miniatura|250px|Representación de la ópera Armide de Jean-Baptiste Lully en la Salle du Palais-Royal de París (1761)
La historia de la ópera tiene una duración relativamente corta dentro del contexto de la historia de la música en general: apareció en 1597, fecha en que se creó la primera ópera, La Dafne, de Jacopo Peri. Desde entonces se ha desarrollado de forma paralela a las diversas corrientes musicales que se han sucedido a lo largo del tiempo hasta nuestros días, ligada por lo general al actual concepto de música clásica.
La ópera (del latín opera, plural de opus, «obra») es un género musical que combina música sinfónica, interpretada generalmente por una orquesta, y un texto escrito de corte dramático —expresado en forma de libreto— interpretado vocalmente por cantantes de diversa tesitura: principalmente, tenor, barítono y bajo para el registro masculino, y soprano, mezzosoprano y contralto para el femenino, además de las llamadas voces blancas (las de niños) o en falsete (castrato, contratenor). Por lo general, la obra musical contiene oberturas, interludios y acompañamientos musicales, mientras que la parte cantada puede ser en coro o en solitario, dúo, trío o diversas combinaciones, en diversas estructuras como el recitativo o el aria. Existen diversos géneros, como la ópera clásica, la ópera de cámara, la opereta, el musical, el singspiel y la zarzuela. Por otro lado, al igual que en teatro, existe una ópera dramática (ópera seria) y otra cómica (ópera bufa), así como un híbrido entre ambas: el dramma giocoso.
Como género multidisciplinar, la ópera aglutina música, canto, danza, teatro, escenografía, interpretación, vestuario, maquillaje, peluquería y otras disciplinas artísticas. Es por tanto una obra de creación colectiva, que parte esencialmente de un libretista y un compositor, y donde tienen un papel primordial los intérpretes vocales, pero donde son igualmente imprescindibles los músicos y el director de orquesta, los bailarines, los creadores de los decorados y el vestuario, y muchas otras figuras. Por otro lado, es un evento social, por lo que no tiene razón de ser sin un público que presencie el espectáculo. Por ello mismo, ha sido a lo largo del tiempo reflejo de las diversas corrientes de pensamiento, políticas y filosóficas, religiosas y morales, estéticas y culturales, propias de la sociedad donde se produjeron las obras.
La ópera nació a finales del , como iniciativa de un círculo de eruditos (la Camerata Fiorentina) que, al descubrir que el teatro griego antiguo era cantado, tuvieron la idea de musicalizar textos dramáticos. Así, Jacopo Peri creó La Dafne (1597), a la que siguió Euridice (1600), del mismo autor. En 1607, Claudio Monteverdi compuso La favola d'Orfeo, donde añadió una introducción musical que denominó «sinfonía», y dividió las partes cantadas en «arias», dando estructura a la ópera moderna.
La evolución posterior de la ópera ha corrido en paralelo a las diversas corrientes musicales que se han ido sucediendo en el tiempo: entre el y la primera mitad del se enmarcó en el Barroco, un período en que la música culta estaba reservada a las élites sociales, pero que produjo nuevas y ricas formas musicales, y que vio establecer un lenguaje propio para la ópera, que fue ganando riqueza y complejidad no solo en los métodos compositivos y vocales sino en la producción teatral y escenográfica. En la segunda mitad del se dio el Clasicismo, un período de gran creatividad marcado por la serenidad y armonía de sus composiciones, con grandes figuras como Mozart y Beethoven. El estuvo marcado por el Romanticismo, caracterizado por la individualidad del compositor, considerado ya como un genio iluminado y cada vez objeto de mayor veneración, al igual que las mayores figuras vocales del canto, que se convirtieron en estrellas de una sociedad donde la burguesía relegó a la aristocracia en la preeminencia social. Esta centuria vio surgir las variantes musicales de numerosas naciones hasta entonces sin apenas tradición musical, en lo que se vino a llamar nacionalismo musical. Cerraron el siglo algunas corrientes como el impresionismo francés y el verismo italiano. En el la ópera, al igual que el resto de la música y de las artes en general, entró en la vanguardia, una nueva forma de concebir la creación artística en que surgieron nuevos métodos y técnicas compositivos, que se expresaron en una gran variedad de estilos, en una época de mayor difusión de los medios de comunicación que permitían llegar a un público más amplio por diversos canales, no ya solo el presencial (radio, televisión), y en la que todavía era valorado el amplio repertorio musical de períodos anteriores, que siguió vigente en los principales teatros de ópera del mundo.
Durante el transcurso de la historia, en el seno de la ópera han existido divergencias sobre cuál de sus componentes tenía mayor relevancia, la música o el texto, o incluso si la importancia radicaba en el canto y el virtuosismo de los intérpretes, fenómeno que dio origen al bel canto y a la aparición de figuras como la diva o prima donna. Desde sus inicios hasta la consolidación del clasicismo, el texto gozó de mayor importancia, siempre ligado al espectáculo visual, los fastos decorados y las complejas escenografías barrocos; Claudio Monteverdi dijo al respecto: «la palabra debe ser determinante, debe dirigir la armonía, no servirla». Sin embargo, desde la reforma llevada a cabo por Gluck y la aparición de grandes genios como Mozart, fue cobrando relevancia la música como componente principal de la ópera. El propio Mozart comentó en una ocasión: «la poesía debe ser la servidora obediente de la música». Otros autores, como Richard Wagner, pretendieron aglutinar todas las artes en una sola creación, a la que denominó «obra de arte total» (Gesamtkunstwerk).
Antecedentes
miniatura|250px|Escenario diseñado por Bernardo Buontalenti para el tercer intermedio (de seis) para conmemorar la boda de Fernando I de Médici y Cristina de Lorena (1589): Victoria de Apolo sobre la Pitón. El libreto era de Ottavio Rinuccini, que volvió a usar parte del material en la primera ópera, La Dafne, en 1597
La ópera tiene sus antecedentes en las diversas formas de teatro cantado o musicalizado que se han producido a lo largo de la historia en todo el mundo. Tanto la representación dramática como el canto, la música, el baile y otras manifestaciones artísticas son formas de expresión consustanciales al ser humano, practicadas desde la prehistoria. En la Antigua Grecia, el teatro era uno de los espectáculos favoritos de la sociedad. Allí nacieron los principales géneros dramáticos (comedia y tragedia) y se sentaron las bases de la escenografía y la interpretación. Por diversos testimonios, se sabe que las representaciones dramáticas eran cantadas y acompañadas de música, aunque actualmente apenas se conservan vestigios de música griega. Los principales dramaturgos de la época, Esquilo, Sófocles y Eurípides, sentaron las bases del arte dramático, cuya influencia sigue vigente hoy día.
Durante la Edad Media, la música y el teatro estuvieron también íntimamente relacionados. Eran obras de carácter religioso, de dos tipos: dramas litúrgicos para ser representados en las iglesias, celebrados en latín; y los llamados «misterios», unas piezas teatrales de carácter popular que se representaban en los pórticos de las iglesias, en lengua vernácula. Estas obras alternaban partes habladas y cantadas, generalmente a coro, y se acompañaban de música instrumental y, en ocasiones, bailes y danzas populares.
En Japón, surgió en época medieval el teatro nō, un tipo de drama lírico-musical en prosa o verso, de tema histórico o mitológico. La narración era recitada por un coro, mientras los actores principales se desenvolvían de forma gestual, en movimientos rítmicos. La representación corría a cargo de tres actores, junto a un coro de ocho cantores, un flautista y tres tamborileros. En China se desarrolló la denominada ópera china, un tipo de teatro cantado, de carácter ritual, donde la música no acompaña el texto, sino que sirve únicamente para crear ambiente.
En el Renacimiento, surgieron diversos géneros músico-vocales, como el madrigal, el oratorio, el intermedio y el ballet de cour, que fueron preparando el camino para el nacimiento de la ópera. El más inmediato fue el intermedio (), unos interludios que se intercalaban entre los diversos actos de una obra teatral, que aglutinaban canto, danza, música instrumental y efectos escenográficos, con argumentos basados en la mitología grecorromana, alegorías o escenas pastorales. Su principal centro productor fue la Florencia medicea, donde poco después nacería la ópera.
Orígenes
miniatura|150px|Libreto de la primera ópera, La Dafne (1597), de Jacopo Peri y Ottavio Rinuccini
A finales del , en Florencia, un círculo de eruditos patrocinados por el conde Giovanni Bardi crearon una sociedad denominada Camerata Fiorentina, encaminada al estudio y discusión crítica de las artes, especialmente el drama y la música. Uno de sus eruditos era Vincenzo Galilei —padre del científico Galileo—, un célebre helenista y musicólogo, autor de un método de tablatura para laúd y compositor de madrigales y recitativos. En el transcurso de sus estudios sobre el teatro de la Antigua Grecia comprobaron que en las representaciones teatrales griegas el texto era cantado a voces individuales. Esta idea les impactó, ya que en su día no existía nada igual, en una época donde casi toda la música cantada era coral (polifonía) y, en casos de voces individuales, se daban solamente en el ámbito religioso. Tuvieron entonces la idea de musicalizar textos dramáticos de carácter profano, lo que germinó en la ópera (opera in musica fue el nombre que le dio la Camerata). Galilei fue el principal defensor de una única línea melódica —la monodia— frente a la polifonía, que consideraba generadora de un discurso musical incoherente, teoría que expuso en Dialogo della musica antica et della moderna (1581). Otro de los eruditos de la Camerata, Girolamo Mei, que fue quien investigó principalmente el teatro griego, señaló el afecto emocional que el canto individual generaba en el público en las representaciones teatrales griegas (De modis musicis antiquorum, 1573).
Así, uno de los miembros de la Camerata, el compositor Jacopo Peri, creó La Dafne (1597), con libreto de Ottavio Rinuccini, basada en el mito de Apolo y Dafne, con un prólogo y seis escenas; de esta obra solo se conserva el libreto y pequeños fragmentos de la música. Peri, que también era cantante, representó a Apolo. A esta siguió, en 1600, Euridice, de los mismos autores, la primera ópera que se conserva completa, sobre el mito de Orfeo y Eurídice. Fue compuesta con motivo de la boda entre Enrique IV de Francia y María de Médici, celebrada en Florencia en 1600. Peri interpretó a Orfeo.
miniatura|izquierda|150px|Jacopo Peri como Arione en el quinto intermedio de La Pellegrina (1589)
Otro miembro de la Camerata, Giulio Caccini, compuso en 1602 Euridice, con el mismo libreto de Rinuccini que su homónima de dos años antes, con prólogo y tres actos. Fue autor del primer tratado teórico sobre el nuevo género, Le nuove musiche (1602). Su hija, Francesca Caccini, fue cantante y compositora, la primera mujer que compuso una ópera: La liberazione di Ruggiero dall'isola d'Alcina (1625).
Una de las principales novedades de esta nueva forma de expresión artística fue su laicidad, en una época en que la producción artística y musical era mayoritariamente de signo religioso. Otra fue la aparición de la monodia, el canto a una sola voz, frente a la polifonía medieval y renacentista; era una línea vocal acompañada de un bajo continuo de clavicordio o laúd. Así, las primeras óperas tenían partes cantadas por solistas y partes habladas o declamadas en monodia, lo que se conoce como stile rappresentativo.