El golpe de estado del 27 de abril de 1870 fue un golpe implementado en Costa Rica por la cúpula militar dirigida por Tomás Guardia Gutiérrez y estableció, en gran medida, la inauguración del Estado Liberal de Costa Rica y la Constitución Política de Costa Rica de 1871, la de más larga duración en la historia costarricense pues se mantuvo vigente hasta 1948.

El golpe derrocó al presidente de facto Jesús Jiménez Zamora y fue originalmente fraguado por el expresidente José María Montealegre Fernández, quien aspiraba retornar al poder por la fuerza. Un grupo de soldados acaudillados por Guardia ingresaron clandestinamente al Cuartel Principal de San José, sede del ejército y tomaron el control del mismo. Sin embargo, Guardia no entregó el poder a Montealegre, sino que lo entregó temporalmente a Bruno Carranza, quien renuncia poco después y el Congreso guardista nombra directamente a Guardia. Guardia gozaba de mucha popularidad entre los militares en especial por su heroico desempeño en la Campaña Nacional de 1856-1857.

Mientras que Montealegre y Jiménez pertenecían ambos al grupo de anti-moristas que habían derrocado y ejecutado al héroe de la Campaña nacional, Juan Rafael Mora Porras, así como buscaron borrar su recuerdo de la historia costarricense, Guardia por el contrario había sido morista y pasado el golpe tomó ingentes esfuerzos por conectar su propia figura y gobierno con el de Mora.

Guardia no pertenecía a la poderosa oligarquía cafetalera costarricense, élite política que había gobernado ininterrumpidamente hasta entonces. Su poder se mantuvo solo por el leal respaldo que tenía de las tropas. Inmediatamente después del golpe, Guardia convocaría a una Asamblea Constituyente que redactó una nueva constitución, sumamente progresista para la época y de fuerte raigambre liberal. Abolió la pena de muerte y la tortura, «desoligarquizó» el sistema político y realizó muchas obras de infraestructura.

La fecha del golpe se conmemoraba cada año bajo su régimen utilizando dianas que recorrían el país, con actos cívicos en los consejos municipales de cada cabecera de provincia, desfiles militares, una misa y banquete. Guardia gobernaría como hombre fuerte del país directamente o a través de testaferros hasta su muerte en 1882.

Antecedentes Hacia finales de la década de 1860, el panorama político de Costa Rica se encontraba fuertemente condicionado por una cúpula militar encabezada por los generales Máximo Blanco y Lorenzo Salazar, quienes habían actuado como árbitros de los cambios de gobierno desde el derrocamiento de Juan Rafael Mora Porras. En noviembre de 1868, ante la inminencia de las elecciones presidenciales y el rechazo del grupo opositor a la candidatura oficialista de Julián Volio, se intentó postular a Francisco Montealegre. Ante su negativa a aceptar el nombramiento, este grupo planeó una conspiración y se alió con los generales Blanco y Salazar para ejecutar un golpe de Estado que derrocó al presidente José María Castro Madriz. Como condición para el alzamiento, el general Blanco impuso la entrega del poder a Jesús Jiménez Zamora.

Una vez instaurado en la presidencia, Jiménez Zamora buscó limitar la influencia y el poder autónomo de estos comandantes. Para ello, designó como ministro de Guerra al doctor Eusebio Figueroa Oreamuno, un civil de carácter enérgico que rápidamente centralizó el control de los cuarteles bajo su ministerio. En febrero de 1869, Figueroa logró desarticular un intento de rebelión obligando a renunciar al general Salazar y, en abril del mismo año, forzó la salida del general Máximo Blanco. Junto a ellos, el ministro destituyó a toda una línea de oficiales leales a la cúpula militar caída, sin otorgarles ningún tipo de reconocimiento. Entre estos militares separados de su cargo se encontraba el coronel Tomás Guardia Gutiérrez, quien hasta entonces se desempeñaba como comandante de la plaza de Alajuela.

Aunque el gobierno logró desmantelar temporalmente a la vieja oligarquía militar e instaurar comandantes de su confianza, el presidente Jiménez cometió el error estratégico de enviar al ministro Figueroa a Europa en una misión financiera. Su ausencia dejó a la administración sin su principal figura de autoridad frente a los cuarteles, lo que motivó a los opositores y a los militares desplazados a reorganizarse y comenzar a conspirar. miniaturadeimagen|Tomás Guardia Gutiérrez La inestabilidad política se agravó en mayo de 1869. Ante el clima de tensión, Jiménez amagó con renunciar, pero el Congreso rechazó su petición y, en su lugar, le otorgó facultades omnímodas. El 31 de mayo se suspendió el orden constitucional y el gobierno adoptó medidas marciales, ordenando la expulsión del territorio nacional de destacadas figuras de la oposición, tales como Bruno Carranza, León Fernández y el propio general Blanco. En medio de este clima de represión y autoritarismo, el expresidente José María Montealegre Fernández comenzó a fraguar un plan para retornar al poder por la fuerza. La convergencia de los intereses políticos de la facción de Montealegre y el profundo resentimiento de los oficiales destituidos, acaudillados por el coronel Tomás Guardia, conformaron la alianza que prepararía el escenario para el golpe definitivo de 1870.

Desarrollo del Golpe Hacia principios de 1870, el descontento popular provocado por las medidas de fuerza del presidente Jesús Jiménez Zamora propició que los sectores de la oposición civil exiliados regresaran clandestinamente para unirse a la conspiración de la oligarquía tradicional. El grupo de los Montealegre delegó la ejecución del movimiento en el coronel Tomás Guardia Gutiérrez, quien planificó los preparativos tácticos junto a un grupo selecto de hombres en una casa de campo en el sector norte de La Sabana.

La mañana del miércoles 27 de abril de 1870 se ejecutó el asalto al Cuartel de Artillería de San José, ubicado en las inmediaciones del actual Banco Central de Costa Rica. La estrategia militar involucró el factor sorpresa: doce insurrectos ingresaron ocultos en dos carretas de cajón cubiertas de zacate, mientras otros diez avanzaban mimetizados por las aceras públicas. El ingreso formal al recinto se facilitó cuando el coronel Pedro Quirós solicitó abrir las puertas bajo el pretexto habitual de guardar su caballo; inmediatamente detrás de él, los conjurados a pie bloquearon el portón con una cuña de madera y desarmaron al centinela. La guarnición defensora fue tomada por sorpresa en los dormitorios y, tras un breve enfrentamiento en el que perecieron el comandante del cuartel, coronel Alejo Aliscoubi, y dos oficiales, las tropas rebeldes consolidaron el control del edificio.

A la toma del cuartel se sumaron milicias civiles armadas provenientes de localidades vecinas como Guadalupe y Desamparados. El propio presidente Jiménez fue interceptado en la vía pública por una patrulla al mando de Juan Rafael Carazo y conducido como prisionero al cuartel general. Simultáneamente, el ministro general Agapito Jiménez Zamora intentó organizar la resistencia desde el Cuartel Principal (sitio del actual Teatro Melico Salazar); sin embargo, el coronel Guardia sitió rápidamente el edificio con tres piezas de artillería en la plaza pública, forzando la capitulación de la guarnición sin derramamiento de sangre.

Esa misma tarde se celebró una asamblea pública en la capital donde se suscribió un acta revolucionaria. El documento estipulaba la abolición de la Constitución vigente, el desconocimiento del gobierno depuesto, la futura convocatoria a una Asamblea Constituyente y el nombramiento interino del licenciado Bruno Carranza Ramírez como presidente provisorio de la República.

Consolidación en las provincias El éxito de la asamblea revolucionaria propició la rendición inmediata y pacífica de los cuarteles de Heredia y Alajuela mediante la negociación directa de delegados civiles. No obstante, la ciudad de Cartago cuna del exmandatario Jiménez manifestó una férrea oposición bajo la dirección del mayor Indalecio Sáenz y el coronel Santiago Millet, quienes organizaron con rapidez una fuerza de 500 hombres decididos a marchar sobre San José para restablecer el orden derrocado.

Para contener el avance cartaginés, una columna defensiva de 350 efectivos al mando de Próspero Fernández Oreamuno se posicionó estratégicamente en la carretera cerca de Curridabat. Ante la inminencia de un conflicto civil, la primera misión de parlamentarios enviada por el gobierno provisorio fue encarcelada en Cartago. Esto obligó al coronel Guardia a movilizar refuerzos con órdenes de atacar la antigua metrópoli en la madrugada del día siguiente. La crisis militar se resolvió finalmente gracias a la mediación de una junta de ciudadanos particulares vinculados a los jefes rebeldes, respaldada por la intervención diplomática del representante de los Estados Unidos, Jacob B. Blair, y los cónsules de España y Francia. Cerca de la medianoche, se firmó un convenio de paz en Cartago por el cual las fuerzas locales entregaron la plaza de armas a cambio de amnistías y garantías políticas plenas para la familia del expresidente y sus oficiales.

Consecuencias La principal consecuencia política del movimiento radicó en la alteración imprevista del equilibrio de poder dentro de las élites costarricenses. Aunque la insurrección armada había sido financiada y diseñada por los líderes de la oligarquía cafetalera tradicional para colocar un mandatario afín a sus intereses comerciales, el coronel Tomás Guardia capitalizó de forma absoluta el control de la fuerza pública una vez consolidado el triunfo militar.

El desplazamiento del sector civil promotor de la revuelta fue inmediato; las figuras del patriciado oligárquico perdieron toda influencia fáctica en la toma de decisiones, al punto que los principales miembros de la facción de los Montealegre se vieron obligados a abandonar el territorio nacional poco tiempo después. Este golpe de fuerza supuso el fin definitivo del monopolio político que la aristocracia cafetalera ejercía sobre el aparato estatal desde los albores de la República, inaugurando el período de reformas y centralización ejecutiva característico del Estado Liberal en Costa Rica.

Referencias

Bibliografía

Categoría:Golpes de Estado en Costa Rica Costa Rica 1870