miniaturadeimagen|300x300px|Tropas alemanas desfilan por la capital belga, Bruselas, en 1914. La ocupación alemana de Bélgica (: ) durante la Primera Guerra Mundial supuso la administración militar del país por las autoridades del Imperio alemán entre 1914 y 1918, cuyos ejércitos habían conquistado gran parte del país. Comenzó en agosto de 1914 con la invasión alemana de Bélgica, neutral en el conflicto; los ejércitos alemanes dominaban el país casi completamente antes del principio del invierno y los Aliados tuvieron que replegarse al oeste. El Gobierno belga se exilió, mientras que el rey Alberto I y el Ejército belga siguieron luchando en un sector del frente occidental. El ejército alemán dividió Bélgica en tres zonas administrativas separadas. La mayoría del territorio quedó sometida al Gobierno General, un organismo de ocupación presidido por un general alemán, mientras que el resto, las regiones más cercanas al frente, sufrieron un régimen más severo y más directamente dependiente de los mandos militares.
La economía belga sufrió una honda crisis durante la ocupación alemana que conllevó privaciones y desempleo, al tiempo que el país vivía una revitalización de la religión. Las organizaciones de socorro, que entregaban alimento y ropa a la población, privada de las importaciones por el bloqueo naval aliado y los combates en el cercano frente, también cobraron gran importancia en la vida social y cultural del país.
La administración ocupante sofocó toda oposición y aprobó numerosas medidas que rechazó el grueso de la población, como la deportación de trabajadores a Alemania y la imposición de trabajos forzados en proyectos militares. También apoyó al movimiento flamenco radical mediante abundantes concesiones, parte de la Flamenpolitik, el intento de granjearse el favor de la población flamenca. Surgieron diversos grupos de resistencia a la ocupación que se dedicaron a sabotear las infraestructuras militares, recabar información para trasmitirla a los Aliados e imprimir periódicos clandestinos. Aunque hubo frecuentes manifestaciones de descontento con la ocupación, las autoridades alemanas las castigaron.
Los Aliados comenzaron a avanzar en territorio belga a partir de agosto de 1918, en la Ofensiva de los Cien Días, liberando parte del país. La mayor parte de este, sin embargo, permaneció ocupado hasta la firma del armisticio de noviembre de 1918; solamente entonces el Ejército belga sustituyó en las tareas de mantenimiento del orden a las unidades alemanas que se retiraron.
Antecedentes miniaturadeimagen|Tropas alemanas atraviesan Blankenberge en 1914. Tras lograr la independencia en 1830, Bélgica había sido obligada a permanecer perpetuamente neutral en el Tratado de Londres de 1839; fue una de las condiciones para que las potencias europeas garantizasen su independencia. Antes del estallido de la guerra mundial, Bélgica había sido una monarquía constitucional, una de las naciones más industrializadas del mundo. El ejército alemán invadió Bélgica el 4 de agosto de 1914, pocos días después de haber presentado un ultimátum al Gobierno belga para que le franquease el paso por su territorio. El ejército alemán avanzó velozmente por Bélgica, asediando y conquistando las ciudades fortificadas de Lieja, Namur y Amberes, obligando al ejército belga, compuesto por doscientos mil soldados, a replegarse al extremo oeste del país junto a sus aliados franceses y británicos. Numerosos refugiados huyeron de las unidades alemanas y buscaron amparo en los países limítrofes. El avance alemán se detuvo por fin en octubre de 1914 cerca de la frontera francesa, como consecuencia de las batallas disputadas con los belgas en el Yser y con los franco-británicos en el Marne. El frente se estabilizó como resultado de estos combates; la mayor parte de Bélgica quedó en el lado alemán de la divisoria. Como ninguna ofensiva consiguió cambiar sustancialmente el trazado del frente, casi toda Bélgica quedó dominada por los alemanas hasta el final de la guerra.
Aunque la mayoría de Bélgica quedó ocupada, el rey Alberto continuó luchando al frente del Ejército belga, en un sector del frente occidental denominado «frente del Yser», situado en Flandes occidental, con su Estado Mayor en Veurne. El Gobierno belga, presidido por Charles de Broqueville, se estableció en el exilio, en El Havre, en la Francia nororiental. La colonia belga en África, el Congo Belga, también permaneció leal a los Aliados, sometido a la autoridad del Gobierno de El Havre.
La Violación de Bélgica Los alemanes cometieron crímenes de guerra contra la población civil durante su avance hacia el oeste en 1914. Perpetraron matanzas en poblaciones a cuyos habitantes acusaron de haber disparado contra sus soldados o de haber formado guerrillas. Los civiles fueron sometidos a juicios sumarísimos y varias ciudades fueron destruidas como castigo en lo que se denominó la «Violación de Bélgica». El ejército alemán asesinó a unas seis mil quinientas personas entre agosto y noviembre de 1914. Las tropas alemanas quemaron la biblioteca de la histórica Universidad de Lovaina. La atrocidades, muy exageradas por la propaganda aliada, suscitaron la compasión para con la población sometida a la ocupación en el extranjero. La prensa y la propaganda aliadas mantuvieron la expresión de condolencia hacia el sufrimiento de la población belga hasta el final de la guerra.
Administración miniaturadeimagen|Mapa de la Bélgica ocupada por el Imperio alemán. En noviembre de 1914, casi todo el territorio belga (2598 de los 2636 municipios) estaba ocupado por Alemania. Ese mes la amplia zona ocupada fue dividida, junto con las comarcas fronterizas francesas de Givet y Fumay, en tres nuevas unidades territoriales de ocupación. La primera, la Operationsgebied (Zona Operacional), abarcó una pequeña franja de tierra cercana al frente en el extremo occidental de Bélgica. Más al este se creó la Etappengebied (Zona de Preparativos), que englobó casi todo el Flandes occidental y oriental y parte de Henao y Luxemburgo. El resto del país quedó en la mayor de las tres zonas, la que administraba el Generalgouvernement (Gobierno General), que también se extendió por los territorios franceses ocupados. A diferencia las otras dos zonas cercanas al frente, cuyas autoridades se preocupaban esencialmente de cuestiones militares, la del Gobierno General pretendía tener un gobierno civil y militar conjunto y disfrutó de una administración más laxa y menos represiva. Los mandos militares alemanes clasificaron a los habitantes de las dos zonas más cercanas al frente como prisioneros.
La dirección del Gobierno General se confió a un general alemán que respondía ante el Ejército. Primero lo presidió brevemente Colmar von der Goltz en 1914, luego lo hizo Moritz von Bissing y posteriormente, a partir de abril de 1917, Ludwig von Falkenhausen. Las autoridades alemanas pretendían explotar el país en beneficio de la producción industrial y la economía alemana en general, pero no desmantelar el Estado belga ni destruir la economía del país, salvo que esto estorbase la consecución de sus propósitos.
La administración ocupante contaba con una sección civil, la Zivilverwaltung, encargada de la gestión de los asuntos cotidianos y una serie de kommandanturen en diversas localidades belgas. De ella dependían además ochenta mil soldados. La administración ocupante se limitó en la mayoría de los casos a emplear en su servicio a los funcionarios belgas, tanto estatales como municipales.
Vida bajo la ocupación
Penuria y organizaciones de socorro izquierda|miniaturadeimagen|Estragos en Flandes (1914). Bélgica había importado alimentos antes de la guerra. La invasión alemana y el bloqueo aliado hicieron que ya en septiembre de 1914 varias organizaciones belgas esperasen que la hambruna aquejase al territorio ocupado. Varios filántropos fundaron el Comité National de Secours et d'Alimentation (Comité Nacional de Auxilio y Alimentación, CNSA), cuya presidencia asumió un financiero, Émile Francqui, para obtener y transportar alimentos a Bélgica, donde serían vendidos a la población. Los beneficios se destinaban a sufragar la distribución de ayuda a los necesitados. La organización consiguió que los dos bandos permitiesen que importase comida de los Estados Unidos, por entonces aún neutrales en la contienda. Francqui aprovechó que conocía a Herbert Hoover, futuro presidente estadounidense, para que una organización estadounidense, la Comisión para el Auxilio Belga, obtuviese alimentos y otros artículos necesarios que luego distribuía el CNSA. Otras organizaciones menores de países neutrales también operaron en la Bélgica ocupada.
El CNSA ocupó un destacado papel en la vida cotidiana y en la cultura de la zona ocupada. La organización se encargaba de gran parte de las tareas asistenciales y evitó la extensión de la hambruna, pese a la habitual escasez de alimentos y de otros artículos que sufrió el país durante la guerra. En su momento de apogeo, el CNSA contaba con más de ciento veinticinco mil agentes y distribuidores repartidos por todo el país. Los historiadores han descrito al CNSA como un trasunto del Gobierno belga en tiempos de paz. Para la población, el CNSA fue un símbolo de la unidad nacional y de la resistencia pasiva a la ocupación.
Económica miniaturadeimagen|Un sello alemán, con el marchamo «Bélgica» y el valor, para uso durante la ocupación. El Gobierno belga se apresuró a retirar de la circulación las monedas de plata al estallar la guerra y a sustituirlas por billetes. La administración alemana los mantuvo y siguió imprimiéndolos. Para sufragar los costes de la ocupación, reclamaba «contribuciones» periódicas de treinta y cinco millones de francos mensuales. Como esta cantidad superaba los ingresos prebélicos de la Hacienda belga por impuestos sobre la renta, los bancos belgas comenzaron a generar más dinero para comprar bonos. La impresión excesiva de dinero y la llegada de gran cantidad de divisa alemana originaron una notable inflación. Durante la ocupación, se acuñaron monedas de zinc con valor de 5, 10, 25 y 50 céntimos y billetes por valor de 1, 2, 5, 20, 100 y 1000 Francos. Los billetes fueron emitidos por la Société Générale de Belgique. Los alemanes también fijaron un tipo de cambio entre el marco alemán y el franco belga de 1:1.25, que les beneficiaba. Algunas regiones y municipios empezaron a imprimir su propio dinero para uso local, con el fin de mejorar la situación económica de sus habitantes, que recibió el nombre de «dinero de penuria» (monnaie de nécessité).
El caos fiscal, los problemas de transporte y la requisa de metales causaron una crisis económica general, puesto que las fábricas se quedaron sin materias primas y comenzaron a despedir trabajadores. La crisis fue especialmente aguda en la gran industria manufacturera belga. Como también cesó la importación de materias primas, las empresas aumentaron el despido de trabajadores. El paro devino en grave problema e hizo que cada vez más belgas dependiesen de la caridad. Se calcula que unas seiscientas cincuenta mil personas carecían de trabajo entre 1915 y 1918. Las autoridades alemanas aprovecharon la crisis para apropiarse de maquinaria industrial belga que enviaban a Alemania y que fundían para reutilizar el metal. La tendencia se reforzó a partir de 1917, cuando Alemania abandonó la deportación de trabajadores al imperio, y entorpeció significativamente la recuperación de la economía belga tras la guerra.
Religión izquierda|miniaturadeimagen|El cardenal Mercier, en una imagen de 1914. Fue un destacado crítico de la ocupación.