miniatura|Horroroso asesinato de D. Matías Vinuesa, cura que fue de Tamajón, Arcediano de la Sta. Iglesia Catedral de Tarazona y Capellán de Honor de S. M., grabado anónimo, Museo de Historia de Madrid. Matías Vinuesa López de Alfaro (Neila, Burgos, 22 de abril de 1778-Madrid, 4 de mayo de 1821),«Matías Vinuesa, el cura de Tamajón con sotana y trabuco», Guadaqué, 18 de enero de 2017. conocido como el Cura de Tamajón, confesor de honor de Fernando VII, murió asesinado a martillazos en la cárcel de la Corona de Madrid el 4 de mayo de 1821, el mismo día en que se dictó contra él sentencia de diez años de prisión por planificar un complot contra el gobierno liberal.Jurado Serrano, Francisco, «Matías Vinuesa López de Alfaro» en Diccionario biográfico español, Real Academia de la Historia. El asesinato de Matías Vinuesa y las circunstancias que lo rodearon es materia central de El Grande Oriente, cuarta novela de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós.

Biografía

Guerra de la Independencia y Sexenio Absolutista (1808-1820) Párroco de Tamajón, pequeña población de la serranía de Guadalajara, durante la Guerra de la Independencia fue comisionado por la Junta superior de gobierno, armamento y defensa de Guadalajara presidida por el obispo de Sigüenza, Pedro Inocencio Bejarano, para vigilar los caminos en torno a Cogolludo, a fin de requisar armas y papeles sospechosos. El 12 de octubre de 1809 se le encomendó la filiación de los mozos de los partidos de Ita, Cogolludo, Talamanca, Uceda y Buitrago, y la recogida de armas y caballos con representación plena de la citada Junta. En mayo de 1810 la junta le nombró administrador de bienes y rentas del monasterio de Bonaval, así como de los bienes pertenecientes a los duques de Medinaceli, arzobispado de Toledo y monasterios de El Escorial y El Paular «en los países invadidos».

Tuvo a su cargo también la recaudación de obras pías y caudales públicos, y la inspección de las escuelas de hilado dependientes de las reales fábricas de Guadalajara y Brihuega, de todo lo cual rindió cuentas en dos ocasiones aprobadas de forma plenamente satisfactoria. De ellas resultó haber puesto a disposición de la junta en metálico 830234 reales y 24 maravedíes, además de 62 caballos, 1400 armas de todas clases, y más de dos mil dispersos y prisioneros reunidos tras la batalla de Ocaña, entre otros efectos. Hizo frente a la partida de Velasco así como a otros bandidos, evitando los robos en los términos a su cargo, y al frente de su propia partida de guerrilleros tuvo cuatro encuentros con tropas francesas y evitó el suministro de víveres desde varios pueblos inmediatos a los destacamentos enemigos. También logró apoderarse de una imprenta en Madrid, que puso a disposición de la junta de Burgos, y de dos rebaños de ovejas del duque del Infantado que habían caído en poder de los franceses en las inmediaciones de Buitrago, hasta que perseguido por los franceses hubo de abandonar su curato de Tamajón.Los hechos referidos a la actuación de Vinuesa durante la guerra de 1808 a 1811 están contenidos en la Relación en extracto de los méritos patrióticos de Matías Vinuesa, capellán de honor de S. M , y cura que fue de Tamajón, contraídos en tiempo de la invasión de los Franceses, según resulta de sus testimoniales y de la gaceta publicada en 30 de noviembre del año de 1811 por la Junta de Guadalajara, y de certificación de 4 diciembre de 1811 por D. Matías Sauca y Dávila, vocal secretario de la misma, publicada en apéndice al Manifiesto de don Matías Vinuesa [...] para vindicar su conducta, pp. 9-12. La aparición en la comarca del Empecinado, con quien nunca tuvo buenas relaciones, podría haber sido la verdadera causa que determinase su abandono de la actividad guerrillera.

Defensor del absolutismo, ya en 1812 adicionó el Preservativo contra la irreligión, ó Los planes de la filosofía contra la religión y el estado de Rafael de Vélez, del que en dos años se hicieron no menos de cuatro ediciones en Cádiz y Madrid.Preservativo contra la irreligión, ó Los planes de la filosofía contra la religión y el estado realizados por la Francia para subyugar la Europa, seguidos por Napoleón en la conquista de España, y dados a luz por algunos de nuestros sabios en perjuicio de nuestra patria, por fray Rafael de Vélez, examinador sinodal del obispado de Sigüenza y lector de sagrada Teología en su convento de padres capuchinos de la ciudad de Cádiz (...) aumentada con varias observaciones importantes sobre el Espíritu público de la Gazeta de Madrid por el doctor Matías Vinuesa López de Alfaro, cura de Tamajón, cuarta edición, Madrid, 1813. Hemeroteca Digital Hispánica, Biblioteca Nacional de España. Concluida la guerra y tras el retorno de Fernando VII fue recompensado por todos estos servicios con una plaza de arcediano en la catedral de Tarazona y el título honorífico de capellán del rey y calificador del Santo Oficio.

Complot absolutista en los inicios del Trienio Liberal Reinstaurado el sistema constitucional, en los inicios del Trienio Liberal concibió un descabellado plan para restaurar el absolutismo, del que solo el rey, el infante Carlos María Isidro y un reducido número de cortesanos debían tener noticia. En el momento convenido el rey debía llamar a los ministros y otras autoridades a palacio donde quedarían retenidos contando con que la presencia del infante bastaría para movilizar a la guarnición y a los guardias de Corps sin necesidad de haber sido advertidos de antemano, pues fiaba el éxito de la operación al secreto con que se desarrollase.Historia de la vida y reinado de Fernando VII de España, t. II, p. 233. Descabellado es también el adjetivo empleado por Pérez Galdós para describir el plan de Vinuesa: El Grande Oriente, cap, IV.

Existen pocas dudas de la implicación de Fernando VII en la conjura, que pretendía secuestrar en el Palacio Real a los secretarios del Despacho, al Consejo de Estado y a otras autoridades y a continuación el infante don Carlos, el duque del Infantado y el marqués de Castelar sublevarían varios regimientos de Madrid y a la Guardia Real, lo que iría acompañado de un motín popular al grito de «¡Viva la religión, el Rey y la Patria!» y de «¡Muera la Constitución!». Así se restablecería la monarquía absoluta, devolviendo «las cosas al ser y estado que tenían el 6 de marzo [de 1820]». La Milicia Nacional sería desarmada, un ejemplar de la Constitución sería quemado en la plaza pública, la placa constitucional de la Plaza Mayor sería destruida y se desataría una dura represión contra los liberales, contra los comerciantes y contra a «los grandes», los clérigos y los oficiales del Ejército que se habían mostrado partidarios de la Constitución. Solo se permitiría publicar un periódico, que se ocuparía de «dirigir a la opinión pública». Respecto de los liberales y de los comerciantes uno de los documentos incautados a Vinuesa decía:

Delatado por un aprendiz de la imprenta donde se imprimían las proclamas, el 21 de enero de 1821 Vinuesa fue detenido junto con un ayuda de cámara del rey. La detención y juicio del confesor de honor abrieron una brecha entre los liberales moderados que formaban el Gobierno, con Martínez de la Rosa a la cabeza, y los exaltados, inflamados por las proclamas de «demagogos» como Juan Romero Alpuente, que en las reuniones de la sociedad de los comuneros o desde el café de La Fontana de Oro reclamaban la pena de muerte. Los más radicales consiguieron que el regimiento profesional que custodiaba la prisión fuese sustituido por voluntarios de la Milicia Nacional, que consintieron afrentas al prisionero al que dibujaban horcas en la mesa al llevarle la comida y cantaban el trágala.Historia de la vida y reinado de Fernando VII de España, t. II, p. 233.

Asesinato en la cárcel El 4 de mayo —séptimo aniversario del golpe de Estado que restauró el absolutismo—, cuando por las noticias cantadas por los ciegos se tuvo conocimiento de que el juez de primera instancia Juan García Arias había dictado sentencia por la que se condenaba al reo a diez años de prisión en África, se formaron en la Puerta del Sol grupos de exaltados dispuestos a ejecutar la sentencia de muerte que reclamaban sin que el Gobierno hiciese nada por reforzar la vigilancia de la prisión, convencido de que los amotinados no se atreverían a asaltar la cárcel de la Corona. Pero por la tarde se volvió a formar un grupo que marchó en orden en dirección a la cárcel donde los milicianos nacionales, simulando resistencia, hicieron algunos disparos al aire.El grupo, según la Miscelánea de comercio, política y literatura de Madrid, no pasaba de cien individuos, en tanto para el periodista liberal Pedro Fernández Sardinó, que lo explicaba y comprendía como acto de justicia popular, estaba formado por una multitud no inferior a tres mil ciudadanos de todas clases, sexos y condiciones. Ver Gil Novales, pp. 614-615. Armados con un martillo de fragua los amotinados encontraron todas las puertas abiertas, excepto la de la celda del cura de Tamajón, que forzaron sin dificultad. Arrodillado y pidiendo perdón a sus asesinos le dieron muerte de dos golpes de martillo, que le abrieron el cráneo, y numerosas puñaladas. La comitiva —desistiendo de su propósito inicial de dar muerte a un segundo absolutista conocido como el Abuelo y de arrastrar por las calles el cadáver del cura— se dirigió luego a la casa del juez Arias que, advertido, tuvo tiempo de escapar.Historia de la vida y reinado de Fernando VII de España, t. II, pp. 240-242. En las Cortes Martínez de la Rosa y el conde de Toreno manifestaron la condena y estupefacción del Gobierno.Historia de la vida y reinado de Fernando VII de España, t. II, p. 243.

En la muerte de Vinuesa no es descartable, como también sugiere Galdós, la intervención de agitadores al servicio del rey, dispuestos a excitar los ánimos de los más exaltados para desacreditar al Gobierno moderado. Caído Vinuesa, en cuyo poder se habían encontrado papeles comprometedores, habría dejado de servirles y, por el contrario, sería políticamente más rentable transformarlo en mártir. Ya en su momento se dijo que los asesinos eran un Aguilera, hijo de la camarera mayor del rey, el conde de TillyMiguel Francisco Arizcun y Pineda (1775-1855), conde consorte de Tilly por su matrimonio con Josefa de Tilly y Muntaner, masón con el nombre simbólico de Agatocles (Sánchez Casas, Galo, Los altos grados de la masonería, Madrid, Akal, 2009, , p. 175). El 23 de julio de 1822 firmó como comandante accidental del escuadrón de caballería de la Milicia Nacional de Voluntarios una nota dirigida a Rafael del Riego en nombre de una comisión de oficiales, agradeciéndole la entrega a las milicias de un cuadro alegórico de la reconquista de la libertades y la medalla conmemorativa de los sucesos del 7 de julio: «Carta, 1822 jul. 23, Madrid, a Rafael del Riego / José Luis de Amandi, Conde de Tilly», Biblioteca Nacional de España, Biblioteca Digital Hispánica; Sánchez Martín, Víctor, Rafael del Riego. Símbolo de la Revolución Liberal, tesis doctoral presentada en la Universidad de Alicante, 2016 p. 784. y algunos otros oficiales y ladrones, y hubo quien vio entre ellos a un tal Otermida, cocinero del rey.Gil Novales, t. I, pp. 615-616. miniatura|«Entierro de los serviles: Si el servil esfuerzos hace / para salir de la sima, / dónde por nuestro bien yace; / Milicianos!, tierra encima, / y que requiescant in pace». Estampa liberal, Museo de Historia de Madrid. La cabeza que asoma del hoyo a la derecha, pisada por un miliciano, lleva en la mano un papel en que se lee «Plan de Vinuesa».