miniaturadeimagen|Disparo de un obús de artillería de 155 mm. La artillería es el conjunto de armas de guerra pensadas para disparar proyectiles de gran tamaño a largas distancias empleando como elemento impulsor una carga de explosivo. Por extensión se denomina así a la unidad militar que las maneja.
Toda pieza artillera tiene una boca de fuego, un tubo metálico de determinado calibre y longitud y un armazón donde se apoya, denominado cureña o afuste.http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?TIPO_HTML=2&TIPO_BUS=3&LEMA=afuste
Etimología
El origen etimológico del término «artillería» es bastante confuso y se han planteado diversas teorías destinadas a dar una explicación para el mismo. Podría provenir del latín artillus que significa ingenio. Otra explicación posible es aquella que atribuye la palabra al nombre de un fraile llamado Juan Tillery: con el paso del tiempo el «arte de Tillery» se habría transformado en la palabra «artillería». Una segunda hipótesis sostiene que, específicamente, el término «artillero» era utilizado para designar a aquella persona que «artillaba» o «armaba» un castillo o fortaleza, basándose en una antigua ordenanza del rey Eduardo II de Inglaterra, la cual ordenaba que un solo artillero (o maestre de artillería, conforme al término utilizado en la época) se encargara de la construcción de balistas, arcos, flechas, lanzas y otras armas para abastecer al ejército. Aún hasta el año 1329, el término seguía siendo utilizado de forma genérica y abarcativa, incluyendo no solo a la estricta maquinaria de guerra, sino también a todo tipo de artefactos civiles y armamento diverso.
Historia thumb|300 px|Soldados estadounidenses disparan un Obús M777 en 2009, durante la Guerra de Afganistán.La invención de la pólvora —conjuntamente con la de otro artefacto estrechamente ligado al anterior: el cañón— constituiría el primer hito que iniciaría la historia de la artillería, bien diferenciada de la historia de las meras máquinas de asedio.
En Europa, hay varias referencias en el al uso de piezas artilleras primitivas por los árabes en el sitio de Baza, y se sabe que el ejército de Alfonso XI la utilizó en 1342-1344 en el sitio de Algeciras. Parece ser que también se utilizó la pólvora contra las fortificaciones, en el asedio de Niebla, años 1261-2 por las tropas de Alfonso X el Sabio. También hay menciones en una obra sobre los oficios del rey escrita en Inglaterra. En todos los casos se describen una especie de potes de hierro que disparan bolas de piedra y flechas de gran tamaño. En la Batalla de Crécy en 1346 entre Inglaterra y Francia, se tiene constancia del uso de un cañón que empleaba bolas de piedra como munición.
En el , se sabe que se fabricaban cañones de bronce fundido y de hierro, estos últimos con una técnica parecida a la elaboración de toneles, juntando láminas de hierro al rojo y luego colocando aros de refuerzo alrededor y una tapa gruesa en la parte posterior. Las piezas eran relativamente peligrosas y tenían la tendencia a explotar matando a sus servidores al ser sometidas a mucho esfuerzo. Para disparar una pieza, había que meter primero por la boca de la misma un taco con una esponja húmeda para apagar posibles restos que quedaran del disparo anterior, a continuación introducir la pólvora, apretándola con un taco, luego la bala y se comprimía el conjunto. En la parte posterior del arma había un orificio denominado oído por el que se introducía una pequeña cantidad de pólvora a la que se aplicaba una mecha para provocar el disparo. Con el retroceso, el cañón saltaba varios metros hacia atrás y los sirvientes debían empujarlo de nuevo a su posición. El alcance máximo eficaz era entre uno y dos kilómetros.
En estos momentos las piezas de artillería son de dos tipos: por un lado, el cañón, pieza larga en relación con su calibre, pensado para disparar sobre un blanco que está a la vista de los artilleros en una trayectoria casi plana en lo que se denomina tiro directo o tiro tenso y, por otro, el mortero, con un cuerpo metálico corto y ancho, que permite inclinaciones entre 45° y 90° para bombardear objetivos dentro de posiciones fortificadas o desde detrás de muros o elevaciones de terreno con municiones explosivas. Las piezas son generalmente de fundición de bronce o latón. La mayoría de la artillería se destina a atacar o defender ciudades y fortificaciones por su escasa movilidad, aparte de montarse en navíos.
Existían en los siglos y varios tipos de cañón, como la bombarda, con un tubo atado a un bastidor de madera montado en una cureña sencilla que se apuntaba metiendo o sacando tacos de madera de un rudimentario dispositivo elevador, o el falconete, un cañón ligero, normalmente montado en una especie de horquilla de hierro fija a un muro o a la borda de un navío, con una barra que salía por su parte posterior para apuntar la pieza con una mano mientras con la otra se daba fuego al oído del arma para disparar. Una innovación importante fueron los muñones, piezas integradas en la boca de fuego que salían como un cilindro a cada lado que encajaba en la cureña y permitía cambiar el ángulo de elevación, eliminándose así el tosco sistema de atar las piezas a un bastidor.
Aligerando las bombardas surge en el la culebrina, cañón que llegaba a tener 30 veces la longitud del calibre, montada sobre una cureña con dos grandes ruedas para facilitar el transporte por los caminos y que permite disponer de una primitiva artillería de campaña para el campo de batalla. En dicho siglo, Carlos I de España intenta por vez primera en Europa, homogeneizar los calibres y piezas de sus ejércitos para terminar con los problemas de intendencia que suponía fabricar piezas totalmente distintas y establece siete modelos (seis cañones y un mortero) de calibre entre 40 y 3 libras (entonces los calibres se medían por el peso del proyectil). La mayoría de los ejércitos europeos intentan seguir por el mismo camino, aunque continuarán existiendo piezas no reglamentarias en uso durante muchos años. Desde el , la denominación cañón sustituye a las antiguas de bombarda, culebrina, etc. para designar a ese tipo de piezas.
Primeros proyectiles expansivos
La munición empleada hasta el consistía normalmente en bolas de piedra o metal, adecuadas para derribar muros o atacar barcos en el mar, pero con muy poco efecto sobre la infantería o caballería, aparte de asustar a los caballos.
En ese mismo siglo se desarrollaron nuevos tipos de municiones:
A.- Bolas metálicas huecas rellenas de munición de mosquete o fusil, que al chocar contra el suelo o un muro desparraman su contenido.
B.- Saquitos rellenos de balas que al salir del cañón se desintegraban desparramando las balas por un frente amplio; esta clase de munición recibe el nombre de "metralla".
C.- En las batallas marinas se empleaban dos bolas unidas por una cadena o barra que partían aparejos, mástiles o personas encontradas a su paso.
D.- También se empieza a utilizar munición explosiva para potenciar la penetración de la metralla, colocando en las bolas rellenas de balas un núcleo de pólvora con una mecha lenta que se encendía antes de meter el proyectil en el cañón o mortero. Ya anteriormente las bombardas o morteros empleaban en ocasiones bombas, esferas metálicas rellenas de material explosivo e incendiario con una mecha lenta que se debía encender antes de cargarla en la pieza.
Artillería entre los siglos y Durante los siglos y la artillería y el concepto de su uso cambió radicalmente. Anteriormente eran armas muy peligrosas de usar que, muchas veces, los nobles preferían llevar al campo de batalla principalmente para intimidar. Durante el la artillería no cambió demasiado, ya que seguía siendo una herramienta peligrosa; resultaban un estorbo para los generales, que muchas veces debían utilizar dos tríos de caballos para transportarlas. Los caballos, sin embargo, morían generalmente de cansancio y debían usarse caballos de escuadrones militares para transportarlas; no era raro tampoco que, si el ejército se encontraba en apuros o sencillamente en desbandada, la artillería se dejara en el camino, pero para desgracia para el enemigo los artilleros podían martillear una clavija en el oído del cañón para inhabilitarlo. El fue un buen momento para la artillería; las mejoras en la movilidad hacían que los cañones dejasen de ser un estorbo. En ese periodo se encontraron otros materiales para construirlo. Ingenieros holandeses, por ejemplo, usaban bronce para fabricar sus cañones, lo cual hacía más ligera la artillería, y por tanto más ágil a la hora de reubicarse en el campo de batalla. Sin embargo, este método no fue muy popular debido al coste, y la dificultad de encontrarlo hicieron que estos cañones fuesen solamente usados en ámbitos montañosos. Los escoceses también llegaron a fabricar cañones con cuero cuando el metal o los cañones eran difíciles de conseguir. Sin embargo, la artillería no cambió mucho su rol de "arma de apoyo"; los cañones podían ser efectivos en el campo y en el asedio, pero su efectividad se veía reducida a otros aspectos tales como la munición, el alcance, el retroceso del arma (que no se resolvería hasta la construcción del 75 mm francés), el peso y el transporte. Por esto es que los cañones seguirían siendo durante el un arma para desorganizar a las tropas enemigas, más que un arma de destrucción importante.
Ceremonialmente, en España en 1799, en prueba del aprecio que le merecía al Rey Carlos IV la compañía de cadetes de Artillería, cuando las familia real vaya al Alcázar o a donde se halle la Compañía de Caballeros Cadetes, éstos formarán a la izquierda de los Guardias de Corps, para dar guardia de honor a dichos miembros reales.
Desarrollo después de la época napoleónica thumb|Pieza de artillería naval en bronce, de comienzos del thumb|Pieza de artillería naval francesa de finales del
Poco después de las guerras napoleónicas aparece el obús, arma parecida al cañón pero que permite por primera vez lo que se llama tiro indirecto en una forma primitiva, esto es, atacar posiciones que, estando en la línea de alcance, se encuentran ocultas por elementos del terreno, muros, etc. gracias a que posibilita inclinaciones de 45° o más. Además se comienza a practicar el rayado del ánima de algunas piezas, lo que mejora su precisión pero acorta mucho su vida útil si son de bronce. Se empieza así a emplear hierro fundido en las piezas rayadas y, para superar los problemas de desgaste y de presión, se refuerza la zona posterior con un segundo anillo de fundición que casi duplica el grosor en la zona, a pesar de lo cual se siguen produciendo accidentes de tanto en tanto. El alcance máximo de las piezas mayores no pasa de 4 km útiles. Aparecen las primeras municiones de forma cilindrocónica y espoletas por contacto que permiten disparar munición explosiva con seguridad.