El Partido Republicano Radical Socialista (PRRS) o, popularmente y de forma abreviada, Partido Radical Socialista, fue un partido político español nacido en la segunda mitad de 1929 como fruto de la escisión de la tendencia más izquierdista de la opositora Alianza Republicana. Ideológicamente, defendía un liberalismo social de raíces jacobinas y fuertemente anticlerical con importantes influencias de la socialdemocracia. Contó entre sus fundadores, dirigentes y parlamentarios con una elevada proporción de miembros de la masonería. Participó en el Pacto de San Sebastián y en el tránsito desde la monarquía de Alfonso XIII a la II República, y formó parte del Gobierno Provisional.

Tras la celebración de las elecciones de 1931 fue la tercera fuerza política en las Cortes Constituyentes y participó activamente en los debates tendentes a elaborar la nueva Constitución. Durante ellos realizó una encendida defensa de los derechos civiles y políticos, lo que no le impidió oponerse a la introducción del sufragio femenino y apoyar la restrictiva Ley de Defensa de la República. Se caracterizó por sus fuertes discrepancias internas, que dieron lugar a tres escisiones sucesivas, todas ellas por su ala izquierda. La más importante fue la última, motivada fundamentalmente por la división de opiniones respecto a las relaciones que se debían mantener con el Partido Socialista Obrero Español.

Durante el primer bienio republicano participó en todos los gobiernos. Sus representantes lideraron importantes y controvertidas reformas e iniciativas legislativas. Así, Marcelino Domingo impulsó primero una reforma educativa y luego una reforma agraria, Álvaro de Albornoz promovió la Ley de Divorcio y Victoria Kent impulsó una reforma penitenciaria.

Debilitado por las rupturas, que propició que algunos de sus líderes abandonaran el partido y fundaran el PRRSI, y perjudicado por la falta de unidad electoral de las izquierdas, sufrió una estrepitosa derrota en las elecciones de noviembre de 1933, en las que obtuvo un único representante. A pesar de tener la oportunidad de participar en el nuevo gobierno, decidió pasar a la oposición por estar en desacuerdo con la inclusión de un ministro del Partido Agrario. Desapareció en septiembre de 1934, al fusionarse con el Partido Radical Demócrata de Diego Martínez Barrio para dar lugar a un nuevo partido denominado Unión Republicana.

Fundación thumb|izquierda|180px|Lluis Companys, líder junto con Marcelino Domingo del Partit Republicà Català fue uno de los firmantes del manifiesto fundacional del Partido Radical Socialista. La doble militancia no era todavía un obstáculo.

El fracaso en enero de 1929 del pronunciamiento de Sánchez Guerra contra la dictadura de Miguel Primo de Rivera acentuó las diferencias existentes en la Alianza Republicana, una plataforma de oposición que englobaba a los principales partidos republicanos. Algunos de los dirigentes más izquierdistas de esta —como Álvaro de Albornoz, Marcelino Domingo, Benito Artigas y Ángel Galarza— coincidieron en prisión y acordaron crear un nuevo partido político. El 14 de julio de 1929 se oficializó la división con motivo de una reunión de delegados de la Alianza que tuvo lugar en Madrid.

El Partido Republicano Radical Socialista elaboró un manifiesto fundacional en diciembre de 1929, que fue publicado al mes siguiente. En él expresaba su aspiración de representar a la izquierda republicana, dejaba ver su planteamiento jacobino, decía que iba a tener una organización democrática y defendía el socialismo, si bien aclarando que no concebía este como un dogma. El nuevo partido defendía un Estado federal republicano con autonomía local y regional, el sufragio universal, el laicismo, la enseñanza laica, el jurado, la igualdad de clases y sexos, la reforma del Código Penal y la reorganización del Ejército. En materia de política social anunciaba el combate contra la especulación, el mayor gravamen fiscal a la renta que al trabajo, la supresión de latifundios y minifundios y otras medidas de tono socializante que le distinguían de las propuestas más moderadas de la Alianza. Por consiguiente, el liberalismo democrático, el anticlericalismo, el pacifismo y una política social avanzada pero no marxista eran las características del PRRS.

A pesar de su proclamación socialista, los integrantes del partido procedían mayoritariamente de las clases medias. Además de los ya citados, firmaron el manifiesto José Díaz Fernández, Joaquín Arderíus, Ricardo Baeza, Jacinto Grau, Antonio Espina, Leopoldo Alas, Juan Botella Asensi, José Salmerón García, Félix Gordón Ordás, Javier Bueno e, incluso, el propio Lluis Companys, quien dirigía junto a Domingo el Partido Republicano Catalán. Entre ellos había un significativo número de miembros de la masonería.Militantes del partido miembros de la masonería fueron durante más o menos tiempo Álvaro de Albornoz, José Ballester Gozalvo, José Berenguer Cros, Juan Botella Asensi, José Cano Coloma, Marcelino Domingo, Jerónimo Gomáriz, Julio María López Orozco, José María Martín Jiménez, José Moreno Galvache, Manuel Muñoz Martínez, Enrique Navarro Esparcia, Eduardo Ortega y Gasset, Emilio Palomo Aguado, Joaquín Pérez Madrigal, Antonio Pérez Torreblanca, José Salmerón García, Venancio Sarriá Simón, Francisco Saval Moris, Fernando Valera Aparicio, Pedro Vargas Guerendiain, Antonio de la Villa Gutiérrez y Gregorio Villarías López.

Los líderes del partido eran Domingo y Albornoz. Ambos formaban parte de la comisión organizadora junto con Arderíus, Artigas, Botella, Bueno, Galarza, Gordón y Salmerón. El primero había superado su anterior admiración por la Revolución Rusa y defendía la democracia parlamentaria frente al fascismo y el comunismo, mientras que el segundo mantenía una postura más revolucionaria que se reflejó en los artículos publicados por él mismo y sus seguidores —Espina, Díaz, Arderíus y, por poco tiempo debido a que tenía ideas más moderadas, el crítico musical Adolfo Salazar— en la publicación quincenal Nueva España. En ella rechazaban la convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes y defendían planteamientos jacobinos y la unidad de acción con las organizaciones obreras.

De conspirador a gobernante La búsqueda de alianzas

En 1930, las fuerzas políticas que querían acabar con la monarquía decidieron unir sus fuerzas para acelerar el cambio de régimen. En el mes de mayo, el Partido Radical Socialista firmó un acuerdo con la Alianza Republicana para formar un comité que coordinara sus actuaciones. Ambas partes dejaron abierto el pacto a otros partidos, lo que facilitó la incorporación de otras fuerzas de ámbito regional. La unidad de acción de las izquierdas fue apoyada también por las dos ramas de la masonería, el Gran Oriente y la Gran Logia.

Paralelamente, los republicanos intentaron ampliar el pacto a las organizaciones obreras. A finales de junio de 1930, el PRRS emitió un comunicado en el que instaba públicamente a la Unión General de Trabajadores (UGT) y a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) —ignorando deliberadamente a otros sindicatos— a colaborar en el establecimiento de un nuevo marco legal. Al mismo tiempo, recomendaba a sus propios militantes y simpatizantes a afiliarse a una de esas dos centrales sindicales. La publicación de este manifiesto coincidió en el tiempo con el intento del partido de establecer contacto directo con la CNT, aunque sin obtener resultado positivo. Al mismo tiempo, la Alianza hacía lo mismo con UGT con mayor éxito.

Por la misma época, se consiguió que se sumara al acuerdo republicano la Derecha Liberal Republicana. A partir de entonces se hizo un considerable esfuerzo para incorporar al proyecto a los partidos republicanos nacionalistas catalanes, que eran —con la excepción del Partit Republicà Català dirigido por Domingo y Companys— los más reticentes a participar en un proyecto con Alejandro Lerroux. La doble militancia de Domingo parecía favorecer su labor mediadora, por lo que en junio de 1930 publicó un artículo en el diario El Pueblo de Barcelona en el que afirmaba que la República sería federal, que con ella nacería simultáneamente la autonomía catalana y que los republicanos aceptaban el derecho de Cataluña a la soberanía política. Domingo repitió estas mismas tesis en una conferencia que impartió en el Ateneo de Madrid. En julio, el político catalán viajó a Barcelona para negociar con los partidos nacionalistas, pero encontró una fuerte oposición de algunos. El 2 de agosto de 1930, Domingo impartió una conferencia en el Ateneo de Barcelona en la que recalcó el compromiso que los republicanos españoles tenían con el federalismo y el respeto que sentían por las aspiraciones autonomistas. El evento tuvo gran asistencia de público y repercusión, y las tesis de Domingo fueron aceptadas luego por los antimonárquicos españoles, pero el político de Tarragona pidió que otra persona le sustituyera en la labor negociadora. José Salmerón consiguió que los partidos nacionalistas enviaran representantes a la reunión que se iba a celebrar en agosto en San Sebastián.

thumb|derecha|200px|Símbolo masónico en el templo de Santa Cruz de Tenerife. El PRRS tuvo un gran número de miembros pertenecientes a la masonería.

El 17 de agosto de 1930 se celebró la reunión de todos los republicanos conocida como Pacto de San Sebastián. Domingo, Albornoz y Galarza fueron los representantes del PRRS. La cuestión catalana fue la que suscitó más debates. Durante los mismos, Albornoz se enfrentó a los nacionalistas catalanes mientras que Domingo intentó conciliar posturas. Finalmente se admitió la petición de autonomía para Cataluña, lo que hizo que Santiago Casares Quiroga, representante de la Organización Republicana Gallega Autónoma (ORGA) reclamara el mismo trato para Galicia y País Vasco. La petición se aceptó igualmente, si bien la inexistencia de un acta propiciaría posteriormente discusiones respecto a los términos concretos y reales de lo acordado. Los asistentes designaron un comité revolucionario del que formó parte Galarza en representación del partido. Disgustado por no haber sido enviado a San Sebastián como representante, Botella dimitió poco después de su cargo de secretario de la comisión organizadora del partido.

La unidad de acción se plasmó en un multitudinario mitin celebrado el 28 de septiembre en la plaza de toros de Madrid. Asistieron al mismo unas veinte mil personas venidas de distintas zonas de España e intervinieron políticos de todas las tendencias presentes en la coalición, con la notoria excepción de los nacionalistas catalanes. Las intervenciones tuvieron un inequívoco tono revolucionario, interviniendo por el PRRS Marcelino Domingo.

El I Congreso

Una vez superados los obstáculos que había venido poniendo el Gobierno para ello, el partido aprovechó la organización del mitin unitario para celebrar su primer congreso los días inmediatamente anteriores a aquel, entre el 25 y el 27 de septiembre de 1930. La comisión acordó que hubiera dos tipos de congresistas. En primer lugar, los representantes de círculos, agrupaciones o partidos regionales, que tendrían tantos votos como personas representasen; en segundo lugar, los firmantes del manifiesto fundacional y los directores de periódicos afines, quienes dispondrían de un único voto. Las agrupaciones locales representadas eran menos de sesenta y pertenecían a veinte provincias, lo que indicaba una escasa implantación. La reducida presencia catalana sugiere que Marcelino Domingo no había conducido a sus seguidores del Partit Republicà Català al nuevo partido, aunque él mantenía la doble militancia.