miniaturadeimagen|417x417px|Espacio verde dentro la edificación, usado para observar la naturaleza, y en otras áreas cultivar para consumo.

El Museo del Monasterio de las Conceptas tiene su inicio en 1561 en la ciudad de Cuenca, en la forma de un monasterio femenino, que con el pasar de los años ha evolucionado a lo que es en la actualidad, un museo, lleno de colecciones pictóricas en donde su expresión artística se encuentra plasmada la ciudad que la acoge, donde se presentan cuadros de diferentes tamaños, colores y materiales,  que por su misma composición inducen al espectador a otra época. 311x311px|alt=|Representación Trabajo de bordado de las Religiosas del Museo de las Conceptas|miniaturadeimagen

Formación del Museo de las Conceptas Tras 40 años de la fundación de la ciudad de Cuenca por los españoles, ya se exigía un claustro femenino en donde puedan ingresar las hijas o descendientes de los conquistadores. Sin embargo, los fondos económicos para la fundación del convento provenían en su mayoría de limosnas de los ciudadanos y una suma considerable pero no representativa por parte de un sacerdote anónimo. No fue hasta que Andrés Hurtado de Mendoza solicitó al virrey Luis de Velasco donaciones para lograr la fundación completa de un monasterio en la ciudad. El primer paso lo dio, Leonor Ordóñez, viuda de Benito de Mendaña (tesorero del Cabildo), que en su testamento dejó un cierto número de sus casas como aporte para la fundación del convento. Estas propiedades se encontraban valoradas en 4.250 pesos, y la única condición para que la fundación las tuviera era que sus tres hijas tendrían que ser aceptadas en el claustro.

El claustro desde su comienzo tuvo una gran acogida en la sociedad cuencana, dentro de ese contexto se registraron en la ciudad un gran número de profesiones, al mismo tiempo que ingresaban jóvenes de altos estratos sociales, por consiguiente, se dio un enorme desarrollo económico del monasterio.

Desarrollo de la Vida Monástica Leonor Ordóñez, Geronima y Ángela de Amendaña son las primeras religiosas en haber tomado el hábito en la ciudad de Cuenca. Junto con Magdalena de San Juan, tres monjas de Quito, Leonor de la Trinidad y Catalina del Espíritu Santo formaron el Monasterio de la Concepción de Cuenca. El hábito era de color blanco, manto azul, escapulario con una insignia de la Virgen, estilo que se mantiene casi intacto hasta la actualidad, ya que solo se le añadió un medallón ovalado con la imagen de la Inmaculada Concepción, este atuendo sigue acompañado por sandalias y una toca blanca. En sus inicios no había un número concreto de religiosas y no era obligación la vida común, cada una vivía en su celda junto con una o dos sirvientas, solo los jueves en la hora santa se reunían todas las religiosas de la comunidad para convivir, modalidad que se elimina después de que se implementa la vida comunitaria en el . Con aquella medida se logró un mejor control sobre las personas que vivían en el claustro, al igual que tuvieron que adecuarse espacios físicos de la estructura para satisfacer necesidades básicas como cocina, refectorios, enfermería, ropería, etc.

El requisito básico para las aspirantes a entrar en el convento era, ser jóvenes y solicitar una vacante. Sin embargo, desde el momento que la Comunidad adquirió prestigio, quienes la dirigían se dieron cuenta de que mientras más personas ingresaban, más aportes económicos tenía el convento. Luego, con las reglas del papa Julio II sobre la vida monástica, los primeros años fueron de pobreza. El rey aportaba una pequeña suma fija, la cual apenas cubría los gastos, y es aquí cuando aparecen las dotes que las religiosas realizaban para mejorar su situación, que junto con las donaciones de los patronos ayudaban a mantener en vida al monasterio, es así que a partir de 1601 la Real Audiencia de Quito dictaminó la entrega de tierras a favor de los monasterios.

En su primer siglo de existencia la comunidad cuencana, contaba con valores metálicos y joyas, además de propiedades tanto urbanas como rurales que ponían en arrendamiento, y ganaban dinero que luego era prestado bajo intereses, lo que para entonces convierte a Cuenca en una ciudad bancaria. Las concepcionistas tuvieron su periodo de mayor auge en 1712, cuando la abadesa Sebastiana de San Juan incrementa los fondos de los monasterios y emprendió en una serie de mejoras, al igual que obras para el atesoramiento artístico. Quien administraba esos recursos del monasterio era un mayordomo que veía las propiedades, lo cual las religiosas no podían hacer por su aislamiento, sin embargo hubo un momento de crisis, donde las religiosas se vieron obligadas a vender sus joyas para subsistir.

A partir de la Revolución Liberal, quienes más se beneficiaron de las propiedades eclesiásticas fueron los de la Asistencia Pública, que finalmente pasó a administrar los ingresos económicos del monasterio, a sujeción del Estado, y esto obliga una vez más a que las religiosas realicen nuevas construcciones para arrendar y ayudarse en su supervivencia.

Construcción del Monasterio miniaturadeimagen|Escultura de San Pedro de Alcántara Desde su creación, se han realizado varios cambios en toda la edificación del monasterio. Existen libros que registran los gastos que se han realizado por más de 400 años desde la existencia del claustro, al igual que la razón de la creación de nuevas edificaciones.

Durante el se dieron los cambios más importantes en la infraestructura, ya que la ciudad vivió un auge económico, esto debido al convento, pero de igual forma al estilo de vida de la comunidad, acompañado del entusiasmo de nuevas abadesas (edificaciones, decoraciones del convento e iglesias, adquisición de nuevos ornamentos, obras de arte y artesanías). Sin embargo, a comienzos del el Monasterio entra en una decadencia estructural, lo que deriva en nuevas exigencias de arreglos y construcciones por parte de los obispos. En el año de 1846, se da la primera orden de edificar un cementerio para las religiosas del Monasterio, ya que hasta esa fecha se las inhumaba en el subsuelo de la iglesia, pero esta disposición no fue cumplida hasta años posteriores. Luego de tres años se pide la construcción del noviciado y la enfermería que si son cumplidas. No fue hasta 1875 que finalmente inician los trabajos para la construcción del nuevo cementerio para las religiosas, este proyecto culmina en 1877.

A partir de 1928, tras malas administraciones económicas, las religiosas deciden temporalmente cambiar la administración de la enfermería, dividendo el edificio en una serie de pequeñas viviendas para ser arrendadas a la ciudadanía y así contar con nuevos ingresos para subsistir.

Evolución de las Colecciones El convento a pesar de tener muchos años de existencia se caracterizó por recibir ricas dotes y donaciones, que en su contexto social y económico le daban un trato especial. En su interior se guardan grandes obras de arte, muebles, joyas y cristalería, que estuvo casi siempre oculta el mundo externo.

Recién en la década de los 60 del se empieza a exponer estos tesoros al público, ya que por órdenes monásticas permanecían fuera de vista. Siendo así, en 1966 unas cuantas piezas del monasterio salen por primera vez y forman parte de una exposición que recorre algunas ciudades Estados Unidos. Luego con motivo, del IV Congreso Eucarístico Nacional, realizado en Cuenca, en el año 1967, se abren los claustros, y por primera vez el público cuencano y visitantes de fuera pueden conocer y admirar, tanto el interior de los edificios como las colecciones que allí se guardaban, sin embargo al finalizar el congreso los monasterios volvieron a cerrar sus puertas al público y se dio paso a realizar prolijos inventarios de los bienes en caso de que las puertas fueran abiertas nuevamente. Se dieron casos excepcionales donde las puertas eran abiertas a público selecto solo por autorización del obispo con fines de investigación.

El resultado de estas visitas tuvo un impacto negativo ya que al exponer los secretos de monasterio se dieron una serie de robos de algunas piezas artísticas de alto valor. Razón por la cual cada vez que había visitas, las religiosas se mantenían a modo de vigilia para controlar a los visitantes, esto incomodaba a los espectadores y provocó una disminución de concurrentes.

A inicios de la década de los 80, finalmente se generó un proyecto de restauración en el monasterio para convertirlo en un museo, este proyecto era llevado a cabo por dos jóvenes arquitectos cuencanos, Edmundo Iturralde y Gustavo Lorrelt, que gracias al entusiasmo del arquitecto Hernán Crespo Toral, se convierte en una realidad, ya que para aquel entonces el cuencano ocupaba la dirección Nacional de los Museos del Banco Central.

Dentro de este proyecto se restaura la enfermería del claustro lo que permitió que se abrieran las puertas a la calle Hermano Miguel, donde ya existían pequeñas viviendas que se rentaban, lo cual tuvo que cerrarse para que el edificio principal recuperara su forma original. Estas viviendas se convirtieron en salas de exposición del mismo museo, que luego pasarían a ser símbolo de la ciudad. Desde este momento las colecciones de arte pasaron a formar parte del fondo artístico del museo, la cual sigue perteneciendo a las religiosas pero no son administradas por ellas.

En 1986 la Junta Monetaria del Ecuador hizo una donación para que el museo pudiera solventar sus gastos y, contra la costumbre local, se cobraría una entrada simbólica a los visitantes. El 3 de noviembre del mismo año el museo abre sus puertas al público de forma permanente y desde 1988 la dirección del museo definió compartir los ingresos provenientes de las entradas con las religiosas, política que se mantiene hasta la fecha, y en un gesto de retorno las religiosas conocidas como “conceptas” entregaron 470 piezas del museo, que se clasificaron en principalmente en pinturas y esculturas, luego vestidos, ornamentos, muebles, bargueños, baúles, arcones, armarios que en su conjunto sólo enriquecen la colección. En menor cantidad pero de alto valor se recibió colecciones de porcelana, cerámica, cristal y opalina al igual que unas pocas pero conmovedoras miniaturas elaboradas por jóvenes que decidieron abandonar el mundo para refundirse en el claustro.

El Museo en la actualidad

Actualmente el Museo del Monasterio de las Conceptas, cuenta con 24 salas; 8 de estas se encuentran en la planta baja, donde se brinda información sobre el convento, su restauración, y cómo se desarrolla la vida cotidiana de las religiosas.  En este mismo piso también se presentan fotografías de Gustavo Landívar que muestran las diferentes actividades del claustro, como, la oración, elaboración de hostias, pan, agua de pitimas (bebida curativa). Por el cuarto centenario de su fundación en 1999, se añadieron dos salas de exposición permanente con obras del artista René Pulla y donaciones de las religiosas. Adicionalmente se presenta una sala que es la celda del convento, y la otra con un cuarto de trabajo con dos esculturas de monjas conceptas e imágenes de vestir.

En el segundo piso, hay una sala de iconografía denominada Mariana, y la capilla de la enfermería del monasterio, que aún se conserva con su altar y tabernáculo al igual que un pan de oro. El museo también posee dos salas temáticas de la vida conventual, que han servido para recibir obras que al principio se quería que sean de la misma línea etnográfica-cultural pero después se apertura a ser sede para Bienales.Lo que era el cementerio del claustro, se conserva como auditorio del museo, en el que se realizan diferentes actividades como conciertos, presentaciones literarias, ciclos de cine, etc.

Más allá del Museo