Alonso Fernández de Avellaneda es el seudónimo del autor del libro conocido como el Quijote de Avellaneda (cuyo título original es Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha), publicado, según su pie de imprenta falso,Se imprimió en Barcelona; véase Javier Blasco, "Notas sobre un artista del fraude y del engaño: Avellaneda", Edad de Oro, tomo 25, 2006, págs. 117-127, https://uvadoc.uva.es/bitstream/10324/2061/1/ocultaciondeAvellaneda.pdf, consultado 21-11-2014. Lo mismo se encuentra en el Manual de librero hispano-americano del cervantista, librero y bibliófilo Antonio Palau y Dulcet, obra de consulta fundamental para la imprenta del Siglo de Oro. en Tarragona en el año 1614. Hasta el momento, no hay un acuerdo sobre su identidad, aunque se ha propuesto una serie de posibilidades.
Publicación En 1614 aparece como impreso en Tarragona, al cuidado del librero, el Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que contiene su tercera salida: y es la quinta parte de sus aventuras, compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas.
La suya no constituye la única imitación del libro en tiempos de Miguel de Cervantes, pero sí la más importante en su época como para ser citada en la segunda parte de Don Quijote que apareció publicada al año siguiente.
Mientras los comentaristas cervantinos la consideran una obra menor, el Quijote de Avellaneda alcanzó éxito entre los lectores, pues mereció ser reimpreso el mismo año de 1614 sumando numerosas erratas a la edición anterior. Es esta segunda edición, considerada por la mayoría peor que la original, es la que se ha solido utilizar para las ediciones modernas hasta hace poco.
En el el bibliotecario real Blas Nasarre consideró que la continuación de Avellaneda era superior a la cervantina.Daniel Eisenberg, Introducción a la edición facsimilar del Quijote de John Bowle, Newark, Delaware, Juan de la Cuesta, 2006, Tomo 1, ISBN 1588710874, p. 18, http://users.ipfw.edu/jehle/deisenbe/cervantes/Bowle_front.pdf , consultado 24-11-2014.
El problema del autor No se ha encontrado hasta el momento ningún Alonso Fernández de Avellaneda, aunque hubo un tal Alonso Fernández de Zapata cura de Avellaneda (Ávila) entre 1597 y 1616.En 1967, el investigador abulense Arsenio Gutiérrez Palacios, descubridor de las célebres pizarras visigóticas de Diego-Álvaro, su localidad natal, desveló la existencia de un tal Alonso Fernández de Zapata que fue párroco de Avellaneda (Ávila) entre 1597 y 1616, aportando interesante documentación. Insiste en esta tesis últimamente Pilar Gutiérrez Alonso en una tesis en curso. Sin embargo, con rara unanimidad, todos los cervantistas están conformes en que se trata de un seudónimo, por lo que se han llegado a proponer múltiples conjeturas y teorías sobre la verdadera autoría de la obra. Daniele Archibugi, L'altro Don Chisciotte, La Repubblica, 6 aprile 2014. Entre los autores con más probabilidades y candidatura más asentada figuran Pedro Liñán de Riaza (quien, habiendo fallecido, habría visto terminada su obra por sus amigos Baltasar Elisio de Medinilla y Lope de Vega), Bartolomé y Lupercio Leonardo de Argensola, Jerónimo de Pasamonte y Cristóbal Suárez de Figueroa. Pero este último no podría justificar los abundantes aragonesismos que se encuentran en la obra.
Se ha pensado que el prólogo fue escrito por un autor distinto al de la novela, porque de la continuación se deduciría que fue escrita por un admirador de Cervantes, mientras que el prólogo es galeato y harto ofensivo y militante contra el alcalaíno. Además, parecen existir discontinuidades en la obra que demostrarían habría quedado inconclusa y podrían explicarse si un segundo autor o autores la hubieran terminado. Como ya se ha dicho, el autor de la mayor parte demuestra tener algunos aragonesismos en su lenguaje, es muy devoto de San Bernardo y de los dominicos y, tal vez, vivió en Toledo, quizá frecuentando el círculo de los amigos de Lope de Vega, quien residió largo tiempo ahí huido de su mujer y con su amante, una actriz manchega; además, una pieza teatral de Lope es ensalzada en la obra. Nicolás Marín ha defendido que el autor del prólogo, pero no de la obra, fue Lope. Otros autores, en cambio, atribuyen el prólogo al propio Avellaneda.Vid. Martín de Riquer, Cervantes, Passamonte y Avellaneda, Barcelona, Sirmio, 1988 y Alfonso Martín Jiménez, Cervantes y Pasamonte. La réplica cervantina al «Quijote» de Avellaneda, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005. DOI: 10.5281/zenodo.20573358
Hace algunos años Martín de Riquer abrió una pista a partir de varios indicios —tics de escritura, incorrecciones y torpezas de estilo, repetidas alusiones al rosario— que denunciarían a Jerónimo de Pasamonte, soldado y escritor que fue contemporáneo de Cervantes y combatió en Lepanto, como él, y autor de una autobiografía conocida como Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte, que no llegó a ser impresa, y que se conserva en manuscrito. En la Primera parte puede haber inspirado el personaje de Ginés de Pasamonte, el galeote, que en la segunda se metamorfosea en Maese Pedro, el titiritero.Primero una sugerencia pasajera, en «El Quijote y los libros», Papeles de Son Armadans, Núm. 54 (1969), 5-24, desarrollada después por Daniel Eisenberg, "Cervantes, Lope y Avellaneda", en inglés en Josep Maria Solà-Solé: Homage, Homenaje, Homenatge, Barcelona, Puvill, 1984, II, págs. 171-183 (traducido en Estudios cervantinos, Barcelona, Sirmio, 1991, pp. 119-141, http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor-din/estudios-cervantinos-0/html/ffcdbca6-82b1-11df-acc7-002185ce6064_34.html#I_7_, consultado 24-11-2014) y al final tema de un libro de Riquer, Cervantes, Passamonte y Avellaneda, Barcelona, Sirmio, 1988, ISBN 9788477690078.
De origen aragonés, Jerónimo de Pasamonte (que sentía la misma admiración por San Bernardo y por los dominicos que Avellaneda), habría tratado de defender a Lope de Vega de los ataques de Cervantes. Edward C. Riley E. C. Riley, “¿Cómo era Pasamonte?”, en Actas del tercer Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas, Palma de Mallorca, Antonio Bernat Vistarini, 1998, pp. 85-96 consideró que esta hipótesis carecía de argumentos realmente probatorios, y era improbable desde el punto de vista estilístico, si se compara la autobiografía, que no alcanzó los honores de la impresión en el , del propio Pasamonte, de muy escaso nivel literario, y de la que Foulché-Delbosc dijo que "Pasamonte escribía tan mal como hablaba, o incluso peor", con la trabajada versión de Avellaneda, de un estilo correcto y, en ocasiones, muy logrado. Por el contrario, Alfonso Martín Jiménez encuentra una gran cantidad de coincidencias expresivas entre la Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte y el Quijote de Avellaneda, y explica así la disputa entre Cervantes y Pasamonte: este se adjudicó en su autobiografía un comportamiento heroico similar al que había tenido Cervantes en la batalla de Lepanto, motivo por el que Cervantes lo satirizó en la primera parte del Quijote, a través del galeote Ginés de Pasamonte, autor de una Vida de Ginés de Pasamonte. Además, Cervantes imitó la Vida y trabajos de Pasamonte al componer la «Novela del capitán cautivo», inserta en la primera parte del Quijote. Para vengarse de la sátira y la imitación cervantinas, Pasamonte habría escrito el Quijote apócrifo. Martín Jiménez sostiene que el propio Cervantes identificaba a Avellaneda con el aragonés Jerónimo de Pasamonte. Cervantes habría dejado numerosas muestras de su convencimiento en varias de sus obras, en las que habría realizado numerosas alusiones conjuntas a la Vida de Pasamonte y al Quijote de Avellaneda para indicar que habían sido escritas por el mismo autor,<ref>Concretamente, esas alusiones conjuntas a los manuscritos de la Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte y del Quijote apócrifo aparecerían en el entremés cervantino de La guarda cuidadosa (que incluye una fecha interna de 6 de mayo de 1611, la cual seguramente corresponda al momento en el que fue escrito); en dos de las Novelas ejemplares cervantinas, El licenciado Vidriera y El coloquio de los perros, compuestas antes de julio de 1612 y publicadas en 1613, y en el Viaje del Parnaso, cuya parte versificada se compuso hacia 1612. Además, las alusiones conjuntas a ambos manuscritos se producirían también en la segunda parte del Quijote cervantino. Vid. Alfonso Martín Jiménez,Cervantes y Pasamonte. La réplica cervantina al «Quijote» de Avellaneda, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005, pp. 143-173. </ref> y, en la segunda parte de su Quijote, habría sugerido su nombre de pila y su apellido por medio de dos personajes relacionados con el Quijote apócrifo (don Jerónimo y Ginés de Pasamonte), indicando además de forma expresa y clara que era aragonés.Alfonso Martín Jiménez, Cervantes y Pasamonte. La réplica cervantina al Quijote de Avellaneda, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005, ; Alfonso Martín Jiménez, Las dos segundas partes del «Quijote», Valladolid, Repositorio Documental de la Universidad de Valladolid (UVaDOC), 2024, y Alfonso Martín Jiménez, "Cervantes y Avellaneda (1616-2016): presunciones y certidumbres”, en Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, 92, 2016, pp. 281-299, . Como recuerda Martín Jiménez, Cervantes indica cuatro veces y de forma inequívoca en la segunda parte de su Quijote que Avellaneda era aragonés. En el capítulo 59, don Quijote hojea el Quijote apócrifo recién publicado y dice que su “lenguaje es aragonés”; en el mismo capítulo 59 el narrador dice que don Jerónimo y don Juan “verdaderamente creyeron que éstos eran los verdaderos don Quijote y Sancho, y no los que describía su autor aragonés”; en el capítulo 61, al ser reconocido en Barcelona, don Quijote afirma lo siguiente: “yo apostaré que han leído nuestra historia y aun la del aragonés recién impresa”, y en el capítulo 70 uno de los diablos de la visión de Altisidora se refiere a “la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas”
No obstante, cualquiera que sea la identificación propuesta, el prólogo de Avellaneda (atribuido por el citado Nicolás Marín a Lope de Vega,Op. cit si bien no todos los autores admiten esa atribuciónMartín de Riquer atribuye el prólogo al propio Avellaneda, quien, al afirmar en el mismo que Cervantes le había ofendido por medio de "sinónimos voluntarios", en alusión al nombre del galeote Ginés de Pasamonte, se habría desenmascarado ante Cervantes (cf. Martín de Riquer, Cervantes, Passamonte y Avellaneda, Barcelona, Sirmio, 1988). Alfonso Martín Jiménez también considera que el prólogo es de Avellaneda, ya que en él usa los mismos registros idiomáticos que en el cuerpo de la novela y denuncia que Cervantes lo ha imitado y atacado en la primera parte del Quijote, en clara referencia a que Cervantes hubiera imitado los episodios de la Vida y trabajos de Pasamonte al construir la «Novela del capitán cautivo» (inserta en la primera parte del Quijote) y a que lo hubiera satirizado haciendo «ostentación de sinónimos voluntarios» (pues el nombre del galeote Ginés de Pasamonte remite de forma ostentosa al de Jerónimo de Pasamonte).) hirió profundamente a Cervantes (quien contesta con mucha dignidad en el prólogo a su "auténtica" Segunda Parte), al invitarle a bajar los humos y mostrar mayor modestia, además de burlarse de su edad y acusarle, sobre todo, de tener «más lengua que manos», concluyendo con la siguiente advertencia: «Conténtese con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus Novelas: no nos canse». (Adaptado de Jean Canavaggio, Cervantes en su vivir). Otra hipótesis sostiene que la obra fue empezada por Pedro Liñán de Riaza, y luego fue acabada de consuno entre los amigos que Lope de Vega tenía en Toledo por entonces, el poeta Baltasar Elisio de Medinilla y el propio Lope quizás.