miniatura|derecha|Fotografía de un Guardia Civil de entre 1855 y 1857. La historia de la Guardia Civil en España comenzó con su fundación por el duque de Ahumada en 1844. Se dedicó a la seguridad en el campo y al orden público en general. En el y principios del se distinguió por su lucha contra el bandolerismo, sobre todo en Andalucía. Prestó su apoyo en los distintos conflictos civiles que vivió el país.
En 1959 pasó a tener competencias en materia de tráfico. En la segunda mitad del creó una serie de unidades especializadas para una mayor efectividad en la lucha contra el crimen.
Entre 1968 y 2011 fue la principal fuerza policial contra la banda terrorista ETA y la que más fallecidos dejó por esto.
En 1820 Pedro Agustín Girón, teniente de la Guardia Real, propuso la creación de una organización policial con estructura militar pero al servicio del poder civil, llamada Legión de Salvaguardias Nacionales. Finalmente, este proyecto no se llevó a cabo y tuvo que marcharse al exilio con su hijo, Francisco Javier Girón Ezpeleta, en 1822.
Para el control de fronteras y evitar el contrabando, en 1829 Fernando VII creó el Real Cuerpo de Carabineros de Costas y Fronteras, completado por el Resguardo Civil, que ejercía un control en el interior. En 1842 se reorganizó como el Cuerpo de Carabineros del Reino, a cargo del mariscal de campo Martín José de Iriarte. Este dependía del Ministerio de Hacienda.
En noviembre de 1843 el presidente del gobierno, Salustiano Olózaga, consideró que la policía de entonces no era lo suficientemente eficaz y quiso reinstaurar la Milicia Nacional, pero el proyecto no se llevó a cabo y terminó dejando el gobierno.
El 5 de diciembre pasó a ser presidente Luis González Bravo. El 31 de diciembre de 1843 el ministro de la Guerra, Manuel de Mazarredo, escribió una solicitud al ministro de la Gobernación, el marqués de Peñaflorida, para que crearse una fuerza pública que librase al Ejército de tener que perseguir a delincuentes.
El subsecretario de Gobernación, Patricio de la Escosura, redactó el Real Decreto del 26 de enero de 1844, para la reorganización de la seguridad pública en España. El 30 de enero de 1844 se publicó un reglamento desarrollando este Real Decreto, en cuyo artículo 10 se decía que el ministro de la Gobernación organizaría "una fuerza especial destinada a proteger eficazmente a las personas y las propiedades, cuyo amparo es el principal objeto del ramo de protección y seguridad".
El ministro de la Gobernación se dedicó a la elaboración de un decreto para la creación de esta fuerza de seguridad. El 10 de marzo presentó al Gobierno un borrador completo, que fue modificado por el Consejo de Ministros en algunos aspectos, dando lugar a un nuevo documento el 14 de marzo. Los que redactaron este decreto fueron Patricio de la Escosura y Manuel Beltrán de Lis y Ribes.
La exposición de motivos del decreto fue presentada a Isabel II por el presidente Luis González Bravo, el ministro de Gracia y Justicia Luis Mayans y Enríquez de Navarra, el ministro de la Guerra Manuel de Mazarredo, el ministro de Hacienda Juan José García Carrasco Gómez Benítez, el ministro de Marina José Filiberto Portillo y el ministro de Gobernación José Justiniani Ramírez de Arellano, marqués de Peñaflorida.
Al ser unos guardias armados al servicio del poder civil, la reina Isabel II dijo que los llamaría guardias civiles. Por esto, el decreto los llamaría así.
La reina Isabel II firmó el Real Decreto el 28 de marzo de 1844.
El Real Decreto del 12 de abril de 1844 estableció que el Ministerio de la Guerra se encargaría de la organización inicial de la Guardia Civil, pero que posteriormente estaría a cargo de las autoridades civiles. La organización de este cuerpo le fue encargada al mariscal de campo Francisco Javier Girón Ezpeleta. Este Real Decreto le fue enviado, junto con una comunicación oficial de su encargo, a Cataluña, en donde se encontraba, el 15 de abril.
Francisco Javier Girón Ezpeleta, II duque de Ahumada y V marqués de Las Amarillas, fue un militar isabelino que sirvió a las órdenes del general Leopoldo O'Donnell en la primera guerra carlista, contra el general Ramón Cabrera. En 1843 fue nombrado jefe militar en la región de Cataluña. Allí conoció la formación de los Mozos de Escuadra, que le agradó y del cual tomó ideas para la formación de la Guardia Civil. En aquel entonces existían otras organizaciones de seguridad en España: rondas volantes extraordinarias, somatén y los ya dichos mozos de escuadra en Cataluña, compañías de miñones y de migueletes en Valencia, miñones en Álava, escopeteros en Sevilla, Toledo y Ciudad Real, escuadras de gendarmes en Pamplona, celadores en las provincias de Castellón de la Plana y Jaén, entre otras, salvaguardias en Santander, la compañía de faletís en Cádiz, compañías sueltas en Aragón y Castilla la Nueva, el tercio rural de migueletes en Salamanca y muchas otras. En estas organizaciones había unos 4 000 efectivos en total.
Canarias se encargaban de esto batallones y secciones de militares. En 1877 se crearon las Compañías de Guardias Provinciales, formadas por militares que realizaban una función similar a la de la Guardia Civil. miniatura|derecha|El duque de Ahumada, fundador de la Guardia Civil. El duque de Ahumada propuso la creación de un cuerpo de seguridad profesional, estable y bien organizado. Le dio mucha importancia a que la tropa tuviera un buen sueldo, para evitar la corrupción, y también que fuese gente de conocida honradez y alfabetizada. También propuso que hubiera más oficiales subalternos, para que hubiese una mayor vigilancia. Redactó siete puntos para la organización, que fueron aceptados por el presidente Narváez y recogidos en el Real Decreto del 13 de mayo de 1844.
El uniforme quedó establecido por Real Decreto del 15 de junio de 1844.
El verano de 1844 se recibió a los aspirantes en los cuarteles de Leganés, Vicálvaro y Alcalá de Henares.
El 1 de agosto de 1844 el Cuerpo contaba ya con 668 guardias de infantería y 368 de caballería. A mediados de agosto, contaba ya con 758 y 415 respectivamente.
El 1 de septiembre el presidente y ministro de la Guerra, Narváez, pasó revista a la Guardia Civil por primera vez, a las afueras de la Puerta de Atocha. Había 1500 guardias de infantería y 370 de caballería. Ese día el duque de Ahumada fue nombrado el primer inspector general de la Guardia Civil.
El Reglamento para el Servicio de la Guardia Civil, aprobado por el Real Decreto del 9 de octubre de 1844, estableció las obligaciones y facultades de la Guardia Civil, su dependencia orgánica, vinculada en lo referido a su servicio peculiar al Ministerio de la Gobernación. El artículo dice que el objetivo de la Guardia Civil es: «la conservación del orden público, la protección de las personas y las propiedades (…) y el auxilio que reclame la ejecución de las leyes». El artículo 31 dice: «En los caminos, en los campos y despoblados, toda unidad o individuo de la Guardia Civil cuidará de proteger a cualquier persona que se vea en algún peligro o desgracia, ya prestando el auxilio de la fuerza, ya facilitando el socorro que tuviese a su alcance».
El 10 de octubre de 1844 la reina Isabel II pasó a ser mayor de edad, conforme a la legislación de entonces, al cumplir 14 años. Ese día, fue desde el Palacio Real a inaugurar las nuevas Cortes. En el recorrido, fue escoltada por la Guardia Civil.
El Reglamento Militar de la Guardia Civil, aprobado por el Real Decreto del 15 de octubre, fue elaborado por el Ministerio de la Guerra bajo la égida del duque de Ahumada y es por tanto más conforme con su doctrina y carácter. Determina la organización con arreglo a criterios castrenses, los ascensos, dependencia, obligaciones, disciplina y estatuto del personal del Cuerpo.
El duque de Ahumada quería poner a la Guardia Civil a resguardo de la contienda política, dotándola de una filosofía autónoma que le permitiera prestar un servicio civil sin menoscabo de la estructura militar. Por ello, el 16 de enero de 1845 redactó una circular sobre esto. Fue aprobada por Real Orden el 20 de diciembre de 1845. Es conocida como la «Cartilla o el Código Moral de la Guardia Civil».
En 1844 los políticos de las provincias realizaron informes sobre las necesidades de seguridad en sus territorios. Basándose en ellos, el duque de Ahumada estableció aquel año doce tercios con las siguientes capitales: Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, La Coruña, Zaragoza, Granada, Oviedo, Cáceres, Pamplona, Burgos y Vitoria. Por Real Orden del 20 de octubre de 1844, se mandaron compañías del Primer Tercio, el de Madrid, a Toledo, Cuenca, Ciudad Real y Guadalajara. En agosto de 1846 se creó el Tercio de Baleares. En 1898 se puso una comandancia en Tenerife, sobre la base de la Compañía de Guardias Provinciales, organizándose como tercio en 1936. Estos tercios estaban integrados por compañías de infantería y escuadrones de caballería. A finales de 1844 había 3 000 guardias civiles y en 1845 había 7 140.
La Guardia Civil prestó servicio en Melilla desde la Comandancia de Málaga y en Ceuta desde la Comandancia de Cádiz. En 1893 se instaló en Melilla y 1898 en Ceuta.
El duque de Ahumada puso al mando del tercio de Madrid al coronel Carlos Purgoldt, que había sido inspector general militar en Cataluña y Valencia, del de Barcelona a José Palmés, que había estado en la Guardia Real, y del de Sevilla a José de Castro, que ya tenía experiencia en la lucha contra los bandoleros por haber sido jefe de los Escopeteros Voluntarios de Andalucía.
El tercio de Madrid tuvo su primera sede en el Teatro Real, que entonces estaba en obras, y el de Barcelona en el antiguo Convento de Jerusalén.
En 1847 la sede de Inspección General estaba en un edificio del del Ministerio de la Gobernación, situado en la calle Torija número 14, de Madrid. Este edificio había sido entre 1834 y 1847 el Archivo del Ministerio de la Gobernación, que aquel año se trasladó al edificio de Correos realizado por Carlos III en 1768 en la Puerta del Sol. Años después, se trasladó al Cuartel de San Martín, derribado en 1868, y que estaba en la Plaza de San Martín.
También colaboraron en labores humanitarias en incendios, inundaciones y otras catástrofes. Prestaron una gran ayuda durante una inundación en Barcelona en diciembre de 1844. También ayudaron a los pasajeros de la goleta británica Mary, que estaba embarrancada en la desembocadura del Guadalquivir, el 9 de abril de 1848.
Lucha contra el bandolerismo
La primera intervención del recién creado Cuerpo de la Guardia Civil tuvo lugar en Navalcarnero, el 12 de septiembre de 1844, al evitar el asalto a la diligencia de Extremadura.
Desde su creación, participó en acabar con muchos de los problemas que tenía el Estado en aquel entonces. En octubre de 1844 detuvieron a los participantes de una conspiración esparterista para asesinar al presidente Narváez. En noviembre el teniente general Martín Zurbano se sublevó a favor de Espartero en Nájera. La Guardia Civil de Logroño persiguió a los rebeldes y los detuvo en Ortigosa de Cameros. Martín Zurbano fue fusilado en Logroño.
En 1846 tuvo lugar una rebelión en varios lugares de Galicia dirigida por el coronel Miguel Solís Cuetos y el brigadier Leoncio Rubín de Celís y Oroña, a la que se sumaron todas las guarniciones, excepto las de La Coruña y Ferrol. El teniente general Manuel Gutiérrez de la Concha organizó la resistencia gubernamental con pequeñas columnas dirigidas por guardias civiles. En menos de un mes, Solís capituló en Orense y Rubín se marchó a Portugal.
Ayudó a desmontar la rebelión que tuvo lugar en Madrid agosto de 1846, en la que practicó 300 detenciones, y otra que tuvo lugar en Valencia en noviembre. En esta época el Gobierno les premió con numerosas Cruces de María Isabel Luisa y con ocho Cruces de San Fernando de Primera Clase.