Las apariciones marianas de Garabandal son una serie de apariciones de la Virgen María que se afirma que tuvieron lugar entre 1961 y 1965, a cuatro niñas de la localidad de San Sebastián de Garabandal, ubicada en el municipio de Rionansa (Cantabria, España).
Historia miniatura|280px|Capilla del arcángel san Miguel miniatura|280px|Vista de la cruz de la ermita de San Sebastián de Garabandal, construida con motivo de la supuesta aparición de la Virgen María miniatura|280px|Los pinos de Garabandal donde se afirma que habrían tenido lugar las apariciones marianas Las presuntas apariciones marianas de Garabandal comenzaron a inicios de la década de 1960 en el pueblo de San Sebastián de Garabandal lo que llamó la atención de los medios de comunicación.
Entre 1961 y 1965, cuatro jóvenes en edad escolar, entre 10 y 12 años, Conchita González, Mari Cruz González, Jacinta González y Mari Loli Mazón, sin relación de parentesco, afirmaron haber presenciado apariciones del arcángel san Miguel y de la Virgen María. Según su testimonio, el primero preparó a las muchachas para la posterior aparición de la Virgen María, ocurrida el 2 de julio de 1961.
Durante cerca de 2000 sesiones, que concitaron a grandes multitudes, las muchachas habrían entrado en estado de profundo éxtasis y se registraron aparentes fenómenos paranormales registrados por cámaras fotográficas o filmaciones, tales como levitaciones, demostraciones de fuerza, etc., ante la presencia de miles de testigos que intentaron sustraer a las niñas del trance mediante pinchazos de aguja, quemaduras o golpes.
Durante este periodo de cinco años, las niñas videntes fueron examinadas por más de cuarenta doctores. Para unos de ellos el fenómeno era fruto de histeria, epilepsia o sugestión colectiva; para otros eran sucesos totalmente inexplicables desde el punto de vista científico. Del mismo modo, tampoco los teólogos, el jesuita Alfonso Rodrigo, Antonio Royo-Marín O.P. o Francisco Odriozola llegaron a explicaciones homogéneas ya que tenían pareceres contrarios entre sí.
De la misma manera, desde 1961 hasta 2015, se sucedieron quince comunicados episcopales firmados en Roma y Santander con opiniones dispares. Tampoco hubo acuerdo entre los médicos y teólogos que examinaron los episodios.
Entre las personas que tuvieron alguna relación con el suceso destacan el padre Pío de Pietrelcina y el jesuita padre Luis Andreu, quien falleció después de asegurar que había contemplado la visión de las niñas.
Biografía de las videntes hasta 1961 Conchita González tenía doce años y era la última de los cuatro hijos de Aniceta González y Aniceto González, fallecido hacía siete años, en 1954. Los hermanos de Conchita eran Serafín, cabeza de familia desde la muerte de su padre, Aniceto, fallecido en 1965, y Miguel. La falta del padre hacía que todos trabajaran para ayudar a la familia. Era de carácter muy alegre. Mari Cruz González era hija de Escolástico González y Pilar Barrido. Tenía diez años, si bien el 21 de junio de 1961, tres días después cumplía los once. Era un año menor que Conchita. Sus padres fueron, de las cuatro familias de las videntes, y con toda probabilidad, los que más se opusieron a aceptar el tema de las apariciones. Su carácter era el más serio de las cuatro. Jacinta González nació el 27 de abril de 1949 por lo que en aquel momento tenía doce años. Sus padres, Simón González y María González, tenían siete hijos más y era una familia muy religiosa. Era la más alegre del grupo. Mari Loli Mazón era hija de Ceferino y Julia y tenían seis hijos, Mari Loli y cinco más. Es la tercera de las videntes por orden de edad, si bien solo cuatro días más joven que Jacinta. Su padre era el alcalde pedáneo del pueblo de San Sebastián (Presidente de la Junta Vecinal local ante el Ayuntamiento de Rionansa). Toda la familia trabajaba en el campo; además Ceferino tenía una de las tres tabernas del pueblo donde Mari Loli servía las mesas.
Comienzo de las apariciones Las presuntas apariciones ocurrieron entre el 18 de junio de 1961 y el 13 de noviembre de 1965. De lo ocurrido en los quince primeros días se tienen datos de nombres, horas y lugares. A partir de esos días, los sucesos se hacen tan frecuentes que llegan a ser cotidianos. A partir del día 2 de julio de 1961 no se hacen seguimientos ordenados y exhaustivos tanto por parte de las autoridades eclesiásticas como de los medios de comunicación y observadores de cualquier clase. Tanto es así que el investigador Ramón Pérez escribe lo siguiente:
El jesuita José María Alba Cereceda, que examinó personalmente a las videntes, comenta esa multiplicación de los signos como que: lo verdaderamente notable [de Garabandal] es la extraordinaria frecuencia de las apariciones. Judith M. Albright, especialista en estos asuntos, calcula que, en Garabandal, la Señora se apareció más de dos mil veces. El brigada de la Guardia Civil Juan Álvarez Seco, jefe de la zona e informador de los sucesos indica la dificultad de describir unos sucesos tan abundantes y prolongados en el tiempo: los fenómenos habidos han sido por espacio de tanto tiempo y con tal frecuencia que resulta casi imposible enumerarlos y relatarlos todos.
El historiador más destacado de Garabandal, el P. Eusebio García de Pesquera, O.F.M. publicó en el año 1979 el estudio y los datos más completos de lo acaecido en Garabandal hasta esa fecha y para escribirlo con total libertad, utilizó el pseudónimo de Dr. Gobelas. A pesar de ello, expresa su preocupación de la siguiente manera: No hay datos fijos para cada uno de los días, ni hay precisiones de días para muchos de los datos, preocupación que no es afirmación de que los hechos sean dudosos puesto que él tiene documentos y testimonios sólidos; lo que le preocupa es no tener la fecha exacta de cada uno de los sucesos. Una de las videntes, Conchita, llevaba nota exacta en su diario de los sucesos ocurridos en los primeros diecisiete días pero a partir del 3 y 4 de julio avanza y retrocede en las descripciones anotando los que más le impresionaron. Ella misma indica que lo importante de las apariciones no fueron los sucesos exteriores y así lo escribe en su diario: Ante todo, el mensaje.
Mensajes Las «videntes» informaron haber recibido dos mensajes, uno directamente de la Santísima Virgen María y el otro de la Virgen María a través de San Miguel arcángel. El primero, revelado el 18 de octubre de 1961, declara:
La aparición del 18 de junio de 1965, en la que Conchita escuchó el segundo mensaje, fue televisada en vivo por la televisión española. Solo Conchita González, considerada por la mayoría de los devotos de Garabandal como la «vidente principal», informó haber recibido el segundo mensaje:
Además de los dos mensajes, las «videntes» hicieron muchas profecías con respecto al futuro de la humanidad, además de advertir sobre un próximo «fin de los tiempos». Estas profecías se sintetizan en un «aviso», un gran «milagro» universal y un «castigo» para la humanidad. La fecha del milagro solo la conoce Conchita, quien la revelará ocho días antes. El Aviso, según Conchita tendrá lugar antes del milagro. «Ese aviso es como un castigo, para los buenos y los malos: para los buenos, para acercarlos más a Dios y para los malos, para anunciarles que viene el fin de los tiempos y que estos son los últimos avisos». El Milagro, tendría lugar un jueves durante la festividad de un santo mártir de la eucaristía, y es descrito como una señal permanente en los pinos de Garabandal que «Será visible para todos los que estén en el pueblo y en las montañas de los alrededores: los enfermos que asistan sanarán y los incrédulos creerán. Será el milagro mayor que Jesús ha hecho para el mundo. No quedará la menor duda de que es de Dios y para bien de la humanidad. Quedará una señal del milagro, para siempre, en los pinos. Podrá ser filmado y televisado». El Castigo fue predicho por las niñas en el primer mensaje del 18 de octubre de 1961. Este castigo, condicionado a que la humanidad se arrepienta de su mal proceder luego de ocurrido el milagro, consistiría en «ríos transformados en sangre, fuego que baja del cielo y cosas peores; gran calor, sed abrasadora y el agua que se evaporará; todos los hombres presos de la desesperación buscando matarse unos a otros, pero al faltar las fuerzas, caerán: unos en las llamas y otros lanzándose al mar, pero el agua parecerá hervir y activar las llamas».
Peregrinación El pueblo se convirtió en un punto de peregrinaje para muchos creyentes católicos y miembros de otras confesiones. Debido a la remota localización de la aldea y las dificultades de acceso, Garabandal mantiene casi el mismo aspecto que tenía en los años sesenta y no ha sufrido las transformaciones producto del interés turístico como en otros lugares.
Vida de las videntes después de las apariciones A diferencia de la mayoría de personas que afirma haber presenciado apariciones de la Virgen María, ninguna de las cuatro jóvenes llegó a profesar la vocación religiosa: Conchita González González nació el 7 de febrero de 1949 y reside en Nueva York, Estados Unidos. Se casó con Patrick J. Keena, llegando a tener cuatro hijos, María Concepción, Fátima Miriam, Ana María Josefa y Patrick Joseph María. . Jacinta González González, se casó con Jeffrey Moynihan en Los Ángeles, California, vive en la ciudad de Oxnard, en el condado de Ventura y tiene una niña llamada María Jacinta de Guadalupe. María Cruz González Barrido, reside en Avilés (Asturias). Se casó con Ignacio Caballero y llegó a tener cuatro hijos. Mari Loli Mazón González, se casó con Francis Lafleur en Massachusetts con quien tuvo tres hijos. Mari Loli falleció en 2009 debido a complicaciones causadas por un lupus eritematoso en el aparato respiratorio.
Postura de la Iglesia católica Desde el principio, la jerarquía de la Iglesia católica ha determinado la duda o incertidumbre de la condición de sobrenaturales de estas apariciones marianas —al igual que las apariciones de Medjugorje y Zeitoun— que tampoco han sido oficialmente aprobadas.
Así, el 2 de noviembre de 1961, el administrador apostólico de la diócesis de Santander, Doroteo Fernández, publicó la siguiente declaración:
Más adelante, tres obispos de Santander se pronunciaron contra la sobrenaturalidad de las apariciones de Garabandal: Eugenio Beitia Aldazabal (obispo de 1962 a 1965), publicó dos notas al respecto, en la primera afirmó que «tales fenómenos carecen de todo origen de sobrenaturalidad y tienen una explicación de carácter natural» pero en la segunda aclaró que: «no hemos encontrado materia de censura eclesiástica condenatoria, ni en la doctrina ni en las recomendaciones espirituales, que se han divulgado en esta ocasión, como dirigidas a los fieles cristianos». Vicente Puchol Montis (obispo de 1965 a 1967), difundió una nota que negaba tanto las apariciones como los mensajes y que «todos los hechos acaecidos en dicha localidad tienen una explicación natural». José María Cirarda Lachiondo (obispo de 1968 a 1971), ante el aumento de las peregrinaciones a Garabandal y los rumores de que el mismo papa había aprobado y bendecido las apariciones, decidió intervenir desaprobando todo culto basado en estas supuestas apariciones, llegando incluso a publicar una nueva nota con las siguientes disposiciones:
Pero tales prohibiciones se levantaron a partir de los años ochenta: En 1987, el obispo de Santander Juan Antonio del Val Gallo, realizó una nueva investigación y suspendió toda prohibición que impedía a los presbíteros ir a Garabandal, posibilitándoles la celebración eucarística en la iglesia del pueblo con la autorización del párroco local.