Fallen Angels (, literalmente, Ángeles caídos) es una película de Hong Kong dirigida en 1995 por Wong Kar-wai, encuadrada en el cine negro contemporáneo y la comedia dramática. Sus actores protagonistas son Leon Lai, Takeshi Kaneshiro, Michelle Reis, Charlie Yeung y Karen Mok.

El filme narra dos historias entrelazadas. La primera sigue a un asesino a sueldo que desea abandonar el mundo criminal, la excéntrica mujer con quien inicia una relación y su agente —que permanece sin nombre a lo largo de todo el metraje—, secretamente enamorada de él. La segunda cuenta la historia de un ex convicto mudo que huye de la policía y una mujer emocionalmente inestable abandonada por su pareja. Ambas transcurren en el Hong Kong británico de 1995, y a través de ellas la película explora la soledad de sus personajes, su alienación respecto al mundo que los rodea y el anhelo de conexión en una ciudad frenética y ecléctica.

Wong Kar-wai concibió originalmente Fallen Angels como la tercera historia de su película anterior, Chungking Express (1994), pero la separó en un proyecto independiente debido a la extensión acumulada del material. Así, la película no funciona como secuela sino como un capítulo aparte. Al igual que su predecesora, presenta una narrativa fragmentada que prioriza el estado de ánimo y la atmósfera sobre la estructura argumental. Si Chungking Express se caracterizaba por colores vivos y escenas diurnas, Fallen Angels está filmada íntegramente de noche, con una paleta más oscura salpicada de neones. Wong consideraba ambas películas como contrapartes complementarias en su exploración del Hong Kong contemporáneo.

El director de fotografía Christopher Doyle recurrió de manera sistemática al objetivo gran angular para distorsionar los rostros de los personajes, subrayando visualmente su aislamiento respecto al entorno. En las escenas de violencia extrema, Doyle genera tensión mediante imágenes frenéticas y deliberadamente desenfocadas. La banda sonora apuesta por el trip hop y el pop para sostener el ambiente y establecer un diálogo constante con la cultura popular.

Fallen Angels se estrenó en septiembre de 1995. La crítica inicial señaló su semejanza estilística con Chungking Express y acusó a Wong de cierta autocomplacencia, aunque con el tiempo el juicio fue tornándose más favorable. En los 15.º Premios de la Academia del Cine de Hong Kong de 1996, la película obtuvo tres galardones: Mejor actriz de reparto para Karen Mok, Mejor fotografía para Christopher Doyle y Mejor banda sonora original para Roel A. García y Frankie Chan. La crítica retrospectiva coincide en que, aunque la película no alcanza el carácter rupturista de su predecesora, sigue siendo una de las obras más apasionantes de Wong Kar-wai y una de las grandes películas de los años noventa. Su estilo abstracto e inconvencional, el contexto histórico en que fue rodada y su uso del pastiche y la intertextualidad —tanto respecto a la cultura popular como a la propia Chungking Express— han llevado a clasificarla como una obra postmoderna.

Desde su estreno, Fallen Angels ha sido considerada con frecuencia uno de los mejores trabajos de Wong Kar-wai. Posee además una considerable base de seguidores incondicionales y ocupa un lugar singular en su filmografía: fue la última película que rodó íntegramente en Hong Kong antes de embarcarse en producciones de mayor alcance internacional.

Argumento Wong Chi-Ming (Leon Lai) es un asesino a sueldo que lleva casi tres años trabajando en solitario, coordinado únicamente por su socia (Michelle Reis), una mujer que organiza sus encargos, limpia su apartamento a escondidas, le envía planos de los objetivos y le hace la compra, todo sin que ambos se hayan visto jamás en persona.

Pese a la distancia, ella ha desarrollado una obsesión creciente hacia él: frecuenta el bar que él suele visitar, fantasea con su presencia y, de vuelta en el apartamento que él nunca sabe que ella conoce, se abandona al deseo de ese amor imposible. Wong, por su parte, está harto. La vida del sicario —sin voluntad propia, sin decisiones verdaderas— le pesa cada vez más. Tras ejecutar un trabajo en el que resulta herido, decide retirarse. En lugar de comunicárselo directamente a su socia, le deja un mensaje cifrado: le pide al barman que le ponga Forget Him en la gramola cuando ella aparezca por allí. Ella escucha la canción, regresa al apartamento y, entre el deseo y la desolación, se derrumba.

Mientras tanto, Wong conoce en un McDonald's a una mujer excéntrica apodada Rubia (Karen Mok), que lo confunde con un ex amante que la abandonó. Comienza entre ellos una relación extraña, marcada por el equívoco. Con el tiempo, Rubia coincidirá con la socia y, sin saber muy bien lo que hace, le organizará un encuentro con Wong. Es la primera vez que se ven cara a cara. La socia le pide que acepte un último encargo. Él acepta. Después rompe con Rubia, que le clava los dientes en el brazo para dejar su huella en él antes de dejarlo marchar. Wong parte hacia su trabajo final mientras su socia, en un gesto ambiguo de amor y rendición, hace una llamada que lo delata. El asesino muere en el enfrentamiento, aunque no sin haber tomado, por primera vez, sus propias decisiones.

Entrelazada con esta historia aparece la de He Qiwu (Takeshi Kaneshiro), un joven mudo con antecedentes penales que vive con su padre en las caóticas Chungking Mansions —el mismo edificio donde habita la socia— y que se gana la vida de manera peculiar: irrumpe de noche en negocios ajenos y vende sus productos y servicios a clientes que no siempre están dispuestos a recibirlos. Entre sus idas y venidas conoce a una mujer llamada Charlie, en cuyos hombros llora una y otra vez la misma historia: su ex novio Johnny la dejó por una chica llamada Rubia. He Qiwu se enamora de ella, pero Charlie lo deja plantado. El golpe lo transforma: abandona sus trapicheos nocturnos, entabla una amistad con el dueño de un restaurante, empieza a filmar el mundo con una cámara de vídeo. Cuando su padre muere, las imágenes grabadas se convierten en la única forma de retenerlo. Tiempo después se encuentra de nuevo con Charlie, que ahora es azafata y tiene una vida nueva; ella pasa a su lado sin reconocerlo.

Al final, la socia de Wong entra en el restaurante donde trabaja He Qiwu. Admite que, desde la muerte del asesino, se ha vuelto más fría, más cauta. Fuera, un grupo de matones golpea a He Qiwu. Ella lo ve y comprende de inmediato lo que siente: la misma pérdida, el mismo vacío. Se van juntos en la moto de él. Él dice que nota algo, aunque nunca llegarán a ser amigos ni confidentes. Ella dice que hace tiempo que no se acerca a nadie, pero que el calor que él le da en ese momento —aunque sea pasajero— le basta.

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