La dinastía ayubí (1171-1250) fue un linaje de sultanes de Siria y Egipto de origen kurdo que gobernaron el Sultanato ayubí y conocido en sus primeros años en Occidente como el Sultanato de Saladino. La dinastía se inicia con Saladino (Salah al-Din Yusuf), al ser proclamado sultán de Siria y Egipto, y termina con el sultán Turan Shah, depuesto y muerto por los mamelucos el 2 de mayo de 1250. Algunos autores sitúan el inicio de la dinastía en 1171, fecha en el que Saladino se proclama sultán de Egipto, y otros lo sitúan en 1181, porque, en el periodo entre 1171 a 1181, Saladino dependía administrativamente del sultán de Siria, aun cuando este poder era más formal que real.
Historia El inicio de la dinastía. El fin de los fatimíes Saladino llegó a El Cairo el 8 de enero de 1169. Los califas fatimíes de Egipto habían solicitado ayuda del sultán de Siria, Nur al-Din, para combatir a las tropas francas de Amalarico, que sitiaban El Cairo, y este envió a su general kurdo Shirkuh a socorrer a los habitantes de la ciudad cercada. Shirkuh se hizo acompañar de su sobrino Saladino.
Al llegar a El Cairo, cuyo sitio había sido levantado por Amalrico seis días antes ante el temor de verse atrapado en una tenaza entre la guarnición de El Cairo y las tropas de Shirkuh, este ordenó ejecutar al visir Shawar, y el 18 de enero ocupó su puesto. Shirkuh falleció poco después, el 23 de marzo. Los consejeros del califa fatimí Al Adid, que gobernaba Egipto, le aconsejaron que nombrase a Saladino su consejero. Este les parecía a los fatimíes un joven inexperto y, por tanto, más fácil de manejar que su tío. Hay que puntualizar que en esta época a Saladino aún no se le conocía con este nombre, sino con el de Yusuf. No fue hasta ser nombrado sultán de Siria cuando adoptó el sobrenombre de Salah Al-Din.
Esta situación suponía un grave conflicto de carácter religioso. Los fatimíes profesaban la variante chií del islam, mientras que el sultán de Siria era un fervoroso suní. Nur al-Din no concebía que una dinastía herética gobernara Egipto y ordenó a Saladino que la derrocase. Este, que en ese momento contaba con la confianza del califa al-Adid, no quiso cumplir la orden, lo que le supuso un primer enfrentamiento con Nur al-Din, pero finalmente, y ayudado por la grave enfermedad y posterior muerte de al-Adid, en 1171 se proclamó sultán de Egipto.
Reinado de Saladino La conquista de África y Nubia Tras la muerte de Al-Adid era en teoría un vasallo de Nur al-Din pero en la práctica era el gobernador de facto de Egipto: reconocía la autoridad del sultán de Siria, pero gozaba de total independencia en su gobierno de Egipto, debido a la lejanía entre Damasco y El Cairo, separadas por estados gobernados por los cruzados europeos. La retirada de la campaña contra Karak es normalmente vista como una muestra de independencia. Probablemente Saladino temía que de ver a Nur al-Din, este le impediría regresar a Egipto, temeroso del control que ya tenía del país. También era posible que de atacar entonces al Reino de Jerusalén, que actuaba de estado colchón, este hubiera desaparecido dejando a Saladino solo frente al sirio, que hubiera tenido entonces el pretexto para tomar el poder sobre Egipto. Saladino alegó conjuras fatimíes en su retaguardia, pero Nur ad-Din no aceptó "la excusa".
Un concilio familiar de 1171-1172 muestra ya la independencia de Saladino. Aconsejado por sus emires, Saladino decidió enviar a su sobrino al-Muzaffar Taqi al-Din Umar, a ocupar la región de Cirenaica (en la zona fronteriza del golfo de Sirte) al mando de 500 jinetes. Para ello envió un últimatum a las tribus bereberes de la zona que les exigía la devolución de bienes robados a viajeros y les sometía al pago de impuestos (zakat), que se extraerían de su ganado.
Durante el verano de 1172, un ejército nubio, acompañado de refugiados armenios y antiguos soldados fatimitas fue avistado en la frontera, preparando un sitio contra Asuán. El emir de la ciudad, Kanz al-Dawla, pidió refuerzos a Saladino, que envió a su hermano Turan-Shah. Las fuerzas egipcias se impusieron, pero los nubios regresaron en 1173. Esta vez los egipcios lanzaron un contraataque que llevó a la toma de Ibrim y la conquista del norte de Nubia. Desde Ibrim, Turan-Shah asoló la región obteniendo un armisticio de Dongola. La paz implicó el compromiso nubio de garantizar la seguridad de Asuán, rechazándose la idea de continuar más al sur por la pobreza de la zona.
Nur al-Din exigió el retorno de los 200.000 dinares gastados en el ejército de Shirkuh. Saladino envió 60.000 dinares, "maravillosas manufacturas egipcias", joyas, un burro de gran calidad y un elefante. Durante el viaje a Damasco a entregar los presentes, marchó por tierras cruzadas. No tomó los castillos en el desierto, pero atacó a los beduinos musulmanes que les servían de guías.
Mientras la conquista de Libia continuaba. En 1174, Sharaf al-Din Qaraqush, lugarteniente de Taqi al-Din, tomó Trípoli, que había sido ocupada por los normandos al mando de una fuerza turco-beduina. La zona se convertiría desde entonces en un terreno de lucha intermitente en la zona entre el liberto de Saladino, Karakush, el naciente Imperio almohade y los remanentes del Imperio almorávide.
El 31 de julio de 1173, su padre, Ayub, fue herido tras una caída del caballo, causando su muerte el 9 de agosto. La pérdida de su fiel vasallo contribuyó a aumentar los recelos de Nur al-Din.
Conquista de Arabia En 1174, Saladino envió a Turan-Shah a conquistar Yemen y las zonas circundantes del mar Rojo. La excusa era que dichos territorios no reconocían al califa de Bagdad, siendo para la mayoría de musulmanes herejes, pero autores como al-Maqrizi o Ibn al-Athir suelen considerar que Saladino preparaba un lugar seguro al que huir con su familia de producirse un ataque de Nur al-Din. El gobernante jariyita de Zabid, Mahdi Abd al-Nabi, fue ejecutado en 1174 y el puerto de Adén fue arrebatado a la tribu chií Banu Karam poco después. Turan-Shah también expulsó a los hamdanidas de Saná, en las montañas, en 1175.
Fue un momento histórico para Yemen, que por primera vez vio unidos sus hasta entonces independientes ciudades de Adén, Saná y Zabid. Adén fue el principal puerto índico del reino de Saladino, si bien el gobierno de la provincia se ejercía desde Ta'izz. La llegada del gobierno de Saladino trajo renovación a la ciudad, que vio mejoras en sus infraestructuras, la creación de nuevas instituciones y una ceca propia. La conquista, además de una retaguardia, le proporcionó el dominio marítimo del mar Rojo para lo que estableció una flota costera, al-asakir al-bahriyya, encargada de vigilar la piratería. El mar era una rica zona comercial que incluía Yanbu y las ciudades santas de La Meca y Medina, de gran valor psicológico y propagandístico. Para favorecer el comercio se construyeron infraestructuras costeras. La conquista de Yemen así ayudó también a revitalizar el comercio egipcio. Sin embargo Saladino aún hubo de afrontar revueltas posteriores tras el regreso de Turan-Shah y no fue hasta el nombramiento de su otro hermano Tughtekin Sayf al-Islam como gobernador en 1182 que se consolidó la conquista del país.
Sultán de Siria Conquista de Damasco y el sur de Siria A comienzos del verano de 1174, Nur al-Din se hallaba aparentemente preparando un ataque a Egipto, habiendo enviado peticiones de tropas a Mosul, Diyarbakir y al-Yazira. La familia ayubí mantuvo un concilio sobre como afrontar esta posible amenaza y Saladino congregó a sus tropas a las afueras de El Cairo. Sin embargo, el 15 de mayo moría Nur al-Din, dejando el poder a su hijo de once años as-Salih Ismail al-Malik. Con ello Saladino obtenía de facto total independencia; en una carta al heredero prometía "actuar como una espada contra sus enemigos" y definía la muerte de su padre como "el shock tras un terremoto".
La muerte de Nur al-Din dejó ante Saladino una difícil decisión. Podía atacar a los cruzados desde Egipto o esperar hasta ser invitado por as-Salih en Siria para atacar desde ahí. Podía también ocupar Siria antes de que, como parecía, cayera en manos de un rival, pero temía la hipocresía moral de atacar las tierras del que había sido su señor, algo detestable por su moral islámica y que le invalidaba para encabezar la guerra contra los cruzados. Para anexionarse Siria necesitaba una invitación de as-Salih o una excusa como el potencial peligro cruzado en un caso de desgobierno.
Cuando as-Salih fue llevado a Alepo en agosto, Gumushtigin, emir de la ciudad y capitán de Nur al-Din asumió la regencia. El emir se preparó para desbancar a sus rivales, empezando con Damasco. Ante estas perspectivas, el emir de la ciudad, acudió a Saif al-Din (primo de Gumushtigin) de Mosul en busca de apoyo, siendo rechazado y obligado a acudir a Saladino. Saladino cruzó el desierto con 700 jinetes, pasando por Kerak y alcanzando Bosra, y siendo seguido por "emires, soldados, turcos, kurdos y beduinos en cuyo rostro se veían las emociones de sus corazones". El 23 de noviembre llegó a Damasco entre vítores y descansó en la antigua casa de su padre en la ciudad, hasta que se le abrieron las puertas de la Ciudadela de Damasco, donde se estableció y recibió el homenaje de los ciudadanos.
Alepo y el norte de Siria Dejando a su hermano Tughtigin como gobernador de Damasco, Saladino avanzó al norte con ánimo de someter otras ciudades que antaño pertenecieron al imperio de Nur al-Din pero que tras su muerte habían devenido en casi independientes. Tomó Hama sin muchos problemas, pero evitó la poderosa fortaleza de Homs. Se movió luego hacia Alepo, que sitió el 30 de diciembre de 1174 después de que Gumushtigin se negara a abandonar el trono. Pero as-Salih, que temía a Saladino, dejó el palacio y pidió a la población que no se rindiera.
¡Mirad a este hombre injusto e ingrato que quiere quitarme mi país sin consideración para Dios ni para los hombres! Soy huérfano y cuento con vosotros para defenderme en memoria de mi padre que tanto os amó." as-Salih al-Malik
Uno de los cronistas de Saladino dijo que "la gente cayó bajo su embrujo".
Gumushtigin pidió ayuda a Rashid ad-Din Sinan, gran maestro de los asesinos, secta que estaba enemistada con Saladino (se trata de una corriente fatimí, que había visto con gran enojo el fin del califato egipcio). Estos planearon asesinar a Saladino en su campamento. Un grupo de 13 asesinos entró fácilmente en el mismo, pero fueron detectados antes de haber cometido el crimen. Uno cayó ante un general de Saladino y los otros fueron reducidos mientras trataban de huir. Para complicarlo todo aún más, Raimundo III de Trípoli congregó a sus fuerzas en Nahr al-Kabir cerca del territorio musulmán. Amagó un ataque contra Homs, pero se replegó después de oír que Saif al-Din enviaba refuerzos.
Mientras, los enemigos de Saladino en Siria y Mesopotamia llevaron a cabo una guerra de propaganda, basándose en la idea de que "había olvidado su condición de vasallo" y no mostraba gratitud por su antiguo señor sitiando a su hijo "en rebelión contra su señor". Saladino intentó contrarrestar esta propaganda levantando el sitio y afirmando que estaba defendiendo el islam contra los cruzados. Regresó con sus tropas a Hama a enfrentar un ejército cruzado, que se retiró permitiendo a Saladino proclamar "una victoria que abría las puertas de los corazones de los hombres". Poco después lograba entrar en Homs y tomar su ciudadela (marzo de 1175) a pesar de una terca resistencia de los defensores.