La olduvayense, o industria de modo 1, es una de las formas de denominar a las primeras industrias humanas de la prehistoria africana. Reciben tal apelativo a causa de uno de los yacimientos más importantes donde se han hallado tales industrias: la garganta de Olduvai, en Tanzania. El término olduvayense puede considerarse equivalente a lo que fuera de África se ha llamado pre-achelense, Paleolítico inferior arcaico o cultura de los cantos tallados, si bien en el continente africano los restos arqueológicos son sensiblemente más antiguos.
thumb|300px|<center>Canto tallado de tradición olduvayense
Acerca de los primeros utensilios fabricados por homínidos, existen ciertos interrogantes que aún no se han aclarado totalmente. Primero está la cuestión de cuál fue la primera especie en elaborar herramientas y si tal rasgo es suficiente como para considerar a dicha especie dentro del género Homo. En segundo lugar, no se puede afirmar, al menos para los vestigios más antiguos, que se trate de útiles fabricados por alguien con conciencia de lo que hacía.Es notorio que ciertas especies de chimpancés son capaces de elaborar instrumentos sencillos, incluso herramientas de piedra toscamente tallada, algo demostrado recientemente por el investigador español Julio Mercader, de la Universidad de Calgary (Canadá). El descubrimiento, que se publica en la edición digital de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), indica que ya hace 4.300 años los chimpancés usaban herramientas de piedra en el yacimiento de Noulo, en Costa de Marfil:
Las primeras referencias a industrias humanas extremadamente antiguas en África se deben a E. J. Wayland, quien estudió en la antigua Rhodesia del Norte (ahora Zambia) cierto yacimiento a orillas del río Kafue, por lo que bautizó la facies cultural como kafuense, que luego volvió a encontrar en Uganda; ambas eran zonas pertenecientes al Imperio británico. La kafuense está siendo cuestionada como cultura independiente.
El descubrimiento científico, en cambio, se debe a la labor de Louis Leakey en los años 30 y 40. Leakey trabajó en la Garganta de Olduvai, contrastando sólidamente sus resultados que sirvieron de efecto multiplicador para dar a conocer otras industrias similares, sobre todo en el este, el sur y el norte de África.
Al día de hoy, la mayor parte de los hallazgos consignados son recolecciones de superficie, raramente asociables a una estratigrafía fiable que permita una datación precisa y el establecimiento de una secuencia evolutiva (por ejemplo, el curso alto del río Semliki, en el Congo, Fejej, en Etiopía o Wadi Saura en Túnez). En tales casos, los pocos yacimientos excavados y bien datados sirven como referencia para jalonar aquellos otros por medio de analogías, casi siempre tipológicas, con todo el riesgo que ello conlleva.
Considerando la desaparición de utillaje en materiales perecederos como la madera o el hueso, la panoplia olduvayense más pura se limita al canto tallado (entendido como útil, como núcleo o como ambas cosas) y la lasca (retocada o no), aunque, a medida que este evoluciona, se le añaden nuevos tipos líticos, más especializados y sofisticados.
Yacimientos olduvayenses africanos <div style="position:relative;padding-left:40px;">thumb|350px|<center>Principales yacimientos olduvayenses en África. Douar Doum 10px 10px Tardiguet-er-Rahla 10px Sidi Abderrahman 10px Aïn Hanech 10px Wadi Saura Aulef 10px 10px Reggan Djourab 10px Bah el Ghazal 10px 10px Kada Hadar Kada Gona 10px Melka Kunturé 10px 10px río Omo Lokalalei 10px 10px Karari 10px Koobi Fora Senga 10px Nyabusosi 10px 10px Kanjera 10px Peninj Olduvai 10px Lago Malawi 10px 10px río Kafue 10px Makapansgat Kromdraai 15pxSterkfontein Swartkrans 10px Taung
Los yacimientos con las más antiguas industrias humanas se encuentran, precisamente, en el mismo espacio donde parece que tuvo lugar la hominización. Esto se debe, sin duda, a que en estas zonas las condiciones de conservación de los fósiles son excepcionales, a lo que se une una mayor facilidad para la prospección arqueológica. Es plausible pensar que otros lugares de África, hoy cubiertos por selvas, con unas condiciones poco adecuadas para la fosilización o más inaccesibles a las investigaciones también pudieron ser escenario del desarrollo de este gran complejo cultural.
África oriental
Se trata de una zona perteneciente al gran Valle del Rift africano, con una orografía accidentada y una historia geológica muy rica en la que el vulcanismo juega un papel primordial. Los fenómenos de sedimentación debidos a la acción fluvial o lacustre han generado numerosos estratos que han fosilizado restos de fauna y huellas de actividades de los homínidos humanos y prehumanos. Estos sedimentos de arenisca suelen estar intercalados con coladas volcánicas o capas de ceniza que permiten correlacionar y establecer fechas por diversos métodos. Las continuas fracturas y basculamientos de los bloques tectónicos, unidos a la erosión por parte de los actuales cursos de agua, han puesto al descubierto los yacimientos fosilíferos con muchos metros de potencia y millones de años de antigüedad. A menudo, una simple tormenta puede sacar a la luz una gran cantidad de fósiles, cosa que puede ocurrir en cortos lapsos de tiempo. Aunque, en principio, fueron estadounidenses, franceses e ingleses los que acaparaban las investigaciones, actualmente trabajan en la zona equipos arqueológicos internacionales, entre los que se integran especialistas africanos de los países de origen.
Etiopía
Afar
La depresión de Afar es una de las muchas fosas tectónicas que forman el Gran valle del Rift africano; por ella fluye el río Awash, que ha erosionado sedimentos que dejó un antiguo lago fluctuante durante el Plioceno y el Pleistoceno. La erosión ha hecho aflorar numerosos fósiles en estratos que rozan los 300 metros de potencia y que han podido ser datados entre los 4 y los 2,5 millones de años de antigüedad. Se trata de capas lacustres, palustres y fluviales intercaladas con niveles de ceniza volcánica, que son los que permiten la aplicación de sistemas de datación absoluta, por el método del Potasio/Argón.
La zona se hizo famosa a raíz del descubrimiento en 1974, por parte de Donald Johanson (1943-), de un esqueleto casi completo de Australopithecus afarensis, conocido mundialmente como Lucy. Pero desde el punto de vista de la industria destacamos algunos yacimientos primordiales:
En el arroyo de Kada Gona han aparecido una veintena de objetos indudablemente tallados y en arroyo de Kada Hadar, casi una decena. Los datos son escasos, pero las dataciones los sitúan entre 2,4 y 2,6 millones de años de antigüedad mínima y 2,9 millones de antigüedad máxima. Tecnológicamente ambos lugares son muy similares, poseen cantos tallados, poliedros parciales, núcleos muy toscos y escasas lascas.
En el tramo alto de este río, al sur de Addis Abeba, destaca el conjunto arqueológico de Melka Kunturé, cuya industria lítica ha podido ser datada con fiabilidad gracias a que también han aparecido en estratos subyacentes a sedimentos volcánicos. Melka Kunturé difiere de los restos del Awash medio por la abundancia de productos de lascado. Por otro lado, junto a las piezas líticas apareció el húmero de un homínido que podría pertenecer a alguna especie similar a Homo erectus. Entre los yacimientos más reseñables del complejo destaca el de Gomboré I se ha excavado un nivel con más de dos millones de años, con utensilios líticos consistentes en percutores (o, mejor dicho, guijarros con huellas de percusión), cantos tallados, poliedros, raederas y numerosos desechos de talla. En ellos se observa rasgos estrechamente relacionados con el posible nacimiento del Achelense. Gomboré I también tiene restos de Homo habilis y existe una estructura artificial, lo que parece ser un abrigo de guijarros para protegerse del viento. Asimismo el yacimiento de Garba IV, que tiene un nivel antiguo con restos de australopitecinos y otro nivel superior que ya podría situarse en un Olduvayense evolucionado, ya que entre sus piezas, además de cantos tallados ya hay bifaces y hendidores, aunque son muy escasos.
Río Omo
La formación Shungura, situada al norte del lago Turkana, es una estructura geológica de más de 800 metros de espesor y 200 km², cuyos estratos, entre los que se han separado doce unidades, son muy regulares y en ellos se ha aplicado la técnica de datación por Paleomagnetismo, proporcionando una edad entre 2,5 y 1,8 millones de años. Las piezas de datación más antigua, relacionadas con la Formación Shungura, han sido puestas al descubierto por la erosión del río Omo: se han localizado varios lugares con piezas talladas desde 2 millones hasta más de 2,5 millones de años, asociadas a restos de australopitecinos y lo que en principio se calificó como Homo habilis, actualmente denominado Homo rudolfensis. No sólo se encuentran los omnipresentes cantos tallados (un canto tallado del sitio de Omo 71 se data en más de 2,3 m.a.) en los que, según los estudios de los Chavaillon, se preludian las principales formas del Paleolítico Inferior más avanzado. Hay, junto a ellos, numerosas lascas, algunas de ellas con huellas de uso o retocadas en forma de raederas y toscos perforadores. Algunos de estos objetos conservan huellas de uso. Ocasionalmente, se han encontrado pequeñas esquirlas de cuarzo y jaspe, también con retoques (el sitio de Omo 123 ha deparado millares de objetos tallados in situ con unos 2 m.a.). thumb|Paisaje a orillas del lago Turkana.
Kenia
Koobi Fora
Descubierto por Richard Leakey, en la orilla este del lago Turkana, y excavado en colaboración con Glynn Isaac, es uno de los más importantes yacimientos a orillas del lago Turkana, se relaciona estrechamente con la industria de los lechos I y II de Olduvai, a los que se les ha asignado una edad entre 1,5 y 2,5 millones de años, si bien, el nivel más fructífero corresponde, grosso modo, a los 2 millones de años.Durante décadas ha existido una fuerte controversia sobre la edad del estrato de referencia de Koobi Fora, la llamada Toba KBS, a la que se han aplicado los más diversos métodos de datación. Por ejemplo la primera datación por Potasio/Argón en 1970 proporcionó una edad de 2,6 millones, el paleomagnetismo indicaba una polaridad positiva, que podría corresponder tanto al final de fase Gauss (2,5 millones), como al episodio Olduvai-Gisla (1,8/1,6 millones); la fauna parece inclinarse por las dataciones más recientes y lo mismo ocurre con una segunda datación por Potasio/Argón realizada por la universidad de Berkeley en 1975. En cambio el procedimiento de las huellas de fisión reflejaron 2,44 millones en el primer intento (1976) y 1,87 en el segundo intento (1980). , Páginas 87-88. Esta industria, además, se asocia a restos de fauna (sobre todo hipopótamo, pero también elefante y jabalí) con marcas de haber sido intencionalmente troceados, lo cual no implica necesariamente que hayan sido piezas de caza. Muchas de las lascas recogidas aparecen con retoques marginales, por lo que no se descarta que sean objetos casuales o accidentales.
Karari
Karari también se ubica a orillas del lago Turkana y su industria es más abundante que la de Koobi-Fora. Esta vez tallada en rocas volcánicas, más abundantes y menos tenaces, o sea más fáciles de tallar, que la cuarcita. Las piezas son muy sencillas, de pequeño tamaño y, algunas, con claras huellas de uso. Pocas de ellas encajan en la tipología clásica. Junto a ellas, hay restos de huesos fracturados intencionalmente por percusión —quizá para extraer la médula— o con huellas de cortes de descarnación, éstos han sido datados entre 1,6 y 1,2 millones de años.
Kanjera