estrecha, en la Misión Soledad, alcanza 4,9 m. La estructura más larga, en la Misión Santa Bárbara, se extiende 49,5 m. La piedra se utilizó como material de construcción siempre que fue posible. A falta de canteros expertos, los constructores inexpertos recurrieron al uso de la piedra arenisca; aunque era más fácil de cortar, no era tan resistente a la intemperie como la que habrían utilizado artesanos expertos. Para unir las piedras, los sacerdotes y los indios siguieron la técnica precolombina (mexicana) de utilizar mortero de barro, ya que no disponían de mortero de cal. A la mezcla de barro se añadían piedras y guijarros de colores, dándole «una hermosa e interesante textura». izquierda|miniaturadeimagen|La capilla de la Misión San Gabriel Arcángel fue diseñada por el Padre Antonio Cruzado, que era de Córdoba, España, lo que explica la fuerte influencia morisca de la misión. Los ladrillos se fabricaban de manera muy parecida a los adobes, con una diferencia importante: después del moldeado y el secado inicial, los ladrillos se cocían en hornos al aire libre para asegurar una resistencia mucho mayor que la que se podría lograr con el simple secado al sol. Los ladrillos comunes solían medir 250 mm y tenían de 50,8 a 76,2 mm de espesor. Los ladrillos utilizados para pavimentar tenían el mismo grosor que los comunes, pero oscilaban entre 279,4 y 381 mm de ancho. Muchas de las estructuras erigidas con este tipo de ladrillo permanecían en pie mucho tiempo después de que sus homólogos de adobe se hubieran reducido a escombros.

Las primeras estructuras tenían techos de paja o tierra sostenidos por postes. Las tejas se utilizaron en construcciones posteriores (comenzando alrededor de 1790) para reemplazar la paja. Las tejas semicirculares consistían en arcilla moldeada sobre una sección de un tronco que estaba bien lijado para evitar que la arcilla se pegara. Según los relatos del padre Estéban Tapís de la Misión Santa Bárbara, unos treinta y dos varones nativos americanos debían hacer 500 tejas cada día, mientras que las mujeres llevaban arena y paja a las fosas. En estas se trabajaba la mezcla con la ayuda de las pezuñas de los animales, luego se colocaba en una tabla plana y se moldeaba con el grosor correcto. Luego se colocaban sobre los troncos y se cortaban a la medida deseada: su longitud variaba de 508 a 609,6 mm, y su anchura era de 127 a 254 mm. Después de recortarlas, las tejas se secaban al sol, luego se colocaban en hornos y se cocían hasta que adquirían un color marrón rojizo. La calidad de las tejas variaba mucho entre las misiones debido a las diferencias en los tipos de suelo de un sitio a otro. La leyenda dice que las primeras tejas fueron hechas en la Misión San Luis Obispo, pero el Padre Maynard Geiger (historiador franciscano y biógrafo de Junípero Serra) afirma que la Misión San Antonio de Padua fue la primera en usarlas. Además de su obvia ventaja sobre los techos de paja en cuanto a la resistencia al fuego, la superficie impermeable también protegía los muros de adobe de los efectos dañinos de la lluvia. Las tejas originales se aseguraban con un poco de adobe y se mantenían en su lugar debido a su forma, siendo afiladas en el extremo superior para que no se deslizaran unas de otras.

Métodos de construcción